Punta del Hidalgo ¡Vive!

Dos hermanos

Dos hermanos

Se han celebrado las fiestas de San Mateo, Patrón de La Punta del Hidalgo. Sus fiestas patronales podrán ser como las de otro pueblo cualquiera, tal vez incluso mucho más modestas, sin grandes ecos en los medios informativos, prácticamente desconocidas, lo mismo que la propia Punta; olvidada por los que deberían tenerla presente, más recordada y admirada por nuestros «compatriotas» de la Unión Europea que por nuestros propios paisanos; unida al resto de la isla por una carretera propensa a los derrumbamientos, que cuando se producen, se arreglan con alguna que otra chapuza o se deja el firme con las picaduras producidas por las rodas desprendidas, o simplemente, sin alisar debidamente los baches producidos por obras como la que se llevó acabo al poco tiempo de hacerse el nuevo trazado de la carretera de Bajamar a La Punta hace años.

Pero pese a todo, a sus calles mal pavimentadas, a sus muchos problemas de un refugio pesquero inadecuado, a su olvido en fin, La Punta del Hidalgo vive, lucha, y sus famosas voces siguen sonando por todos los puntos geográficos y hoy, me voy a permitir repetir la descripción que de este hermoso rincón hice hace algunos años:

¡Punta del Hidalgo! ¡Punta que se interna en las aguas en busca del horizonte infinito de la mar; que asciende por las montañas para tratar de alcanzar el horizonte infinito del cielo!. ¡Punta del Hidalgo: cielo, tierra y mar! Cuna de gargantas elegidas que cantan el sentir de nuestras islas y nuestra diario afán; nido donde nació la más señera de las agrupaciones revitalizadoras de nuestro cancionero y a la que los punteros inmortalizaron en pétreo monumento. Paleta de infinitos colores que el pintor del Cielo nos donó: azules verdosos de las aguas serenas, blanco encaje nupcial de olas en la furiosa mar; verdes laderas de El Homicián; huertos de frutos con colores de un arco iris excepcional; alegres trazos de mil colores de las barcas de pescadores en la modesta cala de La Hoya y plata y dorado, reflejos vivos de su pescado; negros y pardos de las volcánicas rocas costeras; grises y blancos, canelos, de las casitas de La Hoya, de El Calvario, de El Homicián; hermandad maravillosa de hombres de tierra y hombres de mar sobre un fondo en que también se hermanan en eterno abrazo, tierra y océano entre un aroma que trae el viento de huerta y sal.

Calles tranquilas, remanso de paz, donde ante sus puertas, bares o aceras, las noticias televisivas son relegadas y aún olvidadas por la amigable y serena charla de unos hombres que comentan los duros problemas de sus tierras o sus siempre arriesgadas salidas a la mar, debates sólo interrumpidos por la broma sana y alegre al conocido que llega, al amigo que se va, o el saludo afectuoso y sincero al desconocido que pasa y como amigo se va.

San Mateo

San Mateo

¡Punta del Hidalgo, qué corto se te quedó el nombre! Al antiguo hidalgo Zebenzui y su princesa Aguacada, hoy suceden los Ramos, Alonso, Suárez, Melián y tantos otros que hacen que Tierra de Hidalgos de mar y tierra te debieran llamar. En ti, hasta la prosa es poesía y la dura faena se hace cantar, en esas voces maravillosas que dieron fama a tu solar.

Y en estas fiestas, éstos hombres y mujeres dan una prueba más de sencillez, aunque ricos de corazón, con la imagen de su Santo Patrón, que no es una imagen llamativa, lujosamente rica en adornos y joyas, es un modesto cuadro que un día, lejano ya, apareciera de forma inexplicable en una vulgar cueva, pero que hoy tiene el rico y generoso altar de los corazones de todos los punteros.

Y así es esta tierra, muy olvidada de presupuestos, debates y más o menos, falsas promesas electorales, pero que contra todo pronóstico, ¡vive!, y vive porque lo que los hombres han negado, Dios se lo ha dado compensado con creces en su paz, su clima, sus grandiosas montañas, legendarias como Aguacada o los Dos Hermanos y esas bellas puestas de sol que los punteros pueden contemplar en las que cuando va a ocultarse, fundiéndose con el mar, parece quedarse quieta su redonda y roja faz por unos segundos como apenado de no poder contemplar hasta el día siguiente esta bella tierra.

Y los Dos Hermanos, ese impresionante roque, que ha pasado a ser el logotipo, el símbolo que se entrega como recuerdo a los amigos de La Punta, parece indicarnos con su forma, que unamos nuestras manos en oración para dar gracias a Dios porque nuestra Punta, La Punta del Hidalgo, pese a todo, ¡VIVE!

Valentín Pedraza Garzón
01 de Octubre de 1996

CUENTO DEL DOMINGO “La Lucharona”

Lucha-canaria-FEDAC

Lucha Canaria

Va de cuento: Muy mujer lo era, y tanto, que se tiene noticias existió.  Como el relato, con el correr del tiempo, formó historieta, la vulgar  narración del suceso le trocó en lo que hoy es.  Suprimiremos el nombre propio de la protagonista para dar a conocer la inaudita proeza que llevó a cabo.

I

–Un terrible marimacho lo era la maga del tiempo de mi mocedad; mujer casada y con hija a la que aun no he conocido. El diantre sin cuernos me confunda, si, en la época de su vivir juvenil, andaría suelto ningún chasnero por estas “Bandas del Sur”, el que, de momento, lidiase con ella.
–¡Fué la diableja una luchadora celebérrima!
–Pero… La forzada mujer, ya hecha polvo está, y, por esto, con lengua expedita podemos platicar, como buenos amigos y también respirar.
¡Los del otro mundo ni oyen, ni siquiera comen a nadie! ¿Qué tal será la
maga que dejó para muestra?

… … … … …

Lo atrás suscrito, lo narrado con trazas de diálogo y pacíficamente, le referían sentados en la era-alta dos viejones secos; cho Luis y cho Pancho, amigos inseparables, buenos luchadores en su tiempo y ante el corro que atentos les escuchaban. Como se trataba de realzar las dotes de una mujer, he aquí que el labriego no pierde jamás detalles que observar.

Atentos estaban todos y la apología, de sabor apocalíptico, había de finalizar para formarse la luchada nocturna y al aire libre.

Y así sucedió. Forzudos mozos habían llegado a agarrar o a pegar en aquél terrero, aun cubierto del tamo fino, aventado y con motivo de las trilladas del granó, desde la primera quincena del mes anterior, o sea, del de la fiesta de San Juan, y allí estaban en espera. Vino la agarrada. El juego había subido a su mayor altura de expansión. Bregábase de lo lindo y tanto, que, uno de los atletas, pronto se quedaba dueño y señor del terrero. El agraciado se gozaba, por haber tumbado, cual viento a paja, más de una docena, y en tres sopladeras; en media hora, aproximadamente, y en lucha franca, quedó este mozo soberano del terruño aronero, pasando a ser ensalzado como lo merecen los invencibles.

Felipillo, este era el gracioso nombre del héroe. Tenía su casucha en el valle de San Lorenzo, y la pata, en esa noche, en la era-alta. Felipillo era el guapetón, tirador de hombres que se había cargado a Florencio “el del Roque”; el decirlo a pensarlo es mucho, pero…Florencio, el caído, venía a platicar con la hija que dejó la marimacho, con la maga, y he aquí que, por casualidad, se encontraban los novios reunidos entre los del corro donde peroraban cho Luis y cho Pancho, con grato placer de los concurrentes.

II

Profundo silencio reinaba en toda la era alta. El del Roque había perdido, desde esa noche, la merecida fama de su alcurnia tan tibiamente.

De pronto, algunas muchachas y viejas divertían el corro con sus chanzas y punzantes sátiras; muchas con puntas dirigidas a cada cual de los espectadores y en tiempo oportuno.  Florencio recibió su buena parte, por lo que estaba escamado, y su
hembra se sentía herida, pudiendo ocultar el estado de indignación, de corrida, de avergonzada, pormenor y detalle de su pundonoroso corazón cuando, sin ser vista, entra en el terrero vestida de luchador, pide lucha, reta a Felipillo, da ágil y soberbia chascona y consigue derribarle dejando pasmados a los congregados en la era-alta.

