Antonio Benavides, un canario universal: el gran desconocido

El que llegó a Teniente General de los Reales Ejércitos de España –y fue hombre de máxima confianza de Felipe V, el primer Borbón que reinó en nuestra nación–, don Antonio Benavides González de Molina, nació hace ahora trescientos treinta y seis años, el 8 de diciembre de 1698, en la Ilustre Villa de La Matanza de Acentejo. Muchos chicharreros saben de la vía santacrucera que lleva su nombre; así como los matanceros conocen la calle que lo recuerda, en su pueblo natal. Sin embargo –al menos hasta ahora–, muy pocos son los tinerfeños –aún menos los españoles de otras regiones– que tienen conocimiento de tan ilustre paisano: uno de los canarios más universales.¿Quién era Antonio Benavides?

Nuestro ilustre matancero era el tercero de ocho hermanos (uno de los cinco varones murió de niño), hijos de don Andrés y doña María, que constituían una familia de viticultores. Al ser don Andrés capitán de las Milicias provinciales, dio hospedaje en su casa a un oficial de la Bandera de La Habana, que reclutaba mozos para la guarnición de aquella isla de las Antillas. Prendado el militar de las virtudes castrenses –además de personales– que adivinó en el joven Antonio (según narra Bernardo Cólogan en biografía premiada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, en 1795), no tuvo gran dificultad en convencer a éste y a sus padres para que –en condición de cadete– se alistara en el Ejército y lo acompañara a La Habana. A mediados de 1699 Benavides partía, junto a cien jóvenes campesinos más, rumbo a la isla de Cuba. Tres años después, ya ascendido a teniente, engrosando los refuerzos solicitados por Felipe V (al estallar la Guerra de Sucesión), viajó a Madrid, siendo destinado a uno de los regimientos de dragones de la Guardia de Corps, por orden directa del Rey. A partir de entonces, el joven matancero enfiló el camino de la más brillante carrera militar jamás soñada. Los ascensos se sucedieron por méritos de guerra: Al lado de su rey, Benavides se batió con ardor y valentía en la toma de Salcedilla, rindió Villareal e Inhiesta, sitió Barcelona y Tortosa; combatió al frente de su escuadrón de Dragones en Almahara y en Peñalba; actuó de forma decisiva en Zaragoza y en Brihuega –siendo dos veces felicitado por el Soberano, en persona–; hasta el 10 de diciembre de 1710, fecha en que tuvo lugar en Villaviciosa de Tajuña una batalla decisiva para el curso de la guerra.

Benavides salvó la vida del primer Borbón que reinó en España

En aquella gélida tarde de 10 de diciembre de 1710, se hallaban enfrentados los ejércitos franco-español y el austracista del Archiduque Carlos, en un prado cubierto por la nieve. Al poco de comenzar a tronar los cañones de uno y otro bando, se percató el ya teniente coronel Benavides de la diana perfecta que suponía para la artillería enemiga el imponente caballo blanco del Rey (el único de ese pelaje en el campo de batalla), sobre el alto emplazamiento desde el que observaba la batalla, junto a sus generales. De inmediato, cabalgando hasta aquel elevado lugar, advirtió al Monarca de tan peligrosa circunstancia –en la que el Rey no había reparado–, cambiando su alazán por la blanca montura regia. Al poco de volver a su posición, una granada de mortero alcanzó de lleno al caballo blanco, haciéndolo pedazos e hiriendo gravemente a su jinete. Sobrevivió Benavides de milagro, atendido por los cirujanos del mismísimo Rey, que ordenó tuviera cuantos cuidados y atenciones precisara. A partir de entonces, entre ambos se estrechó una sincera amistad, y tanto apreció el Soberano al hombre que salvó su vida, que lo llamaba padre delante de generales y cortesanos. Sin duda, de no haber intervenido Benavides de tan resolutiva manera, y Felipe V hubiese caído en aquel campo de batalla, el curso de la Historia hubiese tomado muy diferente camino, tan distinto como que hoy no reinaría en España Felipe VI, entre otras cosas porque ni él ni sus predecesores habrían visto la luz.

Sin embargo, aun siendo un hecho primordial para el recorrido vital de nuestro paisano el capítulo de Villaviciosa, fueron sus posteriores treinta y dos años como primera autoridad en provincias claves del virreinato de La Nueva España, durante los cuales Benavides dio muestras de su gran capacidad para el gobierno, la administración y la negociación en las más complicadas condiciones imaginables, así como sus extraordinarias virtudes militares.

Capitán General y Gobernador de la Florida, Veracruz y Yucatán

Al término de la guerra de Sucesión, descansaba Benavides en la Matanza, cuando recibió una misiva fechada el 24 de septiembre de 1717, en la que el Rey lo nombraba Capitán General y Gobernador de la Florida, la provincia más al norte de la América española. Estaba sumida ésta en un caos administrativo y de corrupción, a cuya cabeza figuraba su predecesor Juan de Ayala Escobar, acusado de contrabando.

Apenas puso Benavides pie en San Agustín de la Florida, limpió de corruptos la administración de la provincia, encarcelando a los culpables y premiando con cargos de responsabilidad y confianza a los que se habían mantenido honrados y colaboraron en poner orden en aquel desbarajuste. Resolvió los innumerables conflictos que había con las beligerantes tribus indígenas –azuzadas en su mayor parte por los ingleses, más allá de las lindes del norte–. Tanto fue así, que ante el ataque y destrucción que sufrió el fuerte de San Luis, la misión y el poblado de San Marcos de Apalache, en la frontera norte –a manos de los belicosos apalaches–, marchó hasta allí con la sola compañía del capitán que trajo la mala nueva y unos intérpretes, con el fin de evitar más derramamiento de sangre y no poner en peligro las vidas de los muchos prisioneros hechos por los indios más beligerantes de aquellos vastos territorios. Sorprendentemente –lo que demuestra sus dotes de gran negociador y su talante conciliador–, rescató a los españoles prisioneros, dio cristiana sepultura a los caídos, reconstruyó el fuerte, la misión y las casas pasto de las llamas, y firmó un pacto de paz y colaboración entre el Reino de España y la tribu Apalache, cuyos jefes y pueblo dio muestras de adoración por el nuevo Gobernador, como lo hicieron posteriormente todas las tribus de las provincias del Nuevo Mundo bajo su gobierno.

