El día de Finados.

Airadas disputas y encendidos debates levanta la celebración del día de Finados o de Difuntos en nuestra isla, pero no sólo por la falta de respeto que para los creyentes se convierte el sagrado tributo a nuestros difuntos, sino por el carácter de fiesta, jolgorio y desenfreno que ha tomado ésta fiesta en los últimos años. Pero esto no es nuevo, ya nuestros ancestros pensaban algo parecido, ¿saben que pensaban ellos de la castaña y el ponche?

Ya en noviembre de 1857[1] se quejaban de las parrandas que recorrían las calles, he incluso proponían poner cotos a ésta costumbre: “Después de los finados han vuelto á aparecer las parrandas en todas las calles. Esperamos que esta inundación filarmónica desaparezca en breve, porque de lo contrario será preciso ponerle un nuevo dique.”

Cementerio de San Carlos Puerto de la Cruz (FEDAC) Circa 1888
Cementerio de San Carlos Puerto de la Cruz (FEDAC) Circa 1888

En 1870 comienza en el Puerto de la Cruz la tradición de engalanar y enramar las tumbas[2]: “el día de finado, 2 de noviembre, comenzó aquí el uso de poner guirnaldas de flores sobre las cruces y sepulcros en nuestro cementerio. Las hijas de doña Bernarda Fleming Galloway, pusieron la primera hecha de flores siempre-vivas, cuyo filial ejemplo parece seguir imitándose”. Costumbre que parece que se realiza por todas las islas y no es del agrado de todos. Las tumbas se adornan con coronas y ramos de flores, se ponen velas o lámparas y se colocan cruces muchas veces adornadas con epitafios para honrar a los difuntos:[3]

“Todos lloramos por ti
En tierra y en mar salado.
Tu sobrino mi cuñado
y yo también ¡ay de, mi!”

Y otro:

“Sobre de tu tumba fría
Tengo el corazón helado
De llorarte vida mía
á todas horas del día.”

 

Cementerio de San Rafael y San Roque, Santa Cruz de Tenerife (FEDAC) Circa 1888.
Cementerio de San Rafael y San Roque, Santa Cruz de Tenerife (FEDAC) Circa 1888.

Empiezan a celebrase con castañas y ponche, quizás con demasiado ponche, por lo que comienzan a cometerse “abusos” en los cementerios, que obligan a que en Santa Cruz, 1887, se emita un bando municipal que prohíbe la entrada en los mismos[4]. Prohibición que se mantiene hasta que a principios del sigo XX se permite entrar de nuevo esos días, pero sólo el tiempo necesario para honrar a los muertos[5].
La festividad se convierte en un acto de vanidad y ostentosidad, en una demostración de poderes y capitales, en las que se pugna por hacer la mayor demostración de posibles y no de recordar y llorar a los difuntos. En octubre de 1896 se quejan, entre otras cosas, en El Diario de las Palmas de que:  “Una huérfana que cobra pensión, dicho sea de paso, colgó en la lápida el uniforme de su padre, con sable y todo, y hasta con espuelas, y colocó las mangas bien de frente para que se reparase á primera vista que su papá era teniente coronel”. 

Dos años después, en 1898 se afirman :” El culto que hoy se rinde á la vanidad mundana, ó los caprichos de una sociedad que vive para el lujo y la ostentación, hace que nuestros cementerios más parezcan en estos días de finados un gran escaparate de riquezas y elegancia, de preciosidades y objetos artísticos, que no lugar sagrado[6]y ya en 1905 apostilla Fray Gerundio:Los que como yo piensan y van al cementerio en días de finados, á contemplar la gran comedia, sólo hallan regueros de cruces, con muchas flores y coronas, pero sin una sola lágrima, sin una sola plegaria, sin un sólo rezo. ¡Paz á los muertos!”[7]

