Visita de los tres primeros astronautas que viajaron a la Luna a Gran Canaria

Como primera etapa de un extenso viaje por casi todo el mundo, los tres primeros astronautas que viajaron a la Luna hicieron escala en Gran Canaria. Ocurrió en octubre de 1969, y todavía muchos de quienes participaron de aquellos actos mantienen fresco el recuerdo del singular acontecimiento.
El día 4 de octubre llegó Edwin Aldrin al aeropuerto de Gran Canaria. Cientos de personas se congregaron en las terrazas para aplaudir al astronauta. Su arribo se produjo a bordo del avión presidencial Air Force One, que le traía directamente desde los Estados Unidos.
Fue recibido como un héroe por autoridades y por un numeroso público que lo aclamó a su llegada, Aldrin y su esposa se trasladaron al Hotel Maspalomas Oasis. Neil Armstrong y Michael Collins, con sus respectivas esposas, llegaron el mismo día pero en un avión de línea regular, procedente de Nueva York.
Los tres astronautas fueron alojados en el hotel Maspalomas Oasis durante dos días, rodeados de atenciones. Incluso tuvieron una suite con sus respectivos nombres. En este corto espacio de tiempo disfrutaron del sol y del mar y cumplieron siempe con un sonrisa de agradecimiento un amplio programa de visitas.
Según cuenta la prensa de la época, el fin de semana en Gran Canaria significó para ellos un apetecido descanso en el corto intervalo entre el viaje a la Luna, su posterior cuarentena, y el agotador intinerario por diversas capitales del mundo.
Las vacaciones de los astronautas transcurrieron en las playas del sur, en cortas excursiones y pescando en las aguas de Maspalomas, acompañados de diversas personalidades de la isla.

Galardón. La víspera de su partida, los astronautas recibieron un último homenaje de Gran Canaria. En el curso de un acto celebrado en el Hotel Maspalomas Oasis, Alejandro del Castillo y del Castillo, conde de la Vega Grande, entregó a los astronautas el Guanche de Oro, premio que se otorgaba a aquellas personalidades, nacionales o extranjeras, que más se han distinguido en su labor. Y en este caso, el Guanche de Oro significaba una especial recompensa que otorgaba, no sólo Gran Canaria sino toda la Humanidad. Así finalizó la estancia de Armstrong, Aldrin y Collins en Gran Canaria. Una visita corta pero que quedó en el recuerdo y en la historia de Maspalomas.

[Fuente Canarias 7]

El día de Finados.

Airadas disputas y encendidos debates levanta la celebración del día de Finados o de Difuntos en nuestra isla, pero no sólo por la falta de respeto que para los creyentes se convierte el sagrado tributo a nuestros difuntos, sino por el carácter de fiesta, jolgorio y desenfreno que ha tomado ésta fiesta en los últimos años. Pero esto no es nuevo, ya nuestros ancestros pensaban algo parecido, ¿saben que pensaban ellos de la castaña y el ponche?

Ya en noviembre de 1857[1] se quejaban de las parrandas que recorrían las calles, he incluso proponían poner cotos a ésta costumbre: “Después de los finados han vuelto á aparecer las parrandas en todas las calles. Esperamos que esta inundación filarmónica desaparezca en breve, porque de lo contrario será preciso ponerle un nuevo dique.”

Cementerio de San Carlos Puerto de la Cruz (FEDAC) Circa 1888
Cementerio de San Carlos Puerto de la Cruz (FEDAC) Circa 1888

En 1870 comienza en el Puerto de la Cruz la tradición de engalanar y enramar las tumbas[2]: “el día de finado, 2 de noviembre, comenzó aquí el uso de poner guirnaldas de flores sobre las cruces y sepulcros en nuestro cementerio. Las hijas de doña Bernarda Fleming Galloway, pusieron la primera hecha de flores siempre-vivas, cuyo filial ejemplo parece seguir imitándose”. Costumbre que parece que se realiza por todas las islas y no es del agrado de todos. Las tumbas se adornan con coronas y ramos de flores, se ponen velas o lámparas y se colocan cruces muchas veces adornadas con epitafios para honrar a los difuntos:[3]

“Todos lloramos por ti
En tierra y en mar salado.
Tu sobrino mi cuñado
y yo también ¡ay de, mi!”

Y otro:

“Sobre de tu tumba fría
Tengo el corazón helado
De llorarte vida mía
á todas horas del día.”

 

Cementerio de San Rafael y San Roque, Santa Cruz de Tenerife (FEDAC) Circa 1888.
Cementerio de San Rafael y San Roque, Santa Cruz de Tenerife (FEDAC) Circa 1888.

Empiezan a celebrase con castañas y ponche, quizás con demasiado ponche, por lo que comienzan a cometerse “abusos” en los cementerios, que obligan a que en Santa Cruz, 1887, se emita un bando municipal que prohíbe la entrada en los mismos[4]. Prohibición que se mantiene hasta que a principios del sigo XX se permite entrar de nuevo esos días, pero sólo el tiempo necesario para honrar a los muertos[5].
La festividad se convierte en un acto de vanidad y ostentosidad, en una demostración de poderes y capitales, en la que se pugna por hacer la mayor demostración de posibles y no de recordar y llorar a los difuntos. En octubre de 1896 se quejan, entre otras cosas, en El Diario de las Palmas de que:  “Una huérfana que cobra pensión, dicho sea de paso, colgó en la lápida el uniforme de su padre, con sable y todo, y hasta con espuelas, y colocó las mangas bien de frente para que se reparase á primera vista que su papá era teniente coronel”. 

Dos años después, en 1898 se afirman :” El culto que hoy se rinde á la vanidad mundana, ó los caprichos de una sociedad que vive para el lujo y la ostentación, hace que nuestros cementerios más parezcan en estos días de finados un gran escaparate de riquezas y elegancia, de preciosidades y objetos artísticos, que no lugar sagrado[6]y ya en 1905 apostilla Fray Gerundio:Los que como yo piensan y van al cementerio en días de finados, á contemplar la gran comedia, sólo hallan regueros de cruces, con muchas flores y coronas, pero sin una sola lágrima, sin una sola plegaria, sin un sólo rezo. ¡Paz á los muertos!”[7]

