Sobre los piropos que a Nuestra Señora, algunos le adornan.

Hay un pueblo en esta isla
de caracter singular
con un barrio muy pesquero
que a la madre de los cielos
le gusta piropear.
La llaman cabrona, morenita,
¡qué guapa eres! japuta virgencita.
Dicen que es sentimiento
de pueblo llano,
y que tiene de tradición
cuatrocientos años.
No creo que Torquemada,
y hasta hace poco un tal Franco
permitieran tanta flores,
estrechos que eran los señores.
No entiendo como no extienden
tan hermosas costumbres
al día día, al cotidiano.
El buenos días cristiano,
lo cambiamos por un cabrón,
un joputa o un marrano.
Para ligar le digan,
a esa moza imponente,
¡Qué tetas tienes cabrona!
¡Qué buenas estas japuta!
seguro que eres una zorrona.
Si la chica le responde,
¡tu puta madre, cabrón!
el barriero se emociona
y piensa con ilusión,
una lágrima en el rostro,
palpitando el corazón
“No conoces a mi madre,
y ya quieres a tu suegra”
¡CABRONA!
 
El barón de Inmorach.

Las quemas de Judas

Quema de judasEran estas fiestas, unas viejas costumbres con visos rituálicos, que se efectuaban en épocas pasadas y por Pascua florida, —de Resurrección—, en el Puerto de la Cruz.

Tales festejos, ya en desusos – de quemar anualmente en efigie grotesca al apóstol traidor. Judas Iscariote—, fueron introducidos en nuestro pueblo natal a mediados del siglo XVIII por los irlandeses católicos establecidos como comerciantes, para exportar aquellos famosos vinos vidueños y de malvasía a Europa y América.

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CUEVA DE LA NEGRA (Topónimo de Fasnia)

(Historia de exclavitud, amor y libertad….)

Llegaste desde tu África
venías encadenada
ibas a ser vendida
pero tu destino estaba
para siempre aquí ligada.
En esta Zona del pueblo
cerca de D. Juan Marrero
en la hoya de Don Eusebio
esta historia aquí pasó
y no hace tantos años
que las argollas
de aquí alguien

Los esclavos los escondían
en las cuevas que allí había
hasta que por fin
a alguien se los vendían

Don Manuel era el encargado
de los esclavos vigilar
cuando llegó aquel grupo
blancos y negros mezclados
y te pudo divisar
su cuerpo se estremeció
y enseguida comprendió
que la llama del amor
na´más verte se encendió

Desde que te vio mujer
se quedó escandilado
eras tan esbelta y tan bella
no se pudo resistir
y te entregó su amor
mientras su corazón pudo latir

Tú mujer de color
del Africa Tropical
que con tu gran belleza
lo supiste enamorar

Viniste como esclava
mezclada con los demás
pero quién te lo iba a decir
que gracias a tu belleza
la libertad ibas a conseguir

Cómo serías de linda
qué belleza tan impresionante
que arriesgó su vida
para salvarte

Don Manuel no concilió el sueño
duerme varias semanas
su corazón le decía
tienes que ser para mí
linda gacela africana
y una noche de temporal
de la cueva te sacó
te había secuestrado
sabiendo que si lo cogían
moría bien ahorcado

Te escondió en una cueva
informó que habías muerto
que te había enterrado
cuando lo cierto del caso
es que le habías enamorado

Se cuenta que un hoyo cavó
y que un animal
que había muerto
en tu lugar enterró
y un poco más arriba
tus ropas ya colocó

Cuando el traficante
su historia no la creyó
pero al abrir el hoyo
tus ropas ya divisó
y al llegarle el perfume
el hoyo se taponó

Él temblando se había puesto
porque si descubría el engaño
ya estaba dispuesto
al hoyo ir a parar
porque el robo de una esclava
con la vida has de pagar

Cuánto tiempo estuviste
encerrada en aquella cueva
amando aquel fasniero
que la primera palabra
que te enseñó a decir
es la amorosa “te quiero”

Se acabó la esclavitud
y te dio la libertad
pero para siempre decidiste
a su lado continuar

En premio a tu gran amor
decidieron bautizar
a esta zona de Fasnia
como Cueva de La Negra
para siempre a ti recordar

Quiero hacer constar
que todo lo que aquí describo
es pura realidad
pues un familiar de Don Manuel
me contó esta verdad

(Fasnia, Agosto de 1999)

Aportación de:Arístides Díaz Chico
Fuente http://www.fasnia.net/html/arist06.html

1892, coches de Punto en Santa Cruz.

