La virgen de “las niñas”

Carmen Monteverde

Es conocida por todos la profesión que ejercen las mujeres en la manzana de Carmen Monteverde, con Juan de Padrón, Miraflores y San Francisco de Paula. Lo que no es tan conocida es una tradición que desde hace años desarrollan uno de los dos días del año en el que no trabajan.

Estas mujeres hay dos días del año que respetan y descansan, uno de ellos es el Viernes Santo, día que por su significado religioso hacen descanso respetando las tradiciones católicas. El otro día es el 13 de mayo, día de la aparición de la Virgen de Fátima a los tres pastores.

En ese día sacan a la Virgen de Fátima, que guardan en una de las casas, y realizan la que quizás se la procesión más corta de Santa Cruz y no sé si de Canarias. Recorren los apenas 150 metros, ida y vuelta, del recorrido peatonal entre Juan de Padrón y San Francisco de Paula de la calle Carmen Monteverde en total silencio y cuando terminan, montan una fiesta con mesas y sillas plegables en las que invitan al que se quiera apuntar.

Terminada la fiesta, ellas mismas recogen y limpian la calle, dejándola perfectamente limpia.

Costumbres de nuestra tierra que, por ser quienes son, desconocemos totalmente.

Gracias a Javier por la información.

Cuando las banderas de Nelson visitaron el Museo Municipal.

Cuando las banderas de Nelson visitaron el Museo Municipal.

1936-05-30 entrega de las banderas al ayuntamiento
Entrega de las Banderas. Iglesia de la Concepción.

A las cuatro de la tarde del 30 de mayo de 1936, se trasladó a la iglesia la comisión nombrada por la Corporación municipal, encargada de recoger las banderas tomadas a Nelson y trasladarlas al Museo Municipal. La Comisión estaba formada por don Francisco González Trujillo, don Nicolás Mingorance, don Juan Alonso de Armas y don Manuel Macías; secretario del Ayuntamiento, don Hipólito Fumagallo, y director del Museo, don Eduardo Tarquis (1).

La comisión fue recibida por el cura párroco, señor Herráiz Malo, que en presencia del notario don Alfredo Álvarez hizo entrega de las banderas y las lanzas a los representantes municipales. Leer más

La marcha militar de hoy al monte de la Esperanza – 17 de junio de 1936

La marcha militar de hoy al monte de la Esperanza – 17 de junio de 1936

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Foto Benitez.

Con objeto de realizar el ejercicio de columna mixta que se dispone en la orden de operaciones, las fuerzas de esta Comandancia Militar efectuarán hoy, día 17, una marcha al Monte de La Esperanza, Caserío de las Rosas, con la organización e itinerarios que en la referida orden se les marca.

Con la anticipación suficiente, las unidades actuantes situarán en el lugar en que han de concentrarse y que le será indicado a su llegada, los elementos necesarios para la confección de la primera comida de la tropa que será distribuida a las doce y media horas una vez terminado el ejercicio.

Para efectos de distribución de dicha comida, quedarán agregados al Grupo Mixto de Artillería los ordenanzas montados del Cuartel General, las individuos del Destacamento de Automóviles y personal de Tropa de Intendencia y Sanidad Militar.

Las horas de emprender la marcha las Unidades, desde sus acuartelamientos, con objeto de concentrarse en el punto designado, serán las siguientes:
Unidades que parten de Santa Cruz, a las seis horas; ídem ídem de La Laguna, a las 8’45; ídem ídem de Tacoronte, a las 8’30 horas.

El auto-aljibe de Intendencia emprenderá la marcha a las siete horas, con objeto de encontrarse con suficiente anticipación en el lugar designado para la confección de la comida. La auto-ambulancia de S. M. y una camioneta emprenderán la marcha a las nueve horas.

La tropa llevará traje de campaña a la ligera con bolsa de costado, sin morral de espalda, ni manta; los oficiales que tengan puesto en formación, sin sable, con pistola, e igualmente que la tropa, usarán el gorro como prenda de cabeza.

Las Unidades emprenderán el regreso a sus acuartelamientos a las 15 horas.

Ejercicios a realizar

Tema:–Establecimiento de un destacamento de vanguardia en reconocimiento ofensivo en dirección del camino carretero de la divisoria, ante la amenaza de que
elementos ligeros que han desembarcado por sorpresa y simultáneamente en puerto de Las Cristianos y playa de Colmenares intenten marchar bordeando el Teide
sobre la linea La Laguna Santa Cruz.

Ejército Azul

I. Situación general y noticias del enemigo.

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Foto Benitez, compartida por Rafael Cedrés.

La primera división del Ejército Azul (propio) está concentrada desde hace días, en la zona Tacoronte-La Laguna- Santa Cruz, ante las temores de un rompimiento de hostilidades con la Nación de que el bando rojo (contrario) forma parte y en espera de órdenes de Mando superior.