 Las fiesta se convierte en una jarana no muy piadosa, que poco tiene de cristiana y mucho de pagana, provocando escritos de queja, como éste publicado, en 1902: “La perinola[8] bailando sobre una mesa entre castañas, botellas y copas, bailoteo que se sigue con interés grande por las personas agrupadas alrededor del mueble, las risas, los chispeantes dicharachos, los animados diálogos y la algazara siempre en crescendo, causas más que suficientes son para dar á la dicha suposición validez completa. ¿Como puede nadie figurarse que los que así se divierten están en aquellos momentos consagrados á honrar la memoria de los deudos fenecidos? […]¿Por qué una noche como esa, en la cual el dolor debe inundar el corazón, las gentes se regocijan estrepitosamente, alardeando de una despreocupación que no se siente, que no puede sentirse? Desde antiguo se estableció la moda y por tradición se respeta y se sigue, sin embargo de ser una moda extravagante y más que extravagante anticristiana. Pero la moda lo exige y el público no comprende Finados sin castañas y ponche, como no se explica Jueves Santo sin bollos y vino, ni Noche-buena sin pasteles y  aguardiente.” [9]

 Pero como todo, termina siendo aceptada, asumida y normalizada, lo raro se convierte en normal, lo nuevo en viejuno, lo escandaloso en cotidiano: “Finados. Día de Finados. En la tierra isleña, almendras y nueces en repique seco, prendido a las risas nuevas, sofocadas por el lleno de la mezcla grata: almendras y nueces y higos pasados. Pasta dulzona y sensual, que recorre el cuerpo de estremecimientos almibarados. Quiebro tiznado de castañas, calor de ellas y de los hogares, cuando hay tosquedad en el ambiente exterior. Salobre dulzura del cochafisco[10], cálido, tierno y húmedo como carne de cabrito. ¡Admirable consorcio de la muerte y de la vida! ¡Extraño ir del brazo de las dos fiestas, también cabidas en el hogar cristiano! Sin embargo, la una no es una negación de la otra. Se completan y hácense imprescindibles. En este día hagamos algo por nuestros hermanos muertos, y algo por nosotros, hasta que nos llegue.”[11]

El “Halloween” de nuestros abuelos, sus costumbres tomadas por extrañas, por paganas, por poco piadosas y cristianas, es ahora nuestra fiesta de Difuntos añorada.

 

Alejandro Carracedo Hernández


 

[1] El Ómnibus, 4 de noviembre de 1857.

[2] Álvarez Rixo, 1870.

[3] Diario de Las Palmas, 3 de noviembre de 1904.

[4] Diario de Tenerife, 18 de octubre de 1887.

[5] Diario de Tenerife, 31 de octubre de 1907.

[6] La Opinión, 2 de noviembre de 1989.

[7] La Opinión, 2 de noviembre de 1905

[8] Trompo chiquito que se gira con la mano, perindola.

[9] Diario de Las Palmas, 4 de noviembre de 1902.

[10] Millo frito con una pizca de sal.

[11] Diario de Las Palmas, 1 de noviembre de 1933.

José Hernández Arocha, después de Baler. Contiene entrevista realizada al protagonista de ésta reseña.

José Hernández Arocha, después de Baler. Contiene entrevista realizada al protagonista de ésta reseña.

Programa concierto para recaudar fondos.
Programa concierto para recaudar fondos.

Por Alejandro Carracedo Hernández.

Harto conocido es el devenir de éste héroe de Baler, el soldado de 2ª José Hernández Arocha, natural de La Laguna, Tenerife, en la historia general del sitio de Baler, pero es el objetivo de este artículo hablar de la historia menuda que compone la Historia con mayúsculas.

Una vez reunidos y homenajeados en Barcelona, José Hernández Arocha vuelve junto con  Eustaquio Goper en el transatlántico Cataluña, llegando a Tenerife en la primera quincena de septiembre de 1899.

Es invitado a varios actos para homenajearlo, entre ellos a un concierto del orfeón catalán formado por soldados del Regional núm. 1 celebrado en la Alameda del Príncipe. [1]

A principios de octubre de 1899 el Ayuntamiento de La Laguna decide concederle un destino retribuido que permita tener asegurada su subsistencia.[2]

El sábado 7 de octubre de 1899 realizan un concierto en el Teatro Viana en la calle Juan de Vera, para recaudar fondos para el héroe de Baler. Estando próxima su boda la comisión decide comprarle una casa con las 2.000 Ptas. recaudadas.[3]

El  16 de Octubre de 1899, el Excmo. Sr. Capitán General ordena abrir una suscripción voluntaria entre las fuerzas que guarnecen el territorio del Gobierno Militar de Santa Cruz de Tenerife, suscripción que recauda 1.000 Ptas. y que junto a las 100 Ptas. que decide asignarles la comisión provincial, le son entregadas para su sostenimiento.[4]

El 17 de noviembre de 1899 firma la escritura de la casa situada en lo que hoy es Taco.[5]

El 18 de noviembre de 1899 se decide colocar una lápida conmemorativa en la fachada de la casa que se le ha regalado a José Hernandez Arocha. [6]

En febrero de 1900 se le reclama el pago de los derechos por la donación de la casa, ascendiendo ésta a 365,01 Ptas., la prensa protesta por éste acto indigno y se queja del mísero sueldo que percibe del ayuntamiento y del hecho de mantener a sus padres con el mismo.[7]

A finales de febrero de 1900, cuando tenía 23 años se casa con Doña Juana González y Díaz de 20 años, y habitan la casa que les ha donado.[8]

En marzo de 1908 se le concede, por parte del ejército, junto a Eustaquio Gopar, una pensión vitalicia de 60 Ptas./mensuales, que vendrá a mejorar la economía familiar.

En diciembre de 1910, es invitado a la festividad de la patrona de infantería en el Cuartel de San Carlos, dónde luce con orgullo [sic] su cruz laureada de San Fernando en el pecho (Nota aclaratoria: nunca se le concedió la Laureada de San Fernando, aunque todos se la merecían. Se cita literalmente la información de la nota de prensa). [9]

En enero de 1946 se le asciende a teniente honorario y el día 1 de abril se le imponen las insignias que le reconocen como tal.[10]

Llegado a éste punto, puede que no sepas que pasó en Baler, quién mejor que el propio protagonista para que te lo cuente.

 

Entrevista a José Hernández Arocha, publicada el 26 de septiembre de 1899 en La Región Canaria.

Marcado con el nº 22, Soldado de 2ª José Hernández Arocha, natural de La Laguna, Tenerife.
Marcado con el nº 22, Soldado de 2ª José Hernández Arocha, natural de La Laguna, Tenerife.

