Plaza del Cristo, a propósito de una foto

Plaza del Cristo, a propósito de una foto

Plaza del Cristo - Enrique de Armas, 1950
Plaza del Cristo – Enrique de Armas, 1950

– Buenas seña Candelaria, cuanto tiempo sin verla, ¿cómo anda la familia?.

– Buenas Seño Juan ,pues mire ahi vamos escapando, aqui vengo de lavar un fisco ropa en los lavaderos y voy pa casa que ahorita mismo vienen todos a comer y aun tengo que poner el potaje al fuego y usted ¿qué se cuenta?.

– Pues yo vengo de la recova que pase por alli y vi unos «jigos picos» y dije voy a llevarle unos pocos a Seña Juana que le encantan y ¿cómo anda tu madre Candelaria?.

– Allí esta la pobre con la pata jeringada que no puede ni moverse pero bueno va escapando.

– ¡Ay mija no queda otra!, qué pena cuando se llega a viejo y no puede uno ya ni moverse,dele recuerdos de mi parte .

– Seran dados Seño Juan , dele usted también recuerdos a Seña Juana a ver si voy un día por ahí pa rriba a verla y me jace mas que sea un goto café de ese tan bueno que jace ella.

– ¡¡Ahhh se me olvidaba Candelaria !! ¿¿te enteraste que se murió Seña Eufrasia??

– ¡¿Qué me dice cristiano?!, pero si yo la vi la semana pasada por la vereda pa rriba,  ¿pero estaba mala ?, no había oído yo nada.

– Que va mija , se ve que le dio algo y se murió de repente.

– Vaya por Dios, pues tendré que acercarme un día de estos a darle el pésame a su hija, dito sea Dios no somos nadie, bueno Seño Juan voy pa casa que sino hoy no comemos. ¡¡Jisssuuuu que son ya casi las doce!! Adiós Seño Juan.

– Vaya usted con Dios Candelaria hasta mas ver.

 

Lourdes Ramos.

La cueva del Diablo (1937)

Van relegándose al olvido más lamentable nuestras tradiciones y leyendas, y es una verdadera lástima que se pierdan, por lo que algunas tienen de bellas y poéticas.

En ellas palpita el alma popular. Ellas son la reminiscencia más perfecta del almaingénua y noble de la raza, el reflejo más acabado del carácter y la sencillez de sus costumbres, que envuelto en el mágico perfume de los tiempos idos, hacia nosotros vienen como mariposas, a posarse, cansinas, sobre los rotos tallos de nuestros ensueños en horas de dulce paz espiritual.

Sirven también nuestras tradiciones y leyendas — como los cantares y endechas populares — para medir la grandeza de espíritu y virtud de nuestros antepasados.

Por ello, lo que a resucitar las tienda, debe verse con alborozo y pagarse con cariño por los que en Canarias hemos nacido, por los que en esta tierra de flores y bellas mujeres nos complacemos en aspirar el perfume de las unas y en embriagarnos en el dulce mirar de los ojos morunos de las otras.

¡La Cueva del Diablo!.. Ahí es nada lo que nos recuerda esta pequeña gruta, llena de misterio, en los años venturosos de la adolescencía.

Se halla a dos pasos de la vieja ermita de San Roque, en La Laguna, desde cuya ladera se domina la ciudad, blanca como un sueño de amor y poética como una trova galante de cantor medieval.

¡Hace ya tantos años que no la visito y, sin embargo, al evocarla, me parece que fue ayer cuando a «La Cueva del Diablo» acudia las tardes domingueras, en son de campaña, con un ejército de pequeños amigos!

En ella penetrábamos siempre con respeto y con una cruz en la mano que hacíamos con cañas y que luego dejábamos junto con las innumerables que en la gruta se encontraban.

Sin este requisito ¡pobre del que sé atreviera a entrar en ella! Seguro que por la noche había de presentársele Satanás.

Era el atardecer de una fría tarde invernal. Con varios amigos departíamos en la Cueva del Diablo cuando llegó hasta nosotros un viejo pastor. Todos nos sentimos invadidos del mismo terror y tuvimos idéntico pensamíenlo: Creímos que era el diablo el que llegaba hasta nosotros. Tratamos de huir, pero nos íaltaron fuerzas y quedamos como petrificados.

