El día de Finados.

Airadas disputas y encendidos debates levanta la celebración del día de Finados o de Difuntos en nuestra isla, pero no sólo por la falta de respeto que para los creyentes se convierte el sagrado tributo a nuestros difuntos, sino por el carácter de fiesta, jolgorio y desenfreno que ha tomado ésta fiesta en los últimos años. Pero esto no es nuevo, ya nuestros ancestros pensaban algo parecido, ¿saben que pensaban ellos de la castaña y el ponche?

Ya en noviembre de 1857[1] se quejaban de las parrandas que recorrían las calles, he incluso proponían poner cotos a ésta costumbre: “Después de los finados han vuelto á aparecer las parrandas en todas las calles. Esperamos que esta inundación filarmónica desaparezca en breve, porque de lo contrario será preciso ponerle un nuevo dique.”

Cementerio de San Carlos Puerto de la Cruz (FEDAC) Circa 1888
Cementerio de San Carlos Puerto de la Cruz (FEDAC) Circa 1888

En 1870 comienza en el Puerto de la Cruz la tradición de engalanar y enramar las tumbas[2]: “el día de finado, 2 de noviembre, comenzó aquí el uso de poner guirnaldas de flores sobre las cruces y sepulcros en nuestro cementerio. Las hijas de doña Bernarda Fleming Galloway, pusieron la primera hecha de flores siempre-vivas, cuyo filial ejemplo parece seguir imitándose”. Costumbre que parece que se realiza por todas las islas y no es del agrado de todos. Las tumbas se adornan con coronas y ramos de flores, se ponen velas o lámparas y se colocan cruces muchas veces adornadas con epitafios para honrar a los difuntos:[3]

“Todos lloramos por ti
En tierra y en mar salado.
Tu sobrino mi cuñado
y yo también ¡ay de, mi!”

Y otro:

“Sobre de tu tumba fría
Tengo el corazón helado
De llorarte vida mía
á todas horas del día.”

 

Cementerio de San Rafael y San Roque, Santa Cruz de Tenerife (FEDAC) Circa 1888.
Cementerio de San Rafael y San Roque, Santa Cruz de Tenerife (FEDAC) Circa 1888.

Empiezan a celebrase con castañas y ponche, quizás con demasiado ponche, por lo que comienzan a cometerse “abusos” en los cementerios, que obligan a que en Santa Cruz, 1887, se emita un bando municipal que prohíbe la entrada en los mismos[4]. Prohibición que se mantiene hasta que a principios del sigo XX se permite entrar de nuevo esos días, pero sólo el tiempo necesario para honrar a los muertos[5].
La festividad se convierte en un acto de vanidad y ostentosidad, en una demostración de poderes y capitales, en las que se pugna por hacer la mayor demostración de posibles y no de recordar y llorar a los difuntos. En octubre de 1896 se quejan, entre otras cosas, en El Diario de las Palmas de que:  “Una huérfana que cobra pensión, dicho sea de paso, colgó en la lápida el uniforme de su padre, con sable y todo, y hasta con espuelas, y colocó las mangas bien de frente para que se reparase á primera vista que su papá era teniente coronel”. 

Dos años después, en 1898 se afirman :” El culto que hoy se rinde á la vanidad mundana, ó los caprichos de una sociedad que vive para el lujo y la ostentación, hace que nuestros cementerios más parezcan en estos días de finados un gran escaparate de riquezas y elegancia, de preciosidades y objetos artísticos, que no lugar sagrado[6]y ya en 1905 apostilla Fray Gerundio: “Los que como yo piensan y van al cementerio en días de finados, á contemplar la gran comedia, sólo hallan regueros de cruces, con muchas flores y coronas, pero sin una sola lágrima, sin una sola plegaria, sin un sólo rezo. ¡Paz á los muertos!”[7]

 Las fiesta se convierte en una jarana no muy piadosa, que poco tiene de cristiana y mucho de pagana, provocando escritos de queja, como éste publicado, en 1902: “La perinola[8] bailando sobre una mesa entre castañas, botellas y copas, bailoteo que se sigue con interés grande por las personas agrupadas alrededor del mueble, las risas, los chispeantes dicharachos, los animados diálogos y la algazara siempre en crescendo, causas más que suficientes son para dar á la dicha suposición validez completa. ¿Como puede nadie figurarse que los que así se divierten están en aquellos momentos consagrados á honrar la memoria de los deudos fenecidos? […]¿Por qué una noche como esa, en la cual el dolor debe inundar el corazón, las gentes se regocijan estrepitosamente, alardeando de una despreocupación que no se siente, que no puede sentirse? Desde antiguo se estableció la moda y por tradición se respeta y se sigue, sin embargo de ser una moda extravagante y más que extravagante anticristiana. Pero la moda lo exige y el público no comprende Finados sin castañas y ponche, como no se explica Jueves Santo sin bollos y vino, ni Noche-buena sin pasteles y  aguardiente.” [9]

