CHAM-BOM-BIÁ: el médico chino

 

Dentro del capítulo folklórico de los refranes, dichos, consejas o decires de Canarias, encontramos un buen número de ellos referentes a muy diversas cuestiones que podemos encuadrar dentro de las costumbres populares de nuestro pueblo.

Los canarios somos muy dados a tener refranes para todo o para casi todo, utilizados más especialmente en el ámbito campesino o rural donde vulgarmente se utilizan con frecuencia ya sean relacionados con el tiempo, con las cosechas o faenas agrícolas, con la religión, con el matrimonio, con el amor, y, sin duda alguna, con las enfermedades o con la salud.

Es raro que en este medio rural no encontremos a numerosas personas conocedoras de un sinfín de refranes con sus indicaciones precisas, que aplican para un sinnúmero de ocasiones y circunstancias diversas y que, afortunadamente, mantienen en vigencia un verdadero archivo, un arsenal de datos folklóricos.

En numerosas ocasiones estos decires son producto de la superstición o de la leyenda que de forma empírica se han ido formando en el substrato cultural que identifica a lo popular, al pueblo. Otras veces los refranes son consecuencias de hechos verdaderos, históricos, y que con el transcurso del tiempo han ido anidando entre nosotros, pasando a formar parte de lo cotidiano.

En ciertos casos son frases nacidas en nuestro propio territorio pero en otros han llegado de fuera, fruto casi siempre del hecho de la colonización o de la emigración, tanto de ida como de regreso.

En el caso que ahora nos ocupa se trata específicamente de un refrán, que al igual que palabras, vocablos o modismos lingüísticos incluidos en nuestra común forma de hablar, hemos asimilado o recibido de América y más concretamente de la isla de Cuba. Podemos recordar a manera de ejemplo, que una de las palabras más utilizada por los canarios todos los días es el vocablo “guagua” para identificar a un autobús y que sin duda se trata de un cubanismo.

Y para entrar de lleno en el refrán al que quiero referirme, y que  se trata de un cubanismo importado por nosotros en el proceso de la emigración, habiendo tomado carta de naturaleza propia en Canarias, se trata de aquel que dice…”Esto no lo arregla, o no lo  cura, ni el médico chino”.

 

                El médico chino.- La referencia a éste famoso personaje se debe a José Pérez Vidal quien realizó una breve reseña sobre su figura en El Museo Canario de 1936, y que intentaré resumir o condensar, ya que me parece muy interesante dar a conocer el hecho histórico que engendra el popular dicho o refrán canario antes mencionado.

Como bien dice Pérez Vidal, en la península existe la variante de expresar, y también aquí, cuando un enfermo no parece tener salvación por un mal que le afecta, a manera de diagnóstico fatalista y sin esperanza alguna diciendo…”A éste no lo salva ni Dios”. Incluso se escucha con alguna frecuencia decir en referencia al cualquier otra mala circunstancia…”Esto no lo arregla ni Dios”. Pues bien; en Canarias la figura de Dios es cambiada casi siempre por la del médico chino en las expresiones citadas.

¿Y quien fue entonces el médico chino?  Comenta Pérez Vidal que a él le llegó el dato de un folklorista cubano llamado Herminio Portell Vilá, quién publicó en Archivos del folklore cubano, volumen III, un artículo donde daba a conocer la figura de nuestro famoso personaje, que tenía por nombre Cham-Bom-Biá.

Siguiendo al propio Portell Vilá sabemos quien fue y de donde derivó la tremenda popularidad que le hizo famoso, hasta el punto de ser conocido no solo en tierras cubanas sino incluso entre los canarios.

Llegó a Cuba Cham-Bom-Biá no sabemos si procedente del Imperio Chino en el año 1858 y residió en la misma capital, en La Habana, donde tuvo su consultorio y desde donde realizó sus maravillosas curas a todas las numerosas personas que a él acudían procedentes de todas las esferas sociales de la isla, llenas de fe en los resultados que entre su clientela había obrado y a las que trataba con su pócimas secretas, que obraban verdaderos prodigios, no solo en los pacientes leves sino en aquellos que habían sido desahuciados por causa de sus males y padeceres.

Pero no solo se estableció en La Habana, sino que incluso tuvo su consulta en la localidad de Matanzas, donde vivió y realizó numerosas y sorprendentes curaciones.

Existe una confirmación de éste dato ya que un autor llamado Antonio Chuffat Latour, que escribió un libro titulado “Apunte histórico de los chinos en Cuba” ,conoció personalmente a nuestro personaje, afirmando que residió en la antigua ciudad que fundaron precisamente los canarios, Matanzas, hasta el año de 1871 y habitando en la calle Mercaderes y en el número 11, esquina a San Diego, donde con anterioridad había existido un teatro chino, próxima a la residencia de la familia Escoto, datos ofrecidos al propio Portell.

 

                Su figura y personalidad.- Tenemos además una descripción física de Cham-Bom-Biá, ofrecida por nuestro comunicante, de la que destaca ser de elevada estatura, de ojillos vivos y penetrantes, algo oblicuos; usaba largos bigotes a la usanza tártara, con larga perilla rala pendiente del mentón, y solía utilizar amplios y solemnes ademanes, subrayando su lenguaje figurado y ampuloso, vistiendo a la manera occidental, que en aquella época, y por imperativos de la moda en Cuba, no se concebía a un médico sin chistera y chaquet, por lo que él también llevaba una holgada levita de dril, aunque eso sí, con cómica seriedad. Para los que deseen conocer de forma exacta al Dr.Cham, informa Pérez Vidal en su artículo, que se puede ver un retrato de aquel en el volumen V de los Archivos del Folklore Cubano.

Era nuestro galeno un gran y profundo conocedor de la flora cubana además de la de su patria, lo que le permitía disponer de un nutrido herbolario que no tenía secreto alguno para él, y del que se servía para el tratamiento medicinal usando sus propiedades terapéuticas. Por tanto utilizaba todo tipo de cocciones, infusiones, emplastos, aplicaciones directas, polvos, lavajes, sahumerios, que obtenía de raíces,  cortezas, hojas, hierbas, frutos, cáscaras etc.

Es de suponer que si además de todos estos conocimientos de medicina popular, aplicaba los referidos a la medicina china tradicional u ortodoxa, los resultados obtenidos debieron ser fabulosos, hecho que entonces confirmarían su fama y popularidad entre los habitantes de Cuba.

Era además una persona ilustrada en el mundo de la cultura y de la ciencia, mezcla de mandarín y científico, claro exponente de la mentalidad de la raza oriental, con notables conocimientos de diferentes lenguas occidentales y que se mantenía al día en los adelantos científicos de su época, tanto europeo como americano.

Pero no solo ejerció su profesión en los lugares antes mencionados de La Habana y Matanzas, sino que alrededor del año 1872, llegó a la ciudad de Cárdenas, y de igual forma que antes, se popularizó su fama de gran sanador, lo que le valió se llenase de una extraordinaria clientela tanto entre los de su raza como entre los blancos.

Es totalmente cierto que toda clase de personas, fueran de la condición que fuese, acudían a su consulta logrando curaciones maravillosas de enfermos abandonados a su suerte y sin remedio alguno para sus dolencias.

Devolvía la salud perdida e incluso se cuenta que hasta la visión en algún caso de ceguera, lo mismo que la cura de miembros inválidos o paralizados, que como último recurso acudían a Cham-Bom-Biá para obtener sus remedios y medicamentos.

Pero  a pesar de todo lo descrito, lo más interesante tal vez de su existencia, fue el total desprendimiento con que ejercía su noble profesión, su absoluto desinterés por lo económico, hasta el punto de que en el momento de cobrar sus honorarios, decía en su lenguaje y pronunciación peculiar….“si tiene dinelo, paga a mí; si no tiene, no paga; yo siemple da la medicina pa gente poble”.

Fue muy popular en Cárdenas y murió misteriosamente no se sabe si asesinado o tras tomar una sustancia tóxica, siendo enterrado en aquella ciudad en el cementerio chino. Fue glosado popularmente en una serie de coplas que cantaba el pueblo y la chiquillería le cantaba a su paso por las calles: “Chino manila, Cham-Bom-Biá, cinco tomates, por un reá”.

De esta forma se fue conformando la historia y las hazañas del médico chino, con sus grandes curas y mejor trato humanitario, lo que condicionó a que la gente lo nombrara con el refrán ya conocido, otorgándole con el mismo, la condición de irreparable o de imposibilidad de mejoría alguna.

medicochinoEste dicho o conseja se ha ido manteniendo a través de los años dentro de nuestras expresiones populares canarias y forma parte ya de nuestro folklore, lo mismo que se sigue manteniendo en la isla de Cuba, y la mejor forma de verificarlo es preguntarle a algún amigo o familiar cubano, que de seguro todo canario tiene, por si conoce o recuerda haber oído alguna vez en aquellas tierras caribeñas el refrán tan famoso de….”A éste no lo cura, o no salva, ni el médico chino “.

El curandero de Tamargada

Versión de Domingo Rodríguez, de 72 años, de Tamargada (ay. Vallehermoso). Recogida por Max. Trapero, Helena Hernández y Lothar Siemens el 20 de agosto de 1983.