¿Quién no ha oído hablar de Baler? Hasta hace poco tiempo, puede asegurarse que dos terceras partes de los españoles desconocían hasta el nombre de ese pequeño pueblo de Filipinas, situado en la parte norte de la isla de Luzón, provincia de Exija, próxima á la de Vizcaya, Distrito del Príncipe y cruzado por la cordillera de Caraballo, que es la principal de la mencionada isla; pero hoy sería vergonzosa, para todo buen español, la ignorancia de ese nombre que un puñado de héroes acaba de inmortalizar, escribiendo allí una brillante epopeya digna de los tiempos de Sagunto y de Numancia, con la que se ha demostrado al mundo entero que aún hierve en los corazones españoles aquel olímpico valor que hace mirar la vida como cosa secundaria siempre que se trate del amor á la patria y la honra nacional.

De las dos desgraciadas campañas que acabamos de sostener en Cuba y Filipinas, nos quedan dos ejemplares hechos, cuyo recuerdo es bastante para halagar aún nuestro orgullo patrio, consolándonos en parte, de los terribles desastres que, por la torpeza de gobiernos imprevisores, si no por causas más vituperables, que no por la abnegación y bizarría de nuestros soldados, hemos sufrido: El héroe de Cascorro y los de Baler.

Plano de la Iglesia.
Plano de la Iglesia.

Para dar á nuestros lectores una cabal idea de los grandes sacrificios y proezas de estos últimos, bástanos referir, á grandes rasgos, la conversación que, en una entrevista ó interview, como ahora se dice, tuvimos ayer con el soldado, del destacamento  de Baler, José Hernández Arocha natural de esta Ciudad, en la que fué alistado con el número 46, el año de 1895.

El José Hernández, que es mozo de aspecto agradable y de vigorosa constitución se prestó muy complaciente á satisfacer nuestro interés y curiosidad, contestando modestamente á nuestras repetidas preguntas.

—Después de tomar parte, nos decía, en la gloriosa, aunque infructuosa, campaña emprendida por el bizarro general Lachambre (cuando Polavieja) en la que avanzamos de triunfo en triunfo desde Parañaque hasta Imús, sosteniendo, entre otros varios, los heroicos combates de Silang y Pérez, Las Mariñas, fui destinado al destacamento de Baler, con otros compañeros, partiendo para dicho pueblo el 7 de Febrero del año próximo pasado, llegando el día 13 del mismo mes. La fecha respondió esta vez á la fatalidad que la superstición le atribuye; pues con dicho día coincidió el principio de nuestros sinsabores.

Componíase el destacamento de 54 hombres al mando de un capitán con dos segundos tenientes y un módico segundo, teniente también. En los primeros tiempos no iba la cosa mal y podíamos salir al pueblo casi despreocupados de todo peligro; pero el día 27 de Junio fuimos atacados por los filipinos tan rudamente que tuvimos que replegarnos á la iglesia, que fué, desde entonces nuestra inexpugnable fortaleza donde nos hicimos fuertes, mientras los insurrectos dominaban todos los contornos; allí nos atacaron con tal insistencia que creímos no poder escapar con vidas. Llegaron hasta apoyar en los muros escaleras para facilitar el asalto; pero nosotros, á nuestra vez, nos defendíamos con tanta decisión, que nos apoderamos de las tales escaleras y de otros artefactos de guerra.

Desde ese día los ataques fueron continuados y porfiados, sin que nos dejaran un momento de verdadero reposo.

—Y diga V., le preguntamos, ¿qué condiciones de defensa tenía esa iglesia en que Vds. estaban?

—Pues eran muy buenas; pues sus paredes, gruesas y fuertes eran á prueba de terremotos, que allí son frecuentes y además, la artillería de los tagalos no era muy temible, que digamos. Componíase aquel recinto de la nave que era nuestro cuartel y campo de operaciones; el bautisterio, destinado á prisiones militares; la sacristía, que tenía la misión más triste: era nuestro cementerio. Comunicándose con la iglesia por la sacristía, seguía la casa del cura, medio destruida, pero con los muros en buen estado; de manera que nos servía de patio y de algo más preciso, en sustitución de lo que juntamente con la casa se había destruido. Este era nuestro mundo en todo el tiempo que allí estuvimos sitiados.

—¿Y qué tiempo duró el asedio?

Último de Filipinas
Último de Filipinas

— Desde la fecha que he dicho (27 de Junio del 98) hasta el 2 de Junio del presente año, Referir todo lo que en ese tiempo sufrimos sería cuento de no acabar. En un segundo asalto llegaron los enemigos hasta arrimar leña por la parte de la sacristía con intentos de prenderle fuego y nosotros, ya a la desesperada, hicimos una salida, con tan buena suerte, que los rechazamos, apoderándonos de la leña con que querían quemarnos. Teníamos tal convicción de que la suerte que nos estaba reservada era la de la muerte, que combatíamos más por morir con honra que por defender la vida. En el tercer asalto usamos del agua hirviendo al mismo tiempo que de nuestros certeros tiros y siempre con buen resultado.

—¿De agua hirviendo dice V? ¿Y cómo conseguían Vdes. esa agua?

—Fácilmente. En el patio de la casa del cura abrí yo por mis propias manos un pozo en el que encontramos agua de muy buenas condiciones, á las tres varas más ó menos. Por esa parte estábamos bien. ¡Ojalá en víveres hubiese sido lo mismo!
Pues qué, ¿estaban Vds. mal de provisiones?
En municiones de boca y guerra no andábamos como queríamos; aunque las de guerra fueron suficientes. En los cinco meses primeros teníamos unas latas de sardinas y unos sacos de harina que ni para perros; pero como había que aprovecharlas porque no había otras, comimos de ellas con muy buen apetito y para utilizar la harina me encargaron la construcción de un horno cuyo lecho ó piso tendría próximamente un metro cuadrado y 95 centímetros de alto; así pudimos comer algo parecido á pan:

—¿Y con qué materiales pudo Vd. Construir ese horno?

—Con los ladrillos del piso de la iglesia y tierra amasada. Esa era toda la argamasa.

— Y terminados esos víveres ¿con qué se alimentaban luego?
Pues con hierbas cocidas, especies de calabaceros, cerrajas y otras matas que nos sabían á gloria, ratas, culebras, lechuzas y perros, si alguno se rodaba por aquellas aproximaciones. En nuestras salidas solíamos apresar algún caballo y entonces celebrábamos un verdadero festín.

Siempre que teníamos ocasión de hacer alguna salida,; obligados por el hambre y la desesperación, experimentábamos casi alegría, porque al fin y al cabo, aunque á costa de grandes peligros, respirábamos aire más sano y ubre que el que teníamos en la iglesia infestado por las calenturas y disentería que allí se habían desarrollado y de las que habían muerto 19 á más de otros dos que lo habían sido de balazos; un navarro llamado Julián Galbete y un valenciano, Salvador de Santa María. Entre los muertos por  enfermedad se cuentan dos paisanos nuestros.

