LAS FUENTES PÚBLICAS: primer abastecimiento de agua de Santa Cruz

Fuente de Isabel II. (foto Miguel Bravo)
Fuente de Isabel II. (foto Miguel Bravo)

La necesidad de agua en torno a la creación de los primeros asentamientos de población es un hecho primordial que condiciona a los mismos.

Por tal motivo, tras la conquista de las islas, su colonización y poblamiento, se efectúan cerca de los manantiales o en las orillas de los barrancos, como sucedió, por ejemplo, con la ubicación de las tropas del Adelantado en el primitivo Añazo, a la vera y en las inmediaciones del Barranco de Santos.

No olvidemos que uno de los factores que mas influenciaron en la elección de la ciudad de Aguere como sede principal de los primeros pobladores, fue el hecho de la existencia de una laguna que ocupaba gran parte del territorio en la vega, lo que condicionaba la presencia de buenos pastos para los ganados, tan vitales y esenciales en los primeros momentos, y el abastecimiento de agua de manera fácil y sin complicaciones, por lo menos, en el comienzo de la fundación del primer núcleo vecinal.

En lo que respecta a Santa Cruz, la primera población fundada en Tenerife por los conquistadores, ésta fue localizada, como he dicho, en el margen izquierdo del Barranco de Santos, escogiendo éste lugar, que coincidía con los asentamientos de los primitivos aborígenes, por la cercanía de la presencia de agua.

Pero además de los riachuelos de agua natural que discurrían por el cauce del barranco mencionado, pues mantenía presencia de agua permanente todo el año, para el crecimiento de la población se pensó, y así se realizó, en la perforación de pozos que permitieran disponer de agua suficiente y con mayor seguridad. Estos pozos fueron realizados muy próximos al cauce del barranco por los primeros colonizadores y evidentemente surtían de una mejor calidad acuífera que la obtenida de los corrientes naturales.

El agua era sacada por el sistema de “norias”, lo que dio origen a la denominación de tal lugar terminando más tarde por llamarse con el nombre de “Calle de la Noria”, a pesar de que más correctamente hubiera sido “de las Norias”. (hoy Domínguez Afonso).

Fueron utilizados estos pozos primordialmente para el abastecimiento de agua a la población de Santa Cruz y luego para el aprovisionamiento de los barcos, existiendo al menos uno de estos pozos hasta el siglo XVII que se llamó “Pocito del Adelantado”.

No obstante, en los primeros momentos, el agua en Santa Cruz era abundante, ya que no solo existía el Barranco de Santos sino otros como el del Aceite (conocido como “el barranquillo”), el de Tahodio, o el de El Bufadero, todos ellos ya conocidos y utilizados por los aborígenes como fuentes naturales de donde proveerse de agua.

En el reparto de tierras tras la conquista, se tiene muy en cuenta el hecho de que las mismas dispongan de agua suficiente como se puede contemplar en algunas Datas: “…. el agua que viene del río (Barranco de Santos) que podedes hazer un estanco…. y que si algún agua sobrare e la quisiérades dar al pueblo, que yo os pague e faga pagar lo que sea de razón…”.

Todo demuestra que al principio no había escasez de agua: “…cualquier agua que hallárades en ésta isla de Tenerife que esté hundida que no paresca encima de tierra, para que la saqueis vos e para quien vos quisiérades…”

Pero no obstante, y a pesar de ésta riqueza de agua, desde la presencia de los primeros pobladores se empezaron a realizar obras hidráulicas tales como las perforaciones ya nombradas y las canalizaciones por donde debía discurrir el agua alumbrada.

Detalle de un plano de Santa Cruz de Le Chevalier, en el que se puede ver la canalización de madera que conducía agua hasta la fuente del Chorro en la actual calle del Pilar.

Las obras de canalización.

A pesar de existir desde el primer momento la idea de conducir las aguas que mas caudal tenía, la del Barranco de Tahodio y la de los altos de los montes de Aguirre, no se puso manos a la obra por diferentes litigios de carácter económico, pues el Cabildo de entonces no podía sufragar los gastos.

