Proyecto de ampliación de muelle de Santa Cruz 1905

El Jefe de Obras públicas, Sr. Guadalfajara, ha interpretado á la perfección los deseos de Tenerife.

Sus reformas y ampliaciones llevadas al límite de nuestras necesidades marítimas, llenan cumplidamente los afanes de este pueblo, ansioso de dar un paso de avance en su obra más trascendental y de indiscutibles beneficios futuros.

El puerto de Santa Cruz de Tenerife una vez terminado no tendrá que envidiar á los de las grandes poblaciones marítimas y comerciales.

La amplitud de la rada y la gran extensión del antepuerto, unidas á las obras supletorias que en el proyecto se proponen, colman la medida de nuestros constantes afanes.

La prolongación del dique sur que claramente se ve en este plano marcada con unas líneas de puntos, la construcción del rompeolas con una extensión considerable y el aumento de obra en el dique norte, forman un verdadero puerto, capaz de dar cabida holgadamente al considerable número de buques que nos visitan.

Uniendo estos trabajos del hombre á las condiciones naturales de la bahía, con fondo suficiente para que en ella entren embarcaciones de gran tonelaje, abrigado el puerto por el dique sur, rompeolas propuesto y cordillera de Anaga, bien pudiera pensar el Gobierno en el establecimiento de un puerto militar, base de la defensa móvil y fija del Archipiélago Canario.

Ya era tiempo de que la iniciativa y protección oficiales tendieran alguna vez su vista sobre esta abandonada isla, sujeta al egoísmo de unos cuantos y á la eterna rivalidad del Sr. León y Castillo.

Ahora bien; si á este proyecto no acompaña la decidida voluntad de quienes están obligados á velar por los intereses de este país, fueran vanos cuantos esfuerzos se han hecho, y vanos también los intentos nuestros.

Hay que ir pensando en la subasta, punto el más importante de las obras.

Sírvanos de experiencia los sucesos del pasado para prevenirnos de ellos, y evitar por todos los medios imaginables la acción de contratistas que no se obliguen formalmente á cumplir con escrupulosidad los compromisos que contraigan.

El país debe vivir prevenido, debe dedicar sus influencias á lograr una contrata más benéfica que la que ha tenido á su cargo las obras que hoy se ejecutan.

Sin esto no es posible tener puerto y nuestros enemigos seguirán riéndose de nuestras debilidades.

Fuente: La Opinión, 01-06-1908. Pag. 2

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