Nuestros esfuerzos, sin embargo, eran inútiles, pues siempre seguíamos hostilizados por un inmenso enjambre de tagalos que me hacían recordar las bandadas de cuervos revoloteando al rededor de la carne muerta. Por fin, comprendiendo que el pueblo era una verdadera guarida de enemigos decidimos prenderle fuego, adoptando para ello el procedimiento de salir uno solo, arrastrándose con la mayor cautela por entre la yerba, hasta llegar á las casas más cercanas y con un estoperón empapado en petróleo se les prendía fuego y luego á huir, antes de ser sorprendido. De esta suerte íbamos saliendo todos, por turnos con el empeño de ver quien quemaba más viviendas. El mismo sistema seguíamos para ir á segar la yerba con que nos alimentábamos; y á pesar de los continuos disparos que nos hacían los tagalos, esperábamos con ansia el día en que nos tocaba el turno; pues al mismo tiempo que teníamos la satisfacción, tanto más agradable cuanto más peligros corríamos, de llevar el sustento á los compañeros, solíamos aprovecharnos de algún valioso hallazgo que en la dificultad de repartirlo con los demás, por lo poco, lo gustábamos á solas ¡condimentado con el silbido de las balas enemigas.

Parlamentario acercándose a la iglesia—¿Y de disciplina cómo andaban Vds.?

—Bien; todos estábamos animados del mismo espíritu y de iguales deseos; habíamos tomado al pie de la letra la ordenanza militar y nadie, y eso que tuvimos días de tristeza y de desesperación horribles, pensó en capitular. No obstante las repetidas intimaciones que nos hizo el enemigo acompañadas de algunas alucinadoras insinuaciones. Dos desgraciados, únicamente, quisieron desertar y fueron descubiertos y fusilados en el mismo templo. Qué más; nosotros ignorábamos el desastre que los nuestros habían sufrido en la lucha con los americanos; y un día que se presentó un teniente coronel con órdenes superiores para que nos rindiéramos, desconfiamos de él y no le hicimos caso; y lo mismo sucedió con un segundo emisario á quien igualmente desobedecimos.

Es imposible referir, siguió diciéndonos el valeroso soldado, todos los heroicos episodios de aquella lucha sin esperanzas de triunfos ni de socorros por tanto tiempo esperados. Un día, cuando más el hambre nos atormentaba, pasó á tiro un perro y lo tumbamos; pero los tagalos se apercibieron de ello y á fin de no dejarnos recogerlo nos enviaron una lluvia de balas que nos impedía salir. Un compañero se decidió entonces y burlando el fuego enemigo nos lo trajo; y después de todo resultó sarnoso, pero nos supo á jamón.

Iglesia de Baler
Iglesia de Baler

En medio de nuestros sufrimientos teníamos un noble orgullo que nos llenaba de consoladora satisfacción: ningún día dejó la bandera española de ondear en lo alto de la torre, aunque dos veces fué derribada por los enemigos á cañonazos.

—Y si fué derribada ¿cómo pudieron reponerla?

—De una manera que no puede ocurrirle á Vds. De unas sotanas de los monacillos tomamos el color rojo, y el amarillo de una casulla del Párroco.

Por último llegó el día en que el teniente coronel del ejército republicano, Celso Mayor nos propuso, en nombre de Aguinaldo, que capituláramos; para esto pusimos las condiciones de que se nos había de tratar con todos los honores de la guerra y nunca como vencidos, conduciéndonos hasta lugar seguro para embarcarnos para España.

—¿Y aceptaron?

—Desde luego. Fuimos conducidos al palacio de Aguinaldo, en Talac, quien nos regaló un par de duros á cada uno de los 33 que quedábamos y pronunció un enérgico discurso en que, dirigiéndose á los suyos, nos presentó como modelos de abnegación y de heroísmo.

De allí fuimos escoltados por fuerzas de los filipinos hasta San Fernando de la Pampauga, en Bulacán, donde se nos entregó á los americanos que nos tributaron, lo mismo que los tagalos todos los honores de la guerra; pues al pasar por sus filas nos presentaron las armas y las bandas de música nos tocaron la marcha real y el paso doble de Cádiz. Tras de tantas penas y fatigas sentimos, ante aquellas manifestaciones, la agradable satisfacción del que cumple con un deber sagrado.

¿Les dieron alguna recompensa? Preguntamos por último, admirados de tan grandes virtudes.

—Aún, no, pero dicen que nos darán la laureada.

¡Oh! sí; pensamos nosotros; les darán una GRAN CRUZ: la de una vida miserable y de desengaños que es el premio que sabe dar España á sus héroes humildes.


 

[1] 12 de septiembre de 1899 en La Región Canaria.

[2] 2 de octubre de 1899 en Unión Conservadora.

[3] 16 de octubre de 1899 en Unión Conservadora.

[4] 17 de octubre de 1899 en  La Región Canaria.

[5] 18 de noviembre de 1899 La Región Canaria.

[6] 18 de noviembre de 1899 Diario de Tenerife.

[7] 22 de febrero de 1900 La Región Canaria.

[8] 1 de marco de 1900 La Región Canaria.

[9] 9 de diciembre de 1910 La Gaceta de Tenerife.

[10] 8 de enero de 1946 Falange.

El origen de la palabra fisco. La fisca, moneda macuquina.

En Canarias se llamaba así a la moneda columnaria o macuquina acuñada en Hispanoamérica, generalmente de uno o dos reales. En el Archipiélago todavía se usa la palabra “fisco” por trozo, poca cosa, pequeñez, recorte.

Las personas de fuera de las Islas se hacían un verdadero lío en Canarias con los cálculos entre las monedas legales – reales de vellón, escudos y pesetas- y las tradicionales canarias como las fiscas, tostones de Portugal (así como en una primera época los ceutís lusos), reales de plata, bambas, pesos… que unos versos satíricos de finales del siglo XIX definía de esta manera:

Entre fiscas, pesos, y tostones
si dicen -Esa chica te conviene
porque tiene de renta dos millones-
no se sabe de fijo lo que tiene

En la imagen, una Fisca de 1 real de plata de 1760 del Potosí.
En la imagen, una Fisca de 1 real de plata de 1760 del Potosí.
En la imagen, una Fisca de 1 real de plata de 1760 del Potosí.
En la imagen, una Fisca de 1 real de plata de 1760 del Potosí.