Resonaron palmas y ajijides y en medio del contento, de la algarabía, la moza quita su disfraz y vuelve a colocarse en el corro, con la mayor naturalidad que le era dable, y sin notar su ausencia por ningún concepto, aprovechando el momento de que la estrella de la noche ocultaba su luz tras de un negruzco pompón de nubes.

¿Y quién será ese mozo fornido y cómo se llamaba? –se preguntaba el “del Roque” y cuantos allí atónitos estaban por saberlo.
El luchador había desaparecido –se decían–. ¿Dónde está el hombre de esta noche? –interrogaban los más–; y mientras se gritaba y se aplaudía, el caído se desliza por el camino y abrazado de Felipillo, también caído, ambos en pos siguieron y sin valvucear frase alguna durante su marcha a…
–¿Quién será? –dice cho Luis.
–¿Quién sería? –pregunta cho Pancho.

III

En la era-alta ya había terminado la luchada. Mozos y mozas, altos o bajos, medianos en edad o viejos rechochos, fueron poco a poco retirándose, cada cual a su choza.

¿Quién sería el mozo que tumbó a Florencio, y el otro, el mejor, el que de una chascona se cargó a Felipillo? Esto y con babitud se interrogan los unos a los otros y sin poder averiguar el enigma en que permaneciera envuelto el misterioso suceso…
Pero… llegó el nuevo día y presentóse Florencio al trabajo más madrugador que de costumbre. Cho Pancho notó que el corrido no estaba en caja; cho Luis, que ni siquiera le miraban Elvira, Josefa y Petrilla…  Cuando de pronto, una mujerona, más alta que un pino y aprovechando que el rancho estuviese reunido, colérica, se presenta y dice:
“Ahí tienen ustedes al cobarde de anoche!!… De nada le han valido sus fuerzas, de nada le sirvieron sus mañas!!…  ¡El que le llaman “el del Roque”, no es mago, ni sabe maguearse…  Magos como éste no merecen que las mujeres le quieran!… Mientras esto sucedía, la maga reprochadora le entregaba a su novio unas enaguas, de revés y derecho, improperándole así:
Como no eres mago, no te quiero y por hoy, puedes vestir con lo que  me ha sobrado desde anoche. Pregúntaselo a Felipe, que es tan cobarde como tú.

Epílogo

La novia de Florencio, La Lucharona, murió soltera en Arico, en Miloo, y conocida por este apelativo, y él, el pobre corrido, en América, víctima de un continuo luchar por la existencia y pensando en su desgracia.

EL BARÓN DE IMOBACH.
Puerto de la Cruz Agosto de 1930.

Guión del Batallón Expedicionario 282 del Puerto de la Cruz. (26 de junio de 1937)

Puerto de la Cruz.

OBRA HERÁLDICA

“Hoy tenemos el gusto de dar cuenta a nuestros lectores del “GUIÓN LEGIONARIO” que, bordado en sedas policromadas y en hilos metálicos, ha sido ejecutado por distinguidas señoras y señoritas, pertenecientes al “Taller Patriótico” de esta población, para ser donado al Batallón expedicionario de guarnición en esta plaza, el que en breve marchará al frente de los campos de batalla, obra que, ejecutada bajo la dirección y conforme a la ciencia heráldica y arte del blasón, ha producido nuestro buen amigo e ilustre cronista oficial de las islas Canarias, don Francisco P. Montes de Oca García, hijo predilecto del pueblo de su natalicio y que es el siguiente;

  • Guión del Batallón 282. Dibujo de Ion Urrestarazu.

    Guión del Batallón 282. Dibujo de Ion Urrestarazu.

    Primero. En campo azul y orlado el todo por galón de flecos oro, aquél representando el límpido cielo portuense, iluminado por su sol calenturiento, luce en banda, la enseña de la Patria española, la que abarca el (fondo con gracia diagonal por ambas caras.

  • Segundo (En el ángulo primero del campo azul y surmontado por corona mural, luce el escudo del pueblo, que reposado y señorial, descansa sobre un disco blancoplata, y en el segundo y de idéntico color, un león de oro rampante, sin coronar, pero de brava actitud, que trata de tirar sus zarpas a los enemigos de las gloriosas tradiciones del solar hispano.
Foto del Guión.

Foto del Guión.

Lleva una bandolera-portadora de color azul, ribeteada de vivos rojos y oro, y en su frente y centro, un pequeño disco blanco-plata, donde campea otro león rampante oro, de la propia forma de la pieza descrita en el guión, y como signo distintivo. En ella descansa el asta de madera preciosa y primorosamente labrada, la que remata en puntiaguda flecha, fundida con blanco metal, con contera proporcionada a la que va asido el guión; y sujeto por cordones dobles, del que penden nutridas iberias rojas y  gualdas que le adornan graciosamente.
Por esta obra de arte, y por su originalidad tan adecuada, vaya nuestro aplauso, unido a los parabienes de los hijos de esta población al autor, y especialmente, a las señoras y señoritas del Taller Patriótico, que han sabido interpretar felizmente la producción descriptiva, lo propio que al Comandante de la fuerza señor Espejo, quien, según versiones, trata dé celebrar con gran solemnidad la entrega del mencionado guión en un acto público, con Misa de Campaña en la plaza de la Constitución, y al que asistirán todos los organismos militares y civiles galantemente por él invitados y con tiempo oportuno y hora adecuada. 
La señora que actuará de madrina, no hemos podido aún saber su nombre, pero ya lo daremos a conocer tan pronto se confeccione el programa de dicho festival.” (La Gaceta de Tenerife 26 de junio de 937, pág. 3)

 

Unos días después, el 11 de julio de 1937, aprovechando las fiestas del Gran Poder, se realiza la entrega de la Bandera en la plaza de la Constitución, (plaza del Charco) con misa de campaña, siendo la madrina doña Adela Topham de Miranda, y entregando el Guión mientras pronuncia este discurso:

Palco de autoridades.

Palco de autoridades.

“Señor Comandante Jefe del Batallón expedicionario de este Puerto: Ante el Santo y Bendito Madero de la Cruz, símbolo de redención y de justicia, sublime enseña que enarbolan los esforzados guerreros de la gran epopeya que hoy vive nuestra Patria, a quien humildemente reverencio, yo, la más inmerecida de sus hijas, hago entrega, poniendo en vuestras manos la presente ofrenda, laborada con patriotismo y entusiasmo enaltecedores, para que, bajo sus dolores gloriosos, Dios lleve a usted y a vuestros soldados a la victoria rotunda que ha de liberar a nuestra amada Patria del opresor yugo de las hordas que la estragan, salvando para la posteridad nacional y la civilización del Mundo nuestra Religión de caridad y amor y todas las encauzadoras tradiciones de nuestra España inmortal. Y ya que me cabe la honra de ser Madrina de este Batallón, designación inmerecida, pero que de corazón no rechazo, para todos y cada uno de sus componentes vaya mi fervoroso rezo y ante el símbolo eterno de la Cruz, gritad conmigo: ¡Viva Cristo Rey. Viva España. Arriba España. Viva nuestro Caudillo el invicto general Franco!”  (La Gaceta de Tenerife 13 de julio de 1937, pág. 2)

Tropas en parada.

Tropas en parada.

Continua la crónica:

“Enseguida tuvo lugar el desfile de las fuerzas ante las autoridades. Desfile marcialísimo, de fuerzas aguerridas y preparadas para la lucha .como se revela en el continente y en el gesto. El espíritu militar que se les ha infundido se hace visible, mereciendo los mayores elogios y cosechando los más fervorosos aplausos.

A renglón seguido, el comandante señor Espejo obsequia a las autoridades y asistentes con un bien servido refresco en el Hotel Marquesa.

Solemne misa de Campaña.

Solemne misa de Campaña.