 Pero como todo, termina siendo aceptada, asumida y normalizada, lo raro se convierte en normal, lo nuevo en viejuno, lo escandaloso en cotidiano: “Finados. Día de Finados. En la tierra isleña, almendras y nueces en repique seco, prendido a las risas nuevas, sofocadas por el lleno de la mezcla grata: almendras y nueces y higos pasados. Pasta dulzona y sensual, que recorre el cuerpo de estremecimientos almibarados. Quiebro tiznado de castañas, calor de ellas y de los hogares, cuando hay tosquedad en el ambiente exterior. Salobre dulzura del cochafisco[10], cálido, tierno y húmedo como carne de cabrito. ¡Admirable consorcio de la muerte y de la vida! ¡Extraño ir del brazo de las dos fiestas, también cabidas en el hogar cristiano! Sin embargo, la una no es una negación de la otra. Se completan y hácense imprescindibles. En este día hagamos algo por nuestros hermanos muertos, y algo por nosotros, hasta que nos llegue.”[11]

El “Halloween” de nuestros abuelos, sus costumbres tomadas por extrañas, por paganas, por poco piadosas y cristianas, es ahora nuestra fiesta de Difuntos añorada.

 

Alejandro Carracedo Hernández


 

[1] El Ómnibus, 4 de noviembre de 1857.

[2] Álvarez Rixo, 1870.

[3] Diario de Las Palmas, 3 de noviembre de 1904.

[4] Diario de Tenerife, 18 de octubre de 1887.

[5] Diario de Tenerife, 31 de octubre de 1907.

[6] La Opinión, 2 de noviembre de 1989.

[7] La Opinión, 2 de noviembre de 1905

[8] Trompo chiquito que se gira con la mano, perindola.

[9] Diario de Las Palmas, 4 de noviembre de 1902.

[10] Millo frito con una pizca de sal.

[11] Diario de Las Palmas, 1 de noviembre de 1933.

El origen de la palabra fisco. La fisca, moneda macuquina.

En Canarias se llamaba así a la moneda columnaria o macuquina acuñada en Hispanoamérica, generalmente de uno o dos reales. En el Archipiélago todavía se usa la palabra “fisco” por trozo, poca cosa, pequeñez, recorte.

Las personas de fuera de las Islas se hacían un verdadero lío en Canarias con los cálculos entre las monedas legales – reales de vellón, escudos y pesetas- y las tradicionales canarias como las fiscas, tostones de Portugal (así como en una primera época los ceutís lusos), reales de plata, bambas, pesos… que unos versos satíricos de finales del siglo XIX definía de esta manera:

Entre fiscas, pesos, y tostones
si dicen -Esa chica te conviene
porque tiene de renta dos millones-
no se sabe de fijo lo que tiene

En la imagen, una Fisca de 1 real de plata de 1760 del Potosí.
En la imagen, una Fisca de 1 real de plata de 1760 del Potosí.
En la imagen, una Fisca de 1 real de plata de 1760 del Potosí.
En la imagen, una Fisca de 1 real de plata de 1760 del Potosí.

 

Fuente: http://www.odalsi.com/usuarios/bamba/?refer=www.numisma.org

Las Aguas de San Juan de la Rambla.

El Rosario y Las Aguas, desde Las Aguas.
El Rosario y Las Aguas, desde Las Aguas.

El cronista A. de Espinosa, refiriéndose a Betzenuhya, primer mencey de Taoro (hijo mayor de Tinerfe y abuelo del Rey Grande, Quebehi Benchomo o Bencomo, que gobernaba el menceyato en la época de la conquista española a fines del s.XV), nos dice:”…y señoreó el reino de Taoro, que ahora llaman Orotava, cuyo término fue desde Centejo hasta la Rambla, aguas vertientes a la mar”.