Y aunque eran sólo cinco los años preceptivos en el mantenimiento de la gobernación en las provincias españolas en las Indias, ante los brillantes resultados alcanzados por Benavides y la total confianza que en él tenía Felipe V –demostrando la misma Fernando VI, a la muerte de su padre–, lo mantuvo cinco lustros en la Florida, más diez años en Veracruz y siete al frente de la provincia de Yucatán y San Francisco de Campeche. Ardua fue su lucha contra la Armada británica, así como con piratas y corsarios, que asediaban las costas españolas.

Durante la Guerra del Asiento (1739-1748), al frente del escaso ejército regular, reforzado por milicias campesinas, reforzó con enorme eficacia las defensas de Tabasco y Honduras –que sufrían constantes envites de escuadras británicas–, estableciendo puertos de avituallamiento y refugio para los navíos de la Armada Española, de los que antes carecían.

La labor de Antonio Benavides durante su largo mandato en la América española fue excepcional, no sólo por los resultados obtenidos en la buena administración de las provincias y el éxito en las campañas de defensa que emprendió, también lo fue por lo alcanzado por su talante conciliador y bondadoso, por su honradez inquebrantable –hasta tal punto que Fernando VI le dio autorización para el uso de los caudales públicos en función de sus necesidades, sin su previa aceptación–, y su lealtad absoluta a su Rey y a su Patria. Pensemos que treinta y dos años al frente de tres provincias del Nuevo Mundo, de habérselo propuesto, le habrían hecho un hombre muy rico. Por el contrario –y esta circunstancia engrandece aún más su figura–, no sólo no se enriqueció, sino que a lo largo de su dilatada vida hizo innumerables obras de caridad, despojándose a tal fin de todo bien material. Tanto fue así, que abandonado el Nuevo Mundo, en los primeros meses de 1749, se presentó ante el Rey vestido con un uniforme que le prestó su amigo el Marqués de la Ensenada, dado que el único del que disponía nuestro paisano no estaba en condiciones para tal circunstancia.

El ansiado regreso a la Patria chica

Luego de entrevistarse en la Corte madrileña con Fernando VI –quien le agradeció sus años de leal y ejemplar servicio, ofreciéndole la Capitanía General de Canarias, cargo que rechazó Benavides–, marchó a Tenerife. En esta última etapa de su apasionante existencia, vivió en el hospital de Nuestra Señora de los Desamparados de Santa Cruz, en una austera estancia que para él prepararon. De su pensión, destinó fondos para la mejora de las instalaciones de este hospital; ayudó a todos los vecinos necesitados que a él acudían; se involucró en los aconteceres cotidianos de la isla; y dada su excepcional experiencia y gran conocimiento en todo lo concerniente a las Indias, asesoró a las autoridades locales sobre comercio y emigración entre las Canarias y la España a la otra orilla del Atlántico. Mucho le lloraron sus paisanos, cuando el 9 de enero de 1762 –hará en breve 253 años–, a sus longevos ochenta y tres años, cerró los ojos para siempre. Fue enterrado vestido con el hábito de la Orden Franciscana –abrazado a su fe católica, tal como él había pedido–, a la entrada de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz. Hoy apenas puede leerse sobre su lápida –desgastada por las pisadas a lo largo de tantos años, cuestión que debería restaurar la autoridad competente–, el siguiente epitafio:

Aquí yace el Excmo. Sr. D. Antonio de Benavides, Teniente General de los Reales Exército.

Natural de esta Isla de Tenerife.

Varón de tanta virtud cuanta cabe por arte y naturaleza en la condición mortal.

No se ha hallado retrato de Antonio Benavides, sencillamente porque no quiso destinar dinero alguno a tal fin, como renunció a tantos bienes materiales, siempre a favor de los más necesitados, allá en el Nuevo Mundo y aquí en su tierra natal. Fue, fundamentalmente, un patriota y un hombre honrado; un español de leyenda, desconocido u olvidado, como tantos otros. En suma: un canario universal.

Jesús Villanueva Jiménez es escritor. Autor de La Cruz de plata. Publicado el 2 de enero de 2015 en la Opinión de Tenerife. http://www.laopinion.es/opinion/2015/01/02/antonio-benavides-canario-universal-gran/583459.html

Punta del Hidalgo ¡Vive!

Punta del Hidalgo ¡Vive!

Dos hermanos
Dos hermanos

Se han celebrado las fiestas de San Mateo, Patrón de La Punta del Hidalgo. Sus fiestas patronales podrán ser como las de otro pueblo cualquiera, tal vez incluso mucho más modestas, sin grandes ecos en los medios informativos, prácticamente desconocidas, lo mismo que la propia Punta; olvidada por los que deberían tenerla presente, más recordada y admirada por nuestros «compatriotas» de la Unión Europea que por nuestros propios paisanos; unida al resto de la isla por una carretera propensa a los derrumbamientos, que cuando se producen, se arreglan con alguna que otra chapuza o se deja el firme con las picaduras producidas por las rodas desprendidas, o simplemente, sin alisar debidamente los baches producidos por obras como la que se llevó acabo al poco tiempo de hacerse el nuevo trazado de la carretera de Bajamar a La Punta hace años.

