Relación auténtica e verdadera de lo que en esta Ysla de Tenerife, en la ciudad de San Cristobal de La Laguna acaecido después de aver dado en ella grave enfermedad de Pestelencias

Relación auténtica e verdadera de lo que en esta Ysla de Tenerife, en la ciudad de San Cristobal de La Laguna acaecido después de aver dado en ella grave enfermedad de Pestelencias

Fuente: http://merrick.library.miami.edu/cdm/compoundobject/collection/asm0491/id/53/show/47

Ruego disculpen algún error de transcripción, es mi primer trabajo paleográfico.

 

Relación auténtica e verdadera de lo que en esta Ysla de Tenerife, en la ciudad de San Cristobal de La Laguna acaecido después de aver dado en ella grave enfermedad de Pestelencias es lo siguiente

1588 Plano de San Cristobal de La Laguna de Torriani
1588 Plano de San Cristobal de La Laguna de Torriani

 

Parece que aviendo dies e seis meses que la enfermedad de la Pestelencia dio e alcanzado el maldito mal en esta ciudad de San Cristobal de La Laguna, Puerto de Santa Cruz e otros lugares de su contorno e Viendose hecho por la Justicia e Regimiento desta Ysla todas las precauciones e remedios posibles a lo que parecio haviendo muerto de la dicha enfermedad de Peste mucha cantida de gente. Visto de faltos de remedios porque se acabado las medicinas de la Ysla nuestro medico, sirujano e barvero e muchos Leer más

Plaza del Cristo, a propósito de una foto

Plaza del Cristo, a propósito de una foto

Plaza del Cristo - Enrique de Armas, 1950
Plaza del Cristo – Enrique de Armas, 1950

– Buenas seña Candelaria, cuanto tiempo sin verla, ¿cómo anda la familia?.

– Buenas Seño Juan ,pues mire ahi vamos escapando, aqui vengo de lavar un fisco ropa en los lavaderos y voy pa casa que ahorita mismo vienen todos a comer y aun tengo que poner el potaje al fuego y usted ¿qué se cuenta?.

– Pues yo vengo de la recova que pase por alli y vi unos “jigos picos” y dije voy a llevarle unos pocos a Seña Juana que le encantan y ¿cómo anda tu madre Candelaria?.

– Allí esta la pobre con la pata jeringada que no puede ni moverse pero bueno va escapando.

– ¡Ay mija no queda otra!, qué pena cuando se llega a viejo y no puede uno ya ni moverse,dele recuerdos de mi parte .

– Seran dados Seño Juan , dele usted también recuerdos a Seña Juana a ver si voy un día por ahí pa rriba a verla y me jace mas que sea un goto café de ese tan bueno que jace ella.

– ¡¡Ahhh se me olvidaba Candelaria !! ¿¿te enteraste que se murió Seña Eufrasia??

– ¡¿Qué me dice cristiano?!, pero si yo la vi la semana pasada por la vereda pa rriba,  ¿pero estaba mala ?, no había oído yo nada.

– Que va mija , se ve que le dio algo y se murió de repente.

– Vaya por Dios, pues tendré que acercarme un día de estos a darle el pésame a su hija, dito sea Dios no somos nadie, bueno Seño Juan voy pa casa que sino hoy no comemos. ¡¡Jisssuuuu que son ya casi las doce!! Adiós Seño Juan.

– Vaya usted con Dios Candelaria hasta mas ver.

 

Lourdes Ramos.

La cueva del Diablo (1937)

Van relegándose al olvido más lamentable nuestras tradiciones y leyendas, y es una verdadera lástima que se pierdan, por lo que algunas tienen de bellas y poéticas.

En ellas palpita el alma popular. Ellas son la reminiscencia más perfecta del almaingénua y noble de la raza, el reflejo más acabado del carácter y la sencillez de sus costumbres, que envuelto en el mágico perfume de los tiempos idos, hacia nosotros vienen como mariposas, a posarse, cansinas, sobre los rotos tallos de nuestros ensueños en horas de dulce paz espiritual.

Sirven también nuestras tradiciones y leyendas — como los cantares y endechas populares — para medir la grandeza de espíritu y virtud de nuestros antepasados.

Por ello, lo que a resucitar las tienda, debe verse con alborozo y pagarse con cariño por los que en Canarias hemos nacido, por los que en esta tierra de flores y bellas mujeres nos complacemos en aspirar el perfume de las unas y en embriagarnos en el dulce mirar de los ojos morunos de las otras.

¡La Cueva del Diablo!.. Ahí es nada lo que nos recuerda esta pequeña gruta, llena de misterio, en los años venturosos de la adolescencía.

Se halla a dos pasos de la vieja ermita de San Roque, en La Laguna, desde cuya ladera se domina la ciudad, blanca como un sueño de amor y poética como una trova galante de cantor medieval.