Algunos atribuyen esas aguas vertientes al mar, al barranco de Ruiz, en cuya desembocadura, está la Rambla de los Caballos, que le da nombre a toda la zona.

Lo que es cierto, es que toda esa zona, entre el barranco de Ruíz, y la cueva de la Golondrina, estaba llena de nacientes que vertían su agua al mar, que incluso, hasta hace pocos años, formaban charcos en los que la gente pasaba la tarde yendo a merendar, o usaban, utilizando con tubería un pino de pitera ahuecado, para endulzarse después de bañarse en el mar.

Esa gran cantidad de nacientes, y barrancos con agua, son los que le dan el nombre, a este barrio tan popular del municipio de San Juan de la Rambla, Las Aguas.

Según cuentan algunos vecinos, parte de este agua “despareció” con la construcción de una galería, en la que se trabajaba de noche, para que no protestaran, esta galería robó el freático y secó algunos de estos manantiales, y lo que quedaron, dicen que están contaminados por los pozos de la zona alta del acantilado, y no sirven para nada. La gran cantidad de vegetación y el agua que aún hoy se ve correr por zonas como la de la gasolinera de la entrada a San Juan, son testigo mudos del porqué se llama Las Aguas, como se llama.

El curandero de Tamargada

Versión de Domingo Rodríguez, de 72 años, de Tamargada (ay. Vallehermoso). Recogida por Max. Trapero, Helena Hernández y Lothar Siemens el 20 de agosto de 1983.

Publicada en Romancero de la isla de La Gomera (1987), nº 344.
Vuelvo de nuevo a pedir atención, silencio y calma,
valor en los corazones porque es ocasión tirana,
hace llorar a las piedras y sus pies en detallalas.
Día primero de octubre, fecha que no es olvidada,
que siempre las malas suertes vienen sin ser asperadas.
Yo tenía mis hijitos y así les determinaba:
–Juan lleva la yunta buéis y Antonio lleva las vacas,
Anselmo lleva el ternero, (?) la potranca
y yo voy por aquí al pozo para ir sacando el agua.–
Más al fin cuando llegó aquella malvada vaca
sin saber cómo ni cuando me ocasionó mi desgracia
y me ha enredado una pierna, de la soga allí me arranca.
A la carrera un caballo que por el aire volaba.
En la carrera caí con la fuerza que llevaba.
Del puesto me levantaron entre cuatro pa mi casa,
me acostaron en un catre, según luego me contaban,
que yo me quedé sin tino, que de eso no supe nada.
Mi mujer por otro lado en el suelo desmayada,
llama por todos los santos, tristemente alimenta(d)a:
–Virgen de la Caridad, ven que esta pobre te llama,
ten piedad y miselicordia, no me tengas tan amarga.–
Y yo envuelto en un letalgo sin poderle decir nada.
Me volvió el conocimiento cuando ya la casa estaba
llena de gente pues todos con amor la consolaban:
–No llores, no tengas pena, que si Dios quiere se sana,
y el trabajo de la vega no se echa a perder nada.–
Unos se brindan a arar y otros a sembrar las viandas,
y otros le dicen “Yo tengo dinero, si le hace falta”.
En la reunión de gente entre ellos se consultaban:
–Hay que traer un dotor.-Pero otros determinaban:
–Traer a Benito Coello, que tiene la mano santa,
que para huesos rompidos el isleño tiene gracia.–
Salió Antonio mi cuñado, con dirección a su casa:
–Buenas tardes, don Benito. –Buenas, León, ¿qué le pasa?
–Allá Antonio mi cuñado que le ha enredado una vaca
y le ha partido una pierna y a que vaya allá me manda.
–Pues yo allá no puedo dir aunque lo siento en el alma,
miren a ver si lo puén traer pronto y no demoren nada
porque si le coge el frío luego la cura es más mala.–
Me cargaron al momento, me llevan con tanta pausa.
–Buenas tardes, don Benito. –Buenas, León, ¿qué le pasa?
–Sólo tengo que decirle, don Benito, mi desgracia.
–No señor, desgracias son aquellos que pierden su alma,
que por partirse una pierna a usted no le pasa nada.
Tráiga acá una taza caldo –le dijo a la serviciala.–
Mas dispués que la tomé más de fuerza que me gana,
me echa mano a la pierna, ¡oh Dios, qué hora tan mala!,
pa colocar ese hueso sonó como una campana.
Y entonces dije: –¡Ay, mi madre, quién me viera en su compaña!
¡Si usted supiera su hijo en los trances que se halla
con su manada de hijos regados en tierra extraña!
¿Quién me les buscará el pan si su padre no se sana?
Como esta triste mujer que ocupada se encontraba
esperando a dar a luz, que pocos meses le faltan.
Y entonces me dijo el hombre: –Parece una cosa extraña,
¡que por tan poca cosa los hombres no se acobardan!
–Donde hay dolor no hay vergüenza -le dije con toda mi alma-,
y no le digo otra cosa porque respeto tus canas.Mas
a fe cuando me dijo: –Ya su pierna está curada.60
Le dije: –Fíjese bien, no me quede jorobada.
–No señor, no tenga miedo, que está bien entablillada,
y entre cuatro o cinco días yo voy allí a registrala,
lo cual creo no tener que volver a hacer más nada,
que hasta hoy mi inteligencia está muy acreditada.