Pero pese a todo, a sus calles mal pavimentadas, a sus muchos problemas de un refugio pesquero inadecuado, a su olvido en fin, La Punta del Hidalgo vive, lucha, y sus famosas voces siguen sonando por todos los puntos geográficos y hoy, me voy a permitir repetir la descripción que de este hermoso rincón hice hace algunos años:

¡Punta del Hidalgo! ¡Punta que se interna en las aguas en busca del horizonte infinito de la mar; que asciende por las montañas para tratar de alcanzar el horizonte infinito del cielo!. ¡Punta del Hidalgo: cielo, tierra y mar! Cuna de gargantas elegidas que cantan el sentir de nuestras islas y nuestra diario afán; nido donde nació la más señera de las agrupaciones revitalizadoras de nuestro cancionero y a la que los punteros inmortalizaron en pétreo monumento. Paleta de infinitos colores que el pintor del Cielo nos donó: azules verdosos de las aguas serenas, blanco encaje nupcial de olas en la furiosa mar; verdes laderas de El Homicián; huertos de frutos con colores de un arco iris excepcional; alegres trazos de mil colores de las barcas de pescadores en la modesta cala de La Hoya y plata y dorado, reflejos vivos de su pescado; negros y pardos de las volcánicas rocas costeras; grises y blancos, canelos, de las casitas de La Hoya, de El Calvario, de El Homicián; hermandad maravillosa de hombres de tierra y hombres de mar sobre un fondo en que también se hermanan en eterno abrazo, tierra y océano entre un aroma que trae el viento de huerta y sal.

Calles tranquilas, remanso de paz, donde ante sus puertas, bares o aceras, las noticias televisivas son relegadas y aún olvidadas por la amigable y serena charla de unos hombres que comentan los duros problemas de sus tierras o sus siempre arriesgadas salidas a la mar, debates sólo interrumpidos por la broma sana y alegre al conocido que llega, al amigo que se va, o el saludo afectuoso y sincero al desconocido que pasa y como amigo se va.

San Mateo
San Mateo

¡Punta del Hidalgo, qué corto se te quedó el nombre! Al antiguo hidalgo Zebenzui y su princesa Aguacada, hoy suceden los Ramos, Alonso, Suárez, Melián y tantos otros que hacen que Tierra de Hidalgos de mar y tierra te debieran llamar. En ti, hasta la prosa es poesía y la dura faena se hace cantar, en esas voces maravillosas que dieron fama a tu solar.

Y en estas fiestas, éstos hombres y mujeres dan una prueba más de sencillez, aunque ricos de corazón, con la imagen de su Santo Patrón, que no es una imagen llamativa, lujosamente rica en adornos y joyas, es un modesto cuadro que un día, lejano ya, apareciera de forma inexplicable en una vulgar cueva, pero que hoy tiene el rico y generoso altar de los corazones de todos los punteros.

Y así es esta tierra, muy olvidada de presupuestos, debates y más o menos, falsas promesas electorales, pero que contra todo pronóstico, ¡vive!, y vive porque lo que los hombres han negado, Dios se lo ha dado compensado con creces en su paz, su clima, sus grandiosas montañas, legendarias como Aguacada o los Dos Hermanos y esas bellas puestas de sol que los punteros pueden contemplar en las que cuando va a ocultarse, fundiéndose con el mar, parece quedarse quieta su redonda y roja faz por unos segundos como apenado de no poder contemplar hasta el día siguiente esta bella tierra.

Y los Dos Hermanos, ese impresionante roque, que ha pasado a ser el logotipo, el símbolo que se entrega como recuerdo a los amigos de La Punta, parece indicarnos con su forma, que unamos nuestras manos en oración para dar gracias a Dios porque nuestra Punta, La Punta del Hidalgo, pese a todo, ¡VIVE!

Valentín Pedraza Garzón
01 de Octubre de 1996

Rafael Castro Ordóñez y la comisión científica del Pacífico (1862-1866)

Rafael Castro Ordóñez y la comisión científica del Pacífico (1862-1866)

Muelle de Santa Cruz, entre el 14 de agosto de 1862 y el 16 de agosto de 1862
Muelle de Santa Cruz, entre el 14 de agosto de 1862 y el 16 de agosto de 1862

Rafael Castro Ordóñez (Madrid, 1830/1834 – 1865) fue pintor, dibujante y el primer fotógrafo español en una expedición científica.

Nació en Madrid en 1834 ó según otros autores en 1830.2 3 Entre 1848 y 1850 estudió pintura y dibujo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y ante el rendimiento económico de la fotografía decidió iniciarse en ella al igual que otros pintores en esos años; con ese motivo viajó a París para formarse con el pintor Léon Cogniet y cuando fue seleccionado para viajar en la expedición al Pacífico solicitó asesoramiento a Charles Clifford que era especialista en fotografía de viajes y que incluso se encargó de comprarle los materiales necesarios en Londres.

La comisión científica del Pacífico (1862-1866)

Durante el reinado de Isabel II se realizó esta expedición ultramarina con el fin de fomentar la investigación naturalista y antropológica y contando con el apoyo de una escuadra colonial española a las órdenes del general Pinzón. La escuadra estaba formada por las fragatas Nuestra Señora del Triunfo y Resolución y la goleta Covadonga que zarparon del puerto de Cádiz el 10 de agosto del 1862 con destino a América Central, América del Sur y California.5 Por otro lado se intentaba imitar con esta expedición otras realizadas por diferentes países y especialmente la realizada por el alemán Alexander von Humboldt.

Se aprecia que la Farola del Mar está sin terminar, y con un techo provisional.
Se aprecia que la Farola del Mar está sin terminar, y con un techo provisional.