¡Hace ya tantos años que no la visito y, sin embargo, al evocarla, me parece que fue ayer cuando a “La Cueva del Diablo” acudia las tardes domingueras, en son de campaña, con un ejército de pequeños amigos!

En ella penetrábamos siempre con respeto y con una cruz en la mano que hacíamos con cañas y que luego dejábamos junto con las innumerables que en la gruta se encontraban.

Sin este requisito ¡pobre del que sé atreviera a entrar en ella! Seguro que por la noche había de presentársele Satanás.

Era el atardecer de una fría tarde invernal. Con varios amigos departíamos en la Cueva del Diablo cuando llegó hasta nosotros un viejo pastor. Todos nos sentimos invadidos del mismo terror y tuvimos idéntico pensamíenlo: Creímos que era el diablo el que llegaba hasta nosotros. Tratamos de huir, pero nos íaltaron fuerzas y quedamos como petrificados.

Conoció el anciano que le teníamos miedo y nos tranquilizó.

Seguidamente nos contó la historia de la Cueva del Diablo.

—Aquí no ha estao nunca el diablo ni demontres que lo criyara — empezó diciéndonos — el que estuvo en ésta cueva fué un grandísimo sinvergüenza, que hace muchos, muchísimos años, se hizo pasar por Satanás pa que las gentes le cogieran miedo y así poder aprovecharse de toos estos campos.

…Y el caso es que lo consiguió. Las gentes, supersticiosas, lo creyeron a pies juntillas y hubo madres en La Laguna que cuando algunos de sus hijos tardaba en llegar a su casa más de lo acostumbrado, lo creía en esta cueva, en las garras del diablo.

Hubo un momento de silencio.

—Una noche — continuó el anciano — se aclaró el misterio. Una madre, a quien faltó de su casa un hijo, creyolo en las garras del diablo y se atrevió a subir a este risco pa que se lo devolviera. Sin miedo llegó hasta aquí y encontró durmiendo al que tenían por diablo. El niño no se hallaba con él. La mujer, animosa, tiróle de las barbas y le preguntó: ¿Dónde has metido a mi hijo, perro maldito? El aludido despertó entonces y al encontrarse con la mujer fué tal el miedo que 1e entró que quedó “tiezo” pa toa la vida, y de seguro que ahora se encuentra en los infiernos purgando todas sus culpas.

No obstante la historia del anciano, cuando penetrábamos en la Cueva del Diablo llevábamos siempre una cruz de cañas que ahuyentara de nosotros la grotesca figura del demonio.

Y aun, a pesar de la evolución del tiempo, son muchas las personas que no entran en la Cueva del Diablo sin antes persignarse y exclamar:
¡Cruz, perro maldito!

Los personajes de La Laguna en los 80.

Eran los años finales de la década de los 80, dos discotecas tenían la exclusiva de los bailoteos discotequeros, el Ringo Star y el Equilibrio acaparaban la noche lagunera. Cada uno situado en un extremo de la misma acera de la avenida Trinidad, eran las discotecas.

Habían bares y pubs, si, pero discotecas, lo que se dice discotecas, sólo habían dos, no existía el cuadrilátero y nada similar, pero lo que si había era buen rollo.

En nuestra noche coexistían:

  • Rockers, como los flechas negras, algunos llevaban nunchakos e incluso uno un hacha pequeña.
  • Punkies con cresta, como los White Warrios, dirigidos por Paco, D.E.P.
  • Punkies cabezas rapadas, como los Cholas, porque en vez de botas, llevaban chanclas, y predicaban el buen rollo.
  • Siniestros, lo que ahora son góticos, como Becky, que nos saludaba con un beso en los labios y algunas veces con un “¿cómo la tienes hoy?” mientras palpaba la cruz del pantalón. Se formaban colas para saludarla.
  • Los rastas, seguidores de la música Reggae, como Carmen.
  • Indeterminados como Norman Badoo Yudoo, que bailaba haciendo catas de kárate y dando volteretas, catalogaba a las mujeres como zorras, cueros, y cueros vírgenes, pero aún así, él y su grupo tenían siempre un enjambre de mujeres alrededor.
  • Candy la morena, preciosa chica con unas formas exuberantes que sorprendían al descubrir que sólo tenía 13 años.
  • Jaime el disckjockey, se parecía al cantante de la Dama se esconde,  y pinchaba de todo, música para todos los grupos.
  • Los caramelos Jackson, que imitaban la estética de Michael Jackson en su vídeo Bad.
  • Anticristos, una especie de punk/got/pasademí, iban de cuero, con cristos colgando de las puntas de los cuellos, y gorras tipo Mao de cuero y una serpiente pintada en su interior.

Todos coexistiendo con tranquilidad y buen rollo, La Laguna variopinta y multicultural. ¡Qué recuerdos!

¿Recuerdas alguna tribu? Deja tu comentario con tu experiencia.