Publicada en Romancero de la isla de La Gomera (1987), nº 344.
Vuelvo de nuevo a pedir atención, silencio y calma,
valor en los corazones porque es ocasión tirana,
hace llorar a las piedras y sus pies en detallalas.
Día primero de octubre, fecha que no es olvidada,
que siempre las malas suertes vienen sin ser asperadas.
Yo tenía mis hijitos y así les determinaba:
–Juan lleva la yunta buéis y Antonio lleva las vacas,
Anselmo lleva el ternero, (?) la potranca
y yo voy por aquí al pozo para ir sacando el agua.–
Más al fin cuando llegó aquella malvada vaca
sin saber cómo ni cuando me ocasionó mi desgracia
y me ha enredado una pierna, de la soga allí me arranca.
A la carrera un caballo que por el aire volaba.
En la carrera caí con la fuerza que llevaba.
Del puesto me levantaron entre cuatro pa mi casa,
me acostaron en un catre, según luego me contaban,
que yo me quedé sin tino, que de eso no supe nada.
Mi mujer por otro lado en el suelo desmayada,
llama por todos los santos, tristemente alimenta(d)a:
–Virgen de la Caridad, ven que esta pobre te llama,
ten piedad y miselicordia, no me tengas tan amarga.–
Y yo envuelto en un letalgo sin poderle decir nada.
Me volvió el conocimiento cuando ya la casa estaba
llena de gente pues todos con amor la consolaban:
–No llores, no tengas pena, que si Dios quiere se sana,
y el trabajo de la vega no se echa a perder nada.–
Unos se brindan a arar y otros a sembrar las viandas,
y otros le dicen “Yo tengo dinero, si le hace falta”.
En la reunión de gente entre ellos se consultaban:
–Hay que traer un dotor.-Pero otros determinaban:
–Traer a Benito Coello, que tiene la mano santa,
que para huesos rompidos el isleño tiene gracia.–
Salió Antonio mi cuñado, con dirección a su casa:
–Buenas tardes, don Benito. –Buenas, León, ¿qué le pasa?
–Allá Antonio mi cuñado que le ha enredado una vaca
y le ha partido una pierna y a que vaya allá me manda.
–Pues yo allá no puedo dir aunque lo siento en el alma,
miren a ver si lo puén traer pronto y no demoren nada
porque si le coge el frío luego la cura es más mala.–
Me cargaron al momento, me llevan con tanta pausa.
–Buenas tardes, don Benito. –Buenas, León, ¿qué le pasa?
–Sólo tengo que decirle, don Benito, mi desgracia.
–No señor, desgracias son aquellos que pierden su alma,
que por partirse una pierna a usted no le pasa nada.
Tráiga acá una taza caldo –le dijo a la serviciala.–
Mas dispués que la tomé más de fuerza que me gana,
me echa mano a la pierna, ¡oh Dios, qué hora tan mala!,
pa colocar ese hueso sonó como una campana.
Y entonces dije: –¡Ay, mi madre, quién me viera en su compaña!
¡Si usted supiera su hijo en los trances que se halla
con su manada de hijos regados en tierra extraña!
¿Quién me les buscará el pan si su padre no se sana?
Como esta triste mujer que ocupada se encontraba
esperando a dar a luz, que pocos meses le faltan.
Y entonces me dijo el hombre: –Parece una cosa extraña,
¡que por tan poca cosa los hombres no se acobardan!
–Donde hay dolor no hay vergüenza -le dije con toda mi alma-,
y no le digo otra cosa porque respeto tus canas.Mas
a fe cuando me dijo: –Ya su pierna está curada.60
Le dije: –Fíjese bien, no me quede jorobada.
–No señor, no tenga miedo, que está bien entablillada,
y entre cuatro o cinco días yo voy allí a registrala,
lo cual creo no tener que volver a hacer más nada,
que hasta hoy mi inteligencia está muy acreditada.

El cultivo de la Barrilla

Planta de la Barrilla
Planta de la Barrilla

Esta es la Barrilla, es muy pequeñita, rastrera, se encuentra por las zonas de costa de casi todas las islas, si no todas.

Durante mucho tiempo la única forma de conseguir sosa, imprescindible para hacer jabón, era a partir de las cenizas de quemar algunas plantas que las acumulaban en su interior. Canarias fue uno de los mayores productores de Barrilla en el siglo XVIII.

Se exportaba a Londres donde hacían jabones con los que se bañaba gran parte de Europa. Gracias a la Barrilla se hicieron enormes fortunas en las islas, sobre todo en Lanzarote, donde se mejoró el sistema de extracción, utilizando hornos que producían bloques de sosa, en vez de ceniza de sosa.

¿Saben por qué se hundió el negocio? Por dos cosas, primero, encontraron una manera de producir sosa de forma industrial, segundo, los empresarios canarios, empezaron a meter callaos dentro de los envíos para aumentar el peso, y los compradores bajaron los precios por culpa de la estafa y se fueron a comprar la sosa industrial, un poco más cara pero con la cual no les engañaban.

Así que podemos decir, que en el Siglo XVIII, si muchos europeos se bañaban, y lavaban la ropa, es gracia a las Islas Canarias.

El Pesaleche o Lactómetro, y el mito de las Lecheras.

El Pesaleche o Lactómetro, y el mito de las Lecheras.

Pesaleche
Pesaleche

El Pesaleche es un tubo de vidrio cerrado que contiene perdigones en su extremo inferior, le sigue un tramo ensanchado de vidrio lleno de aire y por último tienen un extremo largo y fino que contiene una escala que marca la densidad.

Sólo hay que introducirlo en un recipiente con leche y el “Lactómetro” se hunde hasta cierta profundidad asomando el extremo de la escala. Según la densidad de la leche se hunde más o menos y señala en la escala el valor de esa densidad: si se hunde más de la cuenta es que han “bautizado la leche”.

Analicemos su funcionamiento. El principio de Arquímedes nos dice que : «Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja»

Escala
Escala

La densidad de un fluido indica las unidades de peso que posee con respecto a una unidad determinada de volumen, por lo que ha mayor densidad, mayor peso. Si el Lactómetro desaloja un volumen X, dependiendo de la densidad del líquido en el que se a introducido, el empuje será directamente proporcional a su densidad, mayor densidad, mayor empuje.

El agua posee una densidad de 1.oo0 gr/l, la leche entre 1.028 g/l y 1.035 g/l , por lo tanto el Lactómetro sufrirá un empuje mayor en la leche que en el agua y su escala graduada aparecerá más visible en la leche, al hundirse menos que en el agua.

Por eso cuanto más palito asome, más pura es la leche.

Existe la leyenda de que al Lactómetro, lo engañaban las lecheras con otros fluidos. Para que esto fuera así, el fluido en cuestión tendría que tener una densidad muy similar a la de la leche, y en este caso tenemos un fluido, a mano de las lecheras, con una densidad similar a la leche, la orina.

 

FluidoDensidad
Agua1.000 g/l
Leche1.028 - 1.035 g/l
Orina1.003 - 1.035 g/l
Orina deshidratacion1.028 - 1.040 g/l

La densidad de la orina de una persona que ha ingerido poco líquido, o que ha realizado un ejercicio intenso aumenta considerablemente, por lo que ese líquido, mezclado con la leche, podría y de hecho lo haría, engañar al Pesaleche, y hacer pasar un producto por otro.

Foto de la Escala del Pesaleche de Antonio González.

17 de Junio de 1925, tendrá que ver con la adulteración sugerida.
17 de Junio de 1925, ¿tendrá que ver con la adulteración sugerida?
1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892
Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892

Cuando en los carteles anunciadores de las últimas fiestas de mayo, entre otros espectáculos se leía “Danza de enanos,” la mayor parte que la desconocían estaban muy lejos de esperar en ella una sorpresa tan verdaderamente deliciosa.

Llegó su día y en el teatro principal, hizo su presentación el mascarón; como llaman á ese gigante enano que por todos conceptos es digno de estudio.

Su monstruosa proporción, hábilmente armonizada,hace reir al más pintado.

La careta, cuya espresión no copia el dibujo anterior, es á mi juicio una obra de arte. Se encuentran en ella mezcladas, la sonrisa picaresca del viejo verde, con cierta gravedad que la dan los años ó la posición; algo que se impone ó que domina con las armas de la hipocresía.

Es en general el mascarón, un viejo atento que tiene por manía el saludar, dejando traslucir en sus modales la distinción del gran mundo. Baila con agilidad no exagerada, quizá para evitar que le ocurra lo que al D. Severo de la Zarzuela.

Porqué la plebe, los otros enanos más pequeños, obedecen al compás, pero se advierte en sus ademanes algo libres, que si perdiese la gravedad el bastonero, no bailarían al son que les tocasen.

Y va de conjeturas; en el mascarón como en su séquito danzante, encuentro algo extraño que no es el mero propósito de provocar la risa con sus irrisorias actitudes. Imagino ver en ellos la sátira dirigida al magnate y buscada tanto en la gigantesca proporción del mascarón, con relación á sus imitadores, como en cuanto se relaciona con lo moral y lo político.

Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.
Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.

El uno grande; los otros pequeños. Inicia el primero la danza y los chicos que desempeñan el papel de autómatas, déjanse llevar de la inspiración del poder y para engrandecerse tratan de imitar cuanto pueden al objeto de sus aspiraciones, convirtiéndose en objeto de mofa para engrandecer la figura del poderoso.

Esta conjetura ha dado lugar á que me pregunte:

—¿No podrá ser que esta danza, en lejanos tiempos llenare la indicación del ridículo hacia determinado sujeto?

Y de cierto modo responde á mi pregunta la cara poco vulgar del gigante, pues, más que un adefesio fabricado al acaso, es un retrato de cuyo parecido no se duda.

Poco se sabe del origen de estos enanos y entre los datos que hemos podido proporcionarnos se encuentran, que el Beneficiado Sr. Diaz fué el autor de las primeras caretas.

Que las actuales son hechas por D. Aureliano Carmona.

Que desde 1676 acompañan á la comitiva de Ntra. Sra. de las Nieves, cada cinco años que se verifica la fiesta, cuatro gigantes y un enano (el mascarón).

Y por último que antes salían también en las procesiones del Corpus.

El distinguido poeta Palmense D. Antonio Rodríguez López á quien se le deben los anteriores datos cree que estos gigantes simbolizan los vicios y que sin duda ese simbolismo esa misma comparsa,que anuncia la bajada de la virgen significa que los vicios del paganismo y más bien de la humanidad han sido vencidos y acatan el cristianismo ó la redención, en las manifestaciones del culto católico.

1892 Partitura de la Polka de los enanos
1892 Partitura de la Polka de los enanos

Este simbolismo destruye un tanto el criterio que del mascarón habíamos formado; pero si es cierto que los símbolos son los atributos que se refieren á lo místico á lo moral y al dogma, también lo es que los antiguos de quien hemos aprendido el arte de simbolizar, con un mismo atributo simbolizaban dos ó más cosas. Por ejemplo, se dá por atributo á la cólera un león y el mismo animal es el de la Generosidad y la Clemencia. Cuando furioso, la cólera y le pintan dulce y manso cuando le han querido hacer atributo de la Clemencia y la Generosidad, suponiéndole, una grandeza de alma que puede ser comparada con las cualidades buenas del corazón humano.

Por lo tanto el mascarón y los gigantes bien pueden simbolizar el arrepentimiento de los vicios y haber sido la divisa satírica á cierto personaje, aceptando que la divisa pueda componerse de una estraña imagen que de lugar á una comparación justa.

Pero de cualquier modo, sea cual fuese su orígen y aplicación, es muy original. Las caretas, los trajes, la música, todo contribuye á un efecto agradable.

Es un espectáculo que no consigue saciar la curiosidad del público y lo demuestra que este teatro de Santa Cruz en las distintas representaciones de la danza ha obtenido llenos asombrosos, llegando al estremo de ocupar el pasillo central del patio con sillas traídas de las casas.

Más aún; terminado la primera noche este espectáculo que en otras tres se repitió, salieron los enanos á bailar en las plazas y calles escogiendo entre otros sitios el centro de la Plaza de la Constitución donde la blanca luz eléctrica hacía dudar si era de noche. Con dificultad se hicieron calle ante la multitud, que les rodeaba, y, de mí se decir, que sin pretenderlo me arrolló aquel oleaje humano; y sin dar un paso recorrí gran trecho de la plaza perdiendo en la refriega el bastón y casi el sombrero y, restablecida la calma tuve el gusto de reconocer en los regocijados espectadores gran parte del público que llenó el teatro.

Los organizadores y D. Benigno Ramos que la dirigió, pueden estar satisfechos por la aceptación que obtuvo la danza, siendo indudable que Santa Cruz de Tenerife debe á su hermana la isla de la Palma una parte esencial en el inesperado éxito de sus fiestas.

UBALDO A. BORDANOVA

Don Francisco Pedro Montes de Oca y García (1877-1964)

Don Francisco Pedro Montes de Oca y García (1877-1964)

CRONISTA OFICIAL DEL PUERTO DE LA CRUZ Y DE LA REGIÓN CANARIA [1]

Prueba documentalEl autor que se esconde tras el pseudónimo de “El Barón de Imobach”[2], según Poggio y Regueira se trata de Francisco P. Montes de Oca García, quien utilizó con frecuencia esa firma en la Gaceta de Tenerife, al menos entre 1922 y 1930, periódico en el que el propio Montes de Oca rubricaba asiduamente con su verdadero nombre otras muchas aportaciones. Las firmadas con pseudónimo versaban a menudo sobre asuntos históricos, tradiciones populares de Canarias y América y temas relacionados con el Puerto de la Cruz, en cuyo ayuntamiento ejercía el periodista como archivero, bibliotecario y cronista oficial.

 

Francisco P. Montes de Oca García
Francisco P. Montes de Oca García

Don Francisco Pedro Montes de Oca y García nació en el Puerto de la Cruz el 31 de mayo de 1877, siendo hijo de don Gregorio Montes de Oca y Suárez, natural de Las Palmas de Gran Canaria, y doña Dominga García Chávez, que lo era el Puerto de la Cruz, donde habían contraído matrimonio. Cursó los primeros estudios en la escuela de don Benjamín J. Miranda.

Obtuvo la plaza de archivero y bibliotecario municipal de su ciudad natal, que ocupó durante muchísimos años, salvo un breve paréntesis en que estuvo suspendido por el alcalde Melchor Luz y Lima, hasta su reposición en 1912.

En 1910, tomó a su cargo la tarea de emprender el arreglo del archivo, ordenando minuciosamente los deteriorados documentos.

En 1921 relacionó un total de 1.184 legajos, junto con una biblioteca anexa compuesta de  3.599 volúmenes. Pero el incendio acaecido en febrero de 1924 (en la noche del sábado de Carnaval), que destruyó el antiguo exconvento de monjas catalinas (en la plaza de la Iglesia), en el que se hallaban instalados el Ayuntamiento, el archivo, el depósito de detenidos, el Juzgado Municipal, la central telefónica, las escuelas y otras dependencias municipales, mermó una gran parte del archivo, a pesar de que el archivero y otras personas lograron salvar, arriesgando su vida, muchos documentos y libros almacenados en el archivo municipal y en la secretaría.

Dado su amor al estudio, de forma autodidacta se fue dedicando desde su adolescencia a la investigación histórica en archivos y bibliotecas, llegando a ser un autor infatigable. Una de sus grandes pasiones fue la genealogía, aunque también destacó como pendolista y dibujante genealógico. Además, cursó estudios de Paleografía.

El 8 de enero de 1919 fue nombrado Cronista Oficial del Puerto de la Cruz; desempeñó dicho cargo durante casi 45 años, hasta su muerte. Amante de las cosas viejas de su pueblo, recopiló las historias de los viejos conventos, de las capellanías, de los personajes célebres de su cuna nativa,…

 

Francisco P. Montes de Oca y García, paseando por el paseo de Las Palmeras
Francisco P. Montes de Oca y García, paseando por el paseo de Las Palmeras

Hombre de amena conversación, salpicada de ironías, fue un archivo viviente de fechas, sucesos, anécdotas y genealogías portuenses; poseía una memoria prodigiosa, llegando a recitar capítulos enteros de Viera y Espinosa. Juan del Castillo lo evocaba paseando por Martiánez “con sombrero de ala ancha, todo vestido de negro”.

Entre sus anécdotas, se cuenta que en un ventucho de San Juan de la Rambla se encontró varios documentos, en los que la ventera envolvía las sardinas salpresas, que al parecer habían caído de un carro de Garachico. Como curiosidad, daba paseos diarios por el Taoro y Martiánez, sus lugares predilectos. En el verano de 1964 fue homenajeado en el Hotel Marquesa.

Simultáneamente, el 6 de febrero de 1924 fue nombrado Cronista Oficial de la Región Canaria, por unanimidad de la desaparecida Diputación Provincial de Canarias y a propuesta del diputado Adolfo Febles Mora: “considerando necesario que esta Región canaria, a imitación de las del resto de España, tenga una persona que reúna las condiciones propias para desempeñar el cargo de cronista oficial de la misma, y que lleve casi a diario en su «Libro Crónica» anotados los acontecimientos que se realicen en este archipiélago, bien y fielmente narrados, los cuales en época no lejana servirán como punto de apoyo a aquellos que escribiesen sus anales o historia moderna”; y considerando que nuestro biografiado era el adecuado para “desempeñar tan difícil como molesto encargo” lo proponía para el mismo, “por de pronto, sin honorarios ni sueldo alguno, solo con derecho al uso, sobre su traje oficial y como distintivo de su alta misión, la característica banda de los colores de la enseña nacional, y en su centro, bordado, el escudo de las Armas del archipiélago canario, autorizándole, además, para poder librar certificaciones de cuantos asuntos históricos se le pidan y dándole los honores que le correspondan, dentro de la esfera de sus funciones”.

Como era de esperar, al final de la historia de dicha institución y en pleno auge del pleito provincial, su nombramiento regional despertó fuertes adhesiones en la prensa tinerfeña y duras críticas en la de Gran Canaria. El Sr. Montes de Oca actuó como Cronista regional durante 40 años, hasta su muerte, habiendo sido la única persona en la historia de estas islas que ha recibido dicho título.

Como curiosidad, en 1942 solicitó al Cabildo Insular que para el próximo presupuesto de 1943 se fijase con carácter permanente una partida en el mismo, por lo menos de 3.500 ptas anuales, de la que al entrar en vigencia de ella, se le vayan librando mensualmente y en líquido, la parte que puedan satisfacer para sufragar “gastos de viajes a distintos pueblos del Archipiélago, estancias en los mismos, excursiones, etc., y si fuese posible, trasladarse a los Archivos de Indias (Sevilla) y Simancas (Valladolid) por lo menos una vez al año para aportar material con que en su día pueda ampliar la historia de las Islas Canarias”.

Francisco P. Montes de Oca y García
Francisco P. Montes de Oca y García

Además, colaboró con asiduidad en la prensa, sobre todo en Gaceta de Tenerife, donde publicó numerosos trabajos, como el titulado “Importante documento inédito. Espantosa inundación en la Gomera” (1924), que recogía noticias de las desgracias acaecidas en la villa de San Sebastián de la Gomera, en diciembre del año 1807. Como se ha indicado, en dicho periódico publicó también numerosos cuentos, así como trabajos históricos y etnográficos, con el pseudónimo “El Barón de Imobach”. En la Revista de Historia Canaria publicó el artículo titulado “Los genealogistas canarios, mi prosapia y su origen” (1924).

En 1930 fue director artístico y literario del periódico de difusión gratuita La Propaganda Industrial y Comercial, sostenido por la publicidad, que comenzó a editarse en ese mismo año en el Puerto de la Cruz, pero a los pocos meses cesó en dicho cargo a petición propia.

Fue académico correspondiente de las Reales Academias Españolas de la Historia (diciembre de 1922) y de Bellas Artes de San Fernando (agosto de 1923); de las Nacionales de la Historia de Venezuela (septiembre de 1922) y Colombia; miembro del Instituto de Confraternidad Hispano Americana (febrero de 1930); e individuo de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife.

Al margen de su labor histórica, sintió pasión por la Música y la Pintura. Actuó como tenor y organista en las solemnidades de la parroquia de Ntra. Sra. de la Peña de Francia. Ostentó el cargo de presidente de la Liga Regionalista del Puerto de la Cruz, en 1909, y de la Sociedad instructiva “La Lectura” de la misma ciudad, en 1918. Fue oficial comisario interino y jefe de las tropas de la Asamblea Local de la Cruz Roja del Puerto de la Cruz; y en 1925, la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española le concedió la Placa de 2ª clase, creada para premiar méritos y servicios especiales. El 18 de abril de 1940 renunció al cargo de vocal de la junta de gobierno de dicha Asamblea Local, por habérsele recrudecido en la piel la enfermedad que de viejo venía padeciendo; y el 26 del mismo mes presentó su renuncia irrevocable como inspector de la ambulancia de la misma, al considerarse, por edad y padecimientos, inútil par seguir desempeñando el cargo.

Al respecto, Juan del Castillo decía: “los portuenses lo recuerdan al frente de las tropas de la Asamblea local de la Cruz Roja con su vistoso uniforme de coronel, en el que difícilmente cabía su figura quijotesca y original, enhiesta y hasta retadora”[3].

Como curiosidad, en su domicilio tenía en lugar preferente los retratos de ilustres escritores (Cervantes, Viera y Clavijo, Tomás de Iriarte,…) así como el de su viejo padre, en cuadro confeccionado por su paisana Lía Tavío. También conservaba epístolas laudatorias del P. Fita, de Bethencourt y de distinguidas personalidades nacionales y extranjeras, en las que se le reconocían los méritos que sus compatriotas le negaron. El escritor Sebastián Padrón Acosta escribió de él en 1921: “En un pueblo ribereño –Puerto de la Cruz– vive retirado como, hidalgo de fenecidas castas un enamorado de las cosas pasadas, de tradiciones y leyendas, de relatos y genealogías, de Heráldicas y pergaminos. Cansado de modernos malandrines, de rastrerias y pasionsillas, retirase en sus ratos de ocio a su querido rincón en busca de sus viejos papeles, únicos amigos fieles de su vivir. / Y cuando el dolor y la realidad amarga de la vida vienen a inquietar su espíritu, en lo pasado busca el lenitivo de sus angustias”[4]

María Candelaria Padrón Pérez
María Candelaria Padrón Pérez

El 23 de octubre de 1899, a los 22 años de edad, contrajo matrimonio en la parroquia de Ntra. Sra. de la Peña de Francia del Puerto de la Cruz con doña María Candelaria Padrón Pérez, nacida en dicha ciudad el 5 de mayo de 1876, con quien procreó 10 hijos. De éstos, conocemos a don Francisco Pedro, doña Arcadia Elena y doña María Josefina, así como a los últimos que sobrevivieron: doña Angélica, don José, residente en Santander, y don Pedro Montes de Oca Padrón, que fue durante muchos años funcionario de la Recaudación de Hacienda de la Zona de La Orotava.

El funcionario y cronista don Francisco Pedro Montes de Oca García falleció en el Puerto de la Cruz el 15 de noviembre de 1964, a los 87 años de edad. El 29 de ese mismo mes, el cronista don Benjamín Afonso Padrón le dedicó en El Día un artículo necrológico de sincera admiración. Asimismo, al hacer su necrológica, la Revista de Historia Canaria destacaba que Montesdeoca “representaba auténticamente la manera de hacer la historia como arte y artesanía, dominante un tiempo”.

Es justo destacar que el Puerto de la Cruz fue cuna de varios escritores de prestigio contemporáneos de Montes de Oca, entre los que destacaron: Luis Rodríguez Figueroa (1875-1936), abogado, escritor y poeta; Agustín Espinosa García (1897-1937), prosista y poeta, uno de los más fecundos ingenios de la literatura canaria de la época surrealista; y Sebastián Padrón Acosta (1900-1953), sacerdote, ensayista, crítico, poeta, biógrafo, investigador de la historia y de la literatura.

 

Octavio RODRÍGUEZ DELGADO – 28 de octubre de 2013

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

LIBROS

CASTILLO, J. del, 1986. El Puerto de la Cruz entre la nostalgia y la ilusión. Santa Cruz de Tenerife. 149 pp.

IZQUIERDO, E., 2005. Periodistas canarios. Siglos XVIII al XX. Propuesta para un diccionario biográfico y de seudónimos. Tomo III. Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, Gobierno de Canarias. 507 pp.

POGGIO CAPOTE, M., & L. REGUEIRA BENÍTEZ, 2009. La isla perdida. Memorias de San Borondón desde La Palma. Cartas Diferentes Ediciones.

RIVERO, E., 2007. Crónicas de la Lucha Canaria. Historias del tiempo viejo. Parlamento de Canarias, Centro de la Cultura Popular Canaria. 155 pp.

PUBLICACIONES PERIÓDICAS

Amanecer, Boletín Oficial de Canarias, Diario de Las Palmas, Diario de Avisos, Diario de Tenerife, El Día, El País, El Progreso, Falange, El Progreso, Gaceta de Tenerife, Heraldo de Orotava, Hespérides, Hoy, La Mañana, La Opinión (de Tenerife), La Prensa, La Propaganda Industrial y Comercial, La Provincia, Revista de Historia Canaria.

[Buscador “Jable” de Universidad de Las Palmas de Gran Canaria].

[Buscador “Prensa histórica” de la Universidad de La Laguna].

 

BLOGS

ÁLVAREZ ABREU, B.J. “Charla del periodista Alberto Pérez Borges con un portuense

ilustrado”. Efemérides, martes, 24 de enero de 2012.

[http://efemeridestenerife.blogspot.com.es/2012/01/charla-del-periodista-albertoperez.html]

 


[1]  La reseña biográfica de don Francisco Pedro Montes de Oca y García ha sido elaborada con la colaboración de Febe Fariña Pestano, Cronista Oficial de Arafo.

[2] Manuel POGGIO CAPOTE & Luis REGUEIRA BENÍTEZ (2009). La isla perdida. Memorias de San Borondón desde La Palma.

[3] Juan del CASTILLO (1986). El Puerto de la Cruz entre la nostalgia y la ilusión. Pág. 100.

[4] Sebastián PADRÓN ACOSTA. “El Cronista del Puerto de la Cruz. Montes de Oca García”. Gaceta deTenerife, martes 8 de noviembre de 1921, pág. 1.

 


MEMORIA DEL VIAJE DE S.M. ALFONSO XIII A CANARIAS

MEMORIA DEL VIAJE DE S.M. ALFONSO XIII A CANARIAS

Visita de Alfonos XIII a Canarias
Visita de Alfonos XIII a Canarias

PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE MINISTROS

REAL ORDEN

Excmo. Sr.: Dada cuenta por V. E. en Consejo de Ministros de la Memoria que ha redactado con motivo del viaje de S.M. el REY las islas Canarias, el Consejo, á fin de dar á dicho documento la publicidad necesaria, y con ella satisfacción á las aspiraciones de aquellos leales habitantes, ha acordado su publicación íntegra en la GACETA DE MADRID y su remisión á todos los Centros para que, sin pérdida de tiempo, se preparen las medidas que pongan remedio á los males que en ella se señalan y á las deficiencias que existen en los diferentes servicios.
De Real orden lo digo á V.E.: para su conocimiento y demás efectos. Dios guarda á V. E. muchos años. Madrid 16 de Abril de 1906.
SEGISMUNDO MORET
Sr. Ministro de la Gobernación.

 

AL CONSEJO DE MINISTROS

Terminado el viaje de S. M. el Rey á Canarias, altos deberes de gobierno y exigencias de justicia que corresponden á la lealtad de las islas, imponen el estudio de la situación en que se encuentra el Archipiélago, como medio el más seguro de preparar las soluciones que demandan múltiples sus necesidades.

Acto tan importante como la presencia en aquel territorio de un Monarca español, por primera vez después de cuatro siglos que cuenta su conquista y nacionalización, no puede menos de entrañar consecuencias transcendentales para el Gobierno, administración y progreso de aquellas preciados territorios, Escala de todas las líneas de navegación á América y al África, base del tráfico del Océano Atlántico, llave precisa para nuestra influencia en el imperio de Marruecos. Nadie lo ignora en la Península pero causas de todos conocimientos han impedido prestar á la administración de aquellas islas la atención que requieren y á que tienen indudable derecho.

Los Ministros de la Guerra y de Marina han tenida ocasión de examinar el estado en que se encuentran sus defensas militares y las complicaciones á que pudiera dar origen la carencia de puertos y desembarcaderos, allí donde los buques de guerra han de encontrar natural seguro y protección completa. También han tenido ocasión de ver una vez más las cuestiones que se relacionan con la industria pesquera, una de las que tienen mayor porvenir en aquellos mares. A dichos Ministros tocará presentar al Consejo las resoluciones oportunas, correspondiendo al de la Gobernación, que suscriba, la enumeración y clasificación de las aspiraciones de aquellos leales habitantes, ampliamente formuladas y cuya resumen es de un gran interés en los momentos actuales.

Comunicación de las islas entre si y del Archipiélago con la Península.

La comunicación fácil y frecuente con la Península es la condición esencial de toda forma de progreso y mejora que haya de llevarse al Archipiélago, siendo por si sola causa poderosa para corregir muchos de los defectos que hoy existen y suplir algunas de las deficiencias que en nuestra Administración se notan, pareciendo innecesario encarecer que las dificultades que ya crea la distancia se agigantan si á ellas sigue el aislamiento, y en este punto son fundadísimas las reclamaciones de aquellos habitantes. Cuatro correos seguros y, a lo sumo, seis al mes, no muy escalonados y sirviendo alternativamente las islas principales, son medios insuficientes para las relaciones con la Península, pero no son mejores las comunicaciones interinsulares, confiadas á barcos pequeños en mares agitados, habiendo de arribar a ensenadas poco seguras y luchar en condiciones desfavorables con los peligros que ofrecen los canales y que ocasionan los temporales dominantes en toda aquella región. Por otra parte, los dos puertos de Tenerife y de La Luz, son visitados por las líneas de navegación más importantes de Europa y a ellos llegan con frecuencia, no solo los barcos mercantes, sino también las escuadras extranjeras, formando contraste esta frecuente relación entre aquellas islas y otros países, con la pobreza y atraso de las relaciones marítimas con la madre Patria. Semejante estado no sólo influye perjudicialmente en los intereses materiales, sino que engendra un sensible aislamiento en el orden moral que no ha producido aun todos los daños que son su consecuencia legítima, gracias al intenso sentimiento patrio y á la inapreciable adhesión con que los habitantes de las islas Canarias se sienten unidos al resto de España.

El mismo que todos estos males señala se apresura á indicar su remedio haciendo más frecuente y en barcos de mejores condiciones las comunicaciones periódicas con la Península y la posibilidad, con poco aumento de gastos, de valerse de todos los vapores dispuestos á hacer el servicio de correos, cualquiera que sea su pabellón, con tal que salgan de alguno de los puertos de la Península. De este modo se evitaría el extraño contraste que ofrece la prontitud con que conocen los españoles de Canarias los sucesos del extranjero y el retraso con que tienen noticia de los acontecimientos más importantes ocurridos en la madre Patria.

Y si esto se dice de la comunicación marítima, la misma censura es aplicable a la telegráfica. Sólo hay un cable nacional, frecuentemente averiado è inutilizado para el servicio, como lo ha estado precisamente durante la visita del Rey y de los Ministros a Canarias. La necesidad de tener dos cables y de unir el polígono que forman las siete islas de manera que la comunicación sea constante, está por todos reconocida. En cuanto á la comunicación telegráfica entre las islas, de cualquier manera que se haga satisfará los anhelos de sus habitantes y permitirá atender mejor a su administración. Y cabe la esperanza, según las indicaciones allí recogidas, de que tampoco el gasto sea enorme ni pequen por lentitud los trabajos para la instalación.

Organización administrativa y asuntos de gobernación.

La primera observación de cuantos viven en las islas, cuando de estas materias se trata, es la de extrañarse de la forma administrativa, aplicada á un grupo de islas donde ni la centralización es posible ni el sistema con que se gobiernan pedazos de territorio unidos entre si tiene aplicación posible. La gran distancia de la Península hace más temibles aun los daños del expedienteo, de los cuales se recogen impresiones y se coleccionan datos, por extremo curiosos, oyendo a administradores y administrados. El extravío de un papel, la equivocación de un trámite, el error en una fecha, todo eso, yendo y viniendo a la capital del Reino con la forma del expediente y con la lentitud en las comunicaciones, lleva a la paralización completa de la vida administrativa.

Todas las indicaciones que en este punto ha escuchado o leído el Ministro que suscribe, coinciden en la necesidad de cambiar radicalmente el régimen, de descentralizar la Administración pública en Canarias, de poner á su frente una Autoridad rodeada del mayor prestigio y con facultades bastantes para resolver por si las cuestiones, sin perjuicio de la apelación al Poder central, en la forma y de la manera más sencilla. Algunas personas, y de las más capacitadas, han pensado con este motivo en la división del Archipiélago, formando un grupo con la Gran Canaria y las islas orientales, y otro con las de Tenerife, La Palma, Hierro y Gomera. Pero sin examinar aquí, porque no es este el objeto de la Memoria, lo que puede haber de aceptable o de perjudicial en esta idea, conviene dejarla consignada para someterla á estudio del Gobierno.

Más sentida es la necesidad y conveniencia, á todas horas oídas y por toda clase de argumentos demostradas, de que el personal de la Administración pública de Canarias sea elegido entre los mejores funcionarios y retribuido en proporción a la importancia de la misión que le esté confiada, de modo que se considere como un premio y no como un castigo el servir en aquellas islas, de las cuales debería volverse siempre, no sólo con la recompensa del servicio prestado, sino con el legítimo orgullo que da la patente de honradez.

Descendiendo ya á la organización de los servicios y a la manera de cumplirlos, es general el deseo de la creación de un tercio especial de la Guardia civil, tan escasa hoy, que en alguna isla hay tan sólo un cabo y cuatro individuos y en otra cinco y un sargento. A no ser tan noble la naturaleza de sus habitantes y tan leal, honrado y pacífico su carácter, hubiera sido imposible conservar el orden público en estas condiciones, no pudiendo acudirse al sistema de las concentraciones, ni dotar al archipiélago de un número tan grande de guardias civiles que fuese incompatible con las cifras de un presupuesto nivelado. La reforma que en esta materia puede introducirse no es para improvisada, pero seguramente será beneficiosa en extremo y aplaudida por sus habitantes.

Y no hay para qué decir que la cuestión electoral ofrece condiciones análogas â las de la seguridad y garantía del orden, por la índole de aquellas islas y la necesidad de que esa alta función se verifique con garantías de respeto al elector y a la voluntad de la mayoría.

Administración de justicia.

Datos ha reunido el Gobierno sobre la situación de este el más alto ramo de la Administración pública, que exigen reflexiva atención, enérgica voluntad, para suplir las deficiencias que hoy tiene, y que constan con elocuencia irresistible en la Memoria escrita con motivo de la inspección llevada á cabo por acuerdo del Tribunal Supremo. Mézclase allí la falta de personal, con las consecuencias de la lejanía y del aislamiento, y con el desarrollo de una porción de males que no existirían si el Gobierno vigilase de cerca y la opinión denunciara abusos é ilegitimas influencias. Que el personal es escaso, y. sobre todo, que los Centros judiciales son insuficientes para atender á las necesidades del país, hasta el punto de que muchos’ asuntos se sustraen al conocimiento de los Tribunales, es aserto que todo el mundo hace; y estos males se agravan por la ingerencia inevitable de la justicia municipal, que allí, como en la Península, no está á la altura de su misión. Los gastos que todo esto produce á los litigantes, las molestias de los viajes para asistir a las audiencias, la escasez de testigos y de todo en fin lo que significa procedimiento rápido, efectivo y justo, no hay para que enumerarlos; pero no son las reformas tan fáciles, teniendo en cuenta el número de poblaciones, la cantidad de asuntos judiciales y los inevitables límites de un presupuesto razonable.

Dificultades ofrece también la rivalidad entre las dos grandes islas, la Gran Canaria y Tenerife, pero ninguna de las que nazcan de los hábitos y de los pugilatos de localidad serán ciertamente obstáculo serio para que la opinión reciba con aplauso cuanto tienda á establecer una administración de justicia rápida y ajena â toda clase de inspiraciones.

Cuestiones económicas.

Sobre la franquicia de puertos, que es el régimen con que hoy se gobierna al Archipiélago, los pareceres andan muy divididos y no siempre fundados en la conveniencia pública, sino mantenidos frecuentemente por los intereses rivales que se han desarrollado al calor de los beneficios de esta concesión. Que el principio en si mismo es bueno y que nadie estaría dispuesto a renunciar á él fácilmente, no hay para qué decirlo; pero que, en cambio, las consecuencias que produce perjudican a la unidad de las relaciones comerciales con la Península, tampoco hay quien lo ponga en duda.

Ya en diferentes ocasiones los Diputados de la región y Comisiones enviadas Madrid han hecho ver cuantas facilidades ofrece la exportación de frutos canarios á Inglaterra, á pesar de la competencia que en sus mercados encuentran con los de Jamaica. y cuántas dificultades hallan para venir â la Península. ¿Cuál será la mejor solución para evitar esto? Seguramente la que dé el Parlamente, después de oír todos los intereses y de examinar la mejor manera de hacer justicia a las legítimas aspiraciones de los españoles de Canarias.

En este mismo orden de ideas discútese mucho acerca de las ventajas de facilitar la producción del alcohol, poniendo en cultivo tierras hoy casi estériles, pero que dan espontánea nutrición a plantas de riqueza alcohólica que podrían destilarse fácilmente. Pero mézclase con esta aspiración la dificultad tributaria, dándola en cambio alicientes y esperanzas la facilidad de la comunicación con la costa africana y la posibilidad de un gran mercado en ella.

Igual problema implica el cultivo del tabaco, desarrollado en los últimos años de una manera lisonjera para su progreso ulterior; pero que, á su vez, lucha con el régimen creado en España para la renta de tabacos, cual si los intereses del Tesoro estuvieran en este punto en pugna con los de los agricultores canarios. Sobre ese punto reclaman con energía los habitantes de aquellas islas y piden la derogación de varias disposiciones, entre ellas las Reales órdenes de 23 de Noviembre de 1899, 19 de Febrero de 1902 y 1° de Noviembre de 1903. Las demandas sobre estos extremos, sobre todo las que á la exportación y venta de tabacos se refieren, son muy vivas, debiendo consignarse, en homenaje á la verdad, la gran unanimidad en el juicio sobre esta materia y la necesidad de que el Gobierno se ocupe de ella con interés y atención.

Instrucción pública.

Las reclamaciones en este punto no son excesivas, pero son muy apremiantes. Desde el deseo de crear una Universidad en Canarias, á pesar del gasto extraordinario y desproporcionado que exigiría, hasta el de establecer buenas Escuelas de instrucción primaria, llegase al anhelo general de que se favorezca cuanto signifique cultura, y muy especialmente la creación de estudios de Comercio, de enseñanzas superiores de Artes é Industrias, semejantes â las creadas en Tarrasa, por la esperanza de que con ellas se iniciarán nuevas industrias y se mejorarán las existentes. También se nota el natural deseo, en poblaciones esencialmente mercantiles, de facilitar el conocimiento de todos los idiomas y consiguientemente la relación con todo el mundo.

En cuanto á la provisión de Escuelas, se protesta contra la necesidad de que los Maestros y Maestras tengan que venir á la Península para ganar sus plazas y proveerse de sus títulos. Sin duda el Ministerio de Instrucción pública tiene antecedentes y estudios sobre esa importantísima cuestión.

Fomento.

Al frente de todas las cuestiones, preocupan en los puertos de La Luz y de Tenerife, las concesiones hechas á extranjeros, ó a nacionales que las traspasan más tarde, con amenaza de la integridad del territorio y nulidad posible de la zona polémica en los casos de guerra. Que los puertos exigen toda clase de facilidades para el tráfico, es axioma entre aquellos comerciantes, pero que estas facilidades lleguen hasta perjudicar a la soberanía territorial y coloquen bajo la protección de banderas extranjeras los puntos más estratégicos de aquellas dos grandes é importantes islas, es materia que reclama una inmediata y decisiva resolución.

Respecto á las obras publicas existen los mismos deseos que en la Península, las mismas necesidades por todas partes sentidas y reveladas. De ellas se ha preocupado el Ministerio de Fomento enviando al Inspector de Ingenieros, Sr. López Navarro, para preparar las resoluciones ulteriores, acerca de las cuales, sobre todo en materia de puertos, justo es decir que el interés no es sólo de las localidades, .sino también de España entera. En este orden de ideas, algunos Ayuntamientos, como el de Puerto de Cabras, ha tomado ya iniciativas construyendo un pequeño muelle, cuyos gastos se han resarcido por el arbitrio impuesto á la navegación, dato muy digno de ser tenido en cuenta y ejemplo que debería imitarse. Pero a nadie se oculta, y menos á aquellos inteligentes comerciantes, que lo reducido del territorio en cada isla y especialmente en cuatro de ellas, quita alicientes al tráfico y á la actividad comercial, por lo cual el plan de obras públicas que haya de desarrollarse deberá ser bien estudiado y relacionado con los puertos y embarcaderos.

En cuanto a ferrocarriles y tranvías las necesidades son muy limitadas, pero estas obras serán de seguro éxito en los puntos en que puedan hacerse, ó sea, naturalmente, en los más poblados.

La característica de las islas Canarias es la ‘escasez de agua, la necesidad de obras hidráulicas. En banderas, en letreros y en gritos. lo expresaba la población al llegar el Rey, y las personas menos observadores se lamentan del contraste que, en medio del Océano, ofrecen aquellas islas cuyos habitantes padecen muy a menudo los rigores de la sed, por las deficiencias del agua potable.

Quizá á esto haya contribuido la despoblación de las montañas, cosa que no hubiera ocurrido si existiera guardia rural ó civil en suficiente número; pero el mal ya está hecho, y, por tanto hay que comenzar esa larga y penosa labor, sin la cual alguna de aquellas islas amenaza despoblarse y las que aun conserven habitantes tenerlos condenados á la mayores privaciones. Fuerteventura y Lanzarote son las más castigadas en este orden de ideas y las que necesitan mayor atención.

No estará de más recordar en este punto que los extranjeros visitan frecuentemente á Canarias, que allí se han construido hoteles que compiten con los primeros de Europa y que se habla todos los días de la construcción de sanatorios que producirían grandes beneficios y serian poderoso estímulo para el desarrollo de la riqueza, porque la llegada y residencia de los extranjeros han de relacionarse también con la construcción de las obras publicas.

Tal es el resumen razonado, imparcial y completo de las manifestaciones que el Gobierno ha oído, de las necesidades que ha visto y delas deficiencias que ha encontrado en la Administración y en el estado económico y social de las islas Canarias. Con enunciarlo se prepara, sin duda, el remedio, y la primera visita de un Monarca español a aquellos territorios, debe significar para gobernantes y gobernados la inauguración de una era de progreso y de justicia, porque dada la índole y el patriotismo de aquellos habitantes, conocida su lealtad, que ha estallado ahora en manifestaciones inolvidables, no será posible dudar que todo lo que se haga en beneficio suyo ha de estrechar de manera indisoluble los lazos que los unen fi la madre Patria; pero no debe olvidarse que los daños son antiguos, los vejámenes  sufridos muy dolorosos y que no se puede hablar del remedio sin aplicarlo prontamente, ni enumerar las deficiencias sin acudir á su rápida satisfacción.

Madrid 14 de Abril de 1906. El Ministro de la Gobernación, C. de Romanones.

Camacho

Camacho

Hotel Camacho - álbum de Paco Yanes
Hotel Camacho en Santa Cruz – álbum de Paco Yanes

Dejemos atrás la Alameda con sus tamarindos, y sigamos hacia arriba por la calle de San José . En el edificio donde hoy se halla instalado el Centro de Telégrafos se estableció antes el “Hotel Camacho”. Su simpático dueño era mi buen amigo y compadre (él llamaba compadre a todo el mundo) don Luis Camacho, a quien todos recordamos con simpatía.

Don Luis, de nacionalidad portuguesa, era un barbián de cuerpo entero, y un entusiasta de nuestro país, que consideraba como el suyo propio. De ahí aquella frase suya, cuando sufría alguna decepción o ingratitud, que no fueron pocas: “Yo, que hasta les he enseñado a comer pescado con cubierto”…

Efectivamente — en eso no habla duda—en ningún hotel anterior al de Camacho se conocía en aquella época el cubierto para trinchar el pescado. La costumbre cundió, y hoy hasta el más modesto tinerfeño es un refinado “gourmet”.