A la vez ha comenzado en la parroquia la Misa solemne, con orquesta, ante la imagen del Poder de Dios. Un conocido orador pondrá por la tarde el colofón cantando las excelencias de este Poder de Dios que se manifiesta en da creación y conservación del mundo, .en las relaciones con el hombre en la profecía, en el milagro, en el Evangelio,
en la Iglesia, en las grandes crisis de los pueblos, en la historia y en la actualidad de la Patria española. Pero antes, ha tenido lugar la grandiosa procesión que ha paseado la sacrosanta imagen por las calles más céntricas, por en medio de un pueblo enfervorecido, al compás de las marchas solemnes.

Un día, pues, completo. Así se lo manifestamos cuando nos despedimos, al señor conde de Sietefuentes, que patrocina todos los años esta fiesta. Y también al comandante señor Espejo, que con todo acierto, ha contribuido este año a darle el mayor realce y la nota del recuerdo imperecedero.”

Don Francisco Pedro Montes de Oca y García (1877-1964)

CRONISTA OFICIAL DEL PUERTO DE LA CRUZ Y DE LA REGIÓN CANARIA [1]

Prueba documentalEl autor que se esconde tras el pseudónimo de “El Barón de Imobach”[2], según Poggio y Regueira se trata de Francisco P. Montes de Oca García, quien utilizó con frecuencia esa firma en la Gaceta de Tenerife, al menos entre 1922 y 1930, periódico en el que el propio Montes de Oca rubricaba asiduamente con su verdadero nombre otras muchas aportaciones. Las firmadas con pseudónimo versaban a menudo sobre asuntos históricos, tradiciones populares de Canarias y América y temas relacionados con el Puerto de la Cruz, en cuyo ayuntamiento ejercía el periodista como archivero, bibliotecario y cronista oficial.

 

Francisco P. Montes de Oca García

Francisco P. Montes de Oca García

Don Francisco Pedro Montes de Oca y García nació en el Puerto de la Cruz el 31 de mayo de 1877, siendo hijo de don Gregorio Montes de Oca y Suárez, natural de Las Palmas de Gran Canaria, y doña Dominga García Chávez, que lo era el Puerto de la Cruz, donde habían contraído matrimonio. Cursó los primeros estudios en la escuela de don Benjamín J. Miranda.

Obtuvo la plaza de archivero y bibliotecario municipal de su ciudad natal, que ocupó durante muchísimos años, salvo un breve paréntesis en que estuvo suspendido por el alcalde Melchor Luz y Lima, hasta su reposición en 1912.

En 1910, tomó a su cargo la tarea de emprender el arreglo del archivo, ordenando minuciosamente los deteriorados documentos.

En 1921 relacionó un total de 1.184 legajos, junto con una biblioteca anexa compuesta de  3.599 volúmenes. Pero el incendio acaecido en febrero de 1924 (en la noche del sábado de Carnaval), que destruyó el antiguo exconvento de monjas catalinas (en la plaza de la Iglesia), en el que se hallaban instalados el Ayuntamiento, el archivo, el depósito de detenidos, el Juzgado Municipal, la central telefónica, las escuelas y otras dependencias municipales, mermó una gran parte del archivo, a pesar de que el archivero y otras personas lograron salvar, arriesgando su vida, muchos documentos y libros almacenados en el archivo municipal y en la secretaría.

Dado su amor al estudio, de forma autodidacta se fue dedicando desde su adolescencia a la investigación histórica en archivos y bibliotecas, llegando a ser un autor infatigable. Una de sus grandes pasiones fue la genealogía, aunque también destacó como pendolista y dibujante genealógico. Además, cursó estudios de Paleografía.

El 8 de enero de 1919 fue nombrado Cronista Oficial del Puerto de la Cruz; desempeñó dicho cargo durante casi 45 años, hasta su muerte. Amante de las cosas viejas de su pueblo, recopiló las historias de los viejos conventos, de las capellanías, de los personajes célebres de su cuna nativa,…

 

Francisco P. Montes de Oca y García, paseando por el paseo de Las Palmeras

Francisco P. Montes de Oca y García, paseando por el paseo de Las Palmeras

Hombre de amena conversación, salpicada de ironías, fue un archivo viviente de fechas, sucesos, anécdotas y genealogías portuenses; poseía una memoria prodigiosa, llegando a recitar capítulos enteros de Viera y Espinosa. Juan del Castillo lo evocaba paseando por Martiánez “con sombrero de ala ancha, todo vestido de negro”.

Entre sus anécdotas, se cuenta que en un ventucho de San Juan de la Rambla se encontró varios documentos, en los que la ventera envolvía las sardinas salpresas, que al parecer habían caído de un carro de Garachico. Como curiosidad, daba paseos diarios por el Taoro y Martiánez, sus lugares predilectos. En el verano de 1964 fue homenajeado en el Hotel Marquesa.

Simultáneamente, el 6 de febrero de 1924 fue nombrado Cronista Oficial de la Región Canaria, por unanimidad de la desaparecida Diputación Provincial de Canarias y a propuesta del diputado Adolfo Febles Mora: “considerando necesario que esta Región canaria, a imitación de las del resto de España, tenga una persona que reúna las condiciones propias para desempeñar el cargo de cronista oficial de la misma, y que lleve casi a diario en su «Libro Crónica» anotados los acontecimientos que se realicen en este archipiélago, bien y fielmente narrados, los cuales en época no lejana servirán como punto de apoyo a aquellos que escribiesen sus anales o historia moderna”; y considerando que nuestro biografiado era el adecuado para “desempeñar tan difícil como molesto encargo” lo proponía para el mismo, “por de pronto, sin honorarios ni sueldo alguno, solo con derecho al uso, sobre su traje oficial y como distintivo de su alta misión, la característica banda de los colores de la enseña nacional, y en su centro, bordado, el escudo de las Armas del archipiélago canario, autorizándole, además, para poder librar certificaciones de cuantos asuntos históricos se le pidan y dándole los honores que le correspondan, dentro de la esfera de sus funciones”.

Como era de esperar, al final de la historia de dicha institución y en pleno auge del pleito provincial, su nombramiento regional despertó fuertes adhesiones en la prensa tinerfeña y duras críticas en la de Gran Canaria. El Sr. Montes de Oca actuó como Cronista regional durante 40 años, hasta su muerte, habiendo sido la única persona en la historia de estas islas que ha recibido dicho título.

Como curiosidad, en 1942 solicitó al Cabildo Insular que para el próximo presupuesto de 1943 se fijase con carácter permanente una partida en el mismo, por lo menos de 3.500 ptas anuales, de la que al entrar en vigencia de ella, se le vayan librando mensualmente y en líquido, la parte que puedan satisfacer para sufragar “gastos de viajes a distintos pueblos del Archipiélago, estancias en los mismos, excursiones, etc., y si fuese posible, trasladarse a los Archivos de Indias (Sevilla) y Simancas (Valladolid) por lo menos una vez al año para aportar material con que en su día pueda ampliar la historia de las Islas Canarias”.

Francisco P. Montes de Oca y García

Francisco P. Montes de Oca y García

Además, colaboró con asiduidad en la prensa, sobre todo en Gaceta de Tenerife, donde publicó numerosos trabajos, como el titulado “Importante documento inédito. Espantosa inundación en la Gomera” (1924), que recogía noticias de las desgracias acaecidas en la villa de San Sebastián de la Gomera, en diciembre del año 1807. Como se ha indicado, en dicho periódico publicó también numerosos cuentos, así como trabajos históricos y etnográficos, con el pseudónimo “El Barón de Imobach”. En la Revista de Historia Canaria publicó el artículo titulado “Los genealogistas canarios, mi prosapia y su origen” (1924).

En 1930 fue director artístico y literario del periódico de difusión gratuita La Propaganda Industrial y Comercial, sostenido por la publicidad, que comenzó a editarse en ese mismo año en el Puerto de la Cruz, pero a los pocos meses cesó en dicho cargo a petición propia.

Fue académico correspondiente de las Reales Academias Españolas de la Historia (diciembre de 1922) y de Bellas Artes de San Fernando (agosto de 1923); de las Nacionales de la Historia de Venezuela (septiembre de 1922) y Colombia; miembro del Instituto de Confraternidad Hispano Americana (febrero de 1930); e individuo de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife.

