CUEVA DE LA NEGRA (Topónimo de Fasnia)

(Historia de exclavitud, amor y libertad….)

Llegaste desde tu África
venías encadenada
ibas a ser vendida
pero tu destino estaba
para siempre aquí ligada.
En esta Zona del pueblo
cerca de D. Juan Marrero
en la hoya de Don Eusebio
esta historia aquí pasó
y no hace tantos años
que las argollas
de aquí alguien

Los esclavos los escondían
en las cuevas que allí había
hasta que por fin
a alguien se los vendían

Don Manuel era el encargado
de los esclavos vigilar
cuando llegó aquel grupo
blancos y negros mezclados
y te pudo divisar
su cuerpo se estremeció
y enseguida comprendió
que la llama del amor
na´más verte se encendió

Desde que te vio mujer
se quedó escandilado
eras tan esbelta y tan bella
no se pudo resistir
y te entregó su amor
mientras su corazón pudo latir

Tú mujer de color
del Africa Tropical
que con tu gran belleza
lo supiste enamorar

Viniste como esclava
mezclada con los demás
pero quién te lo iba a decir
que gracias a tu belleza
la libertad ibas a conseguir

Cómo serías de linda
qué belleza tan impresionante
que arriesgó su vida
para salvarte

Don Manuel no concilió el sueño
duerme varias semanas
su corazón le decía
tienes que ser para mí
linda gacela africana
y una noche de temporal
de la cueva te sacó
te había secuestrado
sabiendo que si lo cogían
moría bien ahorcado

Te escondió en una cueva
informó que habías muerto
que te había enterrado
cuando lo cierto del caso
es que le habías enamorado

Se cuenta que un hoyo cavó
y que un animal
que había muerto
en tu lugar enterró
y un poco más arriba
tus ropas ya colocó

Cuando el traficante
su historia no la creyó
pero al abrir el hoyo
tus ropas ya divisó
y al llegarle el perfume
el hoyo se taponó

Él temblando se había puesto
porque si descubría el engaño
ya estaba dispuesto
al hoyo ir a parar
porque el robo de una esclava
con la vida has de pagar

Cuánto tiempo estuviste
encerrada en aquella cueva
amando aquel fasniero
que la primera palabra
que te enseñó a decir
es la amorosa “te quiero”

Se acabó la esclavitud
y te dio la libertad
pero para siempre decidiste
a su lado continuar

En premio a tu gran amor
decidieron bautizar
a esta zona de Fasnia
como Cueva de La Negra
para siempre a ti recordar

Quiero hacer constar
que todo lo que aquí describo
es pura realidad
pues un familiar de Don Manuel
me contó esta verdad

(Fasnia, Agosto de 1999)

Aportación de:Arístides Díaz Chico
Fuente http://www.fasnia.net/html/arist06.html

La cueva del Diablo (1937)

Van relegándose al olvido más lamentable nuestras tradiciones y leyendas, y es una verdadera lástima que se pierdan, por lo que algunas tienen de bellas y poéticas.

En ellas palpita el alma popular. Ellas son la reminiscencia más perfecta del almaingénua y noble de la raza, el reflejo más acabado del carácter y la sencillez de sus costumbres, que envuelto en el mágico perfume de los tiempos idos, hacia nosotros vienen como mariposas, a posarse, cansinas, sobre los rotos tallos de nuestros ensueños en horas de dulce paz espiritual.

Sirven también nuestras tradiciones y leyendas — como los cantares y endechas populares — para medir la grandeza de espíritu y virtud de nuestros antepasados.

Por ello, lo que a resucitar las tienda, debe verse con alborozo y pagarse con cariño por los que en Canarias hemos nacido, por los que en esta tierra de flores y bellas mujeres nos complacemos en aspirar el perfume de las unas y en embriagarnos en el dulce mirar de los ojos morunos de las otras.

¡La Cueva del Diablo!.. Ahí es nada lo que nos recuerda esta pequeña gruta, llena de misterio, en los años venturosos de la adolescencía.

Se halla a dos pasos de la vieja ermita de San Roque, en La Laguna, desde cuya ladera se domina la ciudad, blanca como un sueño de amor y poética como una trova galante de cantor medieval.

¡Hace ya tantos años que no la visito y, sin embargo, al evocarla, me parece que fue ayer cuando a “La Cueva del Diablo” acudia las tardes domingueras, en son de campaña, con un ejército de pequeños amigos!

En ella penetrábamos siempre con respeto y con una cruz en la mano que hacíamos con cañas y que luego dejábamos junto con las innumerables que en la gruta se encontraban.

Sin este requisito ¡pobre del que sé atreviera a entrar en ella! Seguro que por la noche había de presentársele Satanás.

Era el atardecer de una fría tarde invernal. Con varios amigos departíamos en la Cueva del Diablo cuando llegó hasta nosotros un viejo pastor. Todos nos sentimos invadidos del mismo terror y tuvimos idéntico pensamíenlo: Creímos que era el diablo el que llegaba hasta nosotros. Tratamos de huir, pero nos íaltaron fuerzas y quedamos como petrificados.