Punta del Hidalgo ¡Vive!

Punta del Hidalgo ¡Vive!

Dos hermanos
Dos hermanos

Se han celebrado las fiestas de San Mateo, Patrón de La Punta del Hidalgo. Sus fiestas patronales podrán ser como las de otro pueblo cualquiera, tal vez incluso mucho más modestas, sin grandes ecos en los medios informativos, prácticamente desconocidas, lo mismo que la propia Punta; olvidada por los que deberían tenerla presente, más recordada y admirada por nuestros «compatriotas» de la Unión Europea que por nuestros propios paisanos; unida al resto de la isla por una carretera propensa a los derrumbamientos, que cuando se producen, se arreglan con alguna que otra chapuza o se deja el firme con las picaduras producidas por las rodas desprendidas, o simplemente, sin alisar debidamente los baches producidos por obras como la que se llevó acabo al poco tiempo de hacerse el nuevo trazado de la carretera de Bajamar a La Punta hace años.

Pero pese a todo, a sus calles mal pavimentadas, a sus muchos problemas de un refugio pesquero inadecuado, a su olvido en fin, La Punta del Hidalgo vive, lucha, y sus famosas voces siguen sonando por todos los puntos geográficos y hoy, me voy a permitir repetir la descripción que de este hermoso rincón hice hace algunos años:

¡Punta del Hidalgo! ¡Punta que se interna en las aguas en busca del horizonte infinito de la mar; que asciende por las montañas para tratar de alcanzar el horizonte infinito del cielo!. ¡Punta del Hidalgo: cielo, tierra y mar! Cuna de gargantas elegidas que cantan el sentir de nuestras islas y nuestra diario afán; nido donde nació la más señera de las agrupaciones revitalizadoras de nuestro cancionero y a la que los punteros inmortalizaron en pétreo monumento. Paleta de infinitos colores que el pintor del Cielo nos donó: azules verdosos de las aguas serenas, blanco encaje nupcial de olas en la furiosa mar; verdes laderas de El Homicián; huertos de frutos con colores de un arco iris excepcional; alegres trazos de mil colores de las barcas de pescadores en la modesta cala de La Hoya y plata y dorado, reflejos vivos de su pescado; negros y pardos de las volcánicas rocas costeras; grises y blancos, canelos, de las casitas de La Hoya, de El Calvario, de El Homicián; hermandad maravillosa de hombres de tierra y hombres de mar sobre un fondo en que también se hermanan en eterno abrazo, tierra y océano entre un aroma que trae el viento de huerta y sal.

Calles tranquilas, remanso de paz, donde ante sus puertas, bares o aceras, las noticias televisivas son relegadas y aún olvidadas por la amigable y serena charla de unos hombres que comentan los duros problemas de sus tierras o sus siempre arriesgadas salidas a la mar, debates sólo interrumpidos por la broma sana y alegre al conocido que llega, al amigo que se va, o el saludo afectuoso y sincero al desconocido que pasa y como amigo se va.

San Mateo
San Mateo

¡Punta del Hidalgo, qué corto se te quedó el nombre! Al antiguo hidalgo Zebenzui y su princesa Aguacada, hoy suceden los Ramos, Alonso, Suárez, Melián y tantos otros que hacen que Tierra de Hidalgos de mar y tierra te debieran llamar. En ti, hasta la prosa es poesía y la dura faena se hace cantar, en esas voces maravillosas que dieron fama a tu solar.