El equipo expedicionario estaba formado por tres zoólogos, un geólogo, un botánico, un antropólogo, un taxidermista y un dibujante-fotógrafo, puesto para el que se eligió a Rafael Fernández de Moratín, pero que no pudo participar por motivos de salud y se encargó el trabajo a Rafael Castro aunque sólo participó entre 1862 y 1864 ya que abandonó la expedición en Guayaquil encargándose Marcos Jiménez de la Espada de realizar las fotografías. Durante un tiempo se instaló en Valparaíso pero regresó a Madrid al deteriorarse las relaciones con Chile tras la toma de las islas Chincha por la escuadra del general Pinzón.

Su producción fotográfica abarcó desde tomas de vistas (ciudades, paisajes, ruinas, monumentos) y tipos humanos, hasta retratos de estudio. Los soportes fotográficos que utilizó fue negativos sobre placas de vidrio y copias positivas en papel a la albúmina.  Publicó diversos artículos y fotografías sobre el viaje en El Museo Universal a lo largo de 1863 y 1864 (del número 7 de 1863 al 46 de 1864).

Aunque Rafael Castro es más conocido por su actividad fotográfica, antes de viajar al Pacífico realizó diversas actividades pictóricas y participó en varias exposiciones nacionales de Bellas artes en los años 1850 y 1858, así como en la 1860 en la que obtuvo una mención honorífica con su cuadro titulado Sancho García presentando a su madre la copa de vino emponzoñado que ésta le había preparado.

El día 2 de diciembre de 1865 se suicidó por razones aún confusas.

El pescante semi-desmontado.
El pescante debido a la larga exposición tiene miembros fantasmas.

Para la historia es considerado un pionero en el reportaje de viajes. Dejó una importante colección de imágenes, la mayoría conservadas en los archivos del Museo Nacional de Ciencias Naturales y en la Museo Nacional de Antropología de Madrid. Entre las exposiciones de su trabajo se encuentran: Fuentes de la memoria I en 1989, Pacífico inédito en 1992 y Rafael Castro Ordóñez. Expedición del Pacífico en 1999.

1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892
Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892

Cuando en los carteles anunciadores de las últimas fiestas de mayo, entre otros espectáculos se leía “Danza de enanos,” la mayor parte que la desconocían estaban muy lejos de esperar en ella una sorpresa tan verdaderamente deliciosa.

Llegó su día y en el teatro principal, hizo su presentación el mascarón; como llaman á ese gigante enano que por todos conceptos es digno de estudio.

Su monstruosa proporción, hábilmente armonizada,hace reir al más pintado.

La careta, cuya espresión no copia el dibujo anterior, es á mi juicio una obra de arte. Se encuentran en ella mezcladas, la sonrisa picaresca del viejo verde, con cierta gravedad que la dan los años ó la posición; algo que se impone ó que domina con las armas de la hipocresía.

Es en general el mascarón, un viejo atento que tiene por manía el saludar, dejando traslucir en sus modales la distinción del gran mundo. Baila con agilidad no exagerada, quizá para evitar que le ocurra lo que al D. Severo de la Zarzuela.

Porqué la plebe, los otros enanos más pequeños, obedecen al compás, pero se advierte en sus ademanes algo libres, que si perdiese la gravedad el bastonero, no bailarían al son que les tocasen.

Y va de conjeturas; en el mascarón como en su séquito danzante, encuentro algo extraño que no es el mero propósito de provocar la risa con sus irrisorias actitudes. Imagino ver en ellos la sátira dirigida al magnate y buscada tanto en la gigantesca proporción del mascarón, con relación á sus imitadores, como en cuanto se relaciona con lo moral y lo político.

Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.
Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.

El uno grande; los otros pequeños. Inicia el primero la danza y los chicos que desempeñan el papel de autómatas, déjanse llevar de la inspiración del poder y para engrandecerse tratan de imitar cuanto pueden al objeto de sus aspiraciones, convirtiéndose en objeto de mofa para engrandecer la figura del poderoso.

Esta conjetura ha dado lugar á que me pregunte:

—¿No podrá ser que esta danza, en lejanos tiempos llenare la indicación del ridículo hacia determinado sujeto?

Y de cierto modo responde á mi pregunta la cara poco vulgar del gigante, pues, más que un adefesio fabricado al acaso, es un retrato de cuyo parecido no se duda.

Poco se sabe del origen de estos enanos y entre los datos que hemos podido proporcionarnos se encuentran, que el Beneficiado Sr. Diaz fué el autor de las primeras caretas.

Que las actuales son hechas por D. Aureliano Carmona.

Que desde 1676 acompañan á la comitiva de Ntra. Sra. de las Nieves, cada cinco años que se verifica la fiesta, cuatro gigantes y un enano (el mascarón).

Y por último que antes salían también en las procesiones del Corpus.

El distinguido poeta Palmense D. Antonio Rodríguez López á quien se le deben los anteriores datos cree que estos gigantes simbolizan los vicios y que sin duda ese simbolismo esa misma comparsa,que anuncia la bajada de la virgen significa que los vicios del paganismo y más bien de la humanidad han sido vencidos y acatan el cristianismo ó la redención, en las manifestaciones del culto católico.

1892 Partitura de la Polka de los enanos
1892 Partitura de la Polka de los enanos

Este simbolismo destruye un tanto el criterio que del mascarón habíamos formado; pero si es cierto que los símbolos son los atributos que se refieren á lo místico á lo moral y al dogma, también lo es que los antiguos de quien hemos aprendido el arte de simbolizar, con un mismo atributo simbolizaban dos ó más cosas. Por ejemplo, se dá por atributo á la cólera un león y el mismo animal es el de la Generosidad y la Clemencia. Cuando furioso, la cólera y le pintan dulce y manso cuando le han querido hacer atributo de la Clemencia y la Generosidad, suponiéndole, una grandeza de alma que puede ser comparada con las cualidades buenas del corazón humano.

