Charla con Pascal sobre pasiones y el amor

En mi colección de libros están aprisionados lo volúmenes exentos del clásico polvo de las grandes bibliotecas, sin que por ello dejen de asomar con presunción los lomos de las principales obras universales que constituyen mis mejores compañeros en las horas de lectura.

Shakespeare, Cervantes, Dante, Goethe, Pascal, etc., están a mi alcance, y los consulto frecuentemente. Más de una vez, con una buena dosis de imaginación, he llegado hasta interrogarles, instructiva distracción que conduce a examinar mejor la obra y sabiduría de los mismos descubriendo la indiscutible personalidad de cada uno de ellos.

En esta entrevista con los genios literarios, quiero que el lector, si lo hubiere, reciba la impresión más real y el mayor provecho posible para sí, respetando y considerando el pensamiento según la etapa en que anduvieron por este planeta terrestre.

Hoy es Blas Pascal, insigne matemático, físico, filósofo y escritor, quien nos va a hablar sobre las pasiones del amor. El autor de Las Provinciales y Los Pensamientos, sus más famosas producciones, nació en Clermont-Ferrand, ciudad del centro de Francia el 19 de junio de 1623 y murió en 1662, hace la friolera de 250 años; de ahí la elección del personaje.

¿Qué pasiones son las que más convienen al hombre?

Amor y ambición: carecen de mutuo enlace. Sin embargo, se alían con bastante frecuencia; mas se debilitan recíprocamente, por no decir que se arruina.

¿Pueden convivir ambas en un mismo espíritu?

Por mucha amplitud de espíritu que se tenga, sólo se es capaz de una gran pasión; por eso, cuando el amor y la ambición se encuentran juntos, no son sino la mitad de grandes que serían si sólo existiese uno.

¿Amar es una necesidad?

Nacemos con un trazo de amor en nuestros corazones, que se desarrolla a medida que el espíritu se perfecciona y que nos lleva a amar lo que nos parece bello, sin que se nos haya dicho jamás lo que esto sea. ¿Quién duda, según eso, si estamos en el mundo para otra cosa que para amar? En efecto, por más que lo disimulemos, se ama siempre. Aún en las cosas de que parece se haya separado el amor, se le encuentra recatado y escondido, y no es posible que el hombre pueda vivir un momento sin eso.

¿Cuándo se está más propenso a las pasiones?

La edad no determina el comienzo ni el fin, nace desde los primeros años, y subsiste muy a menudo hasta la tumba. El amor no tiene edad, está siempre naciendo. Con todo, como exige mucho ardor, los jóvenes son más propensos.

¿Cuándo es más fácil el amor, entre dos personas del mismo nivel social o de diferentes condiciones?

El hombre lo busca a veces en la igualdad de condiciones, a causa de que la libertad y la ocasión de manifestarse se encuentran aquí más fácilmente. Con todo,

algunas veces se va mucho más alto y se ama a una dama de distinta condición, y es que una alta amistad satisface mucho más que una igual y común.

¿Cómo clasificaría los espíritus de los que aman?

En dos clases; el uno, geométrico, y el otro que se puede llamar de fineza. El primero tiene procederes lentos, duros e inflexibles; mas el segundo tiene una flexibilidad de pensamiento que aplica al mismo tiempo a las diversas partes amables de lo que ama. Desde los ojos va hasta el corazón, y por el movimiento de fuera conoce lo que pasa dentro. Cuando se tiene uno y otro espíritu a la vez, ¡cuánto placer da el amor! Porque se posee juntamente la fuerza y la flexibilidad del espíritu, que es muy necesaria para la elocuencia de dos personas.

¿Qué es más elocuente en los enamorados, las palabras o las miradas?

En amor, un silencio vale más que una palabra. Un amor firme y profundo comienza siempre por la elocuencia de acción; los ojos llevan la mejor parte; porque los ojos son los intérpretes del corazón, mas sólo el que en ello tiene interés entiende su lenguaje.

¿Es cierto que el amor es ciego?

Se ha quitado inoportunamente el nombre de razón al amor, y se les ha opuesto, sin sólido fundamento, pues el amor y la razón no son sino una cosa misma. Es una precipitación de pensamientos que se lanza de un lado, sin bien examinarlo todo, pero es siempre razón, y no se puede ni se debe desear que sea de otro modo, porque seríamos máquinas muy despreciables. No excluyamos, pues, del amor la razón, puesto que son inseparables. Los poetas, en efecto, se han equivocado al pintarnos al amor como ciego; es preciso retirarle la venda, y devolverle en adelante el goce de los ojos.

¿Por qué cuando se está lejos de lo que se ama se toma la resolución de hacer y decir muchas cosas, mas cuando se está cerca, permanece uno irresoluto?

Se origina por que, cuando se está lejos, la razón no sufre la extraña conmoción que le causa la presencia del objeto; ahora bien, para la resolución se requiere firmeza, la cual se quebranta por la conmoción.

¿Es justo sacrificarlo todo por amor?

Soy de la opinión del que decía que en amor se olvida la fortuna, los padres y los amigos; las grandes amistades llegan hasta ahí. Lo que origina que se vaya tan lejos el amor es que se piensa que no se tendrá necesidad de otra cosa, sino de lo que se ama; el espíritu está lleno; no queda lugar para el cuidado ni para la inquietud.

Y para terminar esta entrevista de ultratumba, ¿en qué parte del globo se ama más y menos?

Eso de que haya naciones más enamoradas que otras, no es hablar propiamente, o a lo menos, eso no es verdad en todos sentidos. No consistiendo el amor sino en una adhesión del pensamiento, es indudable que debe ser el mismo en toda la tierra. Cierto es que, terminando en otro parte que no sea en el pensamiento, el clima puede influir algo, mas solamente en el cuerpo.

Le doy las gracias por sus sabios pensamientos, y le dejo en paz en el mundo del amor y de los espíritus que tanto está presente en su memoria incluso 250 años después de su muerte.

Melecio Hernández Pérez

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