 

Fuente: http://www.odalsi.com/usuarios/bamba/?refer=www.numisma.org

Las Aguas de San Juan de la Rambla.

El Rosario y Las Aguas, desde Las Aguas.
El Rosario y Las Aguas, desde Las Aguas.

El cronista A. de Espinosa, refiriéndose a Betzenuhya, primer mencey de Taoro (hijo mayor de Tinerfe y abuelo del Rey Grande, Quebehi Benchomo o Bencomo, que gobernaba el menceyato en la época de la conquista española a fines del s.XV), nos dice:”…y señoreó el reino de Taoro, que ahora llaman Orotava, cuyo término fue desde Centejo hasta la Rambla, aguas vertientes a la mar”.

Algunos atribuyen esas aguas vertientes al mar, al barranco de Ruiz, en cuya desembocadura, está la Rambla de los Caballos, que le da nombre a toda la zona.

Lo que es cierto, es que toda esa zona, entre el barranco de Ruíz, y la cueva de la Golondrina, estaba llena de nacientes que vertían su agua al mar, que incluso, hasta hace pocos años, formaban charcos en los que la gente pasaba la tarde yendo a merendar, o usaban, utilizando con tubería un pino de pitera ahuecado, para endulzarse después de bañarse en el mar.

Esa gran cantidad de nacientes, y barrancos con agua, son los que le dan el nombre, a este barrio tan popular del municipio de San Juan de la Rambla, Las Aguas.

Según cuentan algunos vecinos, parte de este agua “despareció” con la construcción de una galería, en la que se trabajaba de noche, para que no protestaran, esta galería robó el freático y secó algunos de estos manantiales, y lo que quedaron, dicen que están contaminados por los pozos de la zona alta del acantilado, y no sirven para nada. La gran cantidad de vegetación y el agua que aún hoy se ve correr por zonas como la de la gasolinera de la entrada a San Juan, son testigo mudos del porqué se llama Las Aguas, como se llama.

La Mellada.

Carretera a San Andrés
Carretera a San Andrés

Muchas de las veces que esta foto ha sido compartida por Internet, surge un nombre, el de la Mellada. La Mellada era la Madame de una casa de citas que había aproximadamente en lo que hoy es la gasolinera que está al lado de la Casa del Mar, Pero, ¿Quién era la Mellada?

Encarnación Macias López, nace a finales del siglo XIX, en 1894 entre octubre y diciembre. El 27 de diciembre de 1907, la detienen a la una de la madrugada, cuando sólo tenía 13 años, junto a Rosa Rodríguez de 17 años y Lucía Toledo de 14, por tenerse conocimiento de que cometen actos inmorales.

Unos años después, en 1913, la detienen por pelearse con Virginia Salazar Hernández, una vieja conocida de la noche santacrucera, conocida como la Caracatre, con la que tendrá numerosos episodios de escándalo público. Ya en esta época, con 19 años, era conocida como la Mellada.

En 1914, se resiste a entrar en el Hotel Cambronero (1), nombre con el que se conocía la prisión provincial, insultando y faltando al honor a los agentes que intentaban encarcelarla, y es obligada a entrar a empujones en la celda. Acude a prisión con un niño pequeño, que pretenden que lo dejen entrar en la celda con ella, y que presenta como su hermano pequeño.

Encarnación es multada numerosas veces por prostitución en la vía pública y escándalo a lo largo de los años. En septiembre de 1918 ingresa en la Casa de Socorro con heridas punzantes y erosiones en las manos, producidas por una reyerta, quizás con la Caracatre. En octubre del mismo año, vuelve a ingresar en la Casa de Socorro, por heridas producida en otra reyerta, tenía 23 años.

Diez años después, con 33 años regenta una casa de citas en la Calle del Rosario. Es juzgada por corrupción de menores, por encontrar menores en su prostíbulo, delito por el que es denunciada y juzgada en 1928, 1932 y 1934, y en todas las ocasiones es declarada inocente.

En 1928 traslada su domicilio de calle del Rosario nº4, a la Rambla de Pulido nº4, aunque su prostíbulo se mantiene en la calle del Rosario.

En septiembre de 1936, recién comenzada la Guerra Civil, dona 6 mantas para enviar al frente. Y en 1937, visita al Gobernador Civil, todavía no sabemos para qué.

Fue después de esta fecha cuando traslada su casa de citas a la localización cercana a la foto de cabecera, y que tantos recuerdos trae a algunas personas.

Se le podía ver dando paseos por la Alameda, donde podemos imaginar que las mujeres “decentes” la evitarían como a la peste, y los hombres “no tan decentes” la mirarían como nunca miraban a sus esposas o novias. Dura vida, triste vida, mala vida la de la Mellada.


  1. Le llamaban irónicamente Hotel Cambronero, porque su director Modesto Cambronero, había introducido mejoras en la prisión provincial que no eran bien vistas por todos. Fue criticado por poner demasiadas comodidades a los presos, como cambiar las camas y poner camas decentes y mantener un nivel de higiene mínimo en la cárcel.

CUEVA DE LA NEGRA (Topónimo de Fasnia)

(Historia de exclavitud, amor y libertad….)

Llegaste desde tu África
venías encadenada
ibas a ser vendida
pero tu destino estaba
para siempre aquí ligada.
En esta Zona del pueblo
cerca de D. Juan Marrero
en la hoya de Don Eusebio
esta historia aquí pasó
y no hace tantos años
que las argollas
de aquí alguien

Los esclavos los escondían
en las cuevas que allí había
hasta que por fin
a alguien se los vendían

Don Manuel era el encargado
de los esclavos vigilar
cuando llegó aquel grupo
blancos y negros mezclados
y te pudo divisar
su cuerpo se estremeció
y enseguida comprendió
que la llama del amor
na´más verte se encendió

Desde que te vio mujer
se quedó escandilado
eras tan esbelta y tan bella
no se pudo resistir
y te entregó su amor
mientras su corazón pudo latir

Tú mujer de color
del Africa Tropical
que con tu gran belleza
lo supiste enamorar

Viniste como esclava
mezclada con los demás
pero quién te lo iba a decir
que gracias a tu belleza
la libertad ibas a conseguir

Cómo serías de linda
qué belleza tan impresionante
que arriesgó su vida
para salvarte

Don Manuel no concilió el sueño
duerme varias semanas
su corazón le decía
tienes que ser para mí
linda gacela africana
y una noche de temporal
de la cueva te sacó
te había secuestrado
sabiendo que si lo cogían
moría bien ahorcado

Te escondió en una cueva
informó que habías muerto
que te había enterrado
cuando lo cierto del caso
es que le habías enamorado

Se cuenta que un hoyo cavó
y que un animal
que había muerto
en tu lugar enterró
y un poco más arriba
tus ropas ya colocó

Cuando el traficante
su historia no la creyó
pero al abrir el hoyo
tus ropas ya divisó
y al llegarle el perfume
el hoyo se taponó

Él temblando se había puesto
porque si descubría el engaño
ya estaba dispuesto
al hoyo ir a parar
porque el robo de una esclava
con la vida has de pagar

Cuánto tiempo estuviste
encerrada en aquella cueva
amando aquel fasniero
que la primera palabra
que te enseñó a decir
es la amorosa “te quiero”

Se acabó la esclavitud
y te dio la libertad
pero para siempre decidiste
a su lado continuar

En premio a tu gran amor
decidieron bautizar
a esta zona de Fasnia
como Cueva de La Negra
para siempre a ti recordar

Quiero hacer constar
que todo lo que aquí describo
es pura realidad
pues un familiar de Don Manuel
me contó esta verdad

(Fasnia, Agosto de 1999)

Aportación de:Arístides Díaz Chico
Fuente http://www.fasnia.net/html/arist06.html

Antonio Benavides, un canario universal: el gran desconocido

El que llegó a Teniente General de los Reales Ejércitos de España –y fue hombre de máxima confianza de Felipe V, el primer Borbón que reinó en nuestra nación–, don Antonio Benavides González de Molina, nació hace ahora trescientos treinta y seis años, el 8 de diciembre de 1698, en la Ilustre Villa de La Matanza de Acentejo. Muchos chicharreros saben de la vía santacrucera que lleva su nombre; así como los matanceros conocen la calle que lo recuerda, en su pueblo natal. Sin embargo –al menos hasta ahora–, muy pocos son los tinerfeños –aún menos los españoles de otras regiones– que tienen conocimiento de tan ilustre paisano: uno de los canarios más universales.¿Quién era Antonio Benavides?

Nuestro ilustre matancero era el tercero de ocho hermanos (uno de los cinco varones murió de niño), hijos de don Andrés y doña María, que constituían una familia de viticultores. Al ser don Andrés capitán de las Milicias provinciales, dio hospedaje en su casa a un oficial de la Bandera de La Habana, que reclutaba mozos para la guarnición de aquella isla de las Antillas. Prendado el militar de las virtudes castrenses –además de personales– que adivinó en el joven Antonio (según narra Bernardo Cólogan en biografía premiada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, en 1795), no tuvo gran dificultad en convencer a éste y a sus padres para que –en condición de cadete– se alistara en el Ejército y lo acompañara a La Habana. A mediados de 1699 Benavides partía, junto a cien jóvenes campesinos más, rumbo a la isla de Cuba. Tres años después, ya ascendido a teniente, engrosando los refuerzos solicitados por Felipe V (al estallar la Guerra de Sucesión), viajó a Madrid, siendo destinado a uno de los regimientos de dragones de la Guardia de Corps, por orden directa del Rey. A partir de entonces, el joven matancero enfiló el camino de la más brillante carrera militar jamás soñada. Los ascensos se sucedieron por méritos de guerra: Al lado de su rey, Benavides se batió con ardor y valentía en la toma de Salcedilla, rindió Villareal e Inhiesta, sitió Barcelona y Tortosa; combatió al frente de su escuadrón de Dragones en Almahara y en Peñalba; actuó de forma decisiva en Zaragoza y en Brihuega –siendo dos veces felicitado por el Soberano, en persona–; hasta el 10 de diciembre de 1710, fecha en que tuvo lugar en Villaviciosa de Tajuña una batalla decisiva para el curso de la guerra.

Benavides salvó la vida del primer Borbón que reinó en España

En aquella gélida tarde de 10 de diciembre de 1710, se hallaban enfrentados los ejércitos franco-español y el austracista del Archiduque Carlos, en un prado cubierto por la nieve. Al poco de comenzar a tronar los cañones de uno y otro bando, se percató el ya teniente coronel Benavides de la diana perfecta que suponía para la artillería enemiga el imponente caballo blanco del Rey (el único de ese pelaje en el campo de batalla), sobre el alto emplazamiento desde el que observaba la batalla, junto a sus generales. De inmediato, cabalgando hasta aquel elevado lugar, advirtió al Monarca de tan peligrosa circunstancia –en la que el Rey no había reparado–, cambiando su alazán por la blanca montura regia. Al poco de volver a su posición, una granada de mortero alcanzó de lleno al caballo blanco, haciéndolo pedazos e hiriendo gravemente a su jinete. Sobrevivió Benavides de milagro, atendido por los cirujanos del mismísimo Rey, que ordenó tuviera cuantos cuidados y atenciones precisara. A partir de entonces, entre ambos se estrechó una sincera amistad, y tanto apreció el Soberano al hombre que salvó su vida, que lo llamaba padre delante de generales y cortesanos. Sin duda, de no haber intervenido Benavides de tan resolutiva manera, y Felipe V hubiese caído en aquel campo de batalla, el curso de la Historia hubiese tomado muy diferente camino, tan distinto como que hoy no reinaría en España Felipe VI, entre otras cosas porque ni él ni sus predecesores habrían visto la luz.

Sin embargo, aun siendo un hecho primordial para el recorrido vital de nuestro paisano el capítulo de Villaviciosa, fueron sus posteriores treinta y dos años como primera autoridad en provincias claves del virreinato de La Nueva España, durante los cuales Benavides dio muestras de su gran capacidad para el gobierno, la administración y la negociación en las más complicadas condiciones imaginables, así como sus extraordinarias virtudes militares.

Capitán General y Gobernador de la Florida, Veracruz y Yucatán

Al término de la guerra de Sucesión, descansaba Benavides en la Matanza, cuando recibió una misiva fechada el 24 de septiembre de 1717, en la que el Rey lo nombraba Capitán General y Gobernador de la Florida, la provincia más al norte de la América española. Estaba sumida ésta en un caos administrativo y de corrupción, a cuya cabeza figuraba su predecesor Juan de Ayala Escobar, acusado de contrabando.