Al margen de su labor histórica, sintió pasión por la Música y la Pintura. Actuó como tenor y organista en las solemnidades de la parroquia de Ntra. Sra. de la Peña de Francia. Ostentó el cargo de presidente de la Liga Regionalista del Puerto de la Cruz, en 1909, y de la Sociedad instructiva “La Lectura” de la misma ciudad, en 1918. Fue oficial comisario interino y jefe de las tropas de la Asamblea Local de la Cruz Roja del Puerto de la Cruz; y en 1925, la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española le concedió la Placa de 2ª clase, creada para premiar méritos y servicios especiales. El 18 de abril de 1940 renunció al cargo de vocal de la junta de gobierno de dicha Asamblea Local, por habérsele recrudecido en la piel la enfermedad que de viejo venía padeciendo; y el 26 del mismo mes presentó su renuncia irrevocable como inspector de la ambulancia de la misma, al considerarse, por edad y padecimientos, inútil par seguir desempeñando el cargo.

Al respecto, Juan del Castillo decía: “los portuenses lo recuerdan al frente de las tropas de la Asamblea local de la Cruz Roja con su vistoso uniforme de coronel, en el que difícilmente cabía su figura quijotesca y original, enhiesta y hasta retadora”[3].

Como curiosidad, en su domicilio tenía en lugar preferente los retratos de ilustres escritores (Cervantes, Viera y Clavijo, Tomás de Iriarte,…) así como el de su viejo padre, en cuadro confeccionado por su paisana Lía Tavío. También conservaba epístolas laudatorias del P. Fita, de Bethencourt y de distinguidas personalidades nacionales y extranjeras, en las que se le reconocían los méritos que sus compatriotas le negaron. El escritor Sebastián Padrón Acosta escribió de él en 1921: “En un pueblo ribereño –Puerto de la Cruz– vive retirado como, hidalgo de fenecidas castas un enamorado de las cosas pasadas, de tradiciones y leyendas, de relatos y genealogías, de Heráldicas y pergaminos. Cansado de modernos malandrines, de rastrerias y pasionsillas, retirase en sus ratos de ocio a su querido rincón en busca de sus viejos papeles, únicos amigos fieles de su vivir. / Y cuando el dolor y la realidad amarga de la vida vienen a inquietar su espíritu, en lo pasado busca el lenitivo de sus angustias”[4]

María Candelaria Padrón Pérez

María Candelaria Padrón Pérez

El 23 de octubre de 1899, a los 22 años de edad, contrajo matrimonio en la parroquia de Ntra. Sra. de la Peña de Francia del Puerto de la Cruz con doña María Candelaria Padrón Pérez, nacida en dicha ciudad el 5 de mayo de 1876, con quien procreó 10 hijos. De éstos, conocemos a don Francisco Pedro, doña Arcadia Elena y doña María Josefina, así como a los últimos que sobrevivieron: doña Angélica, don José, residente en Santander, y don Pedro Montes de Oca Padrón, que fue durante muchos años funcionario de la Recaudación de Hacienda de la Zona de La Orotava.

El funcionario y cronista don Francisco Pedro Montes de Oca García falleció en el Puerto de la Cruz el 15 de noviembre de 1964, a los 87 años de edad. El 29 de ese mismo mes, el cronista don Benjamín Afonso Padrón le dedicó en El Día un artículo necrológico de sincera admiración. Asimismo, al hacer su necrológica, la Revista de Historia Canaria destacaba que Montesdeoca “representaba auténticamente la manera de hacer la historia como arte y artesanía, dominante un tiempo”.

Es justo destacar que el Puerto de la Cruz fue cuna de varios escritores de prestigio contemporáneos de Montes de Oca, entre los que destacaron: Luis Rodríguez Figueroa (1875-1936), abogado, escritor y poeta; Agustín Espinosa García (1897-1937), prosista y poeta, uno de los más fecundos ingenios de la literatura canaria de la época surrealista; y Sebastián Padrón Acosta (1900-1953), sacerdote, ensayista, crítico, poeta, biógrafo, investigador de la historia y de la literatura.

 

Octavio RODRÍGUEZ DELGADO – 28 de octubre de 2013

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

LIBROS

CASTILLO, J. del, 1986. El Puerto de la Cruz entre la nostalgia y la ilusión. Santa Cruz de Tenerife. 149 pp.

IZQUIERDO, E., 2005. Periodistas canarios. Siglos XVIII al XX. Propuesta para un diccionario biográfico y de seudónimos. Tomo III. Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, Gobierno de Canarias. 507 pp.

POGGIO CAPOTE, M., & L. REGUEIRA BENÍTEZ, 2009. La isla perdida. Memorias de San Borondón desde La Palma. Cartas Diferentes Ediciones.

RIVERO, E., 2007. Crónicas de la Lucha Canaria. Historias del tiempo viejo. Parlamento de Canarias, Centro de la Cultura Popular Canaria. 155 pp.

PUBLICACIONES PERIÓDICAS

Amanecer, Boletín Oficial de Canarias, Diario de Las Palmas, Diario de Avisos, Diario de Tenerife, El Día, El País, El Progreso, Falange, El Progreso, Gaceta de Tenerife, Heraldo de Orotava, Hespérides, Hoy, La Mañana, La Opinión (de Tenerife), La Prensa, La Propaganda Industrial y Comercial, La Provincia, Revista de Historia Canaria.

[Buscador “Jable” de Universidad de Las Palmas de Gran Canaria].

[Buscador “Prensa histórica” de la Universidad de La Laguna].

 

BLOGS

ÁLVAREZ ABREU, B.J. “Charla del periodista Alberto Pérez Borges con un portuense

ilustrado”. Efemérides, martes, 24 de enero de 2012.

[http://efemeridestenerife.blogspot.com.es/2012/01/charla-del-periodista-albertoperez.html]

 


[1]  La reseña biográfica de don Francisco Pedro Montes de Oca y García ha sido elaborada con la colaboración de Febe Fariña Pestano, Cronista Oficial de Arafo.

[2] Manuel POGGIO CAPOTE & Luis REGUEIRA BENÍTEZ (2009). La isla perdida. Memorias de San Borondón desde La Palma.

[3] Juan del CASTILLO (1986). El Puerto de la Cruz entre la nostalgia y la ilusión. Pág. 100.

[4] Sebastián PADRÓN ACOSTA. “El Cronista del Puerto de la Cruz. Montes de Oca García”. Gaceta deTenerife, martes 8 de noviembre de 1921, pág. 1.

 


Camacho

Hotel Camacho - álbum de Paco Yanes

Hotel Camacho en Santa Cruz – álbum de Paco Yanes

Dejemos atrás la Alameda con sus tamarindos, y sigamos hacia arriba por la calle de San José . En el edificio donde hoy se halla instalado el Centro de Telégrafos se estableció antes el “Hotel Camacho”. Su simpático dueño era mi buen amigo y compadre (él llamaba compadre a todo el mundo) don Luis Camacho, a quien todos recordamos con simpatía.

Don Luis, de nacionalidad portuguesa, era un barbián de cuerpo entero, y un entusiasta de nuestro país, que consideraba como el suyo propio. De ahí aquella frase suya, cuando sufría alguna decepción o ingratitud, que no fueron pocas: “Yo, que hasta les he enseñado a comer pescado con cubierto”…

Efectivamente — en eso no habla duda—en ningún hotel anterior al de Camacho se conocía en aquella época el cubierto para trinchar el pescado. La costumbre cundió, y hoy hasta el más modesto tinerfeño es un refinado “gourmet”.

Nuestro amigo no pudo hablar con corrección el español, ni esto le preocupó gran cosa; la mala pronunciación, unida a algunas palabras portuguesas que por su similitud unía a las españolas, daban por resultado un potaje hispano-lusitano, que no tenía desperdicio.

Recuerdo que unos amigos que guardaban a don Luis un verdadero afecto, fueron al Hotel Tacoronte, recien inaugurado al público, e idearon hacerle algo que le fuera agradable. La ocurrencia consistía en unas letras de cartón , como de unos quince centímetros , que, colocadas en orden, dijeran: “Hotel Camacho”. Estas letras se las trabaron en la parte posterior del pantalón , cubiertas con la americana.