La idea de traer el agua por medio de canales de madera desde su nacimiento en Aguirre hasta la ciudad, fue dilatada hasta 1707 que, por orden del Capitán General Agustín de Robles y Lorenzana, comenzaron a realizarse.

Fueron estas primeras conducciones construidas en madera, formando canales que estaban colocados sobre palos o soportes, a cierta distancia del suelo con el fin de impedir que el ganado abrevara de él, y situados por lugares poco frecuentados para que los vecinos no sustrajeran el líquido elemento.

Fueron estos canales de agua costeados por la Real Hacienda, pósitos de Cabildo y varios vecinos de la plaza a quienes se concedieron, en remuneración de estos estipendios, dados de agua de medio real.

La abundancia de los frondosos bosques en aquel entonces suministró con facilidad la madera precisa, lo que condicionó la facilidad y poco coste de su construcción.

Dada la fragilidad que mostraban los canales, condicionaba un gasto continuado y muy elevado en su mantenimiento y reparaciones constantes.

Una buena descripción de estos conductos por donde discurría el agua la tenemos por boca de un viajero francés, André-Pierre Ledrú que, en 1796, decía en su “Viaje a la isla de Tenerife”: “Las fuentes públicas son abastecidas por acueductos de madera de una construcción grosera y poco sólida. Su construcción es muy sencilla. Imagínense una larga sucesión de vigas de pino, ahuecadas en forma de canalones, apoyadas unas sobre otras en sus extremos. A su vez, están apoyadas sobre otras perpendiculares… La reparación de estos canales ha costado sumas inmensas, que hubieran sido suficientes para construirlos de piedra.”.

Los canales entraban por la calle que, por ellas, se llamaba de Canales Bajas o calle que va a las canales, a la altura de la hoy calle de Santa Rosalía en su extremo alto, y pasaba luego por la de El Pilar, cruzando previamente por parte de la actual Méndez Núñez, dirigiéndose hacia San Roque donde entraba en una caja de agua o arca. Seguía después por la calle de Canales de Santo Domingo (Angel Guimerá) hasta llegar a la Casa del Agua, en una calle que salía al Barranco del Aceite (Barranquillo) tras seguir la pared del convento de Santo Domingo (Teatro Guimerá).

De aquí salían los canales a la fuente de la Plaza de Santo Domingo, a la Pila en la Plaza de la Constitución y al resto de las fuentes públicas.

Las primeras fuentes públicas.

Las aguas de Aguirre bajaron a Santa Cruz trayendo el agua corriente a la población desde comienzos del siglo XVIII, primero por canales de madera y luego cambiada por tarjeas de barro en 1776. La primera fuente pública conocida fue la:

Fuente de la Pila : a ella debió uno de los primitivos nombres la que luego sería Plaza Real, de la Constitución y actualmente de Candelaria, y su agua era libre y gratuita para toda la vecindad.
Era ésta de modesta arquitectura y de basalto ampolloso y permaneció en ésta ubicación hasta el año de 1813 en que fue trasladada a la huerta situada al oeste del Castillo Principal de San Cristóbal.
Se trasladó la misma, en 1844 a la plaza que quedaba enfrente del castillo de San Pedro, siendo además cambiada su imagen por una de nueva confección encomendada su plano a Pedro Maffiotte.

-Fuente de Isabel II: se compone ésta de un receptáculo, un primer cuerpo de seis columnas de orden toscano que sostienen el piso, y un segundo cuerpo o remate coronado por las armas de la ciudad. En los intercolumnios hay cinco cabezas de león de bronce que arrojan agua. Está fabricada de granito basáltico azulado y su costo ascendió a treinta y diez mil seiscientos veinte reales de vellón y veinticinco maravedíes. Se colocó un 25 de agosto de 1.845 celebrando el cumpleaños de la Serenísima Señora Infanta Doña María Luisa Fernanda.