Apenas puso Benavides pie en San Agustín de la Florida, limpió de corruptos la administración de la provincia, encarcelando a los culpables y premiando con cargos de responsabilidad y confianza a los que se habían mantenido honrados y colaboraron en poner orden en aquel desbarajuste. Resolvió los innumerables conflictos que había con las beligerantes tribus indígenas –azuzadas en su mayor parte por los ingleses, más allá de las lindes del norte–. Tanto fue así, que ante el ataque y destrucción que sufrió el fuerte de San Luis, la misión y el poblado de San Marcos de Apalache, en la frontera norte –a manos de los belicosos apalaches–, marchó hasta allí con la sola compañía del capitán que trajo la mala nueva y unos intérpretes, con el fin de evitar más derramamiento de sangre y no poner en peligro las vidas de los muchos prisioneros hechos por los indios más beligerantes de aquellos vastos territorios. Sorprendentemente –lo que demuestra sus dotes de gran negociador y su talante conciliador–, rescató a los españoles prisioneros, dio cristiana sepultura a los caídos, reconstruyó el fuerte, la misión y las casas pasto de las llamas, y firmó un pacto de paz y colaboración entre el Reino de España y la tribu Apalache, cuyos jefes y pueblo dio muestras de adoración por el nuevo Gobernador, como lo hicieron posteriormente todas las tribus de las provincias del Nuevo Mundo bajo su gobierno.

Y aunque eran sólo cinco los años preceptivos en el mantenimiento de la gobernación en las provincias españolas en las Indias, ante los brillantes resultados alcanzados por Benavides y la total confianza que en él tenía Felipe V –demostrando la misma Fernando VI, a la muerte de su padre–, lo mantuvo cinco lustros en la Florida, más diez años en Veracruz y siete al frente de la provincia de Yucatán y San Francisco de Campeche. Ardua fue su lucha contra la Armada británica, así como con piratas y corsarios, que asediaban las costas españolas.

Durante la Guerra del Asiento (1739-1748), al frente del escaso ejército regular, reforzado por milicias campesinas, reforzó con enorme eficacia las defensas de Tabasco y Honduras –que sufrían constantes envites de escuadras británicas–, estableciendo puertos de avituallamiento y refugio para los navíos de la Armada Española, de los que antes carecían.

La labor de Antonio Benavides durante su largo mandato en la América española fue excepcional, no sólo por los resultados obtenidos en la buena administración de las provincias y el éxito en las campañas de defensa que emprendió, también lo fue por lo alcanzado por su talante conciliador y bondadoso, por su honradez inquebrantable –hasta tal punto que Fernando VI le dio autorización para el uso de los caudales públicos en función de sus necesidades, sin su previa aceptación–, y su lealtad absoluta a su Rey y a su Patria. Pensemos que treinta y dos años al frente de tres provincias del Nuevo Mundo, de habérselo propuesto, le habrían hecho un hombre muy rico. Por el contrario –y esta circunstancia engrandece aún más su figura–, no sólo no se enriqueció, sino que a lo largo de su dilatada vida hizo innumerables obras de caridad, despojándose a tal fin de todo bien material. Tanto fue así, que abandonado el Nuevo Mundo, en los primeros meses de 1749, se presentó ante el Rey vestido con un uniforme que le prestó su amigo el Marqués de la Ensenada, dado que el único del que disponía nuestro paisano no estaba en condiciones para tal circunstancia.

El ansiado regreso a la Patria chica

Luego de entrevistarse en la Corte madrileña con Fernando VI –quien le agradeció sus años de leal y ejemplar servicio, ofreciéndole la Capitanía General de Canarias, cargo que rechazó Benavides–, marchó a Tenerife. En esta última etapa de su apasionante existencia, vivió en el hospital de Nuestra Señora de los Desamparados de Santa Cruz, en una austera estancia que para él prepararon. De su pensión, destinó fondos para la mejora de las instalaciones de este hospital; ayudó a todos los vecinos necesitados que a él acudían; se involucró en los aconteceres cotidianos de la isla; y dada su excepcional experiencia y gran conocimiento en todo lo concerniente a las Indias, asesoró a las autoridades locales sobre comercio y emigración entre las Canarias y la España a la otra orilla del Atlántico. Mucho le lloraron sus paisanos, cuando el 9 de enero de 1762 –hará en breve 253 años–, a sus longevos ochenta y tres años, cerró los ojos para siempre. Fue enterrado vestido con el hábito de la Orden Franciscana –abrazado a su fe católica, tal como él había pedido–, a la entrada de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz. Hoy apenas puede leerse sobre su lápida –desgastada por las pisadas a lo largo de tantos años, cuestión que debería restaurar la autoridad competente–, el siguiente epitafio:

Aquí yace el Excmo. Sr. D. Antonio de Benavides, Teniente General de los Reales Exército.

Natural de esta Isla de Tenerife.

Varón de tanta virtud cuanta cabe por arte y naturaleza en la condición mortal.

No se ha hallado retrato de Antonio Benavides, sencillamente porque no quiso destinar dinero alguno a tal fin, como renunció a tantos bienes materiales, siempre a favor de los más necesitados, allá en el Nuevo Mundo y aquí en su tierra natal. Fue, fundamentalmente, un patriota y un hombre honrado; un español de leyenda, desconocido u olvidado, como tantos otros. En suma: un canario universal.

Jesús Villanueva Jiménez es escritor. Autor de La Cruz de plata. Publicado el 2 de enero de 2015 en la Opinión de Tenerife. http://www.laopinion.es/opinion/2015/01/02/antonio-benavides-canario-universal-gran/583459.html

1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

1892 La Danza de los Enanos en Santa Cruz de Tenerife

Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892
Anuncio de Danza de los Enenos. Diario de Tenerife 18 de abril de 1892

Cuando en los carteles anunciadores de las últimas fiestas de mayo, entre otros espectáculos se leía “Danza de enanos,” la mayor parte que la desconocían estaban muy lejos de esperar en ella una sorpresa tan verdaderamente deliciosa.

Llegó su día y en el teatro principal, hizo su presentación el mascarón; como llaman á ese gigante enano que por todos conceptos es digno de estudio.

Su monstruosa proporción, hábilmente armonizada,hace reir al más pintado.

La careta, cuya espresión no copia el dibujo anterior, es á mi juicio una obra de arte. Se encuentran en ella mezcladas, la sonrisa picaresca del viejo verde, con cierta gravedad que la dan los años ó la posición; algo que se impone ó que domina con las armas de la hipocresía.

Es en general el mascarón, un viejo atento que tiene por manía el saludar, dejando traslucir en sus modales la distinción del gran mundo. Baila con agilidad no exagerada, quizá para evitar que le ocurra lo que al D. Severo de la Zarzuela.

Porqué la plebe, los otros enanos más pequeños, obedecen al compás, pero se advierte en sus ademanes algo libres, que si perdiese la gravedad el bastonero, no bailarían al son que les tocasen.