Las noticias recibidas hasta la fecha no acusan, según los datos del servicio de información de la Escuadra coaligada, la presencia en nuestras aguas de ningún elemento de la Armada roja. No obstante, se han recibido. noticias de que en la noche de hoy, burlando la vigilancia de nuestros guarda costas, han logrado desembarcar simultáneamente en Puerto Cristianos y playa Colmenares elementos ligeros de Infantería, que se han establecido en las proximidades de los pueblos de San Miguel y Abona. Su fuerza en conjunto ha sido apreciada en un batallón distribuido en dos núcleos, el mayor, aproximadamente de unas tres compañías, ha desembarcado en la playa Colmenares, y el otro, más reducido, como de una Compañía, desembarcó en Puerto Cristianos.
No se ha comprobado dispongan de Artillería, ni hasta ahora la aviación del bando rojo ha efectuado ningún vuelo de reconocimiento sobre el territorio propio,

II. Situación particular.

La División, concentrada en la zona antedicha, tiene acantonadas (a más del resto de sus elementos propios que no se detallan), las siguientes fuerzas en los lugares que se indican:

  • Del regimiento de Infantería 35:Dos compañías de fusiles y una Compañía de ametralladoras del primer batallón. Santa Cruz. Una Compañía de fusiles del segundo batallón, Tacoronte.
  • Del Grupo Mixto de Artillería número 2: Una batería de montaña, La Laguna.
  • Del Grupo Mixto de Ingenieros número 3; Una Compañía Mixta (1 Sección Zapadores y 1 Sección
    dé Telégrafos), Santa Cruz, autoaljibe de la Compañía de Intendencia, Santa Cruz. Una auto-ambulancia y una camioneta de la C. S. M. Santa Cruz.

III. Misión.

Foto de Benitez, compartida por Rafael Cedrés.
Foto de Benitez, compartida por Rafael Cedrés.

El general de la División Azul, a la vista de las noticias recibidas, decide concentrar en el monte de La Esperanza, Caserío de Las Rosas, una columna con la composición que se detalla en el apartado II, que como destacamento de vanguardia tendrá la misión de realizar un reconocimiento ofensivo en dirección S. O. en unión de fuerzas más importantes (supuestas) que situadas en la zona El Tablero, El Rosario, tienen igual misión en dirección de la carretera de Güímar,

IV. Mando.

Concentrada la columna, quedará al mando del coronel del regimiento de Infantería número 38, don José Cáceres Sánchez-, quien llevará a sus órdenes al capitán de Estado Mayor don José Artíeda López.

V. Hora y lugar de concentración.

Las 11 horas. El punto preciso de concentración será designado a cada jefe de Unidad a su llegada a Las Rosas.

VI. Itinerario de concentración.

  • Las Unidades marcharán desde sus acuartelamientos, según los itinerarios siguientes;
  • Fuerza del primer batallón del Regimiento 38; Santa Cruz, Las Moradas, Taco, Barranco Grande, Sobradillo, Lomo Pelado, Las Rosas.
  • Fuerzas del segundo batallón del regimiento número 38; Tacoronte, Aguas García, Las Lajas, Puente
    Guillen, La Esperanza, Las Rosas.
  • Batería de montaña; La Laguna, Camino de la Esperanza, La Esperanza, Las Rosas.
  • Compañía de Ingenieros; Igual itinerario que la fuerza del primer batallón del regimiento número 38.
  • Auto-ambulancia de Sanidad Militar y camioneta afecta; Santa Cruz, La Laguna, La Esperanza, Las Rosas.
  • Auto-aljibe de & Compañía de Intendencia; Igual que el itinerario anterior.

VI Velocidad de maniobra.

4 kilómetros por hora incluidos los autos horarios (excepto para elementos auto).

VIII. Ejecución del reconocimiento ofensivo.

Será objeto de orden particular.

Visita de los tres primeros astronautas que viajaron a la Luna a Gran Canaria

Como primera etapa de un extenso viaje por casi todo el mundo, los tres primeros astronautas que viajaron a la Luna hicieron escala en Gran Canaria. Ocurrió en octubre de 1969, y todavía muchos de quienes participaron de aquellos actos mantienen fresco el recuerdo del singular acontecimiento.
El día 4 de octubre llegó Edwin Aldrin al aeropuerto de Gran Canaria. Cientos de personas se congregaron en las terrazas para aplaudir al astronauta. Su arribo se produjo a bordo del avión presidencial Air Force One, que le traía directamente desde los Estados Unidos.
Fue recibido como un héroe por autoridades y por un numeroso público que lo aclamó a su llegada, Aldrin y su esposa se trasladaron al Hotel Maspalomas Oasis. Neil Armstrong y Michael Collins, con sus respectivas esposas, llegaron el mismo día pero en un avión de línea regular, procedente de Nueva York.
Los tres astronautas fueron alojados en el hotel Maspalomas Oasis durante dos días, rodeados de atenciones. Incluso tuvieron una suite con sus respectivos nombres. En este corto espacio de tiempo disfrutaron del sol y del mar y cumplieron siempe con un sonrisa de agradecimiento un amplio programa de visitas.
Según cuenta la prensa de la época, el fin de semana en Gran Canaria significó para ellos un apetecido descanso en el corto intervalo entre el viaje a la Luna, su posterior cuarentena, y el agotador intinerario por diversas capitales del mundo.
Las vacaciones de los astronautas transcurrieron en las playas del sur, en cortas excursiones y pescando en las aguas de Maspalomas, acompañados de diversas personalidades de la isla.

