Cuando La Laguna quiso ser Venecia

por Melchor Padilla

Hace ahora treinta y cuatro años, tras la celebración de las primeras elecciones municipales democráticas una vez aprobada la Constitución, fue elegido alcalde de La Laguna el pintor Pedro González. Entre los muchos problemas que encontró la nueva corporación municipal, uno de los más importantes fue resolver el sistema de evacuación de aguas de la ciudad.

Dos años antes, el 11 de abril de 1977, lunes de Pascua, se había precipitado sobre el valle de Aguere tal tromba de agua que el alcantarillado de la época y los barrancos se demostraron insuficientes para evacuar los más de 260 milímetros por metro cuadrado caídos en una noche sobre la vega lagunera. La deficiente limpieza y mantenimiento de los cauces y su obstrucción o práctica desaparición, debido al desordenado desarrollo urbanístico, hicieron que la ciudad quedase completamente anegada. Todavía está presente en el recuerdo de los laguneros que vivimos aquellos días la imagen de una zodiac de la Cruz Roja navegando en la plaza del Cristo.

Para resolver este enorme problema se desarrolló un proyecto de colector que rodeara la ciudad y que recogiera los caudales de los pequeños pero abundantes barranquillos de la vega. Este colector partiría del camino Tornero y terminaría en el barranco de la Carnicería, desde donde las aguas pluviales se conducirían hacia el barranco de Santos y de allí al mar. La obra fue financiada por el gobierno central, a través del Servicio de Obras Hidráulicas del Ministerio de Obras Públicas, y se presupuestó en 790 millones de pesetas -unos 4,75 millones de euros-, cifra respetable para aquella época.

Pero al alcalde Pedro González se le ocurrió entonces una idea curiosa: acumular agua mediante compuertas en un tramo del barranco canalizado y aprovechar la altura del agua remansada para hacerlo navegable mediante pequeñas barcas. Es decir, aprovecharlo para fines lúdicos. Pronto la socarronería de los laguneros bautizó el proyecto, que a partir de entonces fue conocido con el nombre de la Venecia lagunera.

En 1987, Pedro González perdió las elecciones y el nuevo equipo municipal de gobierno, presidido por el folclorista Elfidio Alonso, se dedicó desde los primeros momentos a echar para atrás todos los proyectos emprendidos por su antecesor. Todavía recordamos el chusco episodio del repintado de la catedral porque el color rosa que se le había dado poco tiempo antes parecía “poco religioso” a las mentes reaccionarias de la ciudad.

En 2002 se adjudicó, dentro de las obras del Plan Urban, el proyecto para cubrir la parte del barranco que va desde el comienzo de la Pista Militar de San Roque hasta cerca de la plaza del Adelantado y la idea de la Venecia lagunera quedó abandonada. Hasta hace poco, aún se podían contemplar la vieja maquinaria y las compuertas a la altura del camino de la Rúa como testigos mudos de aquel intento, pero hace unos meses también fueron eliminados.

Hace poco tiempo, se dio el nombre de Pedro González al parque de la Vega, muy cerca del barranco del que hablamos. No podemos dejar de pensar que aquel curioso proyecto del que fuera primer alcalde democrático de La Laguna tras la dictadura, podría ser hoy en día un valor añadido para el entretenimiento de nuestros vecinos y visitantes.

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