Y va de conjeturas; en el mascarón como en su séquito danzante, encuentro algo extraño que no es el mero propósito de provocar la risa con sus irrisorias actitudes. Imagino ver en ellos la sátira dirigida al magnate y buscada tanto en la gigantesca proporción del mascarón, con relación á sus imitadores, como en cuanto se relaciona con lo moral y lo político.

Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.
Mascarón ilustración publicada en el Salón de Añaza 31 de mayo de 1892.

El uno grande; los otros pequeños. Inicia el primero la danza y los chicos que desempeñan el papel de autómatas, déjanse llevar de la inspiración del poder y para engrandecerse tratan de imitar cuanto pueden al objeto de sus aspiraciones, convirtiéndose en objeto de mofa para engrandecer la figura del poderoso.

Esta conjetura ha dado lugar á que me pregunte:

—¿No podrá ser que esta danza, en lejanos tiempos llenare la indicación del ridículo hacia determinado sujeto?

Y de cierto modo responde á mi pregunta la cara poco vulgar del gigante, pues, más que un adefesio fabricado al acaso, es un retrato de cuyo parecido no se duda.

Poco se sabe del origen de estos enanos y entre los datos que hemos podido proporcionarnos se encuentran, que el Beneficiado Sr. Diaz fué el autor de las primeras caretas.

Que las actuales son hechas por D. Aureliano Carmona.

Que desde 1676 acompañan á la comitiva de Ntra. Sra. de las Nieves, cada cinco años que se verifica la fiesta, cuatro gigantes y un enano (el mascarón).

Y por último que antes salían también en las procesiones del Corpus.

El distinguido poeta Palmense D. Antonio Rodríguez López á quien se le deben los anteriores datos cree que estos gigantes simbolizan los vicios y que sin duda ese simbolismo esa misma comparsa,que anuncia la bajada de la virgen significa que los vicios del paganismo y más bien de la humanidad han sido vencidos y acatan el cristianismo ó la redención, en las manifestaciones del culto católico.

1892 Partitura de la Polka de los enanos
1892 Partitura de la Polka de los enanos

Este simbolismo destruye un tanto el criterio que del mascarón habíamos formado; pero si es cierto que los símbolos son los atributos que se refieren á lo místico á lo moral y al dogma, también lo es que los antiguos de quien hemos aprendido el arte de simbolizar, con un mismo atributo simbolizaban dos ó más cosas. Por ejemplo, se dá por atributo á la cólera un león y el mismo animal es el de la Generosidad y la Clemencia. Cuando furioso, la cólera y le pintan dulce y manso cuando le han querido hacer atributo de la Clemencia y la Generosidad, suponiéndole, una grandeza de alma que puede ser comparada con las cualidades buenas del corazón humano.

Por lo tanto el mascarón y los gigantes bien pueden simbolizar el arrepentimiento de los vicios y haber sido la divisa satírica á cierto personaje, aceptando que la divisa pueda componerse de una estraña imagen que de lugar á una comparación justa.

Pero de cualquier modo, sea cual fuese su orígen y aplicación, es muy original. Las caretas, los trajes, la música, todo contribuye á un efecto agradable.

Es un espectáculo que no consigue saciar la curiosidad del público y lo demuestra que este teatro de Santa Cruz en las distintas representaciones de la danza ha obtenido llenos asombrosos, llegando al estremo de ocupar el pasillo central del patio con sillas traídas de las casas.

Más aún; terminado la primera noche este espectáculo que en otras tres se repitió, salieron los enanos á bailar en las plazas y calles escogiendo entre otros sitios el centro de la Plaza de la Constitución donde la blanca luz eléctrica hacía dudar si era de noche. Con dificultad se hicieron calle ante la multitud, que les rodeaba, y, de mí se decir, que sin pretenderlo me arrolló aquel oleaje humano; y sin dar un paso recorrí gran trecho de la plaza perdiendo en la refriega el bastón y casi el sombrero y, restablecida la calma tuve el gusto de reconocer en los regocijados espectadores gran parte del público que llenó el teatro.

Los organizadores y D. Benigno Ramos que la dirigió, pueden estar satisfechos por la aceptación que obtuvo la danza, siendo indudable que Santa Cruz de Tenerife debe á su hermana la isla de la Palma una parte esencial en el inesperado éxito de sus fiestas.

UBALDO A. BORDANOVA

1892, coches de Punto en Santa Cruz.

1892, coches de Punto en Santa Cruz.

El 26 de julio de 1892 el Diario de Tenerife anuncia en su página 4.

Diario de Tenerife. 26 de julio de 1892
Diario de Tenerife. 26 de julio de 1892

GRAN NOVEDAD

Coches de punto. — Estos coches, que por primera vez se establecen en esta Capital, tienen por objeto facilitar los medios de locomoción en el interior de la ciudad.

CARRERA DEL COCHE

Saliendo de la plaza de la Constitución, seguirá las calles del Castillo, Plaza de Weyler, Callao de Lima, Constructura, D. Bernabé Rodríguez, Amargura, Toscal y San Francisco hasta el punto de partida.

PRECIOS
Desde la plaza de la Constitución hasta la de la Constructora, 16 céntimos.
Desde la plaza de la Constructora hasta el término de la carrera, 10 céntimos más.
Los viajes serán desde las 10 y media de la mañana hasta las 4 de la tarde.

Notas.—Además dicho coche saldrá de la Laguna para esta Capital todos los días a las 9 de la mañana, y regresará á las 5 de la tarde.
Se admiten anuncios de todas clases a precios sumamente económicos.
Exíjese el billete a la entrada.

1892 Trayecto coche de Punto, en discontinuo ruta alternativa.
1892 Trayecto coche de Punto, en discontinuo ruta alternativa.
1892 Posible coche de Punto
1892 Posible coche de Punto, en el inicio de su recorrido, foto de Miguel Bravo.

 

Ya a principios de 1893, con el servicio mejorando, se le recrimina a la Guardia Municipal el que no permita que el coche de punto pare en la parte alta de la Plaza de la constitución:

“No sabemos si por propia  iniciativa o por orden del Sr. Alcalde, los guardias municipales no consienten que el coche de punto que se situaren la plaza de la Constitución permanezca allí parado más de media hora; pero sea como quiera, la orden nos parece abusiva, puesto que en todas partes los coches de punto aguardan que haya quien los tome, y aquí, además, donde no hay sino uno sólo, que por cierto empieza a prestar un buen servicio al público, nada estorba en aquel sitio.”

1893-01-18 Los guardias municipales no les dejan parar más de media hora.
1893-01-18 Los guardias municipales no les dejan parar más de media hora.