Galardón. La víspera de su partida, los astronautas recibieron un último homenaje de Gran Canaria. En el curso de un acto celebrado en el Hotel Maspalomas Oasis, Alejandro del Castillo y del Castillo, conde de la Vega Grande, entregó a los astronautas el Guanche de Oro, premio que se otorgaba a aquellas personalidades, nacionales o extranjeras, que más se han distinguido en su labor. Y en este caso, el Guanche de Oro significaba una especial recompensa que otorgaba, no sólo Gran Canaria sino toda la Humanidad. Así finalizó la estancia de Armstrong, Aldrin y Collins en Gran Canaria. Una visita corta pero que quedó en el recuerdo y en la historia de Maspalomas.

[Fuente Canarias 7]

Las Aguas de San Juan de la Rambla.

El Rosario y Las Aguas, desde Las Aguas.
El Rosario y Las Aguas, desde Las Aguas.

El cronista A. de Espinosa, refiriéndose a Betzenuhya, primer mencey de Taoro (hijo mayor de Tinerfe y abuelo del Rey Grande, Quebehi Benchomo o Bencomo, que gobernaba el menceyato en la época de la conquista española a fines del s.XV), nos dice:”…y señoreó el reino de Taoro, que ahora llaman Orotava, cuyo término fue desde Centejo hasta la Rambla, aguas vertientes a la mar”.

Algunos atribuyen esas aguas vertientes al mar, al barranco de Ruiz, en cuya desembocadura, está la Rambla de los Caballos, que le da nombre a toda la zona.

Lo que es cierto, es que toda esa zona, entre el barranco de Ruíz, y la cueva de la Golondrina, estaba llena de nacientes que vertían su agua al mar, que incluso, hasta hace pocos años, formaban charcos en los que la gente pasaba la tarde yendo a merendar, o usaban, utilizando con tubería un pino de pitera ahuecado, para endulzarse después de bañarse en el mar.

Esa gran cantidad de nacientes, y barrancos con agua, son los que le dan el nombre, a este barrio tan popular del municipio de San Juan de la Rambla, Las Aguas.

Según cuentan algunos vecinos, parte de este agua “despareció” con la construcción de una galería, en la que se trabajaba de noche, para que no protestaran, esta galería robó el freático y secó algunos de estos manantiales, y lo que quedaron, dicen que están contaminados por los pozos de la zona alta del acantilado, y no sirven para nada. La gran cantidad de vegetación y el agua que aún hoy se ve correr por zonas como la de la gasolinera de la entrada a San Juan, son testigo mudos del porqué se llama Las Aguas, como se llama.

Antonio Benavides, un canario universal: el gran desconocido

El que llegó a Teniente General de los Reales Ejércitos de España –y fue hombre de máxima confianza de Felipe V, el primer Borbón que reinó en nuestra nación–, don Antonio Benavides González de Molina, nació hace ahora trescientos treinta y seis años, el 8 de diciembre de 1698, en la Ilustre Villa de La Matanza de Acentejo. Muchos chicharreros saben de la vía santacrucera que lleva su nombre; así como los matanceros conocen la calle que lo recuerda, en su pueblo natal. Sin embargo –al menos hasta ahora–, muy pocos son los tinerfeños –aún menos los españoles de otras regiones– que tienen conocimiento de tan ilustre paisano: uno de los canarios más universales.¿Quién era Antonio Benavides?

Nuestro ilustre matancero era el tercero de ocho hermanos (uno de los cinco varones murió de niño), hijos de don Andrés y doña María, que constituían una familia de viticultores. Al ser don Andrés capitán de las Milicias provinciales, dio hospedaje en su casa a un oficial de la Bandera de La Habana, que reclutaba mozos para la guarnición de aquella isla de las Antillas. Prendado el militar de las virtudes castrenses –además de personales– que adivinó en el joven Antonio (según narra Bernardo Cólogan en biografía premiada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, en 1795), no tuvo gran dificultad en convencer a éste y a sus padres para que –en condición de cadete– se alistara en el Ejército y lo acompañara a La Habana. A mediados de 1699 Benavides partía, junto a cien jóvenes campesinos más, rumbo a la isla de Cuba. Tres años después, ya ascendido a teniente, engrosando los refuerzos solicitados por Felipe V (al estallar la Guerra de Sucesión), viajó a Madrid, siendo destinado a uno de los regimientos de dragones de la Guardia de Corps, por orden directa del Rey. A partir de entonces, el joven matancero enfiló el camino de la más brillante carrera militar jamás soñada. Los ascensos se sucedieron por méritos de guerra: Al lado de su rey, Benavides se batió con ardor y valentía en la toma de Salcedilla, rindió Villareal e Inhiesta, sitió Barcelona y Tortosa; combatió al frente de su escuadrón de Dragones en Almahara y en Peñalba; actuó de forma decisiva en Zaragoza y en Brihuega –siendo dos veces felicitado por el Soberano, en persona–; hasta el 10 de diciembre de 1710, fecha en que tuvo lugar en Villaviciosa de Tajuña una batalla decisiva para el curso de la guerra.

