La Mellada.

Carretera a San Andrés
Carretera a San Andrés

Muchas de las veces que esta foto ha sido compartida por Internet, surge un nombre, el de la Mellada. La Mellada era la Madame de una casa de citas que había aproximadamente en lo que hoy es la gasolinera que está al lado de la Casa del Mar, Pero, ¿Quién era la Mellada?

Encarnación Macias López, nace a finales del siglo XIX, en 1894 entre octubre y diciembre. El 27 de diciembre de 1907, la detienen a la una de la madrugada, cuando sólo tenía 13 años, junto a Rosa Rodríguez de 17 años y Lucía Toledo de 14, por tenerse conocimiento de que cometen actos inmorales.

Unos años después, en 1913, la detienen por pelearse con Virginia Salazar Hernández, una vieja conocida de la noche santacrucera, conocida como la Caracatre, con la que tendrá numerosos episodios de escándalo público. Ya en esta época, con 19 años, era conocida como la Mellada.

En 1914, se resiste a entrar en el Hotel Cambronero (1), nombre con el que se conocía la prisión provincial, insultando y faltando al honor a los agentes que intentaban encarcelarla, y es obligada a entrar a empujones en la celda. Acude a prisión con un niño pequeño, que pretenden que lo dejen entrar en la celda con ella, y que presenta como su hermano pequeño.

Encarnación es multada numerosas veces por prostitución en la vía pública y escándalo a lo largo de los años. En septiembre de 1918 ingresa en la Casa de Socorro con heridas punzantes y erosiones en las manos, producidas por una reyerta, quizás con la Caracatre. En octubre del mismo año, vuelve a ingresar en la Casa de Socorro, por heridas producida en otra reyerta, tenía 23 años.

Diez años después, con 33 años regenta una casa de citas en la Calle del Rosario. Es juzgada por corrupción de menores, por encontrar menores en su prostíbulo, delito por el que es denunciada y juzgada en 1928, 1932 y 1934, y en todas las ocasiones es declarada inocente.

En 1928 traslada su domicilio de calle del Rosario nº4, a la Rambla de Pulido nº4, aunque su prostíbulo se mantiene en la calle del Rosario.

En septiembre de 1936, recién comenzada la Guerra Civil, dona 6 mantas para enviar al frente. Y en 1937, visita al Gobernador Civil, todavía no sabemos para qué.

Fue después de esta fecha cuando traslada su casa de citas a la localización cercana a la foto de cabecera, y que tantos recuerdos trae a algunas personas.

Se le podía ver dando paseos por la Alameda, donde podemos imaginar que las mujeres “decentes” la evitarían como a la peste, y los hombres “no tan decentes” la mirarían como nunca miraban a sus esposas o novias. Dura vida, triste vida, mala vida la de la Mellada.


  1. Le llamaban irónicamente Hotel Cambronero, porque su director Modesto Cambronero, había introducido mejoras en la prisión provincial que no eran bien vistas por todos. Fue criticado por poner demasiadas comodidades a los presos, como cambiar las camas y poner camas decentes y mantener un nivel de higiene mínimo en la cárcel.

Las quemas de Judas

Quema de judasEran estas fiestas, unas viejas costumbres con visos rituálicos, que se efectuaban en épocas pasadas y por Pascua florida, —de Resurrección—, en el Puerto de la Cruz.

Tales festejos, ya en desusos – de quemar anualmente en efigie grotesca al apóstol traidor. Judas Iscariote—, fueron introducidos en nuestro pueblo natal a mediados del siglo XVIII por los irlandeses católicos establecidos como comerciantes, para exportar aquellos famosos vinos vidueños y de malvasía a Europa y América.

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CUENTO DEL DOMINGO “La Lucharona”

CUENTO DEL DOMINGO “La Lucharona”

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Lucha Canaria

Va de cuento: Muy mujer lo era, y tanto, que se tiene noticias existió.  Como el relato, con el correr del tiempo, formó historieta, la vulgar  narración del suceso le trocó en lo que hoy es.  Suprimiremos el nombre propio de la protagonista para dar a conocer la inaudita proeza que llevó a cabo.

I

–Un terrible marimacho lo era la maga del tiempo de mi mocedad; mujer casada y con hija a la que aun no he conocido. El diantre sin cuernos me confunda, si, en la época de su vivir juvenil, andaría suelto ningún chasnero por estas “Bandas del Sur”, el que, de momento, lidiase con ella.
–¡Fué la diableja una luchadora celebérrima!
–Pero… La forzada mujer, ya hecha polvo está, y, por esto, con lengua expedita podemos platicar, como buenos amigos y también respirar.
¡Los del otro mundo ni oyen, ni siquiera comen a nadie! ¿Qué tal será la
maga que dejó para muestra?

… … … … …

Lo atrás suscrito, lo narrado con trazas de diálogo y pacíficamente, le referían sentados en la era-alta dos viejones secos; cho Luis y cho Pancho, amigos inseparables, buenos luchadores en su tiempo y ante el corro que atentos les escuchaban. Como se trataba de realzar las dotes de una mujer, he aquí que el labriego no pierde jamás detalles que observar.

Atentos estaban todos y la apología, de sabor apocalíptico, había de finalizar para formarse la luchada nocturna y al aire libre.

Y así sucedió. Forzudos mozos habían llegado a agarrar o a pegar en aquél terrero, aun cubierto del tamo fino, aventado y con motivo de las trilladas del granó, desde la primera quincena del mes anterior, o sea, del de la fiesta de San Juan, y allí estaban en espera. Vino la agarrada. El juego había subido a su mayor altura de expansión. Bregábase de lo lindo y tanto, que, uno de los atletas, pronto se quedaba dueño y señor del terrero. El agraciado se gozaba, por haber tumbado, cual viento a paja, más de una docena, y en tres sopladeras; en media hora, aproximadamente, y en lucha franca, quedó este mozo soberano del terruño aronero, pasando a ser ensalzado como lo merecen los invencibles.

Felipillo, este era el gracioso nombre del héroe. Tenía su casucha en el valle de San Lorenzo, y la pata, en esa noche, en la era-alta. Felipillo era el guapetón, tirador de hombres que se había cargado a Florencio “el del Roque”; el decirlo a pensarlo es mucho, pero…Florencio, el caído, venía a platicar con la hija que dejó la marimacho, con la maga, y he aquí que, por casualidad, se encontraban los novios reunidos entre los del corro donde peroraban cho Luis y cho Pancho, con grato placer de los concurrentes.

II

Profundo silencio reinaba en toda la era alta. El del Roque había perdido, desde esa noche, la merecida fama de su alcurnia tan tibiamente.

De pronto, algunas muchachas y viejas divertían el corro con sus chanzas y punzantes sátiras; muchas con puntas dirigidas a cada cual de los espectadores y en tiempo oportuno.  Florencio recibió su buena parte, por lo que estaba escamado, y su
hembra se sentía herida, pudiendo ocultar el estado de indignación, de corrida, de avergonzada, pormenor y detalle de su pundonoroso corazón cuando, sin ser vista, entra en el terrero vestida de luchador, pide lucha, reta a Felipillo, da ágil y soberbia chascona y consigue derribarle dejando pasmados a los congregados en la era-alta.

Resonaron palmas y ajijides y en medio del contento, de la algarabía, la moza quita su disfraz y vuelve a colocarse en el corro, con la mayor naturalidad que le era dable, y sin notar su ausencia por ningún concepto, aprovechando el momento de que la estrella de la noche ocultaba su luz tras de un negruzco pompón de nubes.

¿Y quién será ese mozo fornido y cómo se llamaba? –se preguntaba el “del Roque” y cuantos allí atónitos estaban por saberlo.
El luchador había desaparecido –se decían–. ¿Dónde está el hombre de esta noche? –interrogaban los más–; y mientras se gritaba y se aplaudía, el caído se desliza por el camino y abrazado de Felipillo, también caído, ambos en pos siguieron y sin valvucear frase alguna durante su marcha a…
–¿Quién será? –dice cho Luis.
–¿Quién sería? –pregunta cho Pancho.

III

En la era-alta ya había terminado la luchada. Mozos y mozas, altos o bajos, medianos en edad o viejos rechochos, fueron poco a poco retirándose, cada cual a su choza.

¿Quién sería el mozo que tumbó a Florencio, y el otro, el mejor, el que de una chascona se cargó a Felipillo? Esto y con babitud se interrogan los unos a los otros y sin poder averiguar el enigma en que permaneciera envuelto el misterioso suceso…
Pero… llegó el nuevo día y presentóse Florencio al trabajo más madrugador que de costumbre. Cho Pancho notó que el corrido no estaba en caja; cho Luis, que ni siquiera le miraban Elvira, Josefa y Petrilla…  Cuando de pronto, una mujerona, más alta que un pino y aprovechando que el rancho estuviese reunido, colérica, se presenta y dice:
“Ahí tienen ustedes al cobarde de anoche!!… De nada le han valido sus fuerzas, de nada le sirvieron sus mañas!!…  ¡El que le llaman “el del Roque”, no es mago, ni sabe maguearse…  Magos como éste no merecen que las mujeres le quieran!… Mientras esto sucedía, la maga reprochadora le entregaba a su novio unas enaguas, de revés y derecho, improperándole así:
Como no eres mago, no te quiero y por hoy, puedes vestir con lo que  me ha sobrado desde anoche. Pregúntaselo a Felipe, que es tan cobarde como tú.

Epílogo

La novia de Florencio, La Lucharona, murió soltera en Arico, en Miloo, y conocida por este apelativo, y él, el pobre corrido, en América, víctima de un continuo luchar por la existencia y pensando en su desgracia.

EL BARÓN DE IMOBACH.
Puerto de la Cruz Agosto de 1930.

Guión del Batallón Expedicionario 282 del Puerto de la Cruz. (26 de junio de 1937)

Guión del Batallón Expedicionario 282 del Puerto de la Cruz. (26 de junio de 1937)

Puerto de la Cruz.

OBRA HERÁLDICA

“Hoy tenemos el gusto de dar cuenta a nuestros lectores del “GUIÓN LEGIONARIO” que, bordado en sedas policromadas y en hilos metálicos, ha sido ejecutado por distinguidas señoras y señoritas, pertenecientes al “Taller Patriótico” de esta población, para ser donado al Batallón expedicionario de guarnición en esta plaza, el que en breve marchará al frente de los campos de batalla, obra que, ejecutada bajo la dirección y conforme a la ciencia heráldica y arte del blasón, ha producido nuestro buen amigo e ilustre cronista oficial de las islas Canarias, don Francisco P. Montes de Oca García, hijo predilecto del pueblo de su natalicio y que es el siguiente;

  • Guión del Batallón 282. Dibujo de Ion Urrestarazu.
    Guión del Batallón 282. Dibujo de Ion Urrestarazu.

    Primero. En campo azul y orlado el todo por galón de flecos oro, aquél representando el límpido cielo portuense, iluminado por su sol calenturiento, luce en banda, la enseña de la Patria española, la que abarca el (fondo con gracia diagonal por ambas caras.

  • Segundo (En el ángulo primero del campo azul y surmontado por corona mural, luce el escudo del pueblo, que reposado y señorial, descansa sobre un disco blancoplata, y en el segundo y de idéntico color, un león de oro rampante, sin coronar, pero de brava actitud, que trata de tirar sus zarpas a los enemigos de las gloriosas tradiciones del solar hispano.
Foto del Guión.
Foto del Guión.

Lleva una bandolera-portadora de color azul, ribeteada de vivos rojos y oro, y en su frente y centro, un pequeño disco blanco-plata, donde campea otro león rampante oro, de la propia forma de la pieza descrita en el guión, y como signo distintivo. En ella descansa el asta de madera preciosa y primorosamente labrada, la que remata en puntiaguda flecha, fundida con blanco metal, con contera proporcionada a la que va asido el guión; y sujeto por cordones dobles, del que penden nutridas iberias rojas y  gualdas que le adornan graciosamente.
Por esta obra de arte, y por su originalidad tan adecuada, vaya nuestro aplauso, unido a los parabienes de los hijos de esta población al autor, y especialmente, a las señoras y señoritas del Taller Patriótico, que han sabido interpretar felizmente la producción descriptiva, lo propio que al Comandante de la fuerza señor Espejo, quien, según versiones, trata dé celebrar con gran solemnidad la entrega del mencionado guión en un acto público, con Misa de Campaña en la plaza de la Constitución, y al que asistirán todos los organismos militares y civiles galantemente por él invitados y con tiempo oportuno y hora adecuada. 
La señora que actuará de madrina, no hemos podido aún saber su nombre, pero ya lo daremos a conocer tan pronto se confeccione el programa de dicho festival.” (La Gaceta de Tenerife 26 de junio de 937, pág. 3)

 

Unos días después, el 11 de julio de 1937, aprovechando las fiestas del Gran Poder, se realiza la entrega de la Bandera en la plaza de la Constitución, (plaza del Charco) con misa de campaña, siendo la madrina doña Adela Topham de Miranda, y entregando el Guión mientras pronuncia este discurso:

Palco de autoridades.
Palco de autoridades.

“Señor Comandante Jefe del Batallón expedicionario de este Puerto: Ante el Santo y Bendito Madero de la Cruz, símbolo de redención y de justicia, sublime enseña que enarbolan los esforzados guerreros de la gran epopeya que hoy vive nuestra Patria, a quien humildemente reverencio, yo, la más inmerecida de sus hijas, hago entrega, poniendo en vuestras manos la presente ofrenda, laborada con patriotismo y entusiasmo enaltecedores, para que, bajo sus dolores gloriosos, Dios lleve a usted y a vuestros soldados a la victoria rotunda que ha de liberar a nuestra amada Patria del opresor yugo de las hordas que la estragan, salvando para la posteridad nacional y la civilización del Mundo nuestra Religión de caridad y amor y todas las encauzadoras tradiciones de nuestra España inmortal. Y ya que me cabe la honra de ser Madrina de este Batallón, designación inmerecida, pero que de corazón no rechazo, para todos y cada uno de sus componentes vaya mi fervoroso rezo y ante el símbolo eterno de la Cruz, gritad conmigo: ¡Viva Cristo Rey. Viva España. Arriba España. Viva nuestro Caudillo el invicto general Franco!”  (La Gaceta de Tenerife 13 de julio de 1937, pág. 2)

Tropas en parada.
Tropas en parada.

Continua la crónica:

“Enseguida tuvo lugar el desfile de las fuerzas ante las autoridades. Desfile marcialísimo, de fuerzas aguerridas y preparadas para la lucha .como se revela en el continente y en el gesto. El espíritu militar que se les ha infundido se hace visible, mereciendo los mayores elogios y cosechando los más fervorosos aplausos.

A renglón seguido, el comandante señor Espejo obsequia a las autoridades y asistentes con un bien servido refresco en el Hotel Marquesa.

Solemne misa de Campaña.
Solemne misa de Campaña.

A la vez ha comenzado en la parroquia la Misa solemne, con orquesta, ante la imagen del Poder de Dios. Un conocido orador pondrá por la tarde el colofón cantando las excelencias de este Poder de Dios que se manifiesta en da creación y conservación del mundo, .en las relaciones con el hombre en la profecía, en el milagro, en el Evangelio,
en la Iglesia, en las grandes crisis de los pueblos, en la historia y en la actualidad de la Patria española. Pero antes, ha tenido lugar la grandiosa procesión que ha paseado la sacrosanta imagen por las calles más céntricas, por en medio de un pueblo enfervorecido, al compás de las marchas solemnes.

Un día, pues, completo. Así se lo manifestamos cuando nos despedimos, al señor conde de Sietefuentes, que patrocina todos los años esta fiesta. Y también al comandante señor Espejo, que con todo acierto, ha contribuido este año a darle el mayor realce y la nota del recuerdo imperecedero.”

Don Francisco Pedro Montes de Oca y García (1877-1964)

Don Francisco Pedro Montes de Oca y García (1877-1964)

CRONISTA OFICIAL DEL PUERTO DE LA CRUZ Y DE LA REGIÓN CANARIA [1]

Prueba documentalEl autor que se esconde tras el pseudónimo de “El Barón de Imobach”[2], según Poggio y Regueira se trata de Francisco P. Montes de Oca García, quien utilizó con frecuencia esa firma en la Gaceta de Tenerife, al menos entre 1922 y 1930, periódico en el que el propio Montes de Oca rubricaba asiduamente con su verdadero nombre otras muchas aportaciones. Las firmadas con pseudónimo versaban a menudo sobre asuntos históricos, tradiciones populares de Canarias y América y temas relacionados con el Puerto de la Cruz, en cuyo ayuntamiento ejercía el periodista como archivero, bibliotecario y cronista oficial.

 

Francisco P. Montes de Oca García
Francisco P. Montes de Oca García

Don Francisco Pedro Montes de Oca y García nació en el Puerto de la Cruz el 31 de mayo de 1877, siendo hijo de don Gregorio Montes de Oca y Suárez, natural de Las Palmas de Gran Canaria, y doña Dominga García Chávez, que lo era el Puerto de la Cruz, donde habían contraído matrimonio. Cursó los primeros estudios en la escuela de don Benjamín J. Miranda.

Obtuvo la plaza de archivero y bibliotecario municipal de su ciudad natal, que ocupó durante muchísimos años, salvo un breve paréntesis en que estuvo suspendido por el alcalde Melchor Luz y Lima, hasta su reposición en 1912.

En 1910, tomó a su cargo la tarea de emprender el arreglo del archivo, ordenando minuciosamente los deteriorados documentos.

En 1921 relacionó un total de 1.184 legajos, junto con una biblioteca anexa compuesta de  3.599 volúmenes. Pero el incendio acaecido en febrero de 1924 (en la noche del sábado de Carnaval), que destruyó el antiguo exconvento de monjas catalinas (en la plaza de la Iglesia), en el que se hallaban instalados el Ayuntamiento, el archivo, el depósito de detenidos, el Juzgado Municipal, la central telefónica, las escuelas y otras dependencias municipales, mermó una gran parte del archivo, a pesar de que el archivero y otras personas lograron salvar, arriesgando su vida, muchos documentos y libros almacenados en el archivo municipal y en la secretaría.

Dado su amor al estudio, de forma autodidacta se fue dedicando desde su adolescencia a la investigación histórica en archivos y bibliotecas, llegando a ser un autor infatigable. Una de sus grandes pasiones fue la genealogía, aunque también destacó como pendolista y dibujante genealógico. Además, cursó estudios de Paleografía.

El 8 de enero de 1919 fue nombrado Cronista Oficial del Puerto de la Cruz; desempeñó dicho cargo durante casi 45 años, hasta su muerte. Amante de las cosas viejas de su pueblo, recopiló las historias de los viejos conventos, de las capellanías, de los personajes célebres de su cuna nativa,…

 

Francisco P. Montes de Oca y García, paseando por el paseo de Las Palmeras
Francisco P. Montes de Oca y García, paseando por el paseo de Las Palmeras

Hombre de amena conversación, salpicada de ironías, fue un archivo viviente de fechas, sucesos, anécdotas y genealogías portuenses; poseía una memoria prodigiosa, llegando a recitar capítulos enteros de Viera y Espinosa. Juan del Castillo lo evocaba paseando por Martiánez “con sombrero de ala ancha, todo vestido de negro”.

Entre sus anécdotas, se cuenta que en un ventucho de San Juan de la Rambla se encontró varios documentos, en los que la ventera envolvía las sardinas salpresas, que al parecer habían caído de un carro de Garachico. Como curiosidad, daba paseos diarios por el Taoro y Martiánez, sus lugares predilectos. En el verano de 1964 fue homenajeado en el Hotel Marquesa.

Simultáneamente, el 6 de febrero de 1924 fue nombrado Cronista Oficial de la Región Canaria, por unanimidad de la desaparecida Diputación Provincial de Canarias y a propuesta del diputado Adolfo Febles Mora: “considerando necesario que esta Región canaria, a imitación de las del resto de España, tenga una persona que reúna las condiciones propias para desempeñar el cargo de cronista oficial de la misma, y que lleve casi a diario en su «Libro Crónica» anotados los acontecimientos que se realicen en este archipiélago, bien y fielmente narrados, los cuales en época no lejana servirán como punto de apoyo a aquellos que escribiesen sus anales o historia moderna”; y considerando que nuestro biografiado era el adecuado para “desempeñar tan difícil como molesto encargo” lo proponía para el mismo, “por de pronto, sin honorarios ni sueldo alguno, solo con derecho al uso, sobre su traje oficial y como distintivo de su alta misión, la característica banda de los colores de la enseña nacional, y en su centro, bordado, el escudo de las Armas del archipiélago canario, autorizándole, además, para poder librar certificaciones de cuantos asuntos históricos se le pidan y dándole los honores que le correspondan, dentro de la esfera de sus funciones”.

Como era de esperar, al final de la historia de dicha institución y en pleno auge del pleito provincial, su nombramiento regional despertó fuertes adhesiones en la prensa tinerfeña y duras críticas en la de Gran Canaria. El Sr. Montes de Oca actuó como Cronista regional durante 40 años, hasta su muerte, habiendo sido la única persona en la historia de estas islas que ha recibido dicho título.

Como curiosidad, en 1942 solicitó al Cabildo Insular que para el próximo presupuesto de 1943 se fijase con carácter permanente una partida en el mismo, por lo menos de 3.500 ptas anuales, de la que al entrar en vigencia de ella, se le vayan librando mensualmente y en líquido, la parte que puedan satisfacer para sufragar “gastos de viajes a distintos pueblos del Archipiélago, estancias en los mismos, excursiones, etc., y si fuese posible, trasladarse a los Archivos de Indias (Sevilla) y Simancas (Valladolid) por lo menos una vez al año para aportar material con que en su día pueda ampliar la historia de las Islas Canarias”.

Francisco P. Montes de Oca y García
Francisco P. Montes de Oca y García

Además, colaboró con asiduidad en la prensa, sobre todo en Gaceta de Tenerife, donde publicó numerosos trabajos, como el titulado “Importante documento inédito. Espantosa inundación en la Gomera” (1924), que recogía noticias de las desgracias acaecidas en la villa de San Sebastián de la Gomera, en diciembre del año 1807. Como se ha indicado, en dicho periódico publicó también numerosos cuentos, así como trabajos históricos y etnográficos, con el pseudónimo “El Barón de Imobach”. En la Revista de Historia Canaria publicó el artículo titulado “Los genealogistas canarios, mi prosapia y su origen” (1924).

En 1930 fue director artístico y literario del periódico de difusión gratuita La Propaganda Industrial y Comercial, sostenido por la publicidad, que comenzó a editarse en ese mismo año en el Puerto de la Cruz, pero a los pocos meses cesó en dicho cargo a petición propia.

Fue académico correspondiente de las Reales Academias Españolas de la Historia (diciembre de 1922) y de Bellas Artes de San Fernando (agosto de 1923); de las Nacionales de la Historia de Venezuela (septiembre de 1922) y Colombia; miembro del Instituto de Confraternidad Hispano Americana (febrero de 1930); e individuo de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife.

Al margen de su labor histórica, sintió pasión por la Música y la Pintura. Actuó como tenor y organista en las solemnidades de la parroquia de Ntra. Sra. de la Peña de Francia. Ostentó el cargo de presidente de la Liga Regionalista del Puerto de la Cruz, en 1909, y de la Sociedad instructiva “La Lectura” de la misma ciudad, en 1918. Fue oficial comisario interino y jefe de las tropas de la Asamblea Local de la Cruz Roja del Puerto de la Cruz; y en 1925, la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española le concedió la Placa de 2ª clase, creada para premiar méritos y servicios especiales. El 18 de abril de 1940 renunció al cargo de vocal de la junta de gobierno de dicha Asamblea Local, por habérsele recrudecido en la piel la enfermedad que de viejo venía padeciendo; y el 26 del mismo mes presentó su renuncia irrevocable como inspector de la ambulancia de la misma, al considerarse, por edad y padecimientos, inútil par seguir desempeñando el cargo.

Al respecto, Juan del Castillo decía: “los portuenses lo recuerdan al frente de las tropas de la Asamblea local de la Cruz Roja con su vistoso uniforme de coronel, en el que difícilmente cabía su figura quijotesca y original, enhiesta y hasta retadora”[3].

Como curiosidad, en su domicilio tenía en lugar preferente los retratos de ilustres escritores (Cervantes, Viera y Clavijo, Tomás de Iriarte,…) así como el de su viejo padre, en cuadro confeccionado por su paisana Lía Tavío. También conservaba epístolas laudatorias del P. Fita, de Bethencourt y de distinguidas personalidades nacionales y extranjeras, en las que se le reconocían los méritos que sus compatriotas le negaron. El escritor Sebastián Padrón Acosta escribió de él en 1921: “En un pueblo ribereño –Puerto de la Cruz– vive retirado como, hidalgo de fenecidas castas un enamorado de las cosas pasadas, de tradiciones y leyendas, de relatos y genealogías, de Heráldicas y pergaminos. Cansado de modernos malandrines, de rastrerias y pasionsillas, retirase en sus ratos de ocio a su querido rincón en busca de sus viejos papeles, únicos amigos fieles de su vivir. / Y cuando el dolor y la realidad amarga de la vida vienen a inquietar su espíritu, en lo pasado busca el lenitivo de sus angustias”[4]

María Candelaria Padrón Pérez
María Candelaria Padrón Pérez

El 23 de octubre de 1899, a los 22 años de edad, contrajo matrimonio en la parroquia de Ntra. Sra. de la Peña de Francia del Puerto de la Cruz con doña María Candelaria Padrón Pérez, nacida en dicha ciudad el 5 de mayo de 1876, con quien procreó 10 hijos. De éstos, conocemos a don Francisco Pedro, doña Arcadia Elena y doña María Josefina, así como a los últimos que sobrevivieron: doña Angélica, don José, residente en Santander, y don Pedro Montes de Oca Padrón, que fue durante muchos años funcionario de la Recaudación de Hacienda de la Zona de La Orotava.

El funcionario y cronista don Francisco Pedro Montes de Oca García falleció en el Puerto de la Cruz el 15 de noviembre de 1964, a los 87 años de edad. El 29 de ese mismo mes, el cronista don Benjamín Afonso Padrón le dedicó en El Día un artículo necrológico de sincera admiración. Asimismo, al hacer su necrológica, la Revista de Historia Canaria destacaba que Montesdeoca “representaba auténticamente la manera de hacer la historia como arte y artesanía, dominante un tiempo”.

Es justo destacar que el Puerto de la Cruz fue cuna de varios escritores de prestigio contemporáneos de Montes de Oca, entre los que destacaron: Luis Rodríguez Figueroa (1875-1936), abogado, escritor y poeta; Agustín Espinosa García (1897-1937), prosista y poeta, uno de los más fecundos ingenios de la literatura canaria de la época surrealista; y Sebastián Padrón Acosta (1900-1953), sacerdote, ensayista, crítico, poeta, biógrafo, investigador de la historia y de la literatura.

 

Octavio RODRÍGUEZ DELGADO – 28 de octubre de 2013

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

LIBROS

CASTILLO, J. del, 1986. El Puerto de la Cruz entre la nostalgia y la ilusión. Santa Cruz de Tenerife. 149 pp.

IZQUIERDO, E., 2005. Periodistas canarios. Siglos XVIII al XX. Propuesta para un diccionario biográfico y de seudónimos. Tomo III. Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, Gobierno de Canarias. 507 pp.

POGGIO CAPOTE, M., & L. REGUEIRA BENÍTEZ, 2009. La isla perdida. Memorias de San Borondón desde La Palma. Cartas Diferentes Ediciones.

RIVERO, E., 2007. Crónicas de la Lucha Canaria. Historias del tiempo viejo. Parlamento de Canarias, Centro de la Cultura Popular Canaria. 155 pp.