 Las fiesta se convierte en una jarana no muy piadosa, que poco tiene de cristiana y mucho de pagana, provocando escritos de queja, como éste publicado, en 1902: “La perinola[8] bailando sobre una mesa entre castañas, botellas y copas, bailoteo que se sigue con interés grande por las personas agrupadas alrededor del mueble, las risas, los chispeantes dicharachos, los animados diálogos y la algazara siempre en crescendo, causas más que suficientes son para dar á la dicha suposición validez completa. ¿Como puede nadie figurarse que los que así se divierten están en aquellos momentos consagrados á honrar la memoria de los deudos fenecidos? […]¿Por qué una noche como esa, en la cual el dolor debe inundar el corazón, las gentes se regocijan estrepitosamente, alardeando de una despreocupación que no se siente, que no puede sentirse? Desde antiguo se estableció la moda y por tradición se respeta y se sigue, sin embargo de ser una moda extravagante y más que extravagante anticristiana. Pero la moda lo exige y el público no comprende Finados sin castañas y ponche, como no se explica Jueves Santo sin bollos y vino, ni Noche-buena sin pasteles y  aguardiente.” [9]

 Pero como todo, termina siendo aceptada, asumida y normalizada, lo raro se convierte en normal, lo nuevo en viejuno, lo escandaloso en cotidiano: “Finados. Día de Finados. En la tierra isleña, almendras y nueces en repique seco, prendido a las risas nuevas, sofocadas por el lleno de la mezcla grata: almendras y nueces y higos pasados. Pasta dulzona y sensual, que recorre el cuerpo de estremecimientos almibarados. Quiebro tiznado de castañas, calor de ellas y de los hogares, cuando hay tosquedad en el ambiente exterior. Salobre dulzura del cochafisco[10], cálido, tierno y húmedo como carne de cabrito. ¡Admirable consorcio de la muerte y de la vida! ¡Extraño ir del brazo de las dos fiestas, también cabidas en el hogar cristiano! Sin embargo, la una no es una negación de la otra. Se completan y hácense imprescindibles. En este día hagamos algo por nuestros hermanos muertos, y algo por nosotros, hasta que nos llegue.”[11]

El “Halloween” de nuestros abuelos, sus costumbres tomadas por extrañas, por paganas, por poco piadosas y cristianas, es ahora nuestra fiesta de Difuntos añorada.

 

Alejandro Carracedo Hernández


 

[1] El Ómnibus, 4 de noviembre de 1857.

[2] Álvarez Rixo, 1870.

[3] Diario de Las Palmas, 3 de noviembre de 1904.

[4] Diario de Tenerife, 18 de octubre de 1887.

[5] Diario de Tenerife, 31 de octubre de 1907.

[6] La Opinión, 2 de noviembre de 1989.

[7] La Opinión, 2 de noviembre de 1905

[8] Trompo chiquito que se gira con la mano, perindola.

[9] Diario de Las Palmas, 4 de noviembre de 1902.

[10] Millo frito con una pizca de sal.

[11] Diario de Las Palmas, 1 de noviembre de 1933.

Las Aguas de San Juan de la Rambla.

El Rosario y Las Aguas, desde Las Aguas.
El Rosario y Las Aguas, desde Las Aguas.

El cronista A. de Espinosa, refiriéndose a Betzenuhya, primer mencey de Taoro (hijo mayor de Tinerfe y abuelo del Rey Grande, Quebehi Benchomo o Bencomo, que gobernaba el menceyato en la época de la conquista española a fines del s.XV), nos dice:”…y señoreó el reino de Taoro, que ahora llaman Orotava, cuyo término fue desde Centejo hasta la Rambla, aguas vertientes a la mar”.

Algunos atribuyen esas aguas vertientes al mar, al barranco de Ruiz, en cuya desembocadura, está la Rambla de los Caballos, que le da nombre a toda la zona.

Lo que es cierto, es que toda esa zona, entre el barranco de Ruíz, y la cueva de la Golondrina, estaba llena de nacientes que vertían su agua al mar, que incluso, hasta hace pocos años, formaban charcos en los que la gente pasaba la tarde yendo a merendar, o usaban, utilizando con tubería un pino de pitera ahuecado, para endulzarse después de bañarse en el mar.

Esa gran cantidad de nacientes, y barrancos con agua, son los que le dan el nombre, a este barrio tan popular del municipio de San Juan de la Rambla, Las Aguas.