1892, coches de Punto en Santa Cruz.

El 26 de julio de 1892 el Diario de Tenerife anuncia en su página 4.

Diario de Tenerife. 26 de julio de 1892
Diario de Tenerife. 26 de julio de 1892

GRAN NOVEDAD

Coches de punto. — Estos coches, que por primera vez se establecen en esta Capital, tienen por objeto facilitar los medios de locomoción en el interior de la ciudad.

CARRERA DEL COCHE

Saliendo de la plaza de la Constitución, seguirá las calles del Castillo, Plaza de Weyler, Callao de Lima, Constructura, D. Bernabé Rodríguez, Amargura, Toscal y San Francisco hasta el punto de partida.

PRECIOS
Desde la plaza de la Constitución hasta la de la Constructora, 16 céntimos.
Desde la plaza de la Constructora hasta el término de la carrera, 10 céntimos más.
Los viajes serán desde las 10 y media de la mañana hasta las 4 de la tarde.

Notas.—Además dicho coche saldrá de la Laguna para esta Capital todos los días a las 9 de la mañana, y regresará á las 5 de la tarde.
Se admiten anuncios de todas clases a precios sumamente económicos.
Exíjese el billete a la entrada.

1892 Trayecto coche de Punto, en discontinuo ruta alternativa.
1892 Trayecto coche de Punto, en discontinuo ruta alternativa.
1892 Posible coche de Punto
1892 Posible coche de Punto, en el inicio de su recorrido, foto de Miguel Bravo.

 

Ya a principios de 1893, con el servicio mejorando, se le recrimina a la Guardia Municipal el que no permita que el coche de punto pare en la parte alta de la Plaza de la constitución:

“No sabemos si por propia  iniciativa o por orden del Sr. Alcalde, los guardias municipales no consienten que el coche de punto que se situaren la plaza de la Constitución permanezca allí parado más de media hora; pero sea como quiera, la orden nos parece abusiva, puesto que en todas partes los coches de punto aguardan que haya quien los tome, y aquí, además, donde no hay sino uno sólo, que por cierto empieza a prestar un buen servicio al público, nada estorba en aquel sitio.”

1893-01-18 Los guardias municipales no les dejan parar más de media hora.
1893-01-18 Los guardias municipales no les dejan parar más de media hora.

 

 

Caperucita Encarnada.

Érase una vez un fiscanguallo chica, menuda, chinija, llamada Caperucita Encarnada, desinquieta, más ensayada que una escopeta y con mucho tino para hablar, que nunca se metía en rebotallos ni rifirrafes, que no era faltona e iba arregladita como un tollo compuesto pues no le gustaba afrentar a su madre vistiendo como un pilfo.

Se emperretó en visitar a su viejita abuela que vivía en el monte y a quien ya se le estaba yendo el baifo porque la estaba abicando, y antes de que la espichara quería llevarle una cereta de tunos indios, una lecherita de beletén más una taleguita de gofio misturado, o sea, de trigo y millo que tanto le agradaba a la anciana señora.

Así es que arrancando la penca, la niña se adentró en el monte con cierto chirgo, pues sabía que el rabo de perinqué y totorata del lobo, confianzudo y de mal tabefe, la espiaba para trincarla y comérsela de enyesque acompañado de una pella de gofio y plátano, dos jareas, un lebrillo de arvejas, papitas arrugadas con mojo encarnado de la puta la madre y una botella de agua de San Roque con gas.

El lobo era un palanquín de aspecto revejido, flaco como una verguilla y un pejiguera siempre dispuesto a jeringar. Así es que en cuando vio a Caperucita se puso a dar esperridos como un mataperro para asustarla, pero Caperucita, enrroñada y con su pachorra de siempre, ante aquel cloquío lo miró de refilón y sin levantarle el gallo le dijo que el que iba a cobrar iba a ser él, que a ella nadie le cogía la camella……, haciéndole fos y continuando su camino sin atorrarse, lo que dejó al laja del lobo margullando en saliva y rezongando de amulamiento por no poder comérsela y empajarse.