Y en estas fiestas, éstos hombres y mujeres dan una prueba más de sencillez, aunque ricos de corazón, con la imagen de su Santo Patrón, que no es una imagen llamativa, lujosamente rica en adornos y joyas, es un modesto cuadro que un día, lejano ya, apareciera de forma inexplicable en una vulgar cueva, pero que hoy tiene el rico y generoso altar de los corazones de todos los punteros.

Y así es esta tierra, muy olvidada de presupuestos, debates y más o menos, falsas promesas electorales, pero que contra todo pronóstico, ¡vive!, y vive porque lo que los hombres han negado, Dios se lo ha dado compensado con creces en su paz, su clima, sus grandiosas montañas, legendarias como Aguacada o los Dos Hermanos y esas bellas puestas de sol que los punteros pueden contemplar en las que cuando va a ocultarse, fundiéndose con el mar, parece quedarse quieta su redonda y roja faz por unos segundos como apenado de no poder contemplar hasta el día siguiente esta bella tierra.

Y los Dos Hermanos, ese impresionante roque, que ha pasado a ser el logotipo, el símbolo que se entrega como recuerdo a los amigos de La Punta, parece indicarnos con su forma, que unamos nuestras manos en oración para dar gracias a Dios porque nuestra Punta, La Punta del Hidalgo, pese a todo, ¡VIVE!

Valentín Pedraza Garzón
01 de Octubre de 1996

CUENTO DEL DOMINGO “La Lucharona”

CUENTO DEL DOMINGO “La Lucharona”

Lucha-canaria-FEDAC
Lucha Canaria

Va de cuento: Muy mujer lo era, y tanto, que se tiene noticias existió.  Como el relato, con el correr del tiempo, formó historieta, la vulgar  narración del suceso le trocó en lo que hoy es.  Suprimiremos el nombre propio de la protagonista para dar a conocer la inaudita proeza que llevó a cabo.

I

–Un terrible marimacho lo era la maga del tiempo de mi mocedad; mujer casada y con hija a la que aun no he conocido. El diantre sin cuernos me confunda, si, en la época de su vivir juvenil, andaría suelto ningún chasnero por estas “Bandas del Sur”, el que, de momento, lidiase con ella.
–¡Fué la diableja una luchadora celebérrima!
–Pero… La forzada mujer, ya hecha polvo está, y, por esto, con lengua expedita podemos platicar, como buenos amigos y también respirar.
¡Los del otro mundo ni oyen, ni siquiera comen a nadie! ¿Qué tal será la
maga que dejó para muestra?

… … … … …

Lo atrás suscrito, lo narrado con trazas de diálogo y pacíficamente, le referían sentados en la era-alta dos viejones secos; cho Luis y cho Pancho, amigos inseparables, buenos luchadores en su tiempo y ante el corro que atentos les escuchaban. Como se trataba de realzar las dotes de una mujer, he aquí que el labriego no pierde jamás detalles que observar.

Atentos estaban todos y la apología, de sabor apocalíptico, había de finalizar para formarse la luchada nocturna y al aire libre.

Y así sucedió. Forzudos mozos habían llegado a agarrar o a pegar en aquél terrero, aun cubierto del tamo fino, aventado y con motivo de las trilladas del granó, desde la primera quincena del mes anterior, o sea, del de la fiesta de San Juan, y allí estaban en espera. Vino la agarrada. El juego había subido a su mayor altura de expansión. Bregábase de lo lindo y tanto, que, uno de los atletas, pronto se quedaba dueño y señor del terrero. El agraciado se gozaba, por haber tumbado, cual viento a paja, más de una docena, y en tres sopladeras; en media hora, aproximadamente, y en lucha franca, quedó este mozo soberano del terruño aronero, pasando a ser ensalzado como lo merecen los invencibles.

Felipillo, este era el gracioso nombre del héroe. Tenía su casucha en el valle de San Lorenzo, y la pata, en esa noche, en la era-alta. Felipillo era el guapetón, tirador de hombres que se había cargado a Florencio “el del Roque”; el decirlo a pensarlo es mucho, pero…Florencio, el caído, venía a platicar con la hija que dejó la marimacho, con la maga, y he aquí que, por casualidad, se encontraban los novios reunidos entre los del corro donde peroraban cho Luis y cho Pancho, con grato placer de los concurrentes.

II

Profundo silencio reinaba en toda la era alta. El del Roque había perdido, desde esa noche, la merecida fama de su alcurnia tan tibiamente.