Con la anterioridad consiguiente se habían llevado a cabo los ejercicios o ensayos para el momento de la llegada a Tacoronte. Debo hacer constar que se hicieron varias pruebas en la serventía contigua al Café de Bernardo Perera, seguidas de un buen consumo de patatas fricas y cerveza, hasta el punto de que, cuando se terminaron los ensayos, el bueno de Bernardo decía con sorna: “Debieran inventar otra bromita por el estilo.”

Hotel Camacho en Tacoronte

Hotel Camacho en Tacoronte

El amigo que mandaba la “fuerza” era el simpático Pepe Martín Neda, con unas voces de mando que dejaban atrás al gran Napoleón. Las voces eran las siguientes:

  • Primera voz.—¡Alinear! Obedeciendo a esta orden, todos los números, mejor dicho, las letras, se ponían ordenadamente en fila.
  • Segunda voz.—¡Guardar distancias, mar! A ésta voz se corrían hacia la izquierda hasta ponerse cada letra o persona en su sitio correspondiente.
  • Tercera voz.—¡Suban saco, mar!—, A esta voz se subían a un tiempo todas las americanas, hasta la cintura.
  • Cuarta y última.—¡Viento en popa! Casi que no necesita explicación esta voz, pero consistía en doblar el cuerpo hacia delante por l a cintura y presentar el posterior como para recibir, algún azote.

Estos militares “de Caracas” se colocaron previamente en la orilla de la carretera, dando espaldas al hotel. Después del consiguiente último ensayo, se trajo al bueno de don Luis a una de las ventanas y quedó sorprendido al ver aquellos veteranos y apuestos soldados.

Ejecutadas con toda precisión las cuatro voces de mando, el simpático don Luis no cesaba de aplaudir, e hizo repetir la suerte distintas veces, llamando a todas las personas que se hallaban en el hotel, que no eran pocas, para que presenciaran la broma que le dedicaban sus amigos.

Aquel día fué para don Luis uno de los más memorables de su vida.

Marcos Pérez, seudónimo de D. Blas Gonzáles, publicado en la Prensa 13-03-1932

 

Historia de la ermita de Los Reyes

Por  Miguel Ángel Hernández Méndez

IGLESIA DE LOS REYES

“Santa Clara en Arguarmul [i]‘;
y Santa Lucía en Tazo,
La Candelaria en Chipude;
Los Reyes en el Barranco,
San Bartolomé Bendito,
En Alojera de abajo”.

 

Valle Gran Rey

Valle Gran Rey

Entre las dificultades en hacer una historia de la iglesia de los Reyes, está como en el caso de la ermita de Arure, el que la documentación es prácticamente inexistente. El archivo parroquia1 de Chipude ha sufrido un percance que lo dejó bastante mal parado, fue el incendio ocurrido en este siglo con motivo de la destrucción de la Casa parroquial[ii].

A los daños de las llamas tenemos que añadir los efectos del agua que dejaron inservible gran parte de la documentación en él existente. No obstante, no creemos que los legajos referentes a la ermita de los Reyes fuesen numerosos. Los Reyes eran una de tantas ermitas que poseía en su distrito la parroquia de Chipude, un poco más importante por el número de sus feligreses. Se hace referencia a ella en los libros de visita y alguna que otra vez, en las cuentas de la fábrica, pero siempre muy generalmente.

La presencia de una ermita en Valle Gran Rey, parece datar de muy antiguo, en concreto, Luis Fernández ofrece como fecha de fundación la de 1515, aunque sin base documental alguna[iii]. En principio no es extraño que hubiera un templo en Valle Gran Rey, en una fecha tan temprana como la primera mitad del siglo XVI[iv], puesto que en ese tiempo ya funcionaba en este valle uno de los cinco ingenios de azúcar que habían en la isla.

En el hecho de que se erigiera una ermita bajo la advocación de Los Santos Reyes parece que tiene mucho que ver la especie de “obsesión” de don Guillén Peraza -conde de La Gomera- por los mismos. A saber: convento franciscano de “Los Santos Reyes” fundado por Guillén Peraza en 1533, en San Sebastián, del que era gran devoto y portador él mismo del hábito franciscano; les puso a sus hijos los nombres de los tres reyes magos. Así que no es de extrañar que la ermita en Valle Gran Rey, que eran tierras de su dominio, se pusiese bajo esta advocación.

El tiempo en que se erigió esta ermita se caracterizaba por la “pobre asistencia espiritual de los vecinos del señorío”. Las Sinodales de Arce, de 1515 señalan que había un beneficiado cura que -según la Sinodal de Muros, de 1497- debía disponer de otro un crecimiento no sólo poblacional sino urbano; en este primer año se censan 156 casas, contándose en el último 180, si bien en 1846 el cómputo total enumerado fue de 186.

Esto conlleva que cuando con motivo de la división de la diócesis de canarias[v] se efectúa el arreglo parroquia1 de la nueva diócesis, de acuerdo con la Real Cédula de 3 de mero de 1854 y el Real Decreto de 15 de febrero de 1861, en el arciprestazgo de la Gomera la ermita de los Reyes quedó como parroquia auxiliar de la de Chipude para lo cual se confiere la misma dotación que la principal, no firmándose esto hasta el 4 de enero de 1869. Conforme se producía un aumento en la importancia económica y poblacional del lugar, también lo hacía el interés por disponer de parroquia propia.

DOCUMENTO PARA PETICION DE UNA IGLESIA EN VALLE GRAN REY[vi]

Excmo. Señor Ministro de Gracia y Justicia.

Excmo. Sor.

El Ayuntamiento del pueblo de Arure en la isla de La Gomera, provinciade Canarias, asociado de los mayores contribuyentes y personas de mayor representación social movidas de la más respetuosa consideración acuden a V.E.

suplicándole lo que á continuación exponen.

Este pueblo, Excmo Señor, ha venido hasta hoy careciendo de un templo católico donde dar á Dios culto externo y practicar los Misterios y actos de nuestra Santa Religión. Los recurrentes creen no exista en el territorio de la Monarquía en ninguna de sus provincias un pueblo con Ayuntamiento propio que no tenga una parroquia y al frente de ella un sacerdote donde puedan sus habitantes cumplir los deberes de cristianos, buscar la justificación de su conciencia por medio de la gracia y oír la palabra evangélica, la moral santa, la enseñanza divina que lleva el consuelo de la caridad hasta la pobre y humilde choza del hermano que padece.

¡Ah! sin religión, sin templo, sin culto, sin sacerdote, la moral desaparece de un pueblo; el sentimiento de la justicia y del deber huye de la conciencia de sus habitantes, las práctica de las virtudes es una mentira; y sin el freno  de la religión, sin el amor a Dios y el temor al juicio eterno, las pasiones viciosas, las prevaricaciones á las leyes divinas y humanas son las tristes consecuencias de tales males, los efectos consiguientes á tan funestas causas.

El pueblo de Arure con más de mil doscientos habitantes y trescientos vecinos es feligresía de Chipude donde está situada la parroquia cuyo punto es un pago o caserío que forma parte de la jurisdicción del pueblo de Vallehermoso, Y parece anómalo que un pueblo que forma ó comprende triple número de almas que Chipude no tenga siquiera un templo con el carácter de Ayuda de Parroquia.

Para que V.E. comprenda la justicia de nuestra exposición conviene hacer presente la causa que motiva el que los hijos de Arure carezcan de prácticas religiosas, de los actos y misterios que en los templos católicos tienen lugar.