Por lo tanto el mascarón y los gigantes bien pueden simbolizar el arrepentimiento de los vicios y haber sido la divisa satírica á cierto personaje, aceptando que la divisa pueda componerse de una estraña imagen que de lugar á una comparación justa.

Pero de cualquier modo, sea cual fuese su orígen y aplicación, es muy original. Las caretas, los trajes, la música, todo contribuye á un efecto agradable.

Es un espectáculo que no consigue saciar la curiosidad del público y lo demuestra que este teatro de Santa Cruz en las distintas representaciones de la danza ha obtenido llenos asombrosos, llegando al estremo de ocupar el pasillo central del patio con sillas traídas de las casas.

Más aún; terminado la primera noche este espectáculo que en otras tres se repitió, salieron los enanos á bailar en las plazas y calles escogiendo entre otros sitios el centro de la Plaza de la Constitución donde la blanca luz eléctrica hacía dudar si era de noche. Con dificultad se hicieron calle ante la multitud, que les rodeaba, y, de mí se decir, que sin pretenderlo me arrolló aquel oleaje humano; y sin dar un paso recorrí gran trecho de la plaza perdiendo en la refriega el bastón y casi el sombrero y, restablecida la calma tuve el gusto de reconocer en los regocijados espectadores gran parte del público que llenó el teatro.

Los organizadores y D. Benigno Ramos que la dirigió, pueden estar satisfechos por la aceptación que obtuvo la danza, siendo indudable que Santa Cruz de Tenerife debe á su hermana la isla de la Palma una parte esencial en el inesperado éxito de sus fiestas.

UBALDO A. BORDANOVA

1892, coches de Punto en Santa Cruz.

1892, coches de Punto en Santa Cruz.

El 26 de julio de 1892 el Diario de Tenerife anuncia en su página 4.

Diario de Tenerife. 26 de julio de 1892
Diario de Tenerife. 26 de julio de 1892

GRAN NOVEDAD

Coches de punto. — Estos coches, que por primera vez se establecen en esta Capital, tienen por objeto facilitar los medios de locomoción en el interior de la ciudad.

CARRERA DEL COCHE

Saliendo de la plaza de la Constitución, seguirá las calles del Castillo, Plaza de Weyler, Callao de Lima, Constructura, D. Bernabé Rodríguez, Amargura, Toscal y San Francisco hasta el punto de partida.

PRECIOS
Desde la plaza de la Constitución hasta la de la Constructora, 16 céntimos.
Desde la plaza de la Constructora hasta el término de la carrera, 10 céntimos más.
Los viajes serán desde las 10 y media de la mañana hasta las 4 de la tarde.

Notas.—Además dicho coche saldrá de la Laguna para esta Capital todos los días a las 9 de la mañana, y regresará á las 5 de la tarde.
Se admiten anuncios de todas clases a precios sumamente económicos.
Exíjese el billete a la entrada.

1892 Trayecto coche de Punto, en discontinuo ruta alternativa.
1892 Trayecto coche de Punto, en discontinuo ruta alternativa.
1892 Posible coche de Punto
1892 Posible coche de Punto, en el inicio de su recorrido, foto de Miguel Bravo.

 

Ya a principios de 1893, con el servicio mejorando, se le recrimina a la Guardia Municipal el que no permita que el coche de punto pare en la parte alta de la Plaza de la constitución:

“No sabemos si por propia  iniciativa o por orden del Sr. Alcalde, los guardias municipales no consienten que el coche de punto que se situaren la plaza de la Constitución permanezca allí parado más de media hora; pero sea como quiera, la orden nos parece abusiva, puesto que en todas partes los coches de punto aguardan que haya quien los tome, y aquí, además, donde no hay sino uno sólo, que por cierto empieza a prestar un buen servicio al público, nada estorba en aquel sitio.”

1893-01-18 Los guardias municipales no les dejan parar más de media hora.
1893-01-18 Los guardias municipales no les dejan parar más de media hora.

 

 

Camacho

Camacho

Hotel Camacho - álbum de Paco Yanes
Hotel Camacho en Santa Cruz – álbum de Paco Yanes

Dejemos atrás la Alameda con sus tamarindos, y sigamos hacia arriba por la calle de San José . En el edificio donde hoy se halla instalado el Centro de Telégrafos se estableció antes el “Hotel Camacho”. Su simpático dueño era mi buen amigo y compadre (él llamaba compadre a todo el mundo) don Luis Camacho, a quien todos recordamos con simpatía.

Don Luis, de nacionalidad portuguesa, era un barbián de cuerpo entero, y un entusiasta de nuestro país, que consideraba como el suyo propio. De ahí aquella frase suya, cuando sufría alguna decepción o ingratitud, que no fueron pocas: “Yo, que hasta les he enseñado a comer pescado con cubierto”…

Efectivamente — en eso no habla duda—en ningún hotel anterior al de Camacho se conocía en aquella época el cubierto para trinchar el pescado. La costumbre cundió, y hoy hasta el más modesto tinerfeño es un refinado “gourmet”.

Nuestro amigo no pudo hablar con corrección el español, ni esto le preocupó gran cosa; la mala pronunciación, unida a algunas palabras portuguesas que por su similitud unía a las españolas, daban por resultado un potaje hispano-lusitano, que no tenía desperdicio.

Recuerdo que unos amigos que guardaban a don Luis un verdadero afecto, fueron al Hotel Tacoronte, recien inaugurado al público, e idearon hacerle algo que le fuera agradable. La ocurrencia consistía en unas letras de cartón , como de unos quince centímetros , que, colocadas en orden, dijeran: “Hotel Camacho”. Estas letras se las trabaron en la parte posterior del pantalón , cubiertas con la americana.