Según cuentan algunos vecinos, parte de este agua “despareció” con la construcción de una galería, en la que se trabajaba de noche, para que no protestaran, esta galería robó el freático y secó algunos de estos manantiales, y lo que quedaron, dicen que están contaminados por los pozos de la zona alta del acantilado, y no sirven para nada. La gran cantidad de vegetación y el agua que aún hoy se ve correr por zonas como la de la gasolinera de la entrada a San Juan, son testigo mudos del porqué se llama Las Aguas, como se llama.

El curandero de Tamargada

Versión de Domingo Rodríguez, de 72 años, de Tamargada (ay. Vallehermoso). Recogida por Max. Trapero, Helena Hernández y Lothar Siemens el 20 de agosto de 1983.

Publicada en Romancero de la isla de La Gomera (1987), nº 344.
Vuelvo de nuevo a pedir atención, silencio y calma,
valor en los corazones porque es ocasión tirana,
hace llorar a las piedras y sus pies en detallalas.
Día primero de octubre, fecha que no es olvidada,
que siempre las malas suertes vienen sin ser asperadas.
Yo tenía mis hijitos y así les determinaba:
–Juan lleva la yunta buéis y Antonio lleva las vacas,
Anselmo lleva el ternero, (?) la potranca
y yo voy por aquí al pozo para ir sacando el agua.–
Más al fin cuando llegó aquella malvada vaca
sin saber cómo ni cuando me ocasionó mi desgracia
y me ha enredado una pierna, de la soga allí me arranca.
A la carrera un caballo que por el aire volaba.
En la carrera caí con la fuerza que llevaba.
Del puesto me levantaron entre cuatro pa mi casa,
me acostaron en un catre, según luego me contaban,
que yo me quedé sin tino, que de eso no supe nada.
Mi mujer por otro lado en el suelo desmayada,
llama por todos los santos, tristemente alimenta(d)a:
–Virgen de la Caridad, ven que esta pobre te llama,
ten piedad y miselicordia, no me tengas tan amarga.–
Y yo envuelto en un letalgo sin poderle decir nada.
Me volvió el conocimiento cuando ya la casa estaba
llena de gente pues todos con amor la consolaban:
–No llores, no tengas pena, que si Dios quiere se sana,
y el trabajo de la vega no se echa a perder nada.–
Unos se brindan a arar y otros a sembrar las viandas,
y otros le dicen “Yo tengo dinero, si le hace falta”.
En la reunión de gente entre ellos se consultaban:
–Hay que traer un dotor.-Pero otros determinaban:
–Traer a Benito Coello, que tiene la mano santa,
que para huesos rompidos el isleño tiene gracia.–
Salió Antonio mi cuñado, con dirección a su casa:
–Buenas tardes, don Benito. –Buenas, León, ¿qué le pasa?
–Allá Antonio mi cuñado que le ha enredado una vaca
y le ha partido una pierna y a que vaya allá me manda.
–Pues yo allá no puedo dir aunque lo siento en el alma,
miren a ver si lo puén traer pronto y no demoren nada
porque si le coge el frío luego la cura es más mala.–
Me cargaron al momento, me llevan con tanta pausa.
–Buenas tardes, don Benito. –Buenas, León, ¿qué le pasa?
–Sólo tengo que decirle, don Benito, mi desgracia.
–No señor, desgracias son aquellos que pierden su alma,
que por partirse una pierna a usted no le pasa nada.
Tráiga acá una taza caldo –le dijo a la serviciala.–
Mas dispués que la tomé más de fuerza que me gana,
me echa mano a la pierna, ¡oh Dios, qué hora tan mala!,
pa colocar ese hueso sonó como una campana.
Y entonces dije: –¡Ay, mi madre, quién me viera en su compaña!
¡Si usted supiera su hijo en los trances que se halla
con su manada de hijos regados en tierra extraña!
¿Quién me les buscará el pan si su padre no se sana?
Como esta triste mujer que ocupada se encontraba
esperando a dar a luz, que pocos meses le faltan.
Y entonces me dijo el hombre: –Parece una cosa extraña,
¡que por tan poca cosa los hombres no se acobardan!
–Donde hay dolor no hay vergüenza -le dije con toda mi alma-,
y no le digo otra cosa porque respeto tus canas.Mas
a fe cuando me dijo: –Ya su pierna está curada.60
Le dije: –Fíjese bien, no me quede jorobada.
–No señor, no tenga miedo, que está bien entablillada,
y entre cuatro o cinco días yo voy allí a registrala,
lo cual creo no tener que volver a hacer más nada,
que hasta hoy mi inteligencia está muy acreditada.