La gran mayoría de los habitantes que forman el pueblo de Arure viven en distintos barrios en las laderas de un valle denominado “Valle-gran rey” que comprende una extensión de diez o más kilómetros; de manera que ciento cincuenta vecinos tienen que cruzar una distancia de tres leguas para ir á oir la santa misa á Chipude, y si á esto se une que aquí no existen carreteras, ni caminos de herradura, sino malas veredas, y que hay que ir siempre subiendo por laderas, precipicios y cumbres escarpadas la distancia se duplica pudiendo muy bien decirse que hace imposible que estos vecinos cumplan no tan solo con el precepto de la misa, sino con ninguno de los que impone la Santa Iglesia. Únase también á esto que el niño recién nacido que se ha de bautizar se halla expuesto en verano á perecer ahogado por los calores excesivos que en estas islas se dejan sentir, y en invierno expuesto también á perecer por las lluvias y fríos que sufre el que tiene que pasar por cumbres y montes.

Tales son, Excmo. Sor. las poderosas razones que han impulsado á esa Corporación y demás que suscriben á llevar a V.E. la voz de sus necesidades pidiéndole que de lo consignado en el capítulo correspondiente al Culto del presupuesto del Ministerio de su digno cargo, se dé una subvención de 7.000 pesetas para la construcción de un pequeño templo que sirva de Ayuda de Parroquia, lo cual llenará de regocijo á los hijos de este pueblo, recibiendo V.E. las bendiciones nacidas de sus corazones agradecidos.

Este Ayuntamiento se compromete á invertir otras 7.000 pesetas en la construcción del edificio pues considera que haya bastante en el total de ambas cantidades; pudiendo V.E. pedir informe al Ilmo. Sor. Obispo de esta Diócesis de Tenerife, quien no dudamos lo dé á V.E. lo más satisfactorio á la verdad de nuestra dicha.

En atención a todo lo expuesto

Suplican á V.E. se digne acreedor á nuestra petición cuya gracia no dudamos alcanzar de la justicia y rectitud que informan los actos de V.E. y de la nobleza de sus sentimientos católicos.

Arure de la Gomera septiembre de 1880.

Excmo. Sor.

El Alcalde-Presidente: Salvador Damas.
El Teniente Alcalde: Francisco Correa.
El Regidor primero: Domingo Piñero.
El Regidor segundo: Manuel Damas.
El resto de los que firman: Ángel Negrín, Antonio Méndez, José Chinea Martín, Francisco Negrín, Manuel Dorta, Pastor Casanova, Manuel Trujillo, José Negrín, Agustín Rolo, Domingo Chinea Negrín.

 

La consecuencia llega algunos años después cuando en 1883 siendo párroco de Chipude, Antonio Rodríguez Acosta y mayordomo, Domingo Ramón Correa Rodríguez, se amplia la ermita y se le dota de algún mobiliario nuevo. No fueron grandes obras, pues sólo trabajan un peón, dos oficiales de albañil y un carpintero, demás de los eventuales que elaboran la cal, acarrean los materiales y tejan el techo. Estos materiales se adquieren también en la comarca (la cal en Arure y la teja en el mismo Valle).

En las cuentas de fábrica del 2 de febrero de 1883 encontramos un cuadernillo dedicado a esta ermita, éste es el único documento encontrado junto con otro de 1889.

Ermita de los Santos Reyes sobre 1900

Ermita de los Santos Reyes sobre 1900

A principios de febrero de 1883, siendo párroco de Chipude Don Antonio Rodríguez Acosta y mayordomo de la ermita Don Domingo Correa Rodríguez, se renueva la techumbre del templo. Para ello se habían comprado el quince de noviembre del año anterior (1 882) a Serafín Roldán, en Gran Rey, %n ciento de tejas” con un costo de 5’25 pesetas. Las obras fueron llevadas a cabo por dos oficiales de albañil y un peón. Los dos oficiales cobraron cada uno, 3’75 pesetas y el peón 1’25 pesetas; a esto hay que añadir una peseta y veinticinco céntimos que costó el sustento de la mano de obra. Se compró el seis de noviembre de 1882 a Francisco Rodríguez, de Arure, por orden de Antonio Negrín dos fanegas de cal por valor de un peso. Este material se utilizó para remedar y reforzar la fábrica que se encontraba bastante dañada.

Los operarios fueron los mismos que se encargaron del techo, desconocemos los honorarios percibidos, sólo sabemos como nota anecdótica, que se compró media de mil que costó 25 céntimos para brindar a los que trabajaban. De esta manera el templo quedaba asegurado por algunos años más. Aprovechando estos gastos se encargó a Ramón Chinea Morales, el 12 de febrero de 1883, que hiciera una escalera para la ermita que costó seis pesetas.

Finalmente, Antonio Padrón y Brito realizó una tabla con un enrejado que haría las funciones de confesionario; su precio he de 3’75 pesetas.

El 24 de octubre de 1889, ocupando la parroquia Antonio Padrón y Brito y continuando su mayordomía Domingo Ramón Correa, se trastejó la ermita, costando la obra 3’75 pesetas, se compró media fanegada de cal por valor de una peseta para enjalbelgar por dentro y por fuera los muros de la fábrica.

A principios de siglo la fábrica fue derribada y reconstruida en su totalidad

Sería en el año 1943, con Fray Albino González y Ménendez-Regiada, cuando se crearía la nueva parroquia de los Reyes[vii]. Arure seguiría adscrita a la de Nuestra Señora la Candelaria en Chipude.

Actualmente, su situación descentrada del actual núcleo urbano le ha hecho perder la categoría parroquial que pasó a la playa en un nuevo edificio.

Fachada actual de la ermita.

Fachada actual de la ermita.

La iglesia ha sido reconstruida en su totalidad, terciado este siglo, hoy sólo conserva dos piezas de su antiguo menaje: una tosca pila de agua labrada en piedra volcánica y el “retablito” de la Adoración que durante años presidió la ermita. Éste ha sido recientemente restaurado (año 2000)

En cuanto a la orfebrería, existen dos coronas, la de la Virgen y la del Niño Jesús, de plata repujada con falsa pedrería, obra del platero Cesar Fenndez Molina, año 1957. Una custodia de plata de línea moderna con esmaltes, del mismo autor, año 1963.

Actualmente, la antigua parroquia de Los Reyes, se ha dividido en dos:

Primero: la parroquia de los Santos Reyes. Se compone de una capilla dedicada a La Milagrosa, situada en el barrio de El Chorro en La Calera; una casa parroquial (en el mismo barrio); una iglesia parroquial con salón parroquial en El Caidero-La Calera; una ermita a San Pedro (situada en La Playa); una ermita a Ntra. Sra. del Carmen (en Vueltas). Incluye los barrios de Casa de la Seda, El Guro, las Piedras Quebradas, Los Reyes, Las Orijamas, La Calera, La Playa, Borbalán, La Puntilla y Vueltas.

Segunda: parroquia de San Antonio de Padua en Guadá. El patrimonio de la iglesia en Guadá consta de una iglesia parroquial de una nave con sacristía (de reciente construcción). Existía un vieja ermita, que ha sido demolida, dando paso a esta nueva iglesia, para ello se le cedió al ayuntamiento 1000 m2, que poseía el obispado, con el fin de la nueva construcción. Los barrios que componen esta parroquia son: Lomo del Balo, Los Descansaderos, La Vizcaina, El Hornillo, El Retamal, Lomo del Moral, Los Granados, Chelé y La Higuera del llano.

Va la niña a la ermita
va la niña a Los Reyes
Que la Virgen la ampare
Que ella le guíe.
Ten cuidado mi niña
no te extravíes.
La noche es oscura
y silenciosa
vete niña deprisa
no sea cosa…
 

La Virgen de Los Reyes
la protegió
¡Gracias a Dios!
Ilesa, ya regresó
Va la niña a la ermita[viii].

El retablo de la adoración de los Reyes

 

Cuadro de los Santos Reyes

Cuadro de los Santos Reyes

Sobre el retablo de la Adoración de los Reyes, Alberto Darías Príncipe comenta:

“El pequeño retablo es en realidad un lienzo de la Adoración de los Reyes[ix] arropado por un dosel de madera y sustentado por unas gradas. Es una deliciosa obra de carácter popular, remedo de las que treinta o cincuenta años antes se estaban haciendo en las principales localidades de la isla. Es pues una obra posiblemente ejecutada muy avanzado el siglo XVIII o tal vez en el cambio de siglo[x]. En su respaldo, nos da la clave de su conocimiento: el donante se nos revela gracias a una inscripción (dado por su deboción de esta Santa Imagen el capitán don Sergio Fernández)[xi]; aunque desgraciadamente, preparado para indicar la fecha, quedó vacío. Son los motivos ornamentales los que nos han permitido centrarlo desde el punto de vista cronológico: profusión de rocalla, quizá conocida en algunos retablos de la parroquia de la Asunción pero siempre con ese toque primitivo que lo caracteriza.