Con la anterioridad consiguiente se habían llevado a cabo los ejercicios o ensayos para el momento de la llegada a Tacoronte. Debo hacer constar que se hicieron varias pruebas en la serventía contigua al Café de Bernardo Perera, seguidas de un buen consumo de patatas fricas y cerveza, hasta el punto de que, cuando se terminaron los ensayos, el bueno de Bernardo decía con sorna: “Debieran inventar otra bromita por el estilo.”

Hotel Camacho en Tacoronte
Hotel Camacho en Tacoronte

El amigo que mandaba la “fuerza” era el simpático Pepe Martín Neda, con unas voces de mando que dejaban atrás al gran Napoleón. Las voces eran las siguientes:

  • Primera voz.—¡Alinear! Obedeciendo a esta orden, todos los números, mejor dicho, las letras, se ponían ordenadamente en fila.
  • Segunda voz.—¡Guardar distancias, mar! A ésta voz se corrían hacia la izquierda hasta ponerse cada letra o persona en su sitio correspondiente.
  • Tercera voz.—¡Suban saco, mar!—, A esta voz se subían a un tiempo todas las americanas, hasta la cintura.
  • Cuarta y última.—¡Viento en popa! Casi que no necesita explicación esta voz, pero consistía en doblar el cuerpo hacia delante por la cintura y presentar el posterior como para recibir, algún azote.

Estos militares “de Caracas” se colocaron previamente en la orilla de la carretera, dando espaldas al hotel. Después del consiguiente último ensayo, se trajo al bueno de don Luis a una de las ventanas y quedó sorprendido al ver aquellos veteranos y apuestos soldados.

Ejecutadas con toda precisión las cuatro voces de mando, el simpático don Luis no cesaba de aplaudir, e hizo repetir la suerte distintas veces, llamando a todas las personas que se hallaban en el hotel, que no eran pocas, para que presenciaran la broma que le dedicaban sus amigos.

Aquel día fué para don Luis uno de los más memorables de su vida.

Marcos Pérez, seudónimo de D. Blas Gonzáles, publicado en la Prensa 13-03-1932

 

Oye Bubú

Oye Bubú

Totti
Los guardias posan con “orgullo” con el pobre Bubú

Aunque parezca de ficción es real. A principios del S. XX, en Canarias existía un circo ambulante que viajaba por las islas entreteniendo aq las gentes que cada vez mas iban acercándose del campo y laciudad a ver los personajes y animales que ofrecían. Este circo era el famoso “Circo Totti”, nombre de su director y payaso principal (hoy en día en Canarias para llamar payaso a alguien se le dice “Totti”).

De entre los muchos espectáculos que ofrecían, quizás el de el domador “Mr. Sabbas” y su león “Bubú” fuese el mas recordado. Ver aquél animal sometido al hombre era algo que fascinaba. ¿Cómo lo hacían? simplemente era “amistad”, Mr. Sabbas lo había comprado de cachorro a un circo yugoslavo y juntos habían pasado muchísimos años de pueblo en pueblo, Bubú tenía un cuidador, alguien que jugaba con él, que lo atendía y le daba de comer… Sabbas tenía en él el sustento de su vida y un amigo que le mostraba cariño… tras tantos años juntos en una vida ambulante, Sabbas y Bubú solo se tenían a sí mismos, él uno era la mitad del otro.

La historia empieza cuando en 1935 el circo se dirige a La Palma, a realizar una gira por los pueblos. En el trayecto el domador ve que el león lleva un tiempo cabizbajo, taciturno… triste. Sabbas no sabe que le pasa a Bubú, ¿quizás esté ya viejo y cansado tras tantos años de trabajo? o ¿Simplemente ya se aburrió del cautiverio y desea saborear la libertad?… la respuesta eran ambas preguntas.

En la primera función la ciudad entera se desplazó a ver a aquél león “fiero” del que todos hablaban, pero entre bambalinas el domador vió que el león estaba raro, casi no le escuchaba, estaba viejo… cuando llegó su turno “Bubú, el león” empezó a girar y saltó la valla hacia las gradas desobedeciendo al domador. La gente salió corriendo espantada ante “la fiera”, que débil y cansada estaba mas asustada que ellos… esta también huyo corriendo y se perdió por la ciudad. La gente corría y corría asustada al ver a aquél león deambulando por las calles de Santa Cruz de La Palma… finalmente se perdió.

Mr. Sabbas, estaba asustado su único amigo, su compañero de historias se había perdido… corrió a avisar a las autoridades, y estas ya estaban enteradas. Fue junto con ellas a capturarlo. Los “guardias de asalto” y el domador encontraron al león durmiendo en un descampado a las afueras de la ciudad, cuando lo vio el domador, corrió saliendo feliz hacia él, al fín volvían a estar juntos… entonces los guardias de asalto cansados de inacción o por simple barbaridad empezaron a montar fusiles y apuntaron al inofensivo animal que allí estaba echado indiferente a ellos. Sabbas se asustó, les dijo que ya estaba todo controlado, que él lo llevaría, pero los policías ante la opción de un buen trofeo hicieron caso omiso y abrieron fuego contra el pobre animal que cayó muerto al instante.

Mr. Sabbas se quedó solo en el Mundo, sin su fiel amigo que le daba cariño en esa vida errante… perdió su mitad. Y según cuenta la historia esa misma noche lloró y lloró hasta que murió de pena. Dos días mas tarde el pueblo los enterró juntos en La Palma, y allí siguen estando los dos por siempre y si dudan de ello pueden ir a ver su tumba. Esta historia muchas veces se ha contado como prefacio de La Guerra Civil Española.