1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892
Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892

Cuando en los carteles anunciadores de las últimas fiestas de mayo, entre otros espectáculos se leía “Danza de enanos,” la mayor parte que la desconocían estaban muy lejos de esperar en ella una sorpresa tan verdaderamente deliciosa.

Llegó su día y en el teatro principal, hizo su presentación el mascarón; como llaman á ese gigante enano que por todos conceptos es digno de estudio.

Su monstruosa proporción, hábilmente armonizada,hace reir al más pintado.

La careta, cuya espresión no copia el dibujo anterior, es á mi juicio una obra de arte. Se encuentran en ella mezcladas, la sonrisa picaresca del viejo verde, con cierta gravedad que la dan los años ó la posición; algo que se impone ó que domina con las armas de la hipocresía.

Es en general el mascarón, un viejo atento que tiene por manía el saludar, dejando traslucir en sus modales la distinción del gran mundo. Baila con agilidad no exagerada, quizá para evitar que le ocurra lo que al D. Severo de la Zarzuela.

Porqué la plebe, los otros enanos más pequeños, obedecen al compás, pero se advierte en sus ademanes algo libres, que si perdiese la gravedad el bastonero, no bailarían al son que les tocasen.

Y va de conjeturas; en el mascarón como en su séquito danzante, encuentro algo extraño que no es el mero propósito de provocar la risa con sus irrisorias actitudes. Imagino ver en ellos la sátira dirigida al magnate y buscada tanto en la gigantesca proporción del mascarón, con relación á sus imitadores, como en cuanto se relaciona con lo moral y lo político.

Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.
Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.

El uno grande; los otros pequeños. Inicia el primero la danza y los chicos que desempeñan el papel de autómatas, déjanse llevar de la inspiración del poder y para engrandecerse tratan de imitar cuanto pueden al objeto de sus aspiraciones, convirtiéndose en objeto de mofa para engrandecer la figura del poderoso.

Esta conjetura ha dado lugar á que me pregunte:

—¿No podrá ser que esta danza, en lejanos tiempos llenare la indicación del ridículo hacia determinado sujeto?

Y de cierto modo responde á mi pregunta la cara poco vulgar del gigante, pues, más que un adefesio fabricado al acaso, es un retrato de cuyo parecido no se duda.

Poco se sabe del origen de estos enanos y entre los datos que hemos podido proporcionarnos se encuentran, que el Beneficiado Sr. Diaz fué el autor de las primeras caretas.

Que las actuales son hechas por D. Aureliano Carmona.

Que desde 1676 acompañan á la comitiva de Ntra. Sra. de las Nieves, cada cinco años que se verifica la fiesta, cuatro gigantes y un enano (el mascarón).

Y por último que antes salían también en las procesiones del Corpus.

El distinguido poeta Palmense D. Antonio Rodríguez López á quien se le deben los anteriores datos cree que estos gigantes simbolizan los vicios y que sin duda ese simbolismo esa misma comparsa,que anuncia la bajada de la virgen significa que los vicios del paganismo y más bien de la humanidad han sido vencidos y acatan el cristianismo ó la redención, en las manifestaciones del culto católico.

1892 Partitura de la Polka de los enanos
1892 Partitura de la Polka de los enanos

Este simbolismo destruye un tanto el criterio que del mascarón habíamos formado; pero si es cierto que los símbolos son los atributos que se refieren á lo místico á lo moral y al dogma, también lo es que los antiguos de quien hemos aprendido el arte de simbolizar, con un mismo atributo simbolizaban dos ó más cosas. Por ejemplo, se dá por atributo á la cólera un león y el mismo animal es el de la Generosidad y la Clemencia. Cuando furioso, la cólera y le pintan dulce y manso cuando le han querido hacer atributo de la Clemencia y la Generosidad, suponiéndole, una grandeza de alma que puede ser comparada con las cualidades buenas del corazón humano.