Fuente de Santo Domingo: fue otra de las pilas antiguas y primeras de la ciudad y estuvo en la actual calle de El Pilar, antes conocida como calle de El Chorro, en la esquina de la huerta de Roberto de la Hanty, donde, desde el principio de la conducción de las aguas de Aguirre, existió un pilar o fuente construido en 1.709 y adosado a la pared de la huerta mencionada, esquina a San Roque (hoy esquina a Suárez Guerra). Pero desde que se construyó la iglesia de Nuestra Señora de El Pilar, que cambió el primitivo nombre a la calle, la fuente fue preciso trasladarla. No obstante permaneció allí hasta 1.816 en que, por orden del Ayuntamiento, se cambió a la plazuela que hoy conocemos como de Santo Domingo, resultante de la confluencia de las antiguas calles de la Luz y Canales (Angel Guimerá).
Esta fuente se compone de un receptáculo en el centro del cual se levanta un pilar cuadrado coronado por una gran esfera, todo de basalto pero tosco y de feo aspecto con cuatro surtidores, dos al este y dos al oeste. Su última transformación fue en 1.894 en cuya fecha aun seguía prestando servicio y utilidad.

Fuente de los Caballos : localizada en una plazuela que forma la confluencia de las calles de Santa Rosalía y Ferrer y el arranque de las antiguas calles de Canales Bajas y Los Campos (esquina Dr. Guigou con Méndez Núñez), se situó la fuente adosada a la pared de una huerta dando al norte. Su construcción data de 1805 y se hizo bajo la protección del Marqués de Casa Cajigal, Capitán General de Canarias. Es de basalto y con cuatro surtidores y fue conocida por ese nombre, de los Caballos, por tener un receptáculo que constantemente permanecía con agua y que servía de abrevadero público de las bestias.

Fuente de Puerto Escondido: fue creada por la necesidad de contar con agua para la población que vivía en el barrio de Los Toscales. Así, en 1820, se acordó crearla con el nombre de Chorro de Arriba en la esquina de la calle de San Roque con la del Norte, y allí continuó hasta 1845 en que se trasladó situándose próxima a la Plaza del Patriotismo. Por fin, en 1912, fue de nuevo cambiada de lugar a la entrada del Parque Recreativo, un poco mas arriba y en la calle de Puerto Escondido desapareciendo en 1932. Era de basalto y disponía de cuatro surtidores.

Fuente de Morales: situada junto al Barranco de Santos, mirando al sur, y allí localizada para suministrar agua a los habitantes del barrio de El Cabo. Fue fabricada en 1837 bajo la dirección de Lorenzo Pastor de Castro y fue dedicada al General Tomás Morales en testimonio de gratitud por su participación, años antes, en la canalización de las aguas.
Se inauguró el 2 de febrero de 1833 a las cinco de la tarde y con numerosa concurrencia de público. Se dispararon multitud de cohetes y se interpretaron piezas musicales.
Es de piedra basáltica y tiene cuatro surtidores. Presentaba un bastidor en lo alto en donde se lee
Dedica Santa Cruz con celo ardiente
a tu nombre, Morales, esta fuente
Hoy da nombre a la pequeña calle que pasa frente al antiguo Hospital Civil.

Existió otro chorro o fuente pública en el camino de La Laguna (Rambla de Pulido) cerca del cruce de la calle de Benavides que, en 1837, había fabricado la Sociedad Constructora pero que, apenas terminada, fue cedida al Ayuntamiento para que fuese integrada dentro del servicio de aguas municipales.

En definitiva, en 1880, existían en la ciudad seis fuentes públicas para suministro de agua a la vecindad. Sus chorros continuados de agua, ya que no existían grifos, suponían grandes pérdidas al Ayuntamiento, pero se siguieron utilizando hasta que la vecindad comenzó a demandar agua corriente a presión. Así, en 1.92, fue presentado un proyecto de agua a presión, por Raul Turr, conducida por tuberías metálicas aunque este no fue aceptado.

No obstante desde ese mismo momento, y comenzando el siglo XX, las antiguas fuentes o chorros de agua, habían quedado heridas de muerte.

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