Benavides salvó la vida del primer Borbón que reinó en España

En aquella gélida tarde de 10 de diciembre de 1710, se hallaban enfrentados los ejércitos franco-español y el austracista del Archiduque Carlos, en un prado cubierto por la nieve. Al poco de comenzar a tronar los cañones de uno y otro bando, se percató el ya teniente coronel Benavides de la diana perfecta que suponía para la artillería enemiga el imponente caballo blanco del Rey (el único de ese pelaje en el campo de batalla), sobre el alto emplazamiento desde el que observaba la batalla, junto a sus generales. De inmediato, cabalgando hasta aquel elevado lugar, advirtió al Monarca de tan peligrosa circunstancia –en la que el Rey no había reparado–, cambiando su alazán por la blanca montura regia. Al poco de volver a su posición, una granada de mortero alcanzó de lleno al caballo blanco, haciéndolo pedazos e hiriendo gravemente a su jinete. Sobrevivió Benavides de milagro, atendido por los cirujanos del mismísimo Rey, que ordenó tuviera cuantos cuidados y atenciones precisara. A partir de entonces, entre ambos se estrechó una sincera amistad, y tanto apreció el Soberano al hombre que salvó su vida, que lo llamaba padre delante de generales y cortesanos. Sin duda, de no haber intervenido Benavides de tan resolutiva manera, y Felipe V hubiese caído en aquel campo de batalla, el curso de la Historia hubiese tomado muy diferente camino, tan distinto como que hoy no reinaría en España Felipe VI, entre otras cosas porque ni él ni sus predecesores habrían visto la luz.

Sin embargo, aun siendo un hecho primordial para el recorrido vital de nuestro paisano el capítulo de Villaviciosa, fueron sus posteriores treinta y dos años como primera autoridad en provincias claves del virreinato de La Nueva España, durante los cuales Benavides dio muestras de su gran capacidad para el gobierno, la administración y la negociación en las más complicadas condiciones imaginables, así como sus extraordinarias virtudes militares.

Capitán General y Gobernador de la Florida, Veracruz y Yucatán

Al término de la guerra de Sucesión, descansaba Benavides en la Matanza, cuando recibió una misiva fechada el 24 de septiembre de 1717, en la que el Rey lo nombraba Capitán General y Gobernador de la Florida, la provincia más al norte de la América española. Estaba sumida ésta en un caos administrativo y de corrupción, a cuya cabeza figuraba su predecesor Juan de Ayala Escobar, acusado de contrabando.

Apenas puso Benavides pie en San Agustín de la Florida, limpió de corruptos la administración de la provincia, encarcelando a los culpables y premiando con cargos de responsabilidad y confianza a los que se habían mantenido honrados y colaboraron en poner orden en aquel desbarajuste. Resolvió los innumerables conflictos que había con las beligerantes tribus indígenas –azuzadas en su mayor parte por los ingleses, más allá de las lindes del norte–. Tanto fue así, que ante el ataque y destrucción que sufrió el fuerte de San Luis, la misión y el poblado de San Marcos de Apalache, en la frontera norte –a manos de los belicosos apalaches–, marchó hasta allí con la sola compañía del capitán que trajo la mala nueva y unos intérpretes, con el fin de evitar más derramamiento de sangre y no poner en peligro las vidas de los muchos prisioneros hechos por los indios más beligerantes de aquellos vastos territorios. Sorprendentemente –lo que demuestra sus dotes de gran negociador y su talante conciliador–, rescató a los españoles prisioneros, dio cristiana sepultura a los caídos, reconstruyó el fuerte, la misión y las casas pasto de las llamas, y firmó un pacto de paz y colaboración entre el Reino de España y la tribu Apalache, cuyos jefes y pueblo dio muestras de adoración por el nuevo Gobernador, como lo hicieron posteriormente todas las tribus de las provincias del Nuevo Mundo bajo su gobierno.

Y aunque eran sólo cinco los años preceptivos en el mantenimiento de la gobernación en las provincias españolas en las Indias, ante los brillantes resultados alcanzados por Benavides y la total confianza que en él tenía Felipe V –demostrando la misma Fernando VI, a la muerte de su padre–, lo mantuvo cinco lustros en la Florida, más diez años en Veracruz y siete al frente de la provincia de Yucatán y San Francisco de Campeche. Ardua fue su lucha contra la Armada británica, así como con piratas y corsarios, que asediaban las costas españolas.

Durante la Guerra del Asiento (1739-1748), al frente del escaso ejército regular, reforzado por milicias campesinas, reforzó con enorme eficacia las defensas de Tabasco y Honduras –que sufrían constantes envites de escuadras británicas–, estableciendo puertos de avituallamiento y refugio para los navíos de la Armada Española, de los que antes carecían.