Por lo tanto el mascarón y los gigantes bien pueden simbolizar el arrepentimiento de los vicios y haber sido la divisa satírica á cierto personaje, aceptando que la divisa pueda componerse de una estraña imagen que de lugar á una comparación justa.

Pero de cualquier modo, sea cual fuese su orígen y aplicación, es muy original. Las caretas, los trajes, la música, todo contribuye á un efecto agradable.

Es un espectáculo que no consigue saciar la curiosidad del público y lo demuestra que este teatro de Santa Cruz en las distintas representaciones de la danza ha obtenido llenos asombrosos, llegando al estremo de ocupar el pasillo central del patio con sillas traídas de las casas.

Más aún; terminado la primera noche este espectáculo que en otras tres se repitió, salieron los enanos á bailar en las plazas y calles escogiendo entre otros sitios el centro de la Plaza de la Constitución donde la blanca luz eléctrica hacía dudar si era de noche. Con dificultad se hicieron calle ante la multitud, que les rodeaba, y, de mí se decir, que sin pretenderlo me arrolló aquel oleaje humano; y sin dar un paso recorrí gran trecho de la plaza perdiendo en la refriega el bastón y casi el sombrero y, restablecida la calma tuve el gusto de reconocer en los regocijados espectadores gran parte del público que llenó el teatro.

Los organizadores y D. Benigno Ramos que la dirigió, pueden estar satisfechos por la aceptación que obtuvo la danza, siendo indudable que Santa Cruz de Tenerife debe á su hermana la isla de la Palma una parte esencial en el inesperado éxito de sus fiestas.

UBALDO A. BORDANOVA

La cueva del Diablo (1937)

Van relegándose al olvido más lamentable nuestras tradiciones y leyendas, y es una verdadera lástima que se pierdan, por lo que algunas tienen de bellas y poéticas.

En ellas palpita el alma popular. Ellas son la reminiscencia más perfecta del almaingénua y noble de la raza, el reflejo más acabado del carácter y la sencillez de sus costumbres, que envuelto en el mágico perfume de los tiempos idos, hacia nosotros vienen como mariposas, a posarse, cansinas, sobre los rotos tallos de nuestros ensueños en horas de dulce paz espiritual.

Sirven también nuestras tradiciones y leyendas — como los cantares y endechas populares — para medir la grandeza de espíritu y virtud de nuestros antepasados.

Por ello, lo que a resucitar las tienda, debe verse con alborozo y pagarse con cariño por los que en Canarias hemos nacido, por los que en esta tierra de flores y bellas mujeres nos complacemos en aspirar el perfume de las unas y en embriagarnos en el dulce mirar de los ojos morunos de las otras.

¡La Cueva del Diablo!.. Ahí es nada lo que nos recuerda esta pequeña gruta, llena de misterio, en los años venturosos de la adolescencía.

Se halla a dos pasos de la vieja ermita de San Roque, en La Laguna, desde cuya ladera se domina la ciudad, blanca como un sueño de amor y poética como una trova galante de cantor medieval.

¡Hace ya tantos años que no la visito y, sin embargo, al evocarla, me parece que fue ayer cuando a “La Cueva del Diablo” acudia las tardes domingueras, en son de campaña, con un ejército de pequeños amigos!

En ella penetrábamos siempre con respeto y con una cruz en la mano que hacíamos con cañas y que luego dejábamos junto con las innumerables que en la gruta se encontraban.

Sin este requisito ¡pobre del que sé atreviera a entrar en ella! Seguro que por la noche había de presentársele Satanás.

Era el atardecer de una fría tarde invernal. Con varios amigos departíamos en la Cueva del Diablo cuando llegó hasta nosotros un viejo pastor. Todos nos sentimos invadidos del mismo terror y tuvimos idéntico pensamíenlo: Creímos que era el diablo el que llegaba hasta nosotros. Tratamos de huir, pero nos íaltaron fuerzas y quedamos como petrificados.

Conoció el anciano que le teníamos miedo y nos tranquilizó.

Seguidamente nos contó la historia de la Cueva del Diablo.