Conoció el anciano que le teníamos miedo y nos tranquilizó.

Seguidamente nos contó la historia de la Cueva del Diablo.

—Aquí no ha estao nunca el diablo ni demontres que lo criyara — empezó diciéndonos — el que estuvo en ésta cueva fué un grandísimo sinvergüenza, que hace muchos, muchísimos años, se hizo pasar por Satanás pa que las gentes le cogieran miedo y así poder aprovecharse de toos estos campos.

…Y el caso es que lo consiguió. Las gentes, supersticiosas, lo creyeron a pies juntillas y hubo madres en La Laguna que cuando algunos de sus hijos tardaba en llegar a su casa más de lo acostumbrado, lo creía en esta cueva, en las garras del diablo.

Hubo un momento de silencio.

—Una noche — continuó el anciano — se aclaró el misterio. Una madre, a quien faltó de su casa un hijo, creyolo en las garras del diablo y se atrevió a subir a este risco pa que se lo devolviera. Sin miedo llegó hasta aquí y encontró durmiendo al que tenían por diablo. El niño no se hallaba con él. La mujer, animosa, tiróle de las barbas y le preguntó: ¿Dónde has metido a mi hijo, perro maldito? El aludido despertó entonces y al encontrarse con la mujer fué tal el miedo que 1e entró que quedó «tiezo» pa toa la vida, y de seguro que ahora se encuentra en los infiernos purgando todas sus culpas.

No obstante la historia del anciano, cuando penetrábamos en la Cueva del Diablo llevábamos siempre una cruz de cañas que ahuyentara de nosotros la grotesca figura del demonio.

Y aun, a pesar de la evolución del tiempo, son muchas las personas que no entran en la Cueva del Diablo sin antes persignarse y exclamar:
¡Cruz, perro maldito!

El padre Pimienta.

Era el P. Pimienta uno de los religiosos agustinos que surgieron en Canarias de grandes facultades, no sólo como escritor, genealogista y hasta poeta; esta última y privilegiada modalidad llegó a ser temido y por aquello de haberle endilgado a los Sres. de Alta Alcurnia de la Villa de la Orotava aquellos versos que tanto harían y levantarían llagas de:

«Son de la Orotava
sus habitadores
unos, señorías,
y otros, son señores,
pobres, con haciendas,
en proezas, godos,
todos, son parientes
y pelados todos.» Leer más

Gofio y Cabra

gofioycabra

El proyecto Gofio y Cabra surge por tres motivos bien diferenciados:

El primero de ellos es la afición por la ilustración y la animación. Después de un proceso de evolución y estudio, en la búsqueda de la mínima expresión necesaria para representar un personaje con todas sus expresiones y en todas sus facetas.

El segundo pilar de nuestro trabajo es Canarias y su cultura. Qué decir de las Islas Canarias, se nos llena la boca hablando de ellas. Es difícil pensar en una palabra para definirlas, pero una que nos puede ayudar a entenderlas es “variedad”, variedad en islas, especies, paisajes, climas, gentes, habla… son el resultado del mestizaje entre África, América y Europa. Tienen una gran historia y una gran cultura, que no nos gustaría perder. Para contribuir en esta causa, Gofio y Cabra pretenden crear afinidad tanto con los niños, por su sencillez y buen humor, como con los adultos, a través de su personalidad y picardía.

Hoy cada vez más, es necesaria la creación de organismos u organizaciones que respondan ante nosotros para perpetuar esta identidad, por ello nos queremos sumar a la causa, para que la utilización de nuestras palabras, expresiones y costumbres canarias que tanto nos enorgullecen, sean un hoy, un mañana y no un ayer.

El tercer motivo y no menos importante es el humor, la diversión y el entretenimiento. Ante todo nos gustaría llevar a cabo nuestro proyecto de forma amena, divertida y haciendo participar, en la medida de lo posible, a todo aquel que sea atraído por nuestra propuesta.

Con estos tres ingredientes queremos hacer nuestro potaje, e invitarles a todos a compartirlo con nosotros y pasar un rato agradable en compañía.

Un cordial saludo

Gofio y Cabra

http://www.gofioycabra.com

Temor a Dios.