PUBLICACIONES PERIÓDICAS

Amanecer, Boletín Oficial de Canarias, Diario de Las Palmas, Diario de Avisos, Diario de Tenerife, El Día, El País, El Progreso, Falange, El Progreso, Gaceta de Tenerife, Heraldo de Orotava, Hespérides, Hoy, La Mañana, La Opinión (de Tenerife), La Prensa, La Propaganda Industrial y Comercial, La Provincia, Revista de Historia Canaria.

[Buscador “Jable” de Universidad de Las Palmas de Gran Canaria].

[Buscador “Prensa histórica” de la Universidad de La Laguna].

 

BLOGS

ÁLVAREZ ABREU, B.J. “Charla del periodista Alberto Pérez Borges con un portuense

ilustrado”. Efemérides, martes, 24 de enero de 2012.

[http://efemeridestenerife.blogspot.com.es/2012/01/charla-del-periodista-albertoperez.html]

 


[1]  La reseña biográfica de don Francisco Pedro Montes de Oca y García ha sido elaborada con la colaboración de Febe Fariña Pestano, Cronista Oficial de Arafo.

[2] Manuel POGGIO CAPOTE & Luis REGUEIRA BENÍTEZ (2009). La isla perdida. Memorias de San Borondón desde La Palma.

[3] Juan del CASTILLO (1986). El Puerto de la Cruz entre la nostalgia y la ilusión. Pág. 100.

[4] Sebastián PADRÓN ACOSTA. “El Cronista del Puerto de la Cruz. Montes de Oca García”. Gaceta deTenerife, martes 8 de noviembre de 1921, pág. 1.

 


Camacho

Camacho

Hotel Camacho - álbum de Paco Yanes
Hotel Camacho en Santa Cruz – álbum de Paco Yanes

Dejemos atrás la Alameda con sus tamarindos, y sigamos hacia arriba por la calle de San José . En el edificio donde hoy se halla instalado el Centro de Telégrafos se estableció antes el “Hotel Camacho”. Su simpático dueño era mi buen amigo y compadre (él llamaba compadre a todo el mundo) don Luis Camacho, a quien todos recordamos con simpatía.

Don Luis, de nacionalidad portuguesa, era un barbián de cuerpo entero, y un entusiasta de nuestro país, que consideraba como el suyo propio. De ahí aquella frase suya, cuando sufría alguna decepción o ingratitud, que no fueron pocas: “Yo, que hasta les he enseñado a comer pescado con cubierto”…

Efectivamente — en eso no habla duda—en ningún hotel anterior al de Camacho se conocía en aquella época el cubierto para trinchar el pescado. La costumbre cundió, y hoy hasta el más modesto tinerfeño es un refinado “gourmet”.

Nuestro amigo no pudo hablar con corrección el español, ni esto le preocupó gran cosa; la mala pronunciación, unida a algunas palabras portuguesas que por su similitud unía a las españolas, daban por resultado un potaje hispano-lusitano, que no tenía desperdicio.

Recuerdo que unos amigos que guardaban a don Luis un verdadero afecto, fueron al Hotel Tacoronte, recien inaugurado al público, e idearon hacerle algo que le fuera agradable. La ocurrencia consistía en unas letras de cartón , como de unos quince centímetros , que, colocadas en orden, dijeran: “Hotel Camacho”. Estas letras se las trabaron en la parte posterior del pantalón , cubiertas con la americana.

Con la anterioridad consiguiente se habían llevado a cabo los ejercicios o ensayos para el momento de la llegada a Tacoronte. Debo hacer constar que se hicieron varias pruebas en la serventía contigua al Café de Bernardo Perera, seguidas de un buen consumo de patatas fricas y cerveza, hasta el punto de que, cuando se terminaron los ensayos, el bueno de Bernardo decía con sorna: “Debieran inventar otra bromita por el estilo.”

Hotel Camacho en Tacoronte
Hotel Camacho en Tacoronte

El amigo que mandaba la “fuerza” era el simpático Pepe Martín Neda, con unas voces de mando que dejaban atrás al gran Napoleón. Las voces eran las siguientes:

  • Primera voz.—¡Alinear! Obedeciendo a esta orden, todos los números, mejor dicho, las letras, se ponían ordenadamente en fila.
  • Segunda voz.—¡Guardar distancias, mar! A ésta voz se corrían hacia la izquierda hasta ponerse cada letra o persona en su sitio correspondiente.
  • Tercera voz.—¡Suban saco, mar!—, A esta voz se subían a un tiempo todas las americanas, hasta la cintura.
  • Cuarta y última.—¡Viento en popa! Casi que no necesita explicación esta voz, pero consistía en doblar el cuerpo hacia delante por la cintura y presentar el posterior como para recibir, algún azote.

Estos militares “de Caracas” se colocaron previamente en la orilla de la carretera, dando espaldas al hotel. Después del consiguiente último ensayo, se trajo al bueno de don Luis a una de las ventanas y quedó sorprendido al ver aquellos veteranos y apuestos soldados.

Ejecutadas con toda precisión las cuatro voces de mando, el simpático don Luis no cesaba de aplaudir, e hizo repetir la suerte distintas veces, llamando a todas las personas que se hallaban en el hotel, que no eran pocas, para que presenciaran la broma que le dedicaban sus amigos.

Aquel día fué para don Luis uno de los más memorables de su vida.

Marcos Pérez, seudónimo de D. Blas Gonzáles, publicado en la Prensa 13-03-1932

 

Casa Amarilla – Puerto de la Cruz

Casa Amarilla – Puerto de la Cruz

La Casa Amarilla es una antigua casa de campo de dos pisos situada en el término municipal de Puerto de la Cruz, isla de Tenerife (Canarias, España). Se considera a este edificio la sede del primer centro de estudios primatológicos de la historia, al haber acogido entre los años 1913 y 1918 la Estación de Antropoides de Tenerife, promovida por la Academia Prusiana de Ciencias de Berlín y dirigida principalmente por el célebre psicólogo alemán Wolfgang Köhler (1887-1967).

En esta casa se redactarían además la serie de informes que compondrían el texto de Wolfgang Köhler, “The Mentality of Apes” (La Inteligencia de los Chimpancés), de gran influencia en la psicología, la primatología y la etología del siglo XX.

Desde el año 2005, ostenta la condición de Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio Histórico por Decreto del Gobierno de Canarias. En la actualidad este edificio se encuentra en grave peligro de desaparición.

 

Oye Bubú

Oye Bubú

Totti
Los guardias posan con “orgullo” con el pobre Bubú

Aunque parezca de ficción es real. A principios del S. XX, en Canarias existía un circo ambulante que viajaba por las islas entreteniendo aq las gentes que cada vez mas iban acercándose del campo y laciudad a ver los personajes y animales que ofrecían. Este circo era el famoso “Circo Totti”, nombre de su director y payaso principal (hoy en día en Canarias para llamar payaso a alguien se le dice “Totti”).

De entre los muchos espectáculos que ofrecían, quizás el de el domador “Mr. Sabbas” y su león “Bubú” fuese el mas recordado. Ver aquél animal sometido al hombre era algo que fascinaba. ¿Cómo lo hacían? simplemente era “amistad”, Mr. Sabbas lo había comprado de cachorro a un circo yugoslavo y juntos habían pasado muchísimos años de pueblo en pueblo, Bubú tenía un cuidador, alguien que jugaba con él, que lo atendía y le daba de comer… Sabbas tenía en él el sustento de su vida y un amigo que le mostraba cariño… tras tantos años juntos en una vida ambulante, Sabbas y Bubú solo se tenían a sí mismos, él uno era la mitad del otro.

La historia empieza cuando en 1935 el circo se dirige a La Palma, a realizar una gira por los pueblos. En el trayecto el domador ve que el león lleva un tiempo cabizbajo, taciturno… triste. Sabbas no sabe que le pasa a Bubú, ¿quizás esté ya viejo y cansado tras tantos años de trabajo? o ¿Simplemente ya se aburrió del cautiverio y desea saborear la libertad?… la respuesta eran ambas preguntas.

En la primera función la ciudad entera se desplazó a ver a aquél león “fiero” del que todos hablaban, pero entre bambalinas el domador vió que el león estaba raro, casi no le escuchaba, estaba viejo… cuando llegó su turno “Bubú, el león” empezó a girar y saltó la valla hacia las gradas desobedeciendo al domador. La gente salió corriendo espantada ante “la fiera”, que débil y cansada estaba mas asustada que ellos… esta también huyo corriendo y se perdió por la ciudad. La gente corría y corría asustada al ver a aquél león deambulando por las calles de Santa Cruz de La Palma… finalmente se perdió.

Mr. Sabbas, estaba asustado su único amigo, su compañero de historias se había perdido… corrió a avisar a las autoridades, y estas ya estaban enteradas. Fue junto con ellas a capturarlo. Los “guardias de asalto” y el domador encontraron al león durmiendo en un descampado a las afueras de la ciudad, cuando lo vio el domador, corrió saliendo feliz hacia él, al fín volvían a estar juntos… entonces los guardias de asalto cansados de inacción o por simple barbaridad empezaron a montar fusiles y apuntaron al inofensivo animal que allí estaba echado indiferente a ellos. Sabbas se asustó, les dijo que ya estaba todo controlado, que él lo llevaría, pero los policías ante la opción de un buen trofeo hicieron caso omiso y abrieron fuego contra el pobre animal que cayó muerto al instante.

Mr. Sabbas se quedó solo en el Mundo, sin su fiel amigo que le daba cariño en esa vida errante… perdió su mitad. Y según cuenta la historia esa misma noche lloró y lloró hasta que murió de pena. Dos días mas tarde el pueblo los enterró juntos en La Palma, y allí siguen estando los dos por siempre y si dudan de ello pueden ir a ver su tumba. Esta historia muchas veces se ha contado como prefacio de La Guerra Civil Española.

Fuente: Cochino Negro

Nota del administrador: Según la hija de Sabas, Lola Djordjevic, el nombre real del león era sultán. En una entrevista que le hicieron, afirma que su padre no murió de pena en su camerino, ni de un agónico zarpazo de Sultán. Lola Djordjevic reconoció entre lágrimas, que Míster Sabas había caído “como un valiente”, alcanzado por una bala perdida, que le atravesó el abdomen, mientras trataba de evitar que disparasen sobre su león, un imponente ejemplar, amaestrado y dócil, que había adquirido en el zoológico de Belgrado unos años antes.

En una época en la que la policía, y más en las islas pequeñas, era la ley, no pudo quedar otra que la verdad oficial.

Fernanda Siliuto.(20/04/1834 – 23/04/1859)

Por Alejandro Carracedo Hernández.

Dedicado a Melecio por indicarme el camino.

No hay en este mundo sosiego para el dolor que me embarga. Tu ausencia, ya prolongada, ha alimentado el mal, el aliento ya no me llega ni para suspirar.

“¿No son libres las aves…? Por qué el hombre
no ha de serlo también?”

Cada tarde, en este balcón al Infierno vivo el martirio de no tenerte a mi lado. Encerrada en vida, si es que esto es vida, esperando tu regreso, soñando con tu  sonrisa. ¿Volverás?

“Ley inhumana
que ni aún respeta la cabeza cana
del que se acerca al fin de su vivir;”

Esta tos, que me ladra en la cabeza y mancha de atardecer mis pañuelos, ya no me da cuartel, ni descanso. Me siento débil, todo me pesa, hasta la pluma se rebela contra mí negándose a deslizar sobre el papel. La hermana me ha traído un chocolate caliente que no ha conseguido ni templar mi cuerpo.

“Ley que los mismos hombres han creado
para satisfacer su necio orgullo”

He de dejarte mi amor, volveremos a encontrarnos, yo te esperaré como cada tarde en este Infierno de balcón…

“degradante invención; siglo afamado
¿por qué la esclavitud no has de omitir?”

Para Fernanda Siliuto, nunca amaneció. Su entierro fue de noche, a oscuras, al igual que su vida desde que su primo marchó a hacer las Américas, con la promesa de volver con el dinero necesario para casarse. De su tumba, sólo se sabe que está en el cementerio entrando a la derecha. Incluso se habla de que no fue enterrada en sagrado, por lo extraño de su muerte. En su mesilla de noche, un poema, Esclavitud, como buena romántica no entendía más esclavitud, que la del amor.

 

Vista desde el balcón hacia el Infierno.
Vista desde el balcón hacia el Infierno.

 

Esclavitud

¿No son libres las aves…? Por qué el hombre
no ha de serlo también? Ley inhumana
que ni aun respeta la cabeza cana
del acerca al fin de su vivir;
Ley que los mismos hombres han creado
para satisfacer su necio orgullo
degradante invención;  siglo afamado
porque la esclavitud no has de omitir?

El opresor a su vasallo dice:
“Trabaja sin cesar de noche y día
si osas no obedecer a la voz mía
que te maten diré sin compasión;
Yo como dueño, mandaré a mi antojo
tú como esclavo servirás callando,
y perdido serás si algún enojo
mostrares del que abriga corazón”.

y el triste negro trabajando calla
encerrando su odio cauteloso
que en su pecho infeliz, con furia estalla
y le impulsa con rabia a maldecir.
Y cuando se detiene fatigado
para toma: respiración sediento,
temblando de furor siente sangriento
el afrendoso látigo crujir.

Oprobiosa ignominia..,! ¿No es tu hermano
el que haces padecer y a quién humillas?
¿Crees así elevarte soberano
robándole su fuerza y voluntad?
Un puñado de oro fe hace dueño
de un semejante a ti que cual te encierra
un corazón…  ¿por qué en perpetua guerra
le haces vivir muriendo sin piedad?

No son libres las aves… ¿por qué el negro
no ha de serlo también…? Ley inhumana
que no respeta la cabeza anciana
ni la de aquel que empieza sin vivir;

Ley que los hombres viles han creado
dando al olvido lo que Dios dispuso,
olvido criminal… siglo afamado
por qué la esclavitud no has de omitir?

¿Pero que digo yo, aún los que tienen
blanco y terso el color, blando el cabello
opresos gimen doblegando el cuello
cual si de ébano fuese su color?

¿Qué digo yo, si el que consigue alzarse
pisa la pura frente de su hermano
y en su trono infamante al asentarse
hace que le proclame su señor?

Que mucho entonces ¡ay! que el Africano
el Indio y otros mil esclavos gimen
y que tengan por dueño algún tirano
que les baga cumplir su voluntad.

Cuando los que jamás esclavos fueron
hoy como nunca sufren abatidos,
cuantos viven ¡oh Dios! envilecidos
sirviéndoles de escudo su maldad.

Fernanda Siliuto (1859)

 

A una nube

¡Nube errante, nube errante
que al cruzar en raudo vuelo
tiendes tu velo flotante
sobre el claro azul del cielo!

¡Fueran cual tú las sombrías
nubes que eternas se mecen
en el cielo de mis días
y que mi senda oscurecen!

¡Del sol las rubias quedejas
sólo ocultas un instante,
y para siempre te alejas,
nube errante, nube errante!

Mientras cual fúnebre manto,
cual señal de eterno duelo,
las contemplo con espanto,
siempre flotando en mi cielo.

Cielo en que triste fulgura,
cual sol de la vida mía
la estrella de desenvultura
que llaman Melancolía.

¡Y si levísimos rastros
dejas, ¡oh, nube!, al pasar
y como antes los astros
de nuevo se ven brillar!

Y ¡ay! en mi cielo se placen
esas nubes tristemente…
¡O si se alejan lo hacen
tan lenta, tan lentamente!

Y en el pobre pecho mío,
que suspira por amor
dejan un velo sombrío,
sombrío como el dolor.

Dejan en mí un desaliento
y una congoja, un afán…
que ignoro si es más tormento,
si vienen o si se va.

Por eso, al ver que los cielos
recorres, digo anhelante:
“Fueran como tú mis duelos,
nube errante, nube errante”

Fernanda Siliuto Briganty

 

El Maestro D. Benjamín Jimenez Miranda (Semblanza)

Desde su primera edad demostró don Benjamín J. Miranda excepcionales aptitudes para los estudios, que estuvieron a cargo del venerable Párroco don Manuel Ildefonso Esquivel, de grata recordación para los habitantes de este nuestro pueblo natal. Ya un mozalbete, quiso ampliar aquellos primeros estudios, y, a tal efecto, solicitó se le diera clase gratuita en la Escuela que, en 1846, regentaba don Francisco Pérez o el maestro Frasquito, como vulgarmente se le decía en aquella época.

Elevó instancia a la Junta Municipal de instrucción pública y ésta denegó su petición fundándose en que no era pobre, pues disfrutaba una modesta mensualidad que apenas satisfacía las necesidades de su manutención;  por lo que, el hoy anciano don Benjamín J. Miranda, en quién ya bullía la idea de dedicarse a la carrera del Magisterio, subió los primeros jalones de la empinada cuesta del calvario de su profesión. Leer más