Interés público y propiedad privada: la Casa Amarilla del Puerto de la Cruz

por Melchor Padilla

Escribí este artículo hace ya casi tres años pero lo reproduzco de nuevo tal como se publicó en su momento en Lo que pasa en Tenerife. Después de este tiempo las circunstancias no han variado apenas y allí sigue la Casa Amarilla del Puerto de la Cruz como testimonio de la inoperancia y desidia de nuestras autoridades.

Hace poco, la prensa se hizo eco de la noticia de que la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna exigía la expropiación y la restauración de la edificación conocida como la Casa Amarilla del Puerto de la Cruz. El inmueble se encuentra en la finca La Costa, en la Costa Yeoward, muy cerca de la urbanización La Paz. Esta zona estuvo ocupada hasta no hace muchos años por cultivos de plataneras que han ido desapareciendo para ser destinados a construir urbanizaciones de lujo.

La importancia de la casa de la que hablamos radica no en su valor -es una típica casa canaria de dos plantas construida a principios del siglo XX por Melchor Luz, alcalde de la ciudad en aquellos tiempos-, sino porque en ella se desarrollaron experimentos de comportamiento animal que dieron origen a la escuela de la Gestalt , una de las más importantes de la moderna Psicología.

La historia comienza en 1912, cuando se funda en el Puerto de la Cruz, bajo los auspicios de la Academia Prusiana de Ciencias de Berlín, la Estación de Antropoides de Tenerife. Tenía como objetivo la investigación de los aspectos psicológicos y fisiológicos del cerebro de los primates, con el fin de aplicar los resultados al conocimiento de la evolución de la función cerebral y del psiquismo humano.

El primer director de la estación fue Eugen Teuber, que en 1913 alquiló la casa y el huerto aledaño para instalar allí a un grupo de siete chimpancés con el que comenzó los experimentos. No obstante, en diciembre del mismo año retornó a Alemania, siendo sustituido en la dirección del centro por Wolfgang Köhler, que realizó una serie de experiencias en las que se planteaba a los animales problemas que debían resolver. Los más conocidos son los relacionados con la obtención de comida mediante el apilamiento de cajas o el ensamblaje de cañas. Tras la publicación del libro La mentalidad de los monos, los experimentos de la Casa Amarilla alcanzaron renