UN EPISODIO DE 1810

Publicado por admin | Publicado en Tradiciones Portuenses | Publicado el 22-12-2011

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N Febrero de 1810 fondearon en el puerto de Santa Cruz de Tenerife cuatro poderosos navios de guerra: dos ingleses, el Leviathan y el Conquis, y dos españoles, San Lorenzo y el Montañés, uno de los pocos este último que escaparon del desastre naval de 1805.

Conducían los cuatro buques mil cuatrocientos ochenta y cuatro prisioneros franceses, soldados procedentes del ejército de Dupont, y marinos de los que, después de batirse en Trafalgar, hallábanse en los pontones de Cádiz.

El Cristo ahogado (Acaecido en 1810)

Publicado por admin | Publicado en Imobach, Tradiciones Portuenses | Publicado el 22-12-2011

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(Recuerdo de un Carnaval)

Plataforma de Santa Barbara

Plataforma de Santa Barbara

¡Oh plataforma desartillada de Santa Bárbara! ¡Oh Cruz de “Los Arcedianos” ¡Cuan sin resguardo, cuan sin tertulianos y solitarias os han dejado!

Así se condolía y así exclamaba en cierta ocasión el tío Pererita, práctico viejo del puerto, sentado en un grueso cuadernel perteneciente el legendario «barco blanco», el que yacía tendido a la sombra— casi media centuria—bajo el formidable balcón de la casa de Lercaro y que un día compró como de barato el último alcalde castellano del fuerte de San Felipe, señor González de Chaves, de honrosa memoria para esta población y uno de los hijos de más clara inteligencia que ha nacido en ella durante el siglo XIX.

Así se lamentaba quien, san niño y de padres marineros, espigó yendo y viniendo a los placeres es «la lancha catalana» patronada por tío Cascarilla, pescando pargos y samas de ley. los que eran vendidos en trozos y par poco precio en los escalones de la Aduana Real por el timonel Caleta, con la única condición de reservar las cabeza del más gordo peje – según ordenanza o costumbre inveterada – para la cazuela de. los viernes cuaresmales que hacía el señor ayudante de Marina en riguroso cumplimiento de la Santa Cruzada.

Esto ocurrió en Puerto de la Cruz, Canarias, Spain.

Por escritos como este, condenaron a D. Tomás de Iriarte

Publicado por admin | Publicado en D. Tomás de Iriarte, El zurrón, Poetas Canarios | Publicado el 17-11-2011

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El hombre de los cuarenta escudos.

 

François-Marie Arouet (Voltaire)

François-Marie Arouet (Voltaire)

Un apacible viejo, que siempre se queja del tiempo presente y alaba el pasado, me decía en una ocasión:

-Amigo, Francia no es tan rica como lo era en tiempo de Enrique IV. ¿Y por qué? Porque no están los campos bien cultivados, porque faltan brazos para la labranza; porque al encarecer los jornales, dejan muchos colonos sus tierras sin labrar.

-¿De dónde procede esa escasez de labriegos?

-De que todo aquel que es inteligente toma el oficio de bordador, de grabador, de relojero, de tejedor de seda, de procurador o teólogo. De que la revocación del edicto de Nantes ha dejado un inmenso vacío en el reino. De que se han multiplicado las monjas y los pordioseros, y en fin, de que cada uno esquiva, en cuanto puede, las penosas faenas de la tierra, para las que Dios nos ha creado, y que tenemos por indignas, de puro lógicos que somos.

Los dos conejos de D. Tomás de Iriarte.

Publicado por admin | Publicado en D. Tomás de Iriarte, El zurrón, Imobach, Poetas Canarios | Publicado el 17-11-2011

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Por entre unas matas
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.

De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?»

«¿Qué ha de ser?», responde;
«sin aliento llego…;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».

«Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos.»

«¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo.»

«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.»
«Son galgos, te digo.»
«Digo que podencos.»

En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
Llévense este ejemplo.


Así nos tienen hoy en día, peleando los del gobierno, más preocupados del pedigrí, que de que vienen a comernos.

La barca de Simón de D. Tomás de Iriarte

Publicado por admin | Publicado en D. Tomás de Iriarte, Imobach, Poetas Canarios | Publicado el 16-11-2011

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Tuvo Simón una barca
no más que de pescador,
y no más que como barca,
a sus hijos la dejó.

Mas ellos tanto pescaron
e hicieron tanto doblón,
que ya tuvieron a menos
no mandar buque mayor.

Fábula del Oso, la Mona y el Cerdo, de D. Tomás de Iriarte.

Publicado por admin | Publicado en Cantos de trabajo, Poetas Canarios | Publicado el 16-11-2011

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Leer con mucha atención
deberían nuestros políticos,
la fábula de animalicos
que pongo a continuación.

Aquel que tanto le gusta
que le regalen el oido
los “regalos” del otro partido
debería de valorar.

Porque no es deshonra el pensar
¿Habré actuado mal, es normal
que de los míos, tanto y tanto alabar?

Si digo hoy blanco, y mañana digo negro
¿Por qué me aplauden todavía,
si ni yo mismo me entiendo?

Señor D. Juan, quedito de D. Tomás de Iriarte

Publicado por admin | Publicado en D. Tomás de Iriarte, Imobach, Poetas Canarios | Publicado el 16-11-2011

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Señor D. Juan, quedito, que me enfado:
besar la mano es mucho atrevimiento;
abrazarme… no, D. Juan, no lo consiento.
Cosquillas… ay Juanito… ¿y el pecado?

Qué malos son los hombres… mas, cuydado
que me parece, Juan, que pasos siento…
no es nadie… pues despachemos un momento.
¡Ay, qué placer… tan dulce y regalado!

Jesús, qué loca soy, quién lo creyera
que con un hombre yo… siendo cristiana
mas… que… de puro gusto… ¡ay… alma mía!

Ay, qué vergüenza, vete… ¿y aún tienes gana?
Pues cuando tú lo pruebes otra vez…
pero, Juanito, ¿volverás mañana?

Extensión y fama del oficio de puta de D. Tomás de Iriarte

Publicado por admin | Publicado en Cantos de trabajo, D. Tomás de Iriarte, El zurrón, Imobach, Poetas Canarios | Publicado el 16-11-2011

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No te quejes, ¡oh, Nise!, de tu estado
aunque te llamen puta a boca llena,
que puta ha sido mucha gente buena
y millones de putas han reinado.

Dido fue puta de un audaz soldado
y Cleopatra a ser puta se condena
y el nombre de Lucrecia, que resuena,
no es tan honesto como se ha pensado;

esa de Rusia emperatriz famosa
que fue de los virotes centinela,
entre más de dos mil murió orgullosa;

y, pues todas lo dan tan sin cautela,
haz tú lo mismo, Nise vergonzosa;
que aquesto de honra y virgo es bagatela.

  • Nada nuevo hemos inventado, el tachar a los demás con etiquetas sigue siendo el deporte nacional.

Respuesta de Don Tomás de Iriarte a una dama que le preguntó que era lo mejor que hallaba en su cuerpo.

Publicado por admin | Publicado en D. Tomás de Iriarte, El zurrón, Imobach, Poetas Canarios | Publicado el 16-11-2011

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Con licencia, señora, de ese pelo
que en rubias ondas llega a la cintura,
y de esos ojos cuya travesura
ardor infunde al pecho más de hielo;

con licencia del talle, que es modelo
propuesto por Cupido a la hermosura,
y de esa grata voz cuya dulzura
de un alma enamorada es el consuelo,

juro que nada en tu persona he visto
como el culo que tienes, soberano,
grande, redondo, grueso, limpio, listo;

culo fresco, suavísimo, lozano;
culo, en fin, que nació, ¡fuego de Cristo!,
para el mismo Pontífice romano.

  • ¿Qué más que decir a tremendo piropo? Solo queda añadir, ¡que pena que no haya foto!

Perico y Juana, poema erótico de D. Tomás de Iriarte.

Publicado por admin | Publicado en D. Tomás de Iriarte, Imobach, Poetas Canarios, Tradiciones Portuenses | Publicado el 16-11-2011

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D. Tomás de Iriarte y Oropesa

D. Tomás de Iriarte y Oropesa

Este poema, el más conocido de su vertiente erótica, fue prohibido por la inquisición en 1804, 13 años después de la muerte de Tomás de Iriarte. El poema no puede ser más cándido, comparado con cualquier ejemplo de literatura actual y el trabajo de algún que otro Premio Nobel. Pero estoy convencido, que aún hoy, alguno, lo tachará de indecente.

Un día con Perico riñó Juana
por no se que disgusto o fantasía
pero antes que pasase una semana
ya de tanta altivez se arrepentía
con el zagal querido más humana
volver quiso a entablar nueva armonía
y para hacer las paces mano a mano
diole una cita que el aceptó ufano.