Fuente: Cochino Negro

Nota del administrador: Según la hija de Sabas, Lola Djordjevic, el nombre real del león era sultán. En una entrevista que le hicieron, afirma que su padre no murió de pena en su camerino, ni de un agónico zarpazo de Sultán. Lola Djordjevic reconoció entre lágrimas, que Míster Sabas había caído “como un valiente”, alcanzado por una bala perdida, que le atravesó el abdomen, mientras trataba de evitar que disparasen sobre su león, un imponente ejemplar, amaestrado y dócil, que había adquirido en el zoológico de Belgrado unos años antes.

En una época en la que la policía, y más en las islas pequeñas, era la ley, no pudo quedar otra que la verdad oficial.

Fernanda Siliuto.(20/04/1834 – 23/04/1859)

Por Alejandro Carracedo Hernández.

Dedicado a Melecio por indicarme el camino.

No hay en este mundo sosiego para el dolor que me embarga. Tu ausencia, ya prolongada, ha alimentado el mal, el aliento ya no me llega ni para suspirar.

“¿No son libres las aves…? Por qué el hombre
no ha de serlo también?”

Cada tarde, en este balcón al Infierno vivo el martirio de no tenerte a mi lado. Encerrada en vida, si es que esto es vida, esperando tu regreso, soñando con tu  sonrisa. ¿Volverás?

“Ley inhumana
que ni aún respeta la cabeza cana
del que se acerca al fin de su vivir;”

Esta tos, que me ladra en la cabeza y mancha de atardecer mis pañuelos, ya no me da cuartel, ni descanso. Me siento débil, todo me pesa, hasta la pluma se rebela contra mí negándose a deslizar sobre el papel. La hermana me ha traído un chocolate caliente que no ha conseguido ni templar mi cuerpo.

“Ley que los mismos hombres han creado
para satisfacer su necio orgullo”

He de dejarte mi amor, volveremos a encontrarnos, yo te esperaré como cada tarde en este Infierno de balcón…

“degradante invención; siglo afamado
¿por qué la esclavitud no has de omitir?”

Para Fernanda Siliuto, nunca amaneció. Su entierro fue de noche, a oscuras, al igual que su vida desde que su primo marchó a hacer las Américas, con la promesa de volver con el dinero necesario para casarse. De su tumba, sólo se sabe que está en el cementerio entrando a la derecha. Incluso se habla de que no fue enterrada en sagrado, por lo extraño de su muerte. En su mesilla de noche, un poema, Esclavitud, como buena romántica no entendía más esclavitud, que la del amor.

 

Vista desde el balcón hacia el Infierno.
Vista desde el balcón hacia el Infierno.

 

Esclavitud

¿No son libres las aves…? Por qué el hombre
no ha de serlo también? Ley inhumana
que ni aun respeta la cabeza cana
del acerca al fin de su vivir;
Ley que los mismos hombres han creado
para satisfacer su necio orgullo
degradante invención;  siglo afamado
porque la esclavitud no has de omitir?

El opresor a su vasallo dice:
“Trabaja sin cesar de noche y día
si osas no obedecer a la voz mía
que te maten diré sin compasión;
Yo como dueño, mandaré a mi antojo
tú como esclavo servirás callando,
y perdido serás si algún enojo
mostrares del que abriga corazón”.

y el triste negro trabajando calla
encerrando su odio cauteloso
que en su pecho infeliz, con furia estalla
y le impulsa con rabia a maldecir.
Y cuando se detiene fatigado
para toma: respiración sediento,
temblando de furor siente sangriento
el afrendoso látigo crujir.

Oprobiosa ignominia..,! ¿No es tu hermano
el que haces padecer y a quién humillas?
¿Crees así elevarte soberano
robándole su fuerza y voluntad?
Un puñado de oro fe hace dueño
de un semejante a ti que cual te encierra
un corazón…  ¿por qué en perpetua guerra
le haces vivir muriendo sin piedad?

No son libres las aves… ¿por qué el negro
no ha de serlo también…? Ley inhumana
que no respeta la cabeza anciana
ni la de aquel que empieza sin vivir;

Ley que los hombres viles han creado
dando al olvido lo que Dios dispuso,
olvido criminal… siglo afamado
por qué la esclavitud no has de omitir?

¿Pero que digo yo, aún los que tienen
blanco y terso el color, blando el cabello
opresos gimen doblegando el cuello
cual si de ébano fuese su color?

¿Qué digo yo, si el que consigue alzarse
pisa la pura frente de su hermano
y en su trono infamante al asentarse
hace que le proclame su señor?

Que mucho entonces ¡ay! que el Africano
el Indio y otros mil esclavos gimen
y que tengan por dueño algún tirano
que les baga cumplir su voluntad.

Cuando los que jamás esclavos fueron
hoy como nunca sufren abatidos,
cuantos viven ¡oh Dios! envilecidos
sirviéndoles de escudo su maldad.

Fernanda Siliuto (1859)

 

A una nube

¡Nube errante, nube errante
que al cruzar en raudo vuelo
tiendes tu velo flotante
sobre el claro azul del cielo!

¡Fueran cual tú las sombrías
nubes que eternas se mecen
en el cielo de mis días
y que mi senda oscurecen!

¡Del sol las rubias quedejas
sólo ocultas un instante,
y para siempre te alejas,
nube errante, nube errante!

Mientras cual fúnebre manto,
cual señal de eterno duelo,
las contemplo con espanto,
siempre flotando en mi cielo.

Cielo en que triste fulgura,
cual sol de la vida mía
la estrella de desenvultura
que llaman Melancolía.

¡Y si levísimos rastros
dejas, ¡oh, nube!, al pasar
y como antes los astros
de nuevo se ven brillar!

Y ¡ay! en mi cielo se placen
esas nubes tristemente…
¡O si se alejan lo hacen
tan lenta, tan lentamente!

Y en el pobre pecho mío,
que suspira por amor
dejan un velo sombrío,
sombrío como el dolor.

