Sobre las vicisitudes de la Cruz que da nombre a Santa Cruz

Extracto de un artículo sobre la Cruz Verde de mi bisabuelo Francisco Pedro Montes de Oca y García, publicado el 25 de julio de 1933.
 
Cruz de la conquista.
Cruz de la conquista.

Allá por el año de 1901, cuando marchamos a la capital para cumplir nuestros deberes militares y al contemplar aquel madero carcomido, ya resguardado de la inclemencia de los tiempos, dentro de un marco plateado que el Municipio, con buen acuerdo, mandó a hacer, nos preguntamos:

—Pero, ¿es que nadie supo hasta la fecha de aquel acuerdo, quién fué el salvador de esta sagrada reliquia, joya arqueológica netamente paradigma y evocativa?… ¿Qué historial, tradición o leyenda de ella se conservará, después de haber desaparecido aquella peña en que fué colocada?…

El 25 de Julio de 1797, se puso la Cruz Verde.

Era el día 2 de Mayo de 1902,cuando en la calle de San Sebastián de la entonces capital de la unitaria provincia de Canarias, conocimos por previa presentación de mi buen amigo don Juan Trujillo Tito, al mayordomo de la ermita de San Telmo, don Camilio Ares, y al hacerle indicaciones de adquirir noticias sobre las vicisitudes que debió haber pasado el Madero de la Conquista para llegar hasta nuestra época en el estado en que se hallaba, dicho señor nos habló de la manera siguiente y cuyas palabras las trasladamos para que consten aqui:
 
“La Cruz de la Conquista, hecho e el Castillo de San Cristóbal y rota la peña en que la fijó el Adelantado Lugo—que fué por la Caleta del muelle— pasó a una capilla que había frente a la Aduana, de la cual, más tarde, le salvó un señor apellidado Miranda, por haberse prendido fuego la puerta de su entrada, pero, cuando se dio aquí la batida a las tropas de Nelson y sucumbieron en la calle varios defensores, el 25 de Julio de 1797 y por no tenerse a mano ninguna Cruz que poner en aquel preciso sitio, aunque fuese provisionalmente como señal del cristiano y en aquellos días todo el vecindario estaba consternado, pues nadie quería trabajar, acordándose el dicho señor Miranda de la que él había salvado y tenía en su principal de San Cristóbal y a la que todos los años pintaba de verde, le encendía y enrramaba por este mes de Mayo, allí le colocaron y por eso se le llamó después a dicha vía “Calle de Cruz Verde”, permaneciendo adherida a la pared de una casa hasta cosa de medio siglo mal contado”.
 

“Allá por el año 1849, un fraile, capellán del Hospital, conocedor del secreto y del valor que para los santacruceros representaba la ya denominada Cruz Verde o de la Conquista, la llevó a su poder y colocó otra en su lugar, y desde entonces, dentro de aquel establecimiento se le hacía su altar el día 3 de Mayo, continuando ésta religiosa costumbre el cirujano don Tomás López, hasta que, definitivamente llegaron a tener popularidad las fiestas que en su honor se celebraban, tanto allí como en la ermita de San Telmo y en la parroquia, por hijos, la mayor parte, de su pueblo natal”.

“Una Cruz que se le supone ser la de la Conquista”.

Pasados algunos días de aquella interesante charla, volvimos a entrevistarnos con el señor Ares, a quien le encontramos en la ermita de San Telmo, entretenido en guardar los enseres de la Cruz, y entonces nos mostró un Inventarlo de los objetos pertenecientes al santuario, algo por el tiempo y uso deteriorados y apagada la tinta de su escrito en el que, si mal no recordarmos, ¡se leía confusamente, con éstas o parecidas palabras, la partida siguiente: “Una Cruz que se le supone ser la de la Conquista”. Sorprendidos por lo que acabábamos de leer y después de un Instante de mutismo, el señor Ares nos hace la aclaración significativa de:

—”No le extrañe a usted, amigo mio lo que diga ese papel. La Cruz esa, la Inventariada, ella, la verde, esta es la auténtica, la de la Conquista, solamente que fué mayor de lo que ahora es, y no queda la menor duda. La recortaron por dos o tres veces; la primera, seria cuando se le destituyó de la peña de la Caleta; la segunda, para colocarle en la peana al sacarle en sus anteriores procesiones; y la tercera, al ser resguardada en su actual marco de niquel. ¡El papel aguanta mucho! ¡Se han escrito tantas y tantas cosas…!”

“Y verá usted. Hay quiénes se han permitido escribir y tal vez animados de la mejor buena fe, que la Cruz de la Conquista fué la que desde antiguo existió en esta plaza y de alli pasó al Hospital, poniendo para suplirle otra en el sitio que dejara aquella, como así mismo, que esta ermita fuese el lugar indicado donde le clavó Lugo, etc., etc., y créame, que la invención resulta ridicula, no es ni siquiera admisible suponerle verosímil lo que hay de cierto en ello, y era en mi juventud conversación corriente entre los más Ilustrados ancianos, de que la Cruz del cuento de la plaza señalaba a uno de los pozos de agua salobre que de antiguo existían y repartidos desde el Convento dominico hasta este barrio, en el que se ahogó una aguadora y siendo cegado aprovecharon su brocal para elevarle sobre el madero aludido y que la Caleta de la Aduana fué el verdadero sitio por que desembarcó Lugo, que en ella fijó la Cruz y erigió la ermita contigua al torreón (llamado de la consolación) y asentó su Campamento y se dijo allí la primera misa.”

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