La labor de Antonio Benavides durante su largo mandato en la América española fue excepcional, no sólo por los resultados obtenidos en la buena administración de las provincias y el éxito en las campañas de defensa que emprendió, también lo fue por lo alcanzado por su talante conciliador y bondadoso, por su honradez inquebrantable –hasta tal punto que Fernando VI le dio autorización para el uso de los caudales públicos en función de sus necesidades, sin su previa aceptación–, y su lealtad absoluta a su Rey y a su Patria. Pensemos que treinta y dos años al frente de tres provincias del Nuevo Mundo, de habérselo propuesto, le habrían hecho un hombre muy rico. Por el contrario –y esta circunstancia engrandece aún más su figura–, no sólo no se enriqueció, sino que a lo largo de su dilatada vida hizo innumerables obras de caridad, despojándose a tal fin de todo bien material. Tanto fue así, que abandonado el Nuevo Mundo, en los primeros meses de 1749, se presentó ante el Rey vestido con un uniforme que le prestó su amigo el Marqués de la Ensenada, dado que el único del que disponía nuestro paisano no estaba en condiciones para tal circunstancia.

El ansiado regreso a la Patria chica

Luego de entrevistarse en la Corte madrileña con Fernando VI –quien le agradeció sus años de leal y ejemplar servicio, ofreciéndole la Capitanía General de Canarias, cargo que rechazó Benavides–, marchó a Tenerife. En esta última etapa de su apasionante existencia, vivió en el hospital de Nuestra Señora de los Desamparados de Santa Cruz, en una austera estancia que para él prepararon. De su pensión, destinó fondos para la mejora de las instalaciones de este hospital; ayudó a todos los vecinos necesitados que a él acudían; se involucró en los aconteceres cotidianos de la isla; y dada su excepcional experiencia y gran conocimiento en todo lo concerniente a las Indias, asesoró a las autoridades locales sobre comercio y emigración entre las Canarias y la España a la otra orilla del Atlántico. Mucho le lloraron sus paisanos, cuando el 9 de enero de 1762 –hará en breve 253 años–, a sus longevos ochenta y tres años, cerró los ojos para siempre. Fue enterrado vestido con el hábito de la Orden Franciscana –abrazado a su fe católica, tal como él había pedido–, a la entrada de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz. Hoy apenas puede leerse sobre su lápida –desgastada por las pisadas a lo largo de tantos años, cuestión que debería restaurar la autoridad competente–, el siguiente epitafio:

Aquí yace el Excmo. Sr. D. Antonio de Benavides, Teniente General de los Reales Exército.

Natural de esta Isla de Tenerife.

Varón de tanta virtud cuanta cabe por arte y naturaleza en la condición mortal.

No se ha hallado retrato de Antonio Benavides, sencillamente porque no quiso destinar dinero alguno a tal fin, como renunció a tantos bienes materiales, siempre a favor de los más necesitados, allá en el Nuevo Mundo y aquí en su tierra natal. Fue, fundamentalmente, un patriota y un hombre honrado; un español de leyenda, desconocido u olvidado, como tantos otros. En suma: un canario universal.

Jesús Villanueva Jiménez es escritor. Autor de La Cruz de plata. Publicado el 2 de enero de 2015 en la Opinión de Tenerife. http://www.laopinion.es/opinion/2015/01/02/antonio-benavides-canario-universal-gran/583459.html

MEMORIA DEL VIAJE DE S.M. ALFONSO XIII A CANARIAS

MEMORIA DEL VIAJE DE S.M. ALFONSO XIII A CANARIAS

Visita de Alfonos XIII a Canarias
Visita de Alfonos XIII a Canarias

PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE MINISTROS

REAL ORDEN

Excmo. Sr.: Dada cuenta por V. E. en Consejo de Ministros de la Memoria que ha redactado con motivo del viaje de S.M. el REY las islas Canarias, el Consejo, á fin de dar á dicho documento la publicidad necesaria, y con ella satisfacción á las aspiraciones de aquellos leales habitantes, ha acordado su publicación íntegra en la GACETA DE MADRID y su remisión á todos los Centros para que, sin pérdida de tiempo, se preparen las medidas que pongan remedio á los males que en ella se señalan y á las deficiencias que existen en los diferentes servicios.
De Real orden lo digo á V.E.: para su conocimiento y demás efectos. Dios guarda á V. E. muchos años. Madrid 16 de Abril de 1906.
SEGISMUNDO MORET
Sr. Ministro de la Gobernación.

 

AL CONSEJO DE MINISTROS

Terminado el viaje de S. M. el Rey á Canarias, altos deberes de gobierno y exigencias de justicia que corresponden á la lealtad de las islas, imponen el estudio de la situación en que se encuentra el Archipiélago, como medio el más seguro de preparar las soluciones que demandan múltiples sus necesidades.

Acto tan importante como la presencia en aquel territorio de un Monarca español, por primera vez después de cuatro siglos que cuenta su conquista y nacionalización, no puede menos de entrañar consecuencias transcendentales para el Gobierno, administración y progreso de aquellas preciados territorios, Escala de todas las líneas de navegación á América y al África, base del tráfico del Océano Atlántico, llave precisa para nuestra influencia en el imperio de Marruecos. Nadie lo ignora en la Península pero causas de todos conocimientos han impedido prestar á la administración de aquellas islas la atención que requieren y á que tienen indudable derecho.