La obra está repleta de toda la simbología epifánica; estrella de Belén, corona real acompañada por tres coronas menores y la inscripción del Evangelio de San Lucas alusiva al tema vidimus stellam eiusim oriente et venimus adorare Dominum.[xii]

El lienzo confirma lo ya comentado, pero también nos remite a la iglesia de la Asunción. La colocación del drapeado muestra lejanas concomitancias con el maestro del altar del Pilar, lo que nos hace pensar que su autor conocía las pinturas de la iglesia matriz.

En el conjunto de la obra tenemos otro punto de referencia, el arte colonial americano. Por su disposición así como por algunos detalles del lienzo, el retablito evoca ciertos paralelismos con el arte popular mexicano (las pozas de ciertas iglesias).”

La obra es, en general, de factura popular. Tanto el lienzo como el retablito tienen una extraordinaria influencia mejicana. El primero, por los modelos tan repetidos en el siglo XVIII y el segundo, porque sigue en ciertos aspectos las formas de las posas mejicanas.

El lienzo, flanqueado por dos pilastras abalaustradas, doradas y pintadas, representa el momento en que los Magos adoran al pequeño Dios. El pintor tiene la curiosa característica de dar una gran preferencia a las líneas diagonales: la postura del Niño, la cabeza de la Virgen y San José, etc. Confirmando esa extraña predilección los pliegues de los vestidos colocados de igual manera a la figura anteriormente dicha. Los pliegues de los vestidos son extraordinariamente abombados.

La tradición oral, no acierta a precisar la época en que el cuadro llegó al pueblo, aunque coinciden los diferentes informantes en asignarle gran antigüedad al mismo, por lo menos de la época en que eran frecuentes las visitas de los piratas. En general casi todas las versiones coinciden en que el cuadro legó a Valle Gran Rey, como consecuencia de un trueque que hicieron los habitantes con un barco pirata, que vino a hacer una aguada. O sea que fue a cambio de agua. Unos dicen que fueron piratas ingleses, y otros que holandeses. La tradición afirma que en un principio los piratas no quisieron cumplir el trato y se hicieron a la mar pero no pudieron pasar de la Playa del Inglés[xiii], unos dicen que debido al temporal que se desató, otros que por la calma total que hizo que el barco no pudiese avanzar. El todo es que dieron media vuelta y decidieron cumplir lo pactado.

En un principio el cuadro fue llevado a Guadá, lo que pudo ser por dos motivos: bien por miedo a que lo piratas regresaran y se llevaran el cuadro o bien porque en ese tiempo, la escasa población se concentraba en la zona alta, estando la zona costera muy poco habitada.

Llama la atención de que el cuadro no fuese depositado en ermita alguna, sino en el lugar conocido como Cerco Rey. Habría que aclarar que el nombre de “Rey” no le viene por haber estado allí la virgen sino que ya venía de atrás. Algunos sostienen que era esa cueva un lugar de residencia “real” ya en épocas anteriores a la dominación castellana. Por miedo a perder el lienzo en alguna de las frecuentes crecidas del barranco y dado que la cueva de Cerco de Rey estaba cerca del mismo, se decidió trasladarlo de allí, en principio a una casa en El Hornillo, y luego a su actual ubicación.

PIRATAS EN VALLE GRAN REY

La tradición afirma que la llegada del lienzo de ‘La Adoración de Los Reyes” a Valle Gran Rey fue consecuencia de un trato con unos piratas. Y no es nada descabellada esta versión, no sólo porque la tradición oral así lo sostenga, sino porque hubo un tiempo en que las visitas de piratas a nuestras costas eran relativamente frecuentes. Veamos los que nos cuenta Gloria Díaz padilla: [xiv]

“Por otra parte, el peligro podía surgir en cualquier rincón de la isla que contase con una pequeña cala o desembocadura de barranco, y no había pocos precisamente, lo cual forzaba a una vigilancia permanente comunicándose inmediatamente la alarma al capitán de la compañía para encaminarse al lugar de la incursión. Y es que la mayoría de los barcos piratas se limitan a efectuar una razzia para aprovisionarse de agua o de víveres, o en el peor de los casos, atrapar a algunas personas por las que cobrar una cierta cantidad, mientras su interés preferente se centraba en el pillaje de embarcaciones de escasa envergadura que se dedicaban al trafico interinsular o practicaban la pesquería en el banco sahariano o el comercio con las islas atlánticas más cercanas. Un testimonio de la actuación de las milicias se contiene en una reclamación dirigida por el capitán de la compañía de Chipude, Domingo Trujillo Bencomo, al sargento mayor de La Gomera, en octubre de 1673. En su petición informaba que de que el domingo, 22 de ese mes, había llegado a las costas de Valle Gran Rey una lancha de moros (perteneciente al navío que había abordado al barco del capitán José de Padilla cuando venía de El Hierro) con objeto de hacer aguada. Se decidió entonces poner en práctica una añagaza: el alférez dispuso que dos milicianos se adelantasen hasta la orilla de la playa, lo que originó la persecución de los mismos por los invasores, que vieron una ocasión propicia para apresar a dos supuestos vecinos solitarios. Apenas se adentran, el resto de la compañía les sale al paso a los perseguidores, aprehendiendo la lancha y capturando a cinco de los ocho moros que habían saltado a tierra, pues los otros tres fueron muertos en lucha al oponer resistencia. Al parecer era costumbre acabar con la vida de todos los piratas, pues indicaba el capitán que dejaron con vida a los cinco porque la compañía había acordado previamente en promesa que si en una de las ocasiones de alarma en que se solía bajar a la marina cuando aparecían velas en las calmas del sector que les estaba asignado se capturaba alguna presa, se destinaría para ayuda de la iglesia de La Candelaria, que era muy pobre. Por otro lado, argumentaba también que era usual que el botín fuese propiedad del capitán y soldados de la compañía que intervenían en la acción, norma refrendada por el capitán general. Con ese motivo, se quería trasladar a Tenerife a dar parte a esa autoridad contando con la pertinente licencia del sargento mayor de la isla.”

 

“QUE BONITO CUANDO SALE LA HIJA DETRÁS DE LA MADRE”

Imágen de la Virgen de los Reyes

Imágen de la Virgen de los Reyes

La escultura de La Virgen de los Reyes es una copia de la de Sevilla, hecha en Valencia el año 1925. En el tiempo en que se puso en la iglesia, el poeta José Hernández recibió en Cuba una fotografía de la flamante y recién estrenada imagen de la virgen y le hizo esta cuarteta:

Recibí amigo estimado
su carta y en el momento
la abrí pero que contento
sus recuerdos me han dejado.
Mil gracias por su cuidado
por haberme complacido;
de eso vivo agradecido
viendo la imagen tan bella,
por ser distinguida estrella
de nuestro pueblo querido.

Se mece la fresca brisa
en una cinta colgante
a donde se ve flamante
dulces recuerdos de Elisa[xv].
Aunque el bardo lo analiza
no distingue el apellido;
el niño con su vestido
adorna la santa bella,
por ser distinguida estrella
de nuestro pueblo querido.

Para otra generación
dejaremos las memorias;
un templo lleno de gloria
que adorna la población;
una imagen que en razón
está muy bien construido.
El niño con su vestido
adorna la santa bella,
por ser distinguida estrella
de nuestro pueblo querido.

Ayúdame virgen santa
ya que mi mente se ahoga,
salud a Jaime Casanova[xvi]
y al poeta que te canta;
y con tu gracia santa
salud a aquel que ha querido
adornarte tu vestido
con cintas y flores bellas,
por ser distinguida estrella
de nuestro pueblo querido.