—Aquí no ha estao nunca el diablo ni demontres que lo criyara — empezó diciéndonos — el que estuvo en ésta cueva fué un grandísimo sinvergüenza, que hace muchos, muchísimos años, se hizo pasar por Satanás pa que las gentes le cogieran miedo y así poder aprovecharse de toos estos campos.

…Y el caso es que lo consiguió. Las gentes, supersticiosas, lo creyeron a pies juntillas y hubo madres en La Laguna que cuando algunos de sus hijos tardaba en llegar a su casa más de lo acostumbrado, lo creía en esta cueva, en las garras del diablo.

Hubo un momento de silencio.

—Una noche — continuó el anciano — se aclaró el misterio. Una madre, a quien faltó de su casa un hijo, creyolo en las garras del diablo y se atrevió a subir a este risco pa que se lo devolviera. Sin miedo llegó hasta aquí y encontró durmiendo al que tenían por diablo. El niño no se hallaba con él. La mujer, animosa, tiróle de las barbas y le preguntó: ¿Dónde has metido a mi hijo, perro maldito? El aludido despertó entonces y al encontrarse con la mujer fué tal el miedo que 1e entró que quedó “tiezo” pa toa la vida, y de seguro que ahora se encuentra en los infiernos purgando todas sus culpas.

No obstante la historia del anciano, cuando penetrábamos en la Cueva del Diablo llevábamos siempre una cruz de cañas que ahuyentara de nosotros la grotesca figura del demonio.

Y aun, a pesar de la evolución del tiempo, son muchas las personas que no entran en la Cueva del Diablo sin antes persignarse y exclamar:
¡Cruz, perro maldito!

¿Quién era Mararía?

Arozarena
Rafael Arozarena

Dice la historia grande que “Mararía es una novela escrita por el canario Rafael Arozarena y publicada en 1973. Al autor le vino la inspiración en Femés, Lanzarote, donde trabajaba en la compañía de teléfonos, después de ver a una vieja y enterarse de la leyenda que circulaba en el pueblo en torno a su belleza juvenil”

“Yo tengo mi propia Mararía, y he podido comprobar que no coincide con la de otros lectores de la novela”[1] Confesó en una entrevista en 1995.

Y en 1996 afirmó en otra: 
“-Aunque rociada con un aire mágico, en “Mararía” se perciben personajes reales, como si usted los hubiera conocido personalmente.
¿Conoció a Mararía?
-A Mararía y a todos los que están en la novela, incluido Ripoll, el perro del alcalde, y todos tienen su nombre real.”[2]

Pero ese nombre real, ¿se fue con él a la tumba?

Dice la historia menuda, las microhistorias que realmente componen la HISTORIA, que Rafael conoció en Tacoronte a una joven, que por su belleza juvenil era el objeto de todas las miradas.

Él quedó prendado de esa mujer, y su amor platónico le acompañó toda la vida, tanto fue su respeto, que sólo se atrevió a confesar que había sido su Mararía, después de que ella falleciera.

Lo confesó en una entrevista realizada en Tacoronte. María del Carmen Darias Pérez, Catedrática de Latín y Griego en el Instituto Cabrera Pinto, Directora fundadora del Colegio Libre Adoptado de Guía de Isora (conocido como la “Academia”) era y es la Mararía de la mente de Rafael Arozarena.[3] [1] http://www.canarias7.es/blogs/bardinia/2008/10/la-belleza-fetasiana-de-marari.html

[2] http://www.canarias7.es/blogs/bardinia/2009/10/entrevista-con-rafael-arozaren.html

[3] Según conversación con su sobrino Carlos Pallés Darias.

El padre Pimienta.

Era el P. Pimienta uno de los religiosos agustinos que surgieron en Canarias de grandes facultades, no sólo como escritor, genealogista y hasta poeta; esta última y privilegiada modalidad llegó a ser temido y por aquello de haberle endilgado a los Sres. de Alta Alcurnia de la Villa de la Orotava aquellos versos que tanto harían y levantarían llagas de:

“Son de la Orotava
sus habitadores
unos, señorías,
y otros, son señores,
pobres, con haciendas,
en proezas, godos,
todos, son parientes
y pelados todos.” Leer más