El Torreón de Ventoso: un mirador sobre el mar

por Melchor Padilla

En 1821 Alfred Diston, un comerciante inglés afincado en el Puerto de la Cruz, pintó dos pequeñas acuarelas que tituló “Vista desde la ventana de mi cuarto” en las que representó dos vistas panorámicas de la ciudad en aquel tiempo. En una de ellas vemos levantarse, sobre el fondo del Teide y los farallones de Tigaiga, una esbelta torre. No es otra que la que hoy conocemos con el nombre de Torreón de Ventoso, que es un edificio ligado al pasado mercantil de esta ciudad del norte tinerfeño.

La casa o palacete de Ventoso presenta la típica fachada de tres plantas, con distribución regular de vanos asimétricos y balcón cubierto central. Posee, asimismo, uno de los elementos más característicos de la vivienda levantada en un lugar portuario: el mirador. Desde él , pieza lógica en una población de importante tráfico comercial, se garantizaba la contemplación total de la bahía portuense. Este tipo de construcción, el mirador, se halla presente en diferentes poblaciones costeras de la isla donde el comercio naval ha tenido una importancia muy grande. Su función era servir de atalaya a sus propietarios para conocer el movimiento portuario, ya que los primeros en llegar al muelle tenían preferencia a la hora de hacer las transacciones comerciales con los navíos que arribaban al puerto. Hay miradores, por ejemplo, en la Casa de Carta de Santa Cruz o en la de Ponte en Garachico y, aunque no siempre adoptan la misma forma, tienen en común el estar ubicados en lugares marcadamente prominentes y con una visión despejada en todas direcciones. El caso que nos atañe tiene la torre más alta de este tipo en la isla.

Este emblemático edificio portuense se construyó a principios del siglo XVIII y sus primeros propietarios fueron el capitán Juan de Arbelo y su esposa Catalina Pérez de los Ángeles. En 1730 los herederos alquilan el palacete al irlandés, natural de Waterford, Bernard White, que tenía un negocio de exportación de vinos e importación de cereales, granos y maderas desde las Islas Británicas y Estados Unidos. Bernard White, cuyo apellido españolizó en Blanco, mandó construir en 1750 el torreón. De base cuadrada, consta de sótano, cinco pisos y azotea. Se accede a la torre por una escalera de madera techada exterior que lleva a la altura la segunda planta. Los vanos de las ventanas son de guillotina y están situados en los cuatro siguientes pisos. En el último piso los cuatro balcones no son del mismo tamaño, pues el que mira al mar tiene mayor dimensión.

Tras la ruina de los Blanco, a finales del siglo XVIII, la casa fue vendida a una familia mercantil de origen gallego, los Ventoso, que acabaron dando nombre al edificio. En 1910, los herederos alquilan la casa, que será utilizada sucesivamente como grupo escolar, gallera para las peleas de gallos, lugar de ensayos de la banda municipal de música y, parte de ella, como ciudadela. Tras el incendio que sufrió en abril de 1925 el ayuntamiento del Puerto de la Cruz, es trasladado a la casa Ventoso. En 1936, tras el comienzo de la guerra civil, sirvió de acuartelamiento militar durante unos cinco años.

En 1950, por iniciativa del sacerdote padre Flores Ghöbbe, la casa pasa a manos de la Iglesia para albergar en ella la casa de los muchachos Pío XII. Siete años más tarde se inaugura como colegio regentado por los Padres Agustinos y como tal funciona durante casi cuarenta años hasta su cierre definitivo en 1995.

En abril de1988 se incoa el expediente de declaración de Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento Histórico para el torreón. Han pasado ya veinticuatro años y sigue sin resolverse dicho expediente, pues todavía en enero de 2011, el cabildo de Tenerife publicaba un anuncio relativo a la apertura del trámite de audiencia en el expediente de declaración de BIC ya que la resolución de 1988 no establecía la delimitación gráfica y escrita ni la justificación de la delimitación y la descripción del edificio en cuestión. El cabildo trataba en estos anuncios de localizar a los propietarios de las fincas urbanas afectadas porque, al parecer, no habían tenido éxito los intentos anteriores de localización de los mismos.

En 1997, el torreón fue objeto de restauración por parte del Cabildo y en 2000, siendo alcalde Salvador García, el ayuntamiento y el obispado firmaron un convenio quinquenal renovable que posibilitaría la apertura al público del edificio. Se estudiaba también la posibilidad de compra por parte del ayuntamiento portuense de la finca para crear un complejo cultural, histórico y turístico. El 31 de julio de 2006 la Corporación, presidida por Marcos Brito, acordó pagar al Obispado un alquiler de 1.500 euros mensuales por el conjunto de Ventoso hasta tanto se pudiera ejecutar la compraventa acordada. Durante el mandato de la alcaldesa Lola Padrón se consiguió del Ministerio de Cultura la financiación para la restauración del conjunto arquitectónico del palacete y el torreón.

En nuestros días, todavía no se ha conseguido destinar el edificio a ninguno de los objetivos que se pretendían. El Torreón de Ventoso es un ejemplo más del difícil entramado que se crea en nuestra isla con la declaración de los bienes patrimoniales. Parece que la desidia de algunas autoridades unida a ciertos intereses particulares impiden, como en otros muchos casos el disfrute por parte de los ciudadanos de la isla y de los numerosos visitantes de un monumento tan señalado como este.

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