De pronto, algunas muchachas y viejas divertían el corro con sus chanzas y punzantes sátiras; muchas con puntas dirigidas a cada cual de los espectadores y en tiempo oportuno.  Florencio recibió su buena parte, por lo que estaba escamado, y su
hembra se sentía herida, pudiendo ocultar el estado de indignación, de corrida, de avergonzada, pormenor y detalle de su pundonoroso corazón cuando, sin ser vista, entra en el terrero vestida de luchador, pide lucha, reta a Felipillo, da ágil y soberbia chascona y consigue derribarle dejando pasmados a los congregados en la era-alta.

Resonaron palmas y ajijides y en medio del contento, de la algarabía, la moza quita su disfraz y vuelve a colocarse en el corro, con la mayor naturalidad que le era dable, y sin notar su ausencia por ningún concepto, aprovechando el momento de que la estrella de la noche ocultaba su luz tras de un negruzco pompón de nubes.

¿Y quién será ese mozo fornido y cómo se llamaba? –se preguntaba el “del Roque” y cuantos allí atónitos estaban por saberlo.
El luchador había desaparecido –se decían–. ¿Dónde está el hombre de esta noche? –interrogaban los más–; y mientras se gritaba y se aplaudía, el caído se desliza por el camino y abrazado de Felipillo, también caído, ambos en pos siguieron y sin valvucear frase alguna durante su marcha a…
–¿Quién será? –dice cho Luis.
–¿Quién sería? –pregunta cho Pancho.

III

En la era-alta ya había terminado la luchada. Mozos y mozas, altos o bajos, medianos en edad o viejos rechochos, fueron poco a poco retirándose, cada cual a su choza.

¿Quién sería el mozo que tumbó a Florencio, y el otro, el mejor, el que de una chascona se cargó a Felipillo? Esto y con babitud se interrogan los unos a los otros y sin poder averiguar el enigma en que permaneciera envuelto el misterioso suceso…
Pero… llegó el nuevo día y presentóse Florencio al trabajo más madrugador que de costumbre. Cho Pancho notó que el corrido no estaba en caja; cho Luis, que ni siquiera le miraban Elvira, Josefa y Petrilla…  Cuando de pronto, una mujerona, más alta que un pino y aprovechando que el rancho estuviese reunido, colérica, se presenta y dice:
“Ahí tienen ustedes al cobarde de anoche!!… De nada le han valido sus fuerzas, de nada le sirvieron sus mañas!!…  ¡El que le llaman “el del Roque”, no es mago, ni sabe maguearse…  Magos como éste no merecen que las mujeres le quieran!… Mientras esto sucedía, la maga reprochadora le entregaba a su novio unas enaguas, de revés y derecho, improperándole así:
Como no eres mago, no te quiero y por hoy, puedes vestir con lo que  me ha sobrado desde anoche. Pregúntaselo a Felipe, que es tan cobarde como tú.

Epílogo

La novia de Florencio, La Lucharona, murió soltera en Arico, en Miloo, y conocida por este apelativo, y él, el pobre corrido, en América, víctima de un continuo luchar por la existencia y pensando en su desgracia.

EL BARÓN DE IMOBACH.
Puerto de la Cruz Agosto de 1930.

1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892
Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892

Cuando en los carteles anunciadores de las últimas fiestas de mayo, entre otros espectáculos se leía “Danza de enanos,” la mayor parte que la desconocían estaban muy lejos de esperar en ella una sorpresa tan verdaderamente deliciosa.

Llegó su día y en el teatro principal, hizo su presentación el mascarón; como llaman á ese gigante enano que por todos conceptos es digno de estudio.

Su monstruosa proporción, hábilmente armonizada,hace reir al más pintado.

La careta, cuya espresión no copia el dibujo anterior, es á mi juicio una obra de arte. Se encuentran en ella mezcladas, la sonrisa picaresca del viejo verde, con cierta gravedad que la dan los años ó la posición; algo que se impone ó que domina con las armas de la hipocresía.

Es en general el mascarón, un viejo atento que tiene por manía el saludar, dejando traslucir en sus modales la distinción del gran mundo. Baila con agilidad no exagerada, quizá para evitar que le ocurra lo que al D. Severo de la Zarzuela.

