Un gran hombre olvidado.

Famosa es nuestra tierra por olvidar a sus grandes hombres. Aquellos que aportaron su granito de arena pero que al crecer a la sombra de personajes más destacados, desaparecen consumiendose en los vapores del tiempo.

Este es el caso de mi bisabuelo Francisco Pedro Montes de Oca y García, del que en otro momento haré curriculum y laudos. Ahora sólo quiero mentar estas palabras que el gran Sebastián Acosta Padrón le dedica.

El Cronista del Puerto de la Cruz

Montes de Oca García

Francisco P. Montes de Oca y García
Francisco P. Montes de Oca y García

En un pueblo ribereño—Puerto de la Cruz—vive retirado como, hidalgo de fenecidas castas un enamorado de las cosas pasadas, de tradiciones y leyendas, de relatos y genealogías, de Heráldicas y pergaminos. Cansado de modernos malandrines, de rastrerias y pasionsillas, retirase en sus ratos de ocio a su querido rincón en busca de sus viejos papeles, únicos amigos fieles de su vivir.

Y cuando el dolor y la realidad amarga de la vida vienen a inquietar su espíritu, en lo pasado busca el lenitivo de sus angustias.

Rapazuelo imberbe era aun cuando empezó a olfatear en los viejos archivos, cargados de papeles y de polillas. Y en los añejos archivos, en las ancianas bibliotecas, en los rincones solariegos ha buscado documentos y pergaminos – testigos de pretéritas edades, llenas de pompas heráldicas, de resonancias genealógicas, de graves infanzonías, de escudos y ejecutorias.

Y halágale también marcharse por los Campos Elíseos en busca de las ensoñadoras manzanas doradas.,. Y penetrar en la soñada Arcadia, asiento de la raza brava y heroica – ya fenecida –  deseando contemplar el gallardo continente de aquellas gentes rudas, selváticas, pero sinceras y generosas,sin ruines intenciones…

Y aspirar – como el poeta – perfumes de retamas, mocanes y guaidíles.

Y también en sus ratos perdidos marchase por las playas, a oír en las soledades las viejas rebeldías del mar Atlántico, de las que su personalidad, está ungida.

Ha puesto su cariño en todo lo- que fué. En su cerebro viven las historias, leyendas y anécdotas del Puerto de la Cruz. Es el cronista de su pueblo querido, por el que siente amor intenso, entrañable. En papeles revueltos tiene las historias en bruto de los viejos conventos, de las capellanías, de los personajes célebres de su cuna nativa.

Y cuando de cosas pasadas se le habla, él, entusiasmado, desborda el caudal de datos, fechas y genealogías que en su cerebro – verdadero archivo ambulante -viven como en almacén.

Y trabajos notabilísimos han visto la luz pública. Pero sobre sus gustos y sus-amores la realidad implacable de la vida se ha levantado iracunda y cruel. En su estancia aparecen los retratos del inmortal Cervantes, de Viera y Clavijo, de Tomás de Iriarte…

Y en lugar preferente su viejo padre, cuadro que es obra de la insigne mujer porteña Lía Tavío.

Su figura gallarda es la de un legitimo descendiente de la brava raza guanchinesca, que él tanto idolatra.

Y si por la Genealogía le tocan, empieza por el joven más lampiño y va a perderse entusiasmado en nuestro primer padre Adán, allá en los tiempos del Edén…

Su conversación – a ratos esmaltada de picantes ironías – es interesantísima, cuando comienza a historiar.

Pasa el tiempo resolviendo protocolos, transcribiendo infolios con la clásica paciencia de un benedictino medieval, de uno de aquellos monjes que en el silencio de sus celdas salvaron de un naufragio el saber de los antiguos.

Este hombre de rancios gustos es uno de los raros ejemplares que ya nos que dan de los que se interesan por las huellas de las edades desaparecidas.

En su vida ha encontrado malandrines implacables, que han hecho oficio de sayones, pero él los ha mirado con altivez sacerdotal.

A los Sanchos los desdeña con altanería de Quijote… ¡Hace bien!

La Música y la Pintura le adornan como dos primores. Ha hecho detenidos estudios de Paleografía.

Conserva epístolas laudatorias del P. Fita, de Bethencourt y de distinguidísimas personalidades: nacionales y extranjeras, en donde se le hace la justicia que sus compatriotas le han negado… Es su escudo un orgullo noble, quijotesco… Y la rebeldía, su ejecutoria… Sus queridas cosas pasadas son sus blasones». Su ironía es su lanza…

En un pueblo ribereño vive retirado como hidalgo de fenecidas castas un enamorado de las cosas pasadas, de tradiciones y leyendas, de relatos y genealogías, de heráldicas y pergaminos.

Cansado de modernos malandrines retírase en sus ratos de ocio a su querido rincón en busca de sus viejos pergaminos, únicos amigos fieles de su vivir.

Es el distinguido Cronista titular del Puerto de la Cruz, Francisco P. Montes de Oca García, el hombre de las cosas añejas, de las cosas pretéritas, de las frases irónicas, de las palabras-flechas….

Y en las noches estrelladas él, desde su querido hogar, oye con júbilo al mar Atlántico, cuando lanza sobre las playas y acantilados la canción salvaje y rumorosa de sus exaltadas y supremas rebeldías…

Sebastián. Padrón Acosta

La Laguna de Tenerife. 8-11-1921

2 pensamientos en “Un gran hombre olvidado.

  • 10/11/2010 en 8:37 pm
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    Si, la verdad es que una calle del Puerto debería llevar su nombre. Es lo menos que nuestro pueblo tendría que haber hecho ya…

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  • 19/02/2014 en 9:42 pm
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    Cronista oficial de las Islas Canarias, el único, porque fue el primero en ser nombrado, y después se disolvió la provincia. Miembro de la Real Academia de San Fernando, de la Hispano Americana de Ciencias y Artes, de la de Historia de España, de la de Historia Colombiana, de la de Historia Venezolana, de la de Historia Gallega, de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, de la Real Venerable y Pontificia Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna, Cronista y Archivero titular del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz.

    Medalla del Centenario de la Cruz de Sampango, medalla de plata de la repatriación del ejercito de Ultramar, de plata de la batalla de Chiclana, de oro de la Cruz Roja española, Placa de 2ª clase y Constancia de la Cruz Roja, placa de Homenaje a Su Majestad Alfonso XIII, hijo predilecto del Puerto de la Cruz y funcionario benemérito del mismo Ayuntamiento.

    Cofundador de la liga regionalista, entre otras cosas.

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