Contaba mi abuela, que cuando aún no había llegado la luz al Puerto de la Cruz, y las calles permanecían oscuras por la noche, salían los jesuitas por el Puerto de la Cruz, con un candil y un crucifijo, y con voz quejumbrosa y oscura decían:

«Mira que te mira Dios. 
Mira que te está mirando. 
Mira que vas a morir. 
Mira que no sabes cuándo.»

Imagínense el susto en el cuerpo que se le quedaba a los que oían tan «amistosa» cuarteta.

La Leyenda del Lagarto de Las Angustias

El Lagarto
El Lagarto

Cuenta la Leyenda que hace años vivía en Icod de los Vinos un pastor que cuidaba su rebaño de cabras cerca del Monte del Amparo. Un día vio sobre una piedra un pequeño lagarto, sacó de su morral un trozo de queso y lo dejó sobre la roca, el reptil se acercó y se lo comió de un bocado.

Al día siguiente el cabrero volvió a la piedra en busca del lagarto, y allí estaba esperándolo, el cabrero le volvió a poner de comer, esta vez ordeñó una de sus cabras, para poder alimentar a su pequeño “amigo”, y así lo hizo, día tras día, durante mucho tiempo.

Pasaron los años, y el cabrero comenzó a preocuparse porque el lagarto ya era casi de su tamaño. Ya no podía alimentarlo solo con leche y queso y así fue que un día el reptil se introdujo en el corral y se comió un cabra entera. Leer más

Tango tinerfeño.

Maria Rosa Alonso en su libro,  «Las danzas y canciones populares Canarias, registra en 1948 una letra del tango tinerfeño que según una anciana de Tacoronte cantaban los «de los altos» cuando bajaban a la fiesta del Cristo:

Ulpalajalpa,
paloma miya
Ulpalajalpa
que viene el diya.

Sobre del trono
vide a Mariya,
ella me llama
yo respondiya.

Y tú que sabes
lo que es amor;
dime que esto
que siento yo.

Siento una pena
siento un dolor
siento una pena
en el corazón.

El palo es palo
la teya es teya,
el palo blanco
lo deletreya.

El tajaraste
vino de fuera
porque lo trajo
la majorera.

Lo que Canta Nuestro Pueblo 01/11/1940

Lejos del terruño amado
unas folias canté,
Y oí gemir la guitarra
cuando a mi madre nombre.
Saturnino Tejera.

Dicen los que no han querido
que no se muere de amor;
pero se vive muriendo…
¡y así es como vivo yo!
Antonio Ribot

En los brazos de su madre
el pobre niño murió,
y creyendo que dormía
le cantaba el «arrorró».
Diego Crosa.

Esta copla de folias
es un ataúd florido,
en donde yace mi amor
al que ha matado tu olvido.
Juan Pérez Delgado.

Cuando se canta una copla
sn poner el alma en ella,
hasta la guitarra sufre
y desafinan las cuerdas.
José Galón.

Eres entre las canarias
una pérfida excepción:
llevas nieve en el semblante
y nieve en el corazón.
Luis Alvarez Cruz.

A «disile» que la quiero
no me atreví en too el día.
¡Al «escuro» de esta noche
se lo dirán las folias!
José Casonova López.

Arrorró me cantó a mí;
folias le canto yo;
ella desde que nací,
y yo desde que murió.
Blas González.

Al monte de la «Esperanza»
por leña subí una vez,
y como verde la hallara,
triste y sin leña bajé.
Veremundo Perera.

Por una copla del pueblo
de tu engaño me enteré;
¡bendita sea la copla
que borró nuestro querer!
Nicolás Mingorance.

Una viña matancera,
un trigal en La Laguna
y, por la noche, a la luna,
bailar la isa en la e r a . ..
¿Para qué mayor fortuna?
José Casonova.

Fuiste el sábado a vender
violetas a Santa Cruz;
pero vendiste una rosa:
la rosa de tu virtud.
Modesto Novaias.

Si el recuerdo de la tierra
te entristece en otro mar,
con la tristeza en el alma,
pon el alma en tu cantar.
Juan Reyes Bartlet.

Para mí, que ando perdido
eres cual faro en la noche,
como en el risco la hoguera,
como la esquila en el monte.
Antonio Ribot