Los Ministros de la Guerra y de Marina han tenida ocasión de examinar el estado en que se encuentran sus defensas militares y las complicaciones á que pudiera dar origen la carencia de puertos y desembarcaderos, allí donde los buques de guerra han de encontrar natural seguro y protección completa. También han tenido ocasión de ver una vez más las cuestiones que se relacionan con la industria pesquera, una de las que tienen mayor porvenir en aquellos mares. A dichos Ministros tocará presentar al Consejo las resoluciones oportunas, correspondiendo al de la Gobernación, que suscriba, la enumeración y clasificación de las aspiraciones de aquellos leales habitantes, ampliamente formuladas y cuya resumen es de un gran interés en los momentos actuales.

Comunicación de las islas entre si y del Archipiélago con la Península.

La comunicación fácil y frecuente con la Península es la condición esencial de toda forma de progreso y mejora que haya de llevarse al Archipiélago, siendo por si sola causa poderosa para corregir muchos de los defectos que hoy existen y suplir algunas de las deficiencias que en nuestra Administración se notan, pareciendo innecesario encarecer que las dificultades que ya crea la distancia se agigantan si á ellas sigue el aislamiento, y en este punto son fundadísimas las reclamaciones de aquellos habitantes. Cuatro correos seguros y, a lo sumo, seis al mes, no muy escalonados y sirviendo alternativamente las islas principales, son medios insuficientes para las relaciones con la Península, pero no son mejores las comunicaciones interinsulares, confiadas á barcos pequeños en mares agitados, habiendo de arribar a ensenadas poco seguras y luchar en condiciones desfavorables con los peligros que ofrecen los canales y que ocasionan los temporales dominantes en toda aquella región. Por otra parte, los dos puertos de Tenerife y de La Luz, son visitados por las líneas de navegación más importantes de Europa y a ellos llegan con frecuencia, no solo los barcos mercantes, sino también las escuadras extranjeras, formando contraste esta frecuente relación entre aquellas islas y otros países, con la pobreza y atraso de las relaciones marítimas con la madre Patria. Semejante estado no sólo influye perjudicialmente en los intereses materiales, sino que engendra un sensible aislamiento en el orden moral que no ha producido aun todos los daños que son su consecuencia legítima, gracias al intenso sentimiento patrio y á la inapreciable adhesión con que los habitantes de las islas Canarias se sienten unidos al resto de España.

El mismo que todos estos males señala se apresura á indicar su remedio haciendo más frecuente y en barcos de mejores condiciones las comunicaciones periódicas con la Península y la posibilidad, con poco aumento de gastos, de valerse de todos los vapores dispuestos á hacer el servicio de correos, cualquiera que sea su pabellón, con tal que salgan de alguno de los puertos de la Península. De este modo se evitaría el extraño contraste que ofrece la prontitud con que conocen los españoles de Canarias los sucesos del extranjero y el retraso con que tienen noticia de los acontecimientos más importantes ocurridos en la madre Patria.

Y si esto se dice de la comunicación marítima, la misma censura es aplicable a la telegráfica. Sólo hay un cable nacional, frecuentemente averiado è inutilizado para el servicio, como lo ha estado precisamente durante la visita del Rey y de los Ministros a Canarias. La necesidad de tener dos cables y de unir el polígono que forman las siete islas de manera que la comunicación sea constante, está por todos reconocida. En cuanto á la comunicación telegráfica entre las islas, de cualquier manera que se haga satisfará los anhelos de sus habitantes y permitirá atender mejor a su administración. Y cabe la esperanza, según las indicaciones allí recogidas, de que tampoco el gasto sea enorme ni pequen por lentitud los trabajos para la instalación.

Organización administrativa y asuntos de gobernación.

La primera observación de cuantos viven en las islas, cuando de estas materias se trata, es la de extrañarse de la forma administrativa, aplicada á un grupo de islas donde ni la centralización es posible ni el sistema con que se gobiernan pedazos de territorio unidos entre si tiene aplicación posible. La gran distancia de la Península hace más temibles aun los daños del expedienteo, de los cuales se recogen impresiones y se coleccionan datos, por extremo curiosos, oyendo a administradores y administrados. El extravío de un papel, la equivocación de un trámite, el error en una fecha, todo eso, yendo y viniendo a la capital del Reino con la forma del expediente y con la lentitud en las comunicaciones, lleva a la paralización completa de la vida administrativa.

Todas las indicaciones que en este punto ha escuchado o leído el Ministro que suscribe, coinciden en la necesidad de cambiar radicalmente el régimen, de descentralizar la Administración pública en Canarias, de poner á su frente una Autoridad rodeada del mayor prestigio y con facultades bastantes para resolver por si las cuestiones, sin perjuicio de la apelación al Poder central, en la forma y de la manera más sencilla. Algunas personas, y de las más capacitadas, han pensado con este motivo en la división del Archipiélago, formando un grupo con la Gran Canaria y las islas orientales, y otro con las de Tenerife, La Palma, Hierro y Gomera. Pero sin examinar aquí, porque no es este el objeto de la Memoria, lo que puede haber de aceptable o de perjudicial en esta idea, conviene dejarla consignada para someterla á estudio del Gobierno.

Más sentida es la necesidad y conveniencia, á todas horas oídas y por toda clase de argumentos demostradas, de que el personal de la Administración pública de Canarias sea elegido entre los mejores funcionarios y retribuido en proporción a la importancia de la misión que le esté confiada, de modo que se considere como un premio y no como un castigo el servir en aquellas islas, de las cuales debería volverse siempre, no sólo con la recompensa del servicio prestado, sino con el legítimo orgullo que da la patente de honradez.