En la primera fiesta de Los Reyes que se celebró ya con la nueva imagen, decidieron sacarla primero, delante del cuadro. Según cuentan, nada más salir por la puerta, el tiempo cambió repentinamente, desatándose un temporal tremendo que obligó a los asistentes a buscar refugio dentro del templo. Al fin decidieron sacar primero el retablo y luego la imagen recién adquirida. Entonces descampó y el tiempo se puso bueno. Y se le cantó el pie romance:

“Qué bonito cuando sale
la hija detrás de la madre”

 

 


[i] Existe otra versión que dice:
“Santa Clara en Chijeré…”
Chijeré es un topónimo que se refiere a toda la banda, a partir de Teselinde, y no sólo el caserío. (Inf. facilitada por José Dámaso Perera).

[ii] El Archivo Parroquia1 de Chipude sufrió un incendio en este siglo. Algunas fuentes afirman que fue intencionado para hacer desaparecer documentos. Por otra parte, también fue expoliado por particulares que guardan documentos en sus casas.

[iii] No tenemos confirmación documenta1 para afirmarlo o rechazarlo, lo que si podemos asegurar es que desde comienzos del siglo XVI los condes de La Gomera tenían en este valle una importante hacienda, e modo que no sería extraño que estos señores o alguno de sus delegados hubieran construido una ermita.

[iv] Anteriores al siglo XVIII son muy escasas las descripciones de Valle Gran Rey, pero en un documento de toma de posesión, en 1567, se citan dentro de Valle Gran Rey las suertes de “Grabalán” (seguramente el actual Borbalán), La Calera y La Vizcáina, que parece eran las cultivadas en ese momento, pues la posesión afecta a otras tierras, aguas y montes que no se especifican. Es significativa la breve descripción de este caserío, que contaba con seis casas tejadas junto a molino e ingenio. Gloria Díaz Padilla (1990) pp. 159-160.

[v] Hasta comienzos de1 siglo XIX (1818) permaneció unificada la diócesis Canariense. En esa fecha se fragmentó, uniéndose La Gomera y El Hierro con Tenerife y La Palma para formar otra diócesis que se denominó Nivariense o de Tenerife, con sede en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna en la iglesia de Los Remedios.

[vi] Suponemos que se trataría de edifícar un templo en mejores condiciones. El lugar elegido será junto a la antigua ermita que debía ser muy pobre. La tradición afirma que existía un cementerio en esos terrenos. Incluso en la ermita se negó a enterrar a personas de la clase de ‘los ricos’ del valle.

[vii] Se crearían también las parroquias de Santiago, San Bartolomé en Alojera y Santo Domingo de Guzmán en Hermigua. Todas ellas, menos la última provenían de ermitas.

[viii] Celia Askanova.

[ix] Antes de su restauración en el año 2000 en el que se le añadió dos soportes delanteros un observador comentaba: “Este se encuentra hoy, afortunadamente, sin cambio alguno respecto a su primitivo estado. La obra ostenta de forma de dosel. En su parte superior se coloca un gran remate frontal en el que aparece decoración de tipo rococó bastante imperfecta. El fondo, donde está colocado el cuadro tiene, su parte posterior profusamente decorada; encerrada dentro de una cartela formada por rocalla y cerrada en su parte superior por una voluminosa corona real española, se encuentra la estrella de los Reyes Magos que derrama sus haces de luz sobre tres coronas, debajo una inscripción en latín (…)”.

[x] No puede ser de principios del siglo XIX porque ya aparece reseñado en la descripción de 1774. Por el tipo de decoración utilizada, la obra tuvo tal vez fue hecha en el último tercio del siglo XVIII, aunque si esto fuera así resulta extraño que en la descripción de 1774 no se nos hable de sus orígenes.

[xi] Habría que comprobar si la inscripción figura en el retablo o en el lienzo. Es importante porque la tradición afirma que lo primero que llegue a Valle Gran Rey, fue el lienzo y que el retablo es posterior. Podría ser que el tal Sergio Fernández quizá emparentado con los Fernández Prieto y Salazar, grandes propietarios de tierras en la zona o que hubiera donado fuese el retablo solamente.

[xii] Un poco más abajo escrita la palabra “Año” pero, desgraciadamente, nunca se llegó a colocar la fecha.

[xiii] En la tradición popular siempre se ha hablado de tesoros escondidos por piratas en la Playa del Inglés. Puede que por el hecho de que las corrientes llevan hasta esa playa los restos de los naufragios producidos en los alrededores. Respecto al topónimo “Playa del Inglés” no es tan reciente como parece. Ya en la descripción de 1774 aparece reseñado. Una hipótesis curiosa sobre el significado de este topónimo -que se repite en varios lugares de Canarias – es que deriva de “inglé” que en dialectos bereberes significa “lugar con dunas”. Curioso ¿no?

[xiv] Díaz Padilla, Gloría y Rodríguez Yanes, Josd Miguel: “El señorío en las Canarias Occidentales” p. 525.

[xv] Se refiere a que la imagen de la Virgen tenía cintas colgadas con nombres a modo de ofrendas.

[xvi]La carta con la foto de la imagen se la había enviado Jaime Casanova.
 

San Telmo es un si lugar.

Marc Augé escribe:

“Para que la identidad personal y social pueda formarse, es necesario que exista una relación de interdependencia equilibrada entre memoria y olvido. Vamos siendo (y cambiando esa identidad) en función de la relación más o menos profunda que mantenemos con la realidad, con los otros, con las cosas que vamos haciendo nuestras y perdiendo alternativamente.

Un no-lugar es un espacio en el que reina el olvido porque lo transitamos en condiciones de rutina y automatismo, sin que realmente nos influya. Conocemos el no lugar, pero tendemos a olvidar lo que decimos, lo que hacemos, lo que vivimos en él y nos resulta difícil recordar rostros a los que no podemos poner nombre. Los contactos anónimos rara vez forman recuerdo. Un no lugar está marcado por la brevedad del tiempo y porque estamos siempre llegando o yéndonos de él. No echamos raíz (memoria, identidad, apego).”

Y nosotros añadimos:

San Telmo desde el convento de Santo Domingo.

San Telmo desde el convento de Santo Domingo.

“San Telmo nunca será un no-lugar, no dejaremos que se convierta en algo rutinario y anodino, igual a cualquier otro paseo, sin identidad propia ni elementos diferenciadores. Siempre será el lugar de nuestro primer baño, de nuestro escarceo amoroso pegado a los riscos de debajo de las escaleras, de nuestras aguavivas y erizos, y sus picaduras. De nuestro ¡¡AL AGUA!! el día de tú cumpleaños.

San Telmo no es una playa, y unos charcos, son las tardes jugando al escondite, y a la cogida, llegando a casa con los zapatos y los bajos del pantalón mojados.

Son las tardes viendo batir las olas en el reboso del lado del charco de los perros, enguirrado en el risco que asoma al final del pasillo de cemento, en las que salías mojado hasta las rodillas porque la marea subió, y ni la viste.

Es el pejeverde pescado en el laguito, con la caña, la tanza y el anzuelo, y los erizos a montones detrás de la roca del charco de los Espadartes.

Los buches de agua tragados en el reboso de la punta, que si no te sacan la cascas.

Es la prueba de valentía de ir nadando a la Cebada y volver, como primer rito de iniciación.

La de ir nadando a la trinchera y tirarte del Camello, como segundo rito de iniciación y tirarte porque no encontraste la forma de bajar, no por valentía.

Es la diferencia en este pueblo polarizado, hasta en el mismo San Telmo estaban los de los callaos, los de las duchas, los del laguito, los de los Espadartes, los de la Punta, y los que nadaban fuera, cada uno constituyendo un grupo diferenciado, enfrentado al otro por el convencimiento de que su “zona de baño” era mejor que la del otro.

Ahora los de San Telmo, hemos olvidado las diferencias, y tenemos que unirnos a los de Martiánez, los del Muelle, los del Charcón, los de Punta Brava y la Barranquera, para defender lo que es de todos, para todos, y no dejar que nos hagan otra Placeta.”

¡SALVEMOS SAN TELMO!