El lobo, rascado y de mala tiempla, se acercó al chorro a refrescarse el totiso y el gaznate por no tener cerca un cafetín para un carajillo, y allí, sentado sobre una piedra, pegó la hebra consigo mismo mientras se comía las uñas hasta las raspas y con el pensamiento trataba a Caperucita de risquera, echona, cocorioco, erizo cachero, trasmallo y no sé cuántos piropos a cual más pior.

Emborregado, agoniado y con la matraquilla de querer comérsela, corrió desesperado a casa de la abuelita bajo un chipi-chipi que lo dejó entripado, medio enchumbado y renqueando de tanto correr.

Como era un poco tabaiba, aunque farol y malo como un aguaviva, estornudó cerca de la ventana, con lo cual al oírlo, abuela y nieta, que le escarmenaba el pelo a aquella, cogieron sendos teniques para darle un macanazo y acabar con el guineo ya que no podían verlo ni en pintura y que así se fuera escaldado de una vez por todas.

Los teniques salieron como voladores rabúos por la ventana yendo a caer con geito sobre el zarandajo del lobo que, escarranchado en el suelo, se comía una embozada de fresas para matar el hambre.

Como un sanana, enchapado de vergüenza y doblado como una alcayata salió de allí enfoguetado, mientras Caperucita y su abuelita (que se había olvidado que estaba con la quilla en el marisco y ya para la gueldera) se comieron un cucurucho de helado y cotufas con azúcar mientras llenaban la habitación de sopladeras de colores con belingo incluido.

Casa Amarilla – Puerto de la Cruz

Casa Amarilla – Puerto de la Cruz

La Casa Amarilla es una antigua casa de campo de dos pisos situada en el término municipal de Puerto de la Cruz, isla de Tenerife (Canarias, España). Se considera a este edificio la sede del primer centro de estudios primatológicos de la historia, al haber acogido entre los años 1913 y 1918 la Estación de Antropoides de Tenerife, promovida por la Academia Prusiana de Ciencias de Berlín y dirigida principalmente por el célebre psicólogo alemán Wolfgang Köhler (1887-1967).

En esta casa se redactarían además la serie de informes que compondrían el texto de Wolfgang Köhler, “The Mentality of Apes” (La Inteligencia de los Chimpancés), de gran influencia en la psicología, la primatología y la etología del siglo XX.

Desde el año 2005, ostenta la condición de Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio Histórico por Decreto del Gobierno de Canarias. En la actualidad este edificio se encuentra en grave peligro de desaparición.

 

Aquellas casas de ‘niñas malas’

Una ciudad como Santa Cruz, con puerto de mar, es imposible que no tuviera casa de “niñas malas”. De ahí que, a lo largo de la historia reciente de la Capital, la calle de Miraflores, la de la Curva y la parte baja de la avenida de San Sebastián concentraran en ese barrio cercano al muelle una batería de prostíbulos que han ido desapareciendo con el tiempo, por la expansión urbanística y porque, evidentemente, la prostitución se ha ido sofisticando con el paso del tiempo.

 

Hoy muchos inmuebles que albergaban muchachas que comerciaban con su cuerpo ya no están en pie. En su lugar se han construido modernos edificios y, en concreto, desde el Puente Serrador hacia abajo se levantará el Instituto Óscar Domínguez, todo una joya como espacio cultural, del que ya nos ocupamos en un reciente artículo.

 

Por aquella zona de San Sebastián y de Miraflores eran famosas, a mediados del siglo XX,  muchas casa de citas y algunas prostitutas de “reconocido prestigio”, como “La Bolígrafo”, “La Veneno”, “La Gallega”, o lugares tan conocidos con “El Quince”, porque el inmueble estaba situado en ese número de la primera vía citada. También tenían renombre “El Palomar” y, frente por frente “El Palacio”; o “Casa Manolita”, en la segunda calle mencionada o, por ejemplo, “La Blanca Paloma”, en las inmediaciones del Cuartel de San Carlos, donde se prestaban servicios económicos a los soldados de Infantería.

 

Una de las más conocidas casa de “encuentros” fue “La Húngara”, que estaba situada entonces en San Sebastián, donde luego se levantó la Clínica del doctor Matías Llabrés, padre de aquel gran médico que fue Lorenzo Llabrés Delgado y de su hermano Matías, farmacéutico, que era dueño de la oficina situada en la esquina de las calles Suárez Guerra y Viera y Clavijo.