Dejan en mí un desaliento
y una congoja, un afán…
que ignoro si es más tormento,
si vienen o si se va.

Por eso, al ver que los cielos
recorres, digo anhelante:
“Fueran como tú mis duelos,
nube errante, nube errante”

Fernanda Siliuto Briganty

 

MILLONES DEL CABILDO SIN ORDEN NI CONCIERTO

Muchas cosas se están haciendo en Tenerife. Muchos millones andan a voleo por ahí. Muchos esfuerzos se realizan. Muchas voluntades se mueven. Pero todo, fijaos bien, todo, absolutamente todo, sin responder a un orden preconcebido, a un plan de conjunto o parcial, a un programa mínimo, con respecto a ninguno de los propósitos o de las intenciones.

Beneficencia y Sanidad: Ya hemos dicho en nuestro número anterior lo que pasa con el Hospital Civil. Un Centro bien atendido perfectamente organizado. Dotado de todos los medios que necesita para el desarrollo de los servicios y funciones que tiene encomendados, pero que no cumple, ni con mucho, las finalidades que le corresponde cumplir, ni satisface las necesidades que debe satisfacer.

Carreteras y vías insulares: Se emprenden obras, bien por propia función o con carácter de proyectas apoyados y protegidos por la Corporación y se realizan incompletamente, o se eternizan en su ejecución, o se ejecutan aquí y allá, satisfaciendo necesidades parciales y locales, sin responder a un plan o programa de conjunto, sin completar nunca ningún sector entero de la red de vías que debieran tenderse, como una ordenada combinación de enlaces, sobre todo el perímetro de la Isla.

Turismo: Se construyen y proyectan paradores y miradores y, aparte el hecho de la demora en construirse de la dilación en la ejecución de unos proyectos de cuya necesidad poco será cuánto pueda decirse, se echan de menos el estudio de conjunto, el plan general, que permita conocer y fijar las posibilidades turísticas del país, las necesidades planteadas, en toda clase de iniciativas, con discriminación exacta de la perentoriedad de cada una y orden de prelación que a su solución corresponda…

Son éstos sólo tres puntos y son con respecto a ellos sólo unas consideraciones incidentales, apuntadas someramente, sin detenido estudio y únicamente como surjan y se presentan al juicio popular. Pero como “botones de muestra” pueden y deben bastarnos. Ellos nos demuestran cómo se enfocan los asuntos en la órbita de la política insular y cómo va saliendo todo, a brincos, a retazos, sin orden ni concierto, perdiendo la labor, pese a la buena voluntad que en ella indudablemente se pone, un ochenta por ciento de su importancia, de su eficacia y de su valor.

Ocurre también en lo local, pero ahora estarnos hablando de lo insular y no queremos apartarnos del tema. ¿Dónde está el programa insular, program.a total de actividades, qué dé unidad y fije la continuidad de la política a realizar en cualquiera de los terrenos a que la política del Cabildo afecte?

Un plan general de comunicaciones, en el que se armonice la función oficial, en carreteras, de la Junta Administrativa y de la Jefatura de Obras Públicas, con la propia función insular, en caminos vecinales y la que los Municipios puedan realizar dentro de los términos respectivos.

Un plan general de obras Sanitarias y de asistencia, en el que se debe también trabajar con acuerdo perfecto y en estrecha colaboración con la Jefatura Provincial de Sanidad y Ayuntamientos, para no duplicar servicios y poder complementar los existentes, llevándolos a su máxima eficacia y amplitud, obra en la que deben emplearse los mayores recursos, convirtiéndola en base y eje de toda b política y todos los empeños de la Corporación.

Un programa de turismo, en el que la función propia del Organismo debe dejar paso a las iniciativa privadas, fomentadas, apoyadas estimuladas por él, llegando a pedir colaboraciones e ideas, como en otros lugares y principalmente en el Norte de España, se acude a la eficaz y entusiasta labor de las Juntas de Iniciativas, que tan excelentes resultado han dado donde quiera que llegaran a crearse.

Un plan general de obras culturales, en el que podría figurar todo lo que de alguna forma pueda referirse a la enseñanza y fomento de la cultura, – Museos, subvenciones, becas para enseñanza, etc.—Con este plan de conjunto se evitaría la dispersión actual de los empeños, con los proyectos de un Museo Oceanográfico, un Museo Militar, un Museo Insular,—¿de qué?—, y otros y otros proyectos, lanzados por un lado y por otro, unos en marcha, los demás esbozados, apuntados, iniciados simplemente. Y abarcándolo todo un programa de conjunto; un programa definido, en el que se comprendan las necesidades y los recursos con que se cuenta para satisfacerlas.

Un programa que no sería el de ésta o aquella Corporación, ni de éste o aquel presidente o éste o aquel consejero, sino el programa de la Isla y para la Isla. Programa de presente y, sobre todo, de futuro.

Pasó el tiempo en que los cambios de partido político traían aparejados los de personas y proyectos o empeños. Hoy esto no se concibe. Las Corporaciones han de trazar sus programas con miras a largos años de realización y por ello deben ser bien meditados y estudiados, para que establezcan el principio de una tarea ininterrumpida ya hasta su total realización, con un sentido claro y preciso de continuidad.

Pero el programa debe existir. La labor caprichosa debe cesar. Lo que se haga debe responder siempre a una necesidad definida; nunca al voluntarioso gesto de amistad o simpatía, o al impulso,—por generoso y noble que sea—, del momento, fruto de la improvisación o de la espontaneidad, siempre un poco inconsciente.

Orden y concierto. Todo lo que no se haga así será, por bien intencionado que parezca o en la realidad sea, un juego de tristes resultados para la economía y para el porvenir de la Isla.

Publicado en 1952 en la Revista Selecciones Canarias

Pero parece que fue ayer.