Conoció el anciano que le teníamos miedo y nos tranquilizó.

Seguidamente nos contó la historia de la Cueva del Diablo.

—Aquí no ha estao nunca el diablo ni demontres que lo criyara — empezó diciéndonos — el que estuvo en ésta cueva fué un grandísimo sinvergüenza, que hace muchos, muchísimos años, se hizo pasar por Satanás pa que las gentes le cogieran miedo y así poder aprovecharse de toos estos campos.

…Y el caso es que lo consiguió. Las gentes, supersticiosas, lo creyeron a pies juntillas y hubo madres en La Laguna que cuando algunos de sus hijos tardaba en llegar a su casa más de lo acostumbrado, lo creía en esta cueva, en las garras del diablo.

Hubo un momento de silencio.

—Una noche — continuó el anciano — se aclaró el misterio. Una madre, a quien faltó de su casa un hijo, creyolo en las garras del diablo y se atrevió a subir a este risco pa que se lo devolviera. Sin miedo llegó hasta aquí y encontró durmiendo al que tenían por diablo. El niño no se hallaba con él. La mujer, animosa, tiróle de las barbas y le preguntó: ¿Dónde has metido a mi hijo, perro maldito? El aludido despertó entonces y al encontrarse con la mujer fué tal el miedo que 1e entró que quedó “tiezo” pa toa la vida, y de seguro que ahora se encuentra en los infiernos purgando todas sus culpas.

No obstante la historia del anciano, cuando penetrábamos en la Cueva del Diablo llevábamos siempre una cruz de cañas que ahuyentara de nosotros la grotesca figura del demonio.

Y aun, a pesar de la evolución del tiempo, son muchas las personas que no entran en la Cueva del Diablo sin antes persignarse y exclamar:
¡Cruz, perro maldito!

Fernanda Siliuto.(20/04/1834 – 23/04/1859)

Por Alejandro Carracedo Hernández.

Dedicado a Melecio por indicarme el camino.

No hay en este mundo sosiego para el dolor que me embarga. Tu ausencia, ya prolongada, ha alimentado el mal, el aliento ya no me llega ni para suspirar.

“¿No son libres las aves…? Por qué el hombre
no ha de serlo también?”

Cada tarde, en este balcón al Infierno vivo el martirio de no tenerte a mi lado. Encerrada en vida, si es que esto es vida, esperando tu regreso, soñando con tu  sonrisa. ¿Volverás?

“Ley inhumana
que ni aún respeta la cabeza cana
del que se acerca al fin de su vivir;”

Esta tos, que me ladra en la cabeza y mancha de atardecer mis pañuelos, ya no me da cuartel, ni descanso. Me siento débil, todo me pesa, hasta la pluma se rebela contra mí, negándose a deslizarse sobre el papel. La hermana me ha traído un chocolate caliente que no ha conseguido ni templar mi cuerpo.

“Ley que los mismos hombres han creado
para satisfacer su necio orgullo”

He de dejarte mi amor, volveremos a encontrarnos, yo te esperaré como cada tarde, en este Infierno de balcón…

“degradante invención; siglo afamado
¿por qué la esclavitud no has de omitir?”

Para Fernanda Siliuto, nunca amaneció. Su entierro fue de noche, a oscuras, al igual que su vida desde que su primo marchó a hacer las Américas, con la promesa de volver con el dinero necesario para casarse. De su tumba, sólo se sabe que está en el cementerio, entrando a la derecha. Incluso se habla de que no fue enterrada en sagrado, por lo extraño de su muerte. En su mesilla de noche, un poema, Esclavitud, como buena romántica no entendía más esclavitud, que la del amor.

 

Vista desde el balcón hacia el Infierno.
Vista desde el balcón hacia el Infierno.

 

Esclavitud

¿No son libres las aves…? Por qué el hombre
no ha de serlo también? Ley inhumana
que ni aun respeta la cabeza cana
del acerca al fin de su vivir;
Ley que los mismos hombres han creado
para satisfacer su necio orgullo
degradante invención;  siglo afamado
porque la esclavitud no has de omitir?

El opresor a su vasallo dice:
“Trabaja sin cesar de noche y día
si osas no obedecer a la voz mía
quee te maten diré sin compasión;
Yo como dueño, mandaré a mi antojo
tú como esclavo servirás callando,
y perdido serás si algún enojo
mostrares del que abriga corazón”.

y el triste negro trabajando calla
encerrando su odio cauteloso
que en su pecho infeliz, con furia estalla
y le impulsa con rabia a maldecir.
Y cuando se detiene fatigado
para toma: respiración sediento,
temblando de furor siente sangriento
el afrendoso látigo crujir.

Oprobiosa ignominia..,! ¿No es tu hermano
el que haces padecer y a quién humillas?
¿Crees así elevarte soberano
robándole su fuerza y voluntad?
Un puñado de oro fe hace dueño
de un semejante a tí que cual te encierra
un corazón…  ¿por qué en perpetua guerra
le haces vivir muriendo sin piedad?