 

Me han dicho que la casa de “La Húngara” todavía existe, pero ubicada ahora en el santacrucero barrio de Buenos Aires, en el arranque del Polígono Costa Sur, frente a la Papelera de Canarias, y que la fundadora de aquel establecimiento falleció hace tiempo, después de retirarse a vivir a un apartamento en la costa de Tacoronte.

 

En la calle de San Sebastián, esquina a la de Los Molinos, se encontraba el Dispensario Dermatológico, a donde acudían las “niñas malas” a hacerse revisiones médicas para prevenir y, en su caso, curar, diversas enfermedades venéreas. Ese centro, que ahora depende, creo, del Servicio Canario de Salud, se encuentra por debajo del Observatorio Meteorológico y de la clínica que fue de don Alberto Rodríguez López, ya en la confluencia con la avenida de La Salle, en cuyas proximidades estaban las sedes de las fábricas de tabacos “La Isol” y “La Antillana”,cuando el sector tabaquero isleño vivía momentos de claro crecímiento, no como ahora, en franco retroceso.

 

“La Mellada” y “La Paqueta”

 

Fuera del centro urbano de Santa Cruz siempre ha habido diversas casas de “niñas malas”, y los famosos cabarets de La Cuesta de Arguijón, como “La Caracola”, el ‘Tabares”, y numerosas “barras americanas” situadas en la avenida de Ángel Romero y en la misma Vuelta de Los Pájaros. Una de las más famosas barras fue el “Condal”, propiedad de una señora catalana que vivió algunos años en un edificio de la Cruz del Señor.

 

Una de las casas de mayor reputación (y nunca mejor dicho) fue la de Encarnación “La Mellada”, un inmueble de dos plantas, situada al inicio de la antigua carretera de San Andrés, en las cercanías de donde hoy está ubicada una gasolinera de ‘Texaco”, frente a “Ligrasa”, cerca de la Escuela de Náutica y poco antes de llegar a Valleseco.

 

Por allí pasaba la pequeña locomotora de Añaza, que hacía un singular recorrido entre la cantera de La Jurada y el muelle y que, a partir dé los años cuarenta, dispuso de vagonetas nuevas, para transportar el material necesario para la ampliación del dique del Sur, vagonetas que importó la empresa “Contratas Canarias”, de Maximino Acea, compañía de la que fueron directivos, entre otros, Pedro Alemany y el ingeniero Muñoz Reja.

 

La casa de “La Mellada”, que no estaba encalada y que lucía un discreto color cemento, fue sede de numerosos encuentros “amorosos”, a la que acudían gentes de perras y no tan pudientes del Santa Cruz de entonces, porque evidentemente el lugar estaba apartado de la ciudad y las cosas se hacían con mayor disimulo.

 

Una vez jubilada, ya mayor, Encarnación se le veía frecuentemente paseando por la Alameda y hablando en Los Paragüitas con Alonso El Chino, propietario del restaurante “Shangai”, situado en la calle de La Marina, luego explotado por su hijo Enrique, un establecimiento entrañable, donde se preparaba buena comida casera y se servían los mejores whiskies de todo Tenerife, porque el hielo se hacía con agua pura y en los vasos donde se ponían los escoceses no albergaron nunca otro tipo de bebida. Era uno de los “secretos” de la casa.

 

Otro de los lugares a donde acudían los hombres necesitados de comprar sexo era el chalet de  “La Paqueta”, situado en la avenida de Benito Pérez Armas, muy cerca de donde años después se levantó la sede provincial de la Compañía Telefónica Nacional de España, en las inmediaciones de la Prisión. “La Paqueta” llegó a tener una sucursal en La Laguna, en la entrada del barrio del Coromoto, muy cerca de la Autopista del Norte, a un tiro de piedra de la gasolinera de la “Mobil”. Según tengo entendido, en aquella casa había incluso un piano de cola, probablemente regalado por un cliente vip, que en alguna ocasión sirvió de escenario de alguna bacanal. Un amigo mío, ya entrado en años, me comentó recientemente que, hace muchos años, una pandilla, de la que él formaba parte, que había salido de fogalera por ahí, entró en la sucursal lagunera de “La Paqueta” y una de las internas les hizo un numerito encima del teclado.

 

Por Paco Pérez – Publicado el 19-04-2001. En la Gaceta de Tenerife