Descendiendo ya á la organización de los servicios y a la manera de cumplirlos, es general el deseo de la creación de un tercio especial de la Guardia civil, tan escasa hoy, que en alguna isla hay tan sólo un cabo y cuatro individuos y en otra cinco y un sargento. A no ser tan noble la naturaleza de sus habitantes y tan leal, honrado y pacífico su carácter, hubiera sido imposible conservar el orden público en estas condiciones, no pudiendo acudirse al sistema de las concentraciones, ni dotar al archipiélago de un número tan grande de guardias civiles que fuese incompatible con las cifras de un presupuesto nivelado. La reforma que en esta materia puede introducirse no es para improvisada, pero seguramente será beneficiosa en extremo y aplaudida por sus habitantes.

Y no hay para qué decir que la cuestión electoral ofrece condiciones análogas â las de la seguridad y garantía del orden, por la índole de aquellas islas y la necesidad de que esa alta función se verifique con garantías de respeto al elector y a la voluntad de la mayoría.

Administración de justicia.

Datos ha reunido el Gobierno sobre la situación de este el más alto ramo de la Administración pública, que exigen reflexiva atención, enérgica voluntad, para suplir las deficiencias que hoy tiene, y que constan con elocuencia irresistible en la Memoria escrita con motivo de la inspección llevada á cabo por acuerdo del Tribunal Supremo. Mézclase allí la falta de personal, con las consecuencias de la lejanía y del aislamiento, y con el desarrollo de una porción de males que no existirían si el Gobierno vigilase de cerca y la opinión denunciara abusos é ilegitimas influencias. Que el personal es escaso, y. sobre todo, que los Centros judiciales son insuficientes para atender á las necesidades del país, hasta el punto de que muchos’ asuntos se sustraen al conocimiento de los Tribunales, es aserto que todo el mundo hace; y estos males se agravan por la ingerencia inevitable de la justicia municipal, que allí, como en la Península, no está á la altura de su misión. Los gastos que todo esto produce á los litigantes, las molestias de los viajes para asistir a las audiencias, la escasez de testigos y de todo en fin lo que significa procedimiento rápido, efectivo y justo, no hay para que enumerarlos; pero no son las reformas tan fáciles, teniendo en cuenta el número de poblaciones, la cantidad de asuntos judiciales y los inevitables límites de un presupuesto razonable.

Dificultades ofrece también la rivalidad entre las dos grandes islas, la Gran Canaria y Tenerife, pero ninguna de las que nazcan de los hábitos y de los pugilatos de localidad serán ciertamente obstáculo serio para que la opinión reciba con aplauso cuanto tienda á establecer una administración de justicia rápida y ajena â toda clase de inspiraciones.

Cuestiones económicas.

Sobre la franquicia de puertos, que es el régimen con que hoy se gobierna al Archipiélago, los pareceres andan muy divididos y no siempre fundados en la conveniencia pública, sino mantenidos frecuentemente por los intereses rivales que se han desarrollado al calor de los beneficios de esta concesión. Que el principio en si mismo es bueno y que nadie estaría dispuesto a renunciar á él fácilmente, no hay para qué decirlo; pero que, en cambio, las consecuencias que produce perjudican a la unidad de las relaciones comerciales con la Península, tampoco hay quien lo ponga en duda.

Ya en diferentes ocasiones los Diputados de la región y Comisiones enviadas Madrid han hecho ver cuantas facilidades ofrece la exportación de frutos canarios á Inglaterra, á pesar de la competencia que en sus mercados encuentran con los de Jamaica. y cuántas dificultades hallan para venir â la Península. ¿Cuál será la mejor solución para evitar esto? Seguramente la que dé el Parlamente, después de oír todos los intereses y de examinar la mejor manera de hacer justicia a las legítimas aspiraciones de los españoles de Canarias.

En este mismo orden de ideas discútese mucho acerca de las ventajas de facilitar la producción del alcohol, poniendo en cultivo tierras hoy casi estériles, pero que dan espontánea nutrición a plantas de riqueza alcohólica que podrían destilarse fácilmente. Pero mézclase con esta aspiración la dificultad tributaria, dándola en cambio alicientes y esperanzas la facilidad de la comunicación con la costa africana y la posibilidad de un gran mercado en ella.

Igual problema implica el cultivo del tabaco, desarrollado en los últimos años de una manera lisonjera para su progreso ulterior; pero que, á su vez, lucha con el régimen creado en España para la renta de tabacos, cual si los intereses del Tesoro estuvieran en este punto en pugna con los de los agricultores canarios. Sobre ese punto reclaman con energía los habitantes de aquellas islas y piden la derogación de varias disposiciones, entre ellas las Reales órdenes de 23 de Noviembre de 1899, 19 de Febrero de 1902 y 1° de Noviembre de 1903. Las demandas sobre estos extremos, sobre todo las que á la exportación y venta de tabacos se refieren, son muy vivas, debiendo consignarse, en homenaje á la verdad, la gran unanimidad en el juicio sobre esta materia y la necesidad de que el Gobierno se ocupe de ella con interés y atención.