Nuestro amigo no pudo hablar con corrección el español, ni esto le preocupó gran cosa; la mala pronunciación, unida a algunas palabras portuguesas que por su similitud unía a las españolas, daban por resultado un potaje hispano-lusitano, que no tenía desperdicio.

Recuerdo que unos amigos que guardaban a don Luis un verdadero afecto, fueron al Hotel Tacoronte, recien inaugurado al público, e idearon hacerle algo que le fuera agradable. La ocurrencia consistía en unas letras de cartón , como de unos quince centímetros , que, colocadas en orden, dijeran: “Hotel Camacho”. Estas letras se las trabaron en la parte posterior del pantalón , cubiertas con la americana.

Con la anterioridad consiguiente se habían llevado a cabo los ejercicios o ensayos para el momento de la llegada a Tacoronte. Debo hacer constar que se hicieron varias pruebas en la serventía contigua al Café de Bernardo Perera, seguidas de un buen consumo de patatas fricas y cerveza, hasta el punto de que, cuando se terminaron los ensayos, el bueno de Bernardo decía con sorna: “Debieran inventar otra bromita por el estilo.”

Hotel Camacho en Tacoronte
Hotel Camacho en Tacoronte

El amigo que mandaba la “fuerza” era el simpático Pepe Martín Neda, con unas voces de mando que dejaban atrás al gran Napoleón. Las voces eran las siguientes:

  • Primera voz.—¡Alinear! Obedeciendo a esta orden, todos los números, mejor dicho, las letras, se ponían ordenadamente en fila.
  • Segunda voz.—¡Guardar distancias, mar! A ésta voz se corrían hacia la izquierda hasta ponerse cada letra o persona en su sitio correspondiente.
  • Tercera voz.—¡Suban saco, mar!—, A esta voz se subían a un tiempo todas las americanas, hasta la cintura.
  • Cuarta y última.—¡Viento en popa! Casi que no necesita explicación esta voz, pero consistía en doblar el cuerpo hacia delante por la cintura y presentar el posterior como para recibir, algún azote.

Estos militares “de Caracas” se colocaron previamente en la orilla de la carretera, dando espaldas al hotel. Después del consiguiente último ensayo, se trajo al bueno de don Luis a una de las ventanas y quedó sorprendido al ver aquellos veteranos y apuestos soldados.

Ejecutadas con toda precisión las cuatro voces de mando, el simpático don Luis no cesaba de aplaudir, e hizo repetir la suerte distintas veces, llamando a todas las personas que se hallaban en el hotel, que no eran pocas, para que presenciaran la broma que le dedicaban sus amigos.

Aquel día fué para don Luis uno de los más memorables de su vida.

Marcos Pérez, seudónimo de D. Blas Gonzáles, publicado en la Prensa 13-03-1932

 

Historia de la ermita de Los Reyes

Historia de la ermita de Los Reyes

Por  Miguel Ángel Hernández Méndez

IGLESIA DE LOS REYES

“Santa Clara en Arguarmul [i]‘;
y Santa Lucía en Tazo,
La Candelaria en Chipude;
Los Reyes en el Barranco,
San Bartolomé Bendito,
En Alojera de abajo”.

 

Valle Gran Rey
Valle Gran Rey

Entre las dificultades en hacer una historia de la iglesia de los Reyes, está como en el caso de la ermita de Arure, el que la documentación es prácticamente inexistente. El archivo parroquia1 de Chipude ha sufrido un percance que lo dejó bastante mal parado, fue el incendio ocurrido en este siglo con motivo de la destrucción de la Casa parroquial[ii].

A los daños de las llamas tenemos que añadir los efectos del agua que dejaron inservible gran parte de la documentación en él existente. No obstante, no creemos que los legajos referentes a la ermita de los Reyes fuesen numerosos. Los Reyes eran una de tantas ermitas que poseía en su distrito la parroquia de Chipude, un poco más importante por el número de sus feligreses. Se hace referencia a ella en los libros de visita y alguna que otra vez, en las cuentas de la fábrica, pero siempre muy generalmente.

La presencia de una ermita en Valle Gran Rey, parece datar de muy antiguo, en concreto, Luis Fernández ofrece como fecha de fundación la de 1515, aunque sin base documental alguna[iii]. En principio no es extraño que hubiera un templo en Valle Gran Rey, en una fecha tan temprana como la primera mitad del siglo XVI[iv], puesto que en ese tiempo ya funcionaba en este valle uno de los cinco ingenios de azúcar que habían en la isla.

En el hecho de que se erigiera una ermita bajo la advocación de Los Santos Reyes parece que tiene mucho que ver la especie de “obsesión” de don Guillén Peraza -conde de La Gomera- por los mismos. A saber: convento franciscano de “Los Santos Reyes” fundado por Guillén Peraza en 1533, en San Sebastián, del que era gran devoto y portador él mismo del hábito franciscano; les puso a sus hijos los nombres de los tres reyes magos. Así que no es de extrañar que la ermita en Valle Gran Rey, que eran tierras de su dominio, se pusiese bajo esta advocación.

El tiempo en que se erigió esta ermita se caracterizaba por la “pobre asistencia espiritual de los vecinos del señorío”. Las Sinodales de Arce, de 1515 señalan que había un beneficiado cura que -según la Sinodal de Muros, de 1497- debía disponer de otro un crecimiento no sólo poblacional sino urbano; en este primer año se censan 156 casas, contándose en el último 180, si bien en 1846 el cómputo total enumerado fue de 186.

Esto conlleva que cuando con motivo de la división de la diócesis de canarias[v] se efectúa el arreglo parroquia1 de la nueva diócesis, de acuerdo con la Real Cédula de 3 de mero de 1854 y el Real Decreto de 15 de febrero de 1861, en el arciprestazgo de la Gomera la ermita de los Reyes quedó como parroquia auxiliar de la de Chipude para lo cual se confiere la misma dotación que la principal, no firmándose esto hasta el 4 de enero de 1869. Conforme se producía un aumento en la importancia económica y poblacional del lugar, también lo hacía el interés por disponer de parroquia propia.

DOCUMENTO PARA PETICION DE UNA IGLESIA EN VALLE GRAN REY[vi]

Excmo. Señor Ministro de Gracia y Justicia.

Excmo. Sor.

El Ayuntamiento del pueblo de Arure en la isla de La Gomera, provinciade Canarias, asociado de los mayores contribuyentes y personas de mayor representación social movidas de la más respetuosa consideración acuden a V.E.

suplicándole lo que á continuación exponen.

Este pueblo, Excmo Señor, ha venido hasta hoy careciendo de un templo católico donde dar á Dios culto externo y practicar los Misterios y actos de nuestra Santa Religión. Los recurrentes creen no exista en el territorio de la Monarquía en ninguna de sus provincias un pueblo con Ayuntamiento propio que no tenga una parroquia y al frente de ella un sacerdote donde puedan sus habitantes cumplir los deberes de cristianos, buscar la justificación de su conciencia por medio de la gracia y oír la palabra evangélica, la moral santa, la enseñanza divina que lleva el consuelo de la caridad hasta la pobre y humilde choza del hermano que padece.

¡Ah! sin religión, sin templo, sin culto, sin sacerdote, la moral desaparece de un pueblo; el sentimiento de la justicia y del deber huye de la conciencia de sus habitantes, las práctica de las virtudes es una mentira; y sin el freno  de la religión, sin el amor a Dios y el temor al juicio eterno, las pasiones viciosas, las prevaricaciones á las leyes divinas y humanas son las tristes consecuencias de tales males, los efectos consiguientes á tan funestas causas.

El pueblo de Arure con más de mil doscientos habitantes y trescientos vecinos es feligresía de Chipude donde está situada la parroquia cuyo punto es un pago o caserío que forma parte de la jurisdicción del pueblo de Vallehermoso, Y parece anómalo que un pueblo que forma ó comprende triple número de almas que Chipude no tenga siquiera un templo con el carácter de Ayuda de Parroquia.

Para que V.E. comprenda la justicia de nuestra exposición conviene hacer presente la causa que motiva el que los hijos de Arure carezcan de prácticas religiosas, de los actos y misterios que en los templos católicos tienen lugar.

La gran mayoría de los habitantes que forman el pueblo de Arure viven en distintos barrios en las laderas de un valle denominado “Valle-gran rey” que comprende una extensión de diez o más kilómetros; de manera que ciento cincuenta vecinos tienen que cruzar una distancia de tres leguas para ir á oir la santa misa á Chipude, y si á esto se une que aquí no existen carreteras, ni caminos de herradura, sino malas veredas, y que hay que ir siempre subiendo por laderas, precipicios y cumbres escarpadas la distancia se duplica pudiendo muy bien decirse que hace imposible que estos vecinos cumplan no tan solo con el precepto de la misa, sino con ninguno de los que impone la Santa Iglesia. Únase también á esto que el niño recién nacido que se ha de bautizar se halla expuesto en verano á perecer ahogado por los calores excesivos que en estas islas se dejan sentir, y en invierno expuesto también á perecer por las lluvias y fríos que sufre el que tiene que pasar por cumbres y montes.

Tales son, Excmo. Sor. las poderosas razones que han impulsado á esa Corporación y demás que suscriben á llevar a V.E. la voz de sus necesidades pidiéndole que de lo consignado en el capítulo correspondiente al Culto del presupuesto del Ministerio de su digno cargo, se dé una subvención de 7.000 pesetas para la construcción de un pequeño templo que sirva de Ayuda de Parroquia, lo cual llenará de regocijo á los hijos de este pueblo, recibiendo V.E. las bendiciones nacidas de sus corazones agradecidos.

Este Ayuntamiento se compromete á invertir otras 7.000 pesetas en la construcción del edificio pues considera que haya bastante en el total de ambas cantidades; pudiendo V.E. pedir informe al Ilmo. Sor. Obispo de esta Diócesis de Tenerife, quien no dudamos lo dé á V.E. lo más satisfactorio á la verdad de nuestra dicha.

En atención a todo lo expuesto

Suplican á V.E. se digne acreedor á nuestra petición cuya gracia no dudamos alcanzar de la justicia y rectitud que informan los actos de V.E. y de la nobleza de sus sentimientos católicos.

Arure de la Gomera septiembre de 1880.

Excmo. Sor.

El Alcalde-Presidente: Salvador Damas.
El Teniente Alcalde: Francisco Correa.
El Regidor primero: Domingo Piñero.
El Regidor segundo: Manuel Damas.
El resto de los que firman: Ángel Negrín, Antonio Méndez, José Chinea Martín, Francisco Negrín, Manuel Dorta, Pastor Casanova, Manuel Trujillo, José Negrín, Agustín Rolo, Domingo Chinea Negrín.