No son libres las aves… ¿por qué el negro
no ha de serlo también…? Ley inhumana
que no respeta la cabeza anciana
ni la de aquel que empieza sin vivir;

Ley que los hombres viles han creado
dando al olvido lo que Dios dispuso,
olvido criminal… siglo afamado
por qué la esclavitud no has de omitir?

¿Pero que digo yo, aún los que tienen
blanco y terso el color, blando el cabello
opresos gimen doblegando el cuello
cual si de ébano fuese su color?

¿Qué digo yo, si el que consigue alzarse
pisa la pura frente de su hermano
y en su trono infamante al asentarse
hace que le proclame su señor?

Que mucho entonces ¡ay! que el Africano
el Indio y otros mil esclavos gimen
y que tengan por dueño algún tirano
que les baga cumplir su voluntad.

Cuando los que jamás esclavos fueron
hoy como nunca sufren abatidos,
cuantos viven ¡oh Dios! envilecidos
sirviéndoles de escudo su maldad.

Fernanda Siliuto (1859)

 

A una nube

¡Nube errante, nube errante
que al cruzar en raudo vuelo
tiendes tu velo flotante
sobre el claro azul del cielo!

¡Fueran cual tú las sombrías
nubes que eternas se mecen
en el cielo de mis días
y que mi senda oscurecen!

¡Del sol las rubias quedejas
sólo ocultas un instante,
y para siempre te alejas,
nube errante, nube errante!

Mientras cual fúnebre manto,
cual señal de eterno duelo,
las contemplo con espanto,
siempre flotando en mi cielo.

Cielo en que triste fulgura,
cual sol de la vida mía
la estrella de desenvultura
que llaman Melancolía.

¡Y si levísimos rastros
dejas, ¡oh, nube!, al pasar
y como antes los astros
de nuevo se ven brillar!

Y ¡ay! en mi cielo se placen
esas nubes tristemente…
¡O si se alejan lo hacen
tan lenta, tan lentamente!

Y en el pobre pecho mío,
que suspira por amor
dejan un velo sombrío,
sombrío como el dolor.

Dejan en mí un desaliento
y una congoja, un afán…
que ignoro si es más tormento,
si vienen o si se va.

Por eso, al ver que los cielos
recorres, digo anhelante:
“Fueran como tú mis duelos,
nube errante, nube errante”

Fernanda Siliuto Briganty

 

El cuidador de claveles

a Alfonso Arizmendi, en prueba del mayor afecto

Con celo paternal, activo, experto,
le vi más de una vez alborozado
prodigar con amor, sumo cuidado,
a múltiples claveles de su huerto.

ya la poda ingeniando, ya el ingerto
o ya el quimico abono de su agrado,
para dar el clavel perfumado
aroma, que encontrará por su acierto,

Y luego que a cogerla se covida
la flor que la mujer apetece
en los dulces ensueños de su vida,

Este galante cuidador la ofrecs,
con júbilo le da su despedida…
¡entretanto en el huerto otra flor crece!

Veremundo Perera – 26-11-1913

EN LA CAVERNA DE UN DRAGO (Leyenda guanche)

Para mi entrañable amigo
Cándido Hernández Rodríguez
(F. Raimundo), portuense que vale

 I

Drago
Drago

Parece ser que en Tamaide, vivían dos encantadoras princesas las que nacieron con cabellos de oro y a los que el Magec les llego  a temer.

Ramagua y Dacila tenían por nombres las tales princesas de los cabellos de oro, hadas envidiadas a quienes su madre amaba con frenesí.

En aquellos cabellos, Hañagua, trenzas tejía de noche y día, adornándolos con finos collarcillos de conchas marinas muy graciosamente combinados. ¡Cuan enamorada estaba la reina, de los cabellos de oro de sus hijas!

A Hañagua, se le había transtornado el juicio; ella no pensaba sino en tejar las trenzas de noche, y trenzas de día, muchas trenzas a Ramagua y a su Dacila…

Hañagua cantaba y gritaba a solas: ¿Cabellos de oro? ¡Oh! me enamoran…¡Ramagua !¡Dacila….

Nuestras trenzas son del Alcorahán… en  luz, en días, una pupila… A tamaña grandeza e maravilla tan sin igual todo el pueblo taorino le ponderaba. Los cabellos de oro, eran la fecunda inspiración de los vardos y las mayores y encantadoras maguas de las púdicas sacerdotizas, prisioneras en el Alfalibor.  Por los cabellos de oro, hubo en Taoro algaradas serias, muchas y ruidosas disputas y algunos torneos fuera del Tagoror.

Por la dicha de obtener las trenzas de las princesas, dieron fin a sus días gallardos  mancebos…,

¡Ramagua.! ¡Dacila….!
vuestros cabellos de oro me enamoran…
son luz y días de una pupila
que del Alcórahan atezoran.

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La Cruz

Leyenda oriental

Al señor prioste actual de la festividad de la Patrona
de mí pueblo, don Alonso del Hoyo y Hernández Peraza

I

Vivía a algunas leguas de Jerusalén, un hombre llamado Elifás, próximamente un siglo antes del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, y este hombre, habiéndose hecho culpable de un feroz crimen, llevaba una vida miserable, atormentado por negros remordimientos. Leer más