Instrucción pública.

Las reclamaciones en este punto no son excesivas, pero son muy apremiantes. Desde el deseo de crear una Universidad en Canarias, á pesar del gasto extraordinario y desproporcionado que exigiría, hasta el de establecer buenas Escuelas de instrucción primaria, llegase al anhelo general de que se favorezca cuanto signifique cultura, y muy especialmente la creación de estudios de Comercio, de enseñanzas superiores de Artes é Industrias, semejantes â las creadas en Tarrasa, por la esperanza de que con ellas se iniciarán nuevas industrias y se mejorarán las existentes. También se nota el natural deseo, en poblaciones esencialmente mercantiles, de facilitar el conocimiento de todos los idiomas y consiguientemente la relación con todo el mundo.

En cuanto á la provisión de Escuelas, se protesta contra la necesidad de que los Maestros y Maestras tengan que venir á la Península para ganar sus plazas y proveerse de sus títulos. Sin duda el Ministerio de Instrucción pública tiene antecedentes y estudios sobre esa importantísima cuestión.

Fomento.

Al frente de todas las cuestiones, preocupan en los puertos de La Luz y de Tenerife, las concesiones hechas á extranjeros, ó a nacionales que las traspasan más tarde, con amenaza de la integridad del territorio y nulidad posible de la zona polémica en los casos de guerra. Que los puertos exigen toda clase de facilidades para el tráfico, es axioma entre aquellos comerciantes, pero que estas facilidades lleguen hasta perjudicar a la soberanía territorial y coloquen bajo la protección de banderas extranjeras los puntos más estratégicos de aquellas dos grandes é importantes islas, es materia que reclama una inmediata y decisiva resolución.

Respecto á las obras publicas existen los mismos deseos que en la Península, las mismas necesidades por todas partes sentidas y reveladas. De ellas se ha preocupado el Ministerio de Fomento enviando al Inspector de Ingenieros, Sr. López Navarro, para preparar las resoluciones ulteriores, acerca de las cuales, sobre todo en materia de puertos, justo es decir que el interés no es sólo de las localidades, .sino también de España entera. En este orden de ideas, algunos Ayuntamientos, como el de Puerto de Cabras, ha tomado ya iniciativas construyendo un pequeño muelle, cuyos gastos se han resarcido por el arbitrio impuesto á la navegación, dato muy digno de ser tenido en cuenta y ejemplo que debería imitarse. Pero a nadie se oculta, y menos á aquellos inteligentes comerciantes, que lo reducido del territorio en cada isla y especialmente en cuatro de ellas, quita alicientes al tráfico y á la actividad comercial, por lo cual el plan de obras públicas que haya de desarrollarse deberá ser bien estudiado y relacionado con los puertos y embarcaderos.

En cuanto a ferrocarriles y tranvías las necesidades son muy limitadas, pero estas obras serán de seguro éxito en los puntos en que puedan hacerse, ó sea, naturalmente, en los más poblados.

La característica de las islas Canarias es la ‘escasez de agua, la necesidad de obras hidráulicas. En banderas, en letreros y en gritos. lo expresaba la población al llegar el Rey, y las personas menos observadores se lamentan del contraste que, en medio del Océano, ofrecen aquellas islas cuyos habitantes padecen muy a menudo los rigores de la sed, por las deficiencias del agua potable.

Quizá á esto haya contribuido la despoblación de las montañas, cosa que no hubiera ocurrido si existiera guardia rural ó civil en suficiente número; pero el mal ya está hecho, y, por tanto hay que comenzar esa larga y penosa labor, sin la cual alguna de aquellas islas amenaza despoblarse y las que aun conserven habitantes tenerlos condenados á la mayores privaciones. Fuerteventura y Lanzarote son las más castigadas en este orden de ideas y las que necesitan mayor atención.

No estará de más recordar en este punto que los extranjeros visitan frecuentemente á Canarias, que allí se han construido hoteles que compiten con los primeros de Europa y que se habla todos los días de la construcción de sanatorios que producirían grandes beneficios y serian poderoso estímulo para el desarrollo de la riqueza, porque la llegada y residencia de los extranjeros han de relacionarse también con la construcción de las obras publicas.

Tal es el resumen razonado, imparcial y completo de las manifestaciones que el Gobierno ha oído, de las necesidades que ha visto y delas deficiencias que ha encontrado en la Administración y en el estado económico y social de las islas Canarias. Con enunciarlo se prepara, sin duda, el remedio, y la primera visita de un Monarca español a aquellos territorios, debe significar para gobernantes y gobernados la inauguración de una era de progreso y de justicia, porque dada la índole y el patriotismo de aquellos habitantes, conocida su lealtad, que ha estallado ahora en manifestaciones inolvidables, no será posible dudar que todo lo que se haga en beneficio suyo ha de estrechar de manera indisoluble los lazos que los unen fi la madre Patria; pero no debe olvidarse que los daños son antiguos, los vejámenes  sufridos muy dolorosos y que no se puede hablar del remedio sin aplicarlo prontamente, ni enumerar las deficiencias sin acudir á su rápida satisfacción.

Madrid 14 de Abril de 1906. El Ministro de la Gobernación, C. de Romanones.