 

La consecuencia llega algunos años después cuando en 1883 siendo párroco de Chipude, Antonio Rodríguez Acosta y mayordomo, Domingo Ramón Correa Rodríguez, se amplia la ermita y se le dota de algún mobiliario nuevo. No fueron grandes obras, pues sólo trabajan un peón, dos oficiales de albañil y un carpintero, demás de los eventuales que elaboran la cal, acarrean los materiales y tejan el techo. Estos materiales se adquieren también en la comarca (la cal en Arure y la teja en el mismo Valle).

En las cuentas de fábrica del 2 de febrero de 1883 encontramos un cuadernillo dedicado a esta ermita, éste es el único documento encontrado junto con otro de 1889.

Ermita de los Santos Reyes sobre 1900
Ermita de los Santos Reyes sobre 1900

A principios de febrero de 1883, siendo párroco de Chipude Don Antonio Rodríguez Acosta y mayordomo de la ermita Don Domingo Correa Rodríguez, se renueva la techumbre del templo. Para ello se habían comprado el quince de noviembre del año anterior (1 882) a Serafín Roldán, en Gran Rey, %n ciento de tejas” con un costo de 5’25 pesetas. Las obras fueron llevadas a cabo por dos oficiales de albañil y un peón. Los dos oficiales cobraron cada uno, 3’75 pesetas y el peón 1’25 pesetas; a esto hay que añadir una peseta y veinticinco céntimos que costó el sustento de la mano de obra. Se compró el seis de noviembre de 1882 a Francisco Rodríguez, de Arure, por orden de Antonio Negrín dos fanegas de cal por valor de un peso. Este material se utilizó para remedar y reforzar la fábrica que se encontraba bastante dañada.

Los operarios fueron los mismos que se encargaron del techo, desconocemos los honorarios percibidos, sólo sabemos como nota anecdótica, que se compró media de mil que costó 25 céntimos para brindar a los que trabajaban. De esta manera el templo quedaba asegurado por algunos años más. Aprovechando estos gastos se encargó a Ramón Chinea Morales, el 12 de febrero de 1883, que hiciera una escalera para la ermita que costó seis pesetas.

Finalmente, Antonio Padrón y Brito realizó una tabla con un enrejado que haría las funciones de confesionario; su precio he de 3’75 pesetas.

El 24 de octubre de 1889, ocupando la parroquia Antonio Padrón y Brito y continuando su mayordomía Domingo Ramón Correa, se trastejó la ermita, costando la obra 3’75 pesetas, se compró media fanegada de cal por valor de una peseta para enjalbelgar por dentro y por fuera los muros de la fábrica.

A principios de siglo la fábrica fue derribada y reconstruida en su totalidad

Sería en el año 1943, con Fray Albino González y Ménendez-Regiada, cuando se crearía la nueva parroquia de los Reyes[vii]. Arure seguiría adscrita a la de Nuestra Señora la Candelaria en Chipude.

Actualmente, su situación descentrada del actual núcleo urbano le ha hecho perder la categoría parroquial que pasó a la playa en un nuevo edificio.

Fachada actual de la ermita.
Fachada actual de la ermita.

La iglesia ha sido reconstruida en su totalidad, terciado este siglo, hoy sólo conserva dos piezas de su antiguo menaje: una tosca pila de agua labrada en piedra volcánica y el “retablito” de la Adoración que durante años presidió la ermita. Éste ha sido recientemente restaurado (año 2000)

En cuanto a la orfebrería, existen dos coronas, la de la Virgen y la del Niño Jesús, de plata repujada con falsa pedrería, obra del platero Cesar Fenndez Molina, año 1957. Una custodia de plata de línea moderna con esmaltes, del mismo autor, año 1963.

Actualmente, la antigua parroquia de Los Reyes, se ha dividido en dos:

Primero: la parroquia de los Santos Reyes. Se compone de una capilla dedicada a La Milagrosa, situada en el barrio de El Chorro en La Calera; una casa parroquial (en el mismo barrio); una iglesia parroquial con salón parroquial en El Caidero-La Calera; una ermita a San Pedro (situada en La Playa); una ermita a Ntra. Sra. del Carmen (en Vueltas). Incluye los barrios de Casa de la Seda, El Guro, las Piedras Quebradas, Los Reyes, Las Orijamas, La Calera, La Playa, Borbalán, La Puntilla y Vueltas.

Segunda: parroquia de San Antonio de Padua en Guadá. El patrimonio de la iglesia en Guadá consta de una iglesia parroquial de una nave con sacristía (de reciente construcción). Existía un vieja ermita, que ha sido demolida, dando paso a esta nueva iglesia, para ello se le cedió al ayuntamiento 1000 m2, que poseía el obispado, con el fin de la nueva construcción. Los barrios que componen esta parroquia son: Lomo del Balo, Los Descansaderos, La Vizcaina, El Hornillo, El Retamal, Lomo del Moral, Los Granados, Chelé y La Higuera del llano.

Va la niña a la ermita
va la niña a Los Reyes
Que la Virgen la ampare
Que ella le guíe.
Ten cuidado mi niña
no te extravíes.
La noche es oscura
y silenciosa
vete niña deprisa
no sea cosa…
 

La Virgen de Los Reyes
la protegió
¡Gracias a Dios!
Ilesa, ya regresó
Va la niña a la ermita[viii].

El retablo de la adoración de los Reyes

 

Cuadro de los Santos Reyes
Cuadro de los Santos Reyes

Sobre el retablo de la Adoración de los Reyes, Alberto Darías Príncipe comenta:

“El pequeño retablo es en realidad un lienzo de la Adoración de los Reyes[ix] arropado por un dosel de madera y sustentado por unas gradas. Es una deliciosa obra de carácter popular, remedo de las que treinta o cincuenta años antes se estaban haciendo en las principales localidades de la isla. Es pues una obra posiblemente ejecutada muy avanzado el siglo XVIII o tal vez en el cambio de siglo[x]. En su respaldo, nos da la clave de su conocimiento: el donante se nos revela gracias a una inscripción (dado por su deboción de esta Santa Imagen el capitán don Sergio Fernández)[xi]; aunque desgraciadamente, preparado para indicar la fecha, quedó vacío. Son los motivos ornamentales los que nos han permitido centrarlo desde el punto de vista cronológico: profusión de rocalla, quizá conocida en algunos retablos de la parroquia de la Asunción pero siempre con ese toque primitivo que lo caracteriza.

La obra está repleta de toda la simbología epifánica; estrella de Belén, corona real acompañada por tres coronas menores y la inscripción del Evangelio de San Lucas alusiva al tema vidimus stellam eiusim oriente et venimus adorare Dominum.[xii]

El lienzo confirma lo ya comentado, pero también nos remite a la iglesia de la Asunción. La colocación del drapeado muestra lejanas concomitancias con el maestro del altar del Pilar, lo que nos hace pensar que su autor conocía las pinturas de la iglesia matriz.

En el conjunto de la obra tenemos otro punto de referencia, el arte colonial americano. Por su disposición así como por algunos detalles del lienzo, el retablito evoca ciertos paralelismos con el arte popular mexicano (las pozas de ciertas iglesias).”

La obra es, en general, de factura popular. Tanto el lienzo como el retablito tienen una extraordinaria influencia mejicana. El primero, por los modelos tan repetidos en el siglo XVIII y el segundo, porque sigue en ciertos aspectos las formas de las posas mejicanas.

El lienzo, flanqueado por dos pilastras abalaustradas, doradas y pintadas, representa el momento en que los Magos adoran al pequeño Dios. El pintor tiene la curiosa característica de dar una gran preferencia a las líneas diagonales: la postura del Niño, la cabeza de la Virgen y San José, etc. Confirmando esa extraña predilección los pliegues de los vestidos colocados de igual manera a la figura anteriormente dicha. Los pliegues de los vestidos son extraordinariamente abombados.

La tradición oral, no acierta a precisar la época en que el cuadro llegó al pueblo, aunque coinciden los diferentes informantes en asignarle gran antigüedad al mismo, por lo menos de la época en que eran frecuentes las visitas de los piratas. En general casi todas las versiones coinciden en que el cuadro legó a Valle Gran Rey, como consecuencia de un trueque que hicieron los habitantes con un barco pirata, que vino a hacer una aguada. O sea que fue a cambio de agua. Unos dicen que fueron piratas ingleses, y otros que holandeses. La tradición afirma que en un principio los piratas no quisieron cumplir el trato y se hicieron a la mar pero no pudieron pasar de la Playa del Inglés[xiii], unos dicen que debido al temporal que se desató, otros que por la calma total que hizo que el barco no pudiese avanzar. El todo es que dieron media vuelta y decidieron cumplir lo pactado.

En un principio el cuadro fue llevado a Guadá, lo que pudo ser por dos motivos: bien por miedo a que lo piratas regresaran y se llevaran el cuadro o bien porque en ese tiempo, la escasa población se concentraba en la zona alta, estando la zona costera muy poco habitada.

Llama la atención de que el cuadro no fuese depositado en ermita alguna, sino en el lugar conocido como Cerco Rey. Habría que aclarar que el nombre de “Rey” no le viene por haber estado allí la virgen sino que ya venía de atrás. Algunos sostienen que era esa cueva un lugar de residencia “real” ya en épocas anteriores a la dominación castellana. Por miedo a perder el lienzo en alguna de las frecuentes crecidas del barranco y dado que la cueva de Cerco de Rey estaba cerca del mismo, se decidió trasladarlo de allí, en principio a una casa en El Hornillo, y luego a su actual ubicación.

PIRATAS EN VALLE GRAN REY

La tradición afirma que la llegada del lienzo de ‘La Adoración de Los Reyes” a Valle Gran Rey fue consecuencia de un trato con unos piratas. Y no es nada descabellada esta versión, no sólo porque la tradición oral así lo sostenga, sino porque hubo un tiempo en que las visitas de piratas a nuestras costas eran relativamente frecuentes. Veamos los que nos cuenta Gloria Díaz padilla: [xiv]

“Por otra parte, el peligro podía surgir en cualquier rincón de la isla que contase con una pequeña cala o desembocadura de barranco, y no había pocos precisamente, lo cual forzaba a una vigilancia permanente comunicándose inmediatamente la alarma al capitán de la compañía para encaminarse al lugar de la incursión. Y es que la mayoría de los barcos piratas se limitan a efectuar una razzia para aprovisionarse de agua o de víveres, o en el peor de los casos, atrapar a algunas personas por las que cobrar una cierta cantidad, mientras su interés preferente se centraba en el pillaje de embarcaciones de escasa envergadura que se dedicaban al trafico interinsular o practicaban la pesquería en el banco sahariano o el comercio con las islas atlánticas más cercanas. Un testimonio de la actuación de las milicias se contiene en una reclamación dirigida por el capitán de la compañía de Chipude, Domingo Trujillo Bencomo, al sargento mayor de La Gomera, en octubre de 1673. En su petición informaba que de que el domingo, 22 de ese mes, había llegado a las costas de Valle Gran Rey una lancha de moros (perteneciente al navío que había abordado al barco del capitán José de Padilla cuando venía de El Hierro) con objeto de hacer aguada. Se decidió entonces poner en práctica una añagaza: el alférez dispuso que dos milicianos se adelantasen hasta la orilla de la playa, lo que originó la persecución de los mismos por los invasores, que vieron una ocasión propicia para apresar a dos supuestos vecinos solitarios. Apenas se adentran, el resto de la compañía les sale al paso a los perseguidores, aprehendiendo la lancha y capturando a cinco de los ocho moros que habían saltado a tierra, pues los otros tres fueron muertos en lucha al oponer resistencia. Al parecer era costumbre acabar con la vida de todos los piratas, pues indicaba el capitán que dejaron con vida a los cinco porque la compañía había acordado previamente en promesa que si en una de las ocasiones de alarma en que se solía bajar a la marina cuando aparecían velas en las calmas del sector que les estaba asignado se capturaba alguna presa, se destinaría para ayuda de la iglesia de La Candelaria, que era muy pobre. Por otro lado, argumentaba también que era usual que el botín fuese propiedad del capitán y soldados de la compañía que intervenían en la acción, norma refrendada por el capitán general. Con ese motivo, se quería trasladar a Tenerife a dar parte a esa autoridad contando con la pertinente licencia del sargento mayor de la isla.”

