La isla de J.J. Williams

por Melchor Padilla

A lo largo de su historia las islas han recibido a viajeros extranjeros que nos han dejado sus impresiones, escritas o dibujadas, acerca del archipiélago y sus habitantes, lo que nos ha permitido conocer cómo eran nuestra naturaleza y cultura vistas por otros ojos. Muchos de ellos demostraron un interés científico por las Canarias que los llevó a investigar con profundidad diversos aspectos no sólo de su relieve, vegetación y fauna sino también los relacionados con su historia. Entre todos, no obstante, debemos destacar las inmensas figuras del francés Sabino Berthelot y del inglés Philip Barker Webb.

Ambos llevaron a cabo una ingente labor investigadora que se concretó en la obra Historia Natural de las Islas Canarias, publicada entre 1836 y 1850, en la que tratan de sistematizar el conocimiento de campos tan variados como la Etnografía, la Historia de la Conquista, la Geografía, la Geología, la Zoología y la Botánica, entre otras disciplinas. La obra está ilustrada con un gran número de grabados que nos retratan la isla que ellos vieron y que describen. Muchos de estos grabados están realizados a partir de los dibujos que hizo el inglés J.J. Williams, que en una parte de la Historia Natural llamada Misceláneas Canarias nos da un retrato fiel de la isla en aquellos años de finales del primer tercio del siglo XIX.

Poco o nada sabemos de él aparte de su origen inglés y que vivió en Tenerife, posiblemente en La Orotava, por aquellos años, y que acompañó a Berthelot y Barker Webb -que en la imagen que encabeza este artículo aparecen retratados por Williams en el bosque de Aguagarcía- en sus andanzas por las islas, dibujando de forma detallada sus paisajes rurales y urbanos. Estos dibujos nos han permitido tener un conjunto de postales que nos muestran cómo era esta tierra en esos lejanos años y nos permite estudiar qué diferencias hay entre aquellas imágenes y la actualidad. Veamos algunos ejemplos.


Garachico: El dibujo está hecho en la plaza del Ayuntamiento, justo desde la esquina con la calle Sol, y en él contemplamos desde la fachada de la iglesia del convento franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles hasta la Casa-Palacio de los Condes de La Gomera que aparece en estado ruinoso. La misma plaza presenta signos de abandono pues las hierbas aparecen ocupando parte de su suelo. Vemos a una serie de personajes entre los que destacan dos frailes y algunos campesinos. En la actualidad el antiguo convento ha sido transformado en casa de la cultura y biblioteca. A continuación están el edificio del ayuntamiento y el palacio que ha sido restaurado no hace mucho. Más a la derecha vemos los árboles de la plaza de la Libertad.


Güímar: De esta ciudad sureña Williams trazó un dibujo de la plaza de San Pedro. En una amplia explanada de tierra vemos al fondo la fachada de la iglesia parroquial con sus característicos remates lobulados y, tras ella, la torre del campanario que en aquellos años estaba recién construida. En primer plano junto a un muro conversa una pareja de campesinos mientras otro conduce a su mulo plaza arriba. Otros personajes charlan junto a la puerta de la iglesia. En nuestros días, modernos edificios de pisos han sustituido casi totalmente a las antiguas casas canarias tradicionales y se ha cubierto de enlosado la explanada, que presenta un estado de deterioro considerable. Se ha arbolado toda la plaza, lo que impide contemplar la fachada de la iglesia.


Vista del Teide y del valle de La Laguna: La imagen fue dibujada desde lo que hoy es la carretera que conduce al monte de Las Mercedes, justo donde se encuentra una parada de guaguas, un poco por encima del restaurante Casa Domingo. En ella apreciamos en primer plano a la derecha un grupo de campesinos que parecen conversar en el camino mientras que a la izquierda otro se aleja vereda arriba a lomos de su montura. Más abajo, vemos la vega y las estribaciones montañosas que la rodean por su lado norte, más allá el monte de la Esperanza y al fondo el Pico, como lo llama el dibujante. Hoy el paisaje ha variado poco desde esta perspectiva. Si acaso hay más vegetación , pues ya no se corta leña para uso doméstico, y en el valle aparecen a lo lejos más edificaciones.


El rincón de Gracia: En La Laguna, Williams se detiene a dibujar el paisaje de la curva de Gracia. En primer plano, enmarcado por una vegetación de matorrales y piteras, un joven caballero con su escopeta se dispone a cazar acompañado de sus dos perros. Tras él, al otro lado del barranco del Gomero, aparece la hoy conocida como casa de los Estévanez, que en la época en que pinta Williams es propiedad de los antepasados de éstos, la familia de origen irlandés Murphy-Meade. Más atrás se alza la ermita de Gracia que todavía conserva su balconada en la cabecera y su nave octogonal. A lo lejos, en la cima de una colina, se divisa la ermita de San Roque. En la actualidad todo es muy diferente, pues la llegada a Gracia de las monjas Oblatas, que instauraron allí el reformatorio femenino, se tradujo en el destrozo sistemático de ese bello entorno, primero derribando la cabecera de la iglesia y el balcón en los años 20 del pasado siglo y después edificando en los setenta un enorme edificio de pisos que rompió para siempre la belleza del lugar. 

Estos son unos ejemplos de la evolución de algunos lugares de la isla, desde que los visitó Williams hasta nuestros días, que nos tienen que animar en la lucha por la conservación de nuestro patrimonio urbano y rural.

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