Porqué la plebe, los otros enanos más pequeños, obedecen al compás, pero se advierte en sus ademanes algo libres, que si perdiese la gravedad el bastonero, no bailarían al son que les tocasen.

Y va de conjeturas; en el mascarón como en su séquito danzante, encuentro algo extraño que no es el mero propósito de provocar la risa con sus irrisorias actitudes. Imagino ver en ellos la sátira dirigida al magnate y buscada tanto en la gigantesca proporción del mascarón, con relación á sus imitadores, como en cuanto se relaciona con lo moral y lo político.

Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.
Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.

El uno grande; los otros pequeños. Inicia el primero la danza y los chicos que desempeñan el papel de autómatas, déjanse llevar de la inspiración del poder y para engrandecerse tratan de imitar cuanto pueden al objeto de sus aspiraciones, convirtiéndose en objeto de mofa para engrandecer la figura del poderoso.

Esta conjetura ha dado lugar á que me pregunte:

—¿No podrá ser que esta danza, en lejanos tiempos llenare la indicación del ridículo hacia determinado sujeto?

Y de cierto modo responde á mi pregunta la cara poco vulgar del gigante, pues, más que un adefesio fabricado al acaso, es un retrato de cuyo parecido no se duda.

Poco se sabe del origen de estos enanos y entre los datos que hemos podido proporcionarnos se encuentran, que el Beneficiado Sr. Diaz fué el autor de las primeras caretas.

Que las actuales son hechas por D. Aureliano Carmona.

Que desde 1676 acompañan á la comitiva de Ntra. Sra. de las Nieves, cada cinco años que se verifica la fiesta, cuatro gigantes y un enano (el mascarón).

Y por último que antes salían también en las procesiones del Corpus.

El distinguido poeta Palmense D. Antonio Rodríguez López á quien se le deben los anteriores datos cree que estos gigantes simbolizan los vicios y que sin duda ese simbolismo esa misma comparsa,que anuncia la bajada de la virgen significa que los vicios del paganismo y más bien de la humanidad han sido vencidos y acatan el cristianismo ó la redención, en las manifestaciones del culto católico.

1892 Partitura de la Polka de los enanos
1892 Partitura de la Polka de los enanos

Este simbolismo destruye un tanto el criterio que del mascarón habíamos formado; pero si es cierto que los símbolos son los atributos que se refieren á lo místico á lo moral y al dogma, también lo es que los antiguos de quien hemos aprendido el arte de simbolizar, con un mismo atributo simbolizaban dos ó más cosas. Por ejemplo, se dá por atributo á la cólera un león y el mismo animal es el de la Generosidad y la Clemencia. Cuando furioso, la cólera y le pintan dulce y manso cuando le han querido hacer atributo de la Clemencia y la Generosidad, suponiéndole, una grandeza de alma que puede ser comparada con las cualidades buenas del corazón humano.

Por lo tanto el mascarón y los gigantes bien pueden simbolizar el arrepentimiento de los vicios y haber sido la divisa satírica á cierto personaje, aceptando que la divisa pueda componerse de una estraña imagen que de lugar á una comparación justa.

Pero de cualquier modo, sea cual fuese su orígen y aplicación, es muy original. Las caretas, los trajes, la música, todo contribuye á un efecto agradable.

Es un espectáculo que no consigue saciar la curiosidad del público y lo demuestra que este teatro de Santa Cruz en las distintas representaciones de la danza ha obtenido llenos asombrosos, llegando al estremo de ocupar el pasillo central del patio con sillas traídas de las casas.

Más aún; terminado la primera noche este espectáculo que en otras tres se repitió, salieron los enanos á bailar en las plazas y calles escogiendo entre otros sitios el centro de la Plaza de la Constitución donde la blanca luz eléctrica hacía dudar si era de noche. Con dificultad se hicieron calle ante la multitud, que les rodeaba, y, de mí se decir, que sin pretenderlo me arrolló aquel oleaje humano; y sin dar un paso recorrí gran trecho de la plaza perdiendo en la refriega el bastón y casi el sombrero y, restablecida la calma tuve el gusto de reconocer en los regocijados espectadores gran parte del público que llenó el teatro.

Los organizadores y D. Benigno Ramos que la dirigió, pueden estar satisfechos por la aceptación que obtuvo la danza, siendo indudable que Santa Cruz de Tenerife debe á su hermana la isla de la Palma una parte esencial en el inesperado éxito de sus fiestas.

UBALDO A. BORDANOVA