 

“QUE BONITO CUANDO SALE LA HIJA DETRÁS DE LA MADRE”

Imágen de la Virgen de los Reyes
Imágen de la Virgen de los Reyes

La escultura de La Virgen de los Reyes es una copia de la de Sevilla, hecha en Valencia el año 1925. En el tiempo en que se puso en la iglesia, el poeta José Hernández recibió en Cuba una fotografía de la flamante y recién estrenada imagen de la virgen y le hizo esta cuarteta:

Recibí amigo estimado
su carta y en el momento
la abrí pero que contento
sus recuerdos me han dejado.
Mil gracias por su cuidado
por haberme complacido;
de eso vivo agradecido
viendo la imagen tan bella,
por ser distinguida estrella
de nuestro pueblo querido.

Se mece la fresca brisa
en una cinta colgante
a donde se ve flamante
dulces recuerdos de Elisa[xv].
Aunque el bardo lo analiza
no distingue el apellido;
el niño con su vestido
adorna la santa bella,
por ser distinguida estrella
de nuestro pueblo querido.

Para otra generación
dejaremos las memorias;
un templo lleno de gloria
que adorna la población;
una imagen que en razón
está muy bien construido.
El niño con su vestido
adorna la santa bella,
por ser distinguida estrella
de nuestro pueblo querido.

Ayúdame virgen santa
ya que mi mente se ahoga,
salud a Jaime Casanova[xvi]
y al poeta que te canta;
y con tu gracia santa
salud a aquel que ha querido
adornarte tu vestido
con cintas y flores bellas,
por ser distinguida estrella
de nuestro pueblo querido.

En la primera fiesta de Los Reyes que se celebró ya con la nueva imagen, decidieron sacarla primero, delante del cuadro. Según cuentan, nada más salir por la puerta, el tiempo cambió repentinamente, desatándose un temporal tremendo que obligó a los asistentes a buscar refugio dentro del templo. Al fin decidieron sacar primero el retablo y luego la imagen recién adquirida. Entonces descampó y el tiempo se puso bueno. Y se le cantó el pie romance:

“Qué bonito cuando sale
la hija detrás de la madre”

 

 


[i] Existe otra versión que dice:
“Santa Clara en Chijeré…”
Chijeré es un topónimo que se refiere a toda la banda, a partir de Teselinde, y no sólo el caserío. (Inf. facilitada por José Dámaso Perera).

[ii] El Archivo Parroquia1 de Chipude sufrió un incendio en este siglo. Algunas fuentes afirman que fue intencionado para hacer desaparecer documentos. Por otra parte, también fue expoliado por particulares que guardan documentos en sus casas.

[iii] No tenemos confirmación documenta1 para afirmarlo o rechazarlo, lo que si podemos asegurar es que desde comienzos del siglo XVI los condes de La Gomera tenían en este valle una importante hacienda, e modo que no sería extraño que estos señores o alguno de sus delegados hubieran construido una ermita.

[iv] Anteriores al siglo XVIII son muy escasas las descripciones de Valle Gran Rey, pero en un documento de toma de posesión, en 1567, se citan dentro de Valle Gran Rey las suertes de “Grabalán” (seguramente el actual Borbalán), La Calera y La Vizcáina, que parece eran las cultivadas en ese momento, pues la posesión afecta a otras tierras, aguas y montes que no se especifican. Es significativa la breve descripción de este caserío, que contaba con seis casas tejadas junto a molino e ingenio. Gloria Díaz Padilla (1990) pp. 159-160.

[v] Hasta comienzos de1 siglo XIX (1818) permaneció unificada la diócesis Canariense. En esa fecha se fragmentó, uniéndose La Gomera y El Hierro con Tenerife y La Palma para formar otra diócesis que se denominó Nivariense o de Tenerife, con sede en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna en la iglesia de Los Remedios.

[vi] Suponemos que se trataría de edifícar un templo en mejores condiciones. El lugar elegido será junto a la antigua ermita que debía ser muy pobre. La tradición afirma que existía un cementerio en esos terrenos. Incluso en la ermita se negó a enterrar a personas de la clase de ‘los ricos’ del valle.

[vii] Se crearían también las parroquias de Santiago, San Bartolomé en Alojera y Santo Domingo de Guzmán en Hermigua. Todas ellas, menos la última provenían de ermitas.

[viii] Celia Askanova.

[ix] Antes de su restauración en el año 2000 en el que se le añadió dos soportes delanteros un observador comentaba: “Este se encuentra hoy, afortunadamente, sin cambio alguno respecto a su primitivo estado. La obra ostenta de forma de dosel. En su parte superior se coloca un gran remate frontal en el que aparece decoración de tipo rococó bastante imperfecta. El fondo, donde está colocado el cuadro tiene, su parte posterior profusamente decorada; encerrada dentro de una cartela formada por rocalla y cerrada en su parte superior por una voluminosa corona real española, se encuentra la estrella de los Reyes Magos que derrama sus haces de luz sobre tres coronas, debajo una inscripción en latín (…)”.

[x] No puede ser de principios del siglo XIX porque ya aparece reseñado en la descripción de 1774. Por el tipo de decoración utilizada, la obra tuvo tal vez fue hecha en el último tercio del siglo XVIII, aunque si esto fuera así resulta extraño que en la descripción de 1774 no se nos hable de sus orígenes.

[xi] Habría que comprobar si la inscripción figura en el retablo o en el lienzo. Es importante porque la tradición afirma que lo primero que llegue a Valle Gran Rey, fue el lienzo y que el retablo es posterior. Podría ser que el tal Sergio Fernández quizá emparentado con los Fernández Prieto y Salazar, grandes propietarios de tierras en la zona o que hubiera donado fuese el retablo solamente.

[xii] Un poco más abajo escrita la palabra “Año” pero, desgraciadamente, nunca se llegó a colocar la fecha.

[xiii] En la tradición popular siempre se ha hablado de tesoros escondidos por piratas en la Playa del Inglés. Puede que por el hecho de que las corrientes llevan hasta esa playa los restos de los naufragios producidos en los alrededores. Respecto al topónimo “Playa del Inglés” no es tan reciente como parece. Ya en la descripción de 1774 aparece reseñado. Una hipótesis curiosa sobre el significado de este topónimo -que se repite en varios lugares de Canarias – es que deriva de “inglé” que en dialectos bereberes significa “lugar con dunas”. Curioso ¿no?

[xiv] Díaz Padilla, Gloría y Rodríguez Yanes, Josd Miguel: “El señorío en las Canarias Occidentales” p. 525.

[xv] Se refiere a que la imagen de la Virgen tenía cintas colgadas con nombres a modo de ofrendas.

[xvi]La carta con la foto de la imagen se la había enviado Jaime Casanova.
 
San Telmo es un si lugar.

San Telmo es un si lugar.

Marc Augé escribe:

“Para que la identidad personal y social pueda formarse, es necesario que exista una relación de interdependencia equilibrada entre memoria y olvido. Vamos siendo (y cambiando esa identidad) en función de la relación más o menos profunda que mantenemos con la realidad, con los otros, con las cosas que vamos haciendo nuestras y perdiendo alternativamente.

Un no-lugar es un espacio en el que reina el olvido porque lo transitamos en condiciones de rutina y automatismo, sin que realmente nos influya. Conocemos el no lugar, pero tendemos a olvidar lo que decimos, lo que hacemos, lo que vivimos en él y nos resulta difícil recordar rostros a los que no podemos poner nombre. Los contactos anónimos rara vez forman recuerdo. Un no lugar está marcado por la brevedad del tiempo y porque estamos siempre llegando o yéndonos de él. No echamos raíz (memoria, identidad, apego).”

Y nosotros añadimos:

San Telmo desde el convento de Santo Domingo.
San Telmo desde el convento de Santo Domingo.

“San Telmo nunca será un no-lugar, no dejaremos que se convierta en algo rutinario y anodino, igual a cualquier otro paseo, sin identidad propia ni elementos diferenciadores. Siempre será el lugar de nuestro primer baño, de nuestro escarceo amoroso pegado a los riscos de debajo de las escaleras, de nuestras aguavivas y erizos, y sus picaduras. De nuestro ¡¡AL AGUA!! el día de tú cumpleaños.

San Telmo no es una playa, y unos charcos, son las tardes jugando al escondite, y a la cogida, llegando a casa con los zapatos y los bajos del pantalón mojados.

Son las tardes viendo batir las olas en el reboso del lado del charco de los perros, enguirrado en el risco que asoma al final del pasillo de cemento, en las que salías mojado hasta las rodillas porque la marea subió, y ni la viste.

Es el pejeverde pescado en el laguito, con la caña, la tanza y el anzuelo, y los erizos a montones detrás de la roca del charco de los Espadartes.

Los buches de agua tragados en el reboso de la punta, que si no te sacan la cascas.

Es la prueba de valentía de ir nadando a la Cebada y volver, como primer rito de iniciación.

La de ir nadando a la trinchera y tirarte del Camello, como segundo rito de iniciación y tirarte porque no encontraste la forma de bajar, no por valentía.

Es la diferencia en este pueblo polarizado, hasta en el mismo San Telmo estaban los de los callaos, los de las duchas, los del laguito, los de los Espadartes, los de la Punta, y los que nadaban fuera, cada uno constituyendo un grupo diferenciado, enfrentado al otro por el convencimiento de que su “zona de baño” era mejor que la del otro.

Ahora los de San Telmo, hemos olvidado las diferencias, y tenemos que unirnos a los de Martiánez, los del Muelle, los del Charcón, los de Punta Brava y la Barranquera, para defender lo que es de todos, para todos, y no dejar que nos hagan otra Placeta.”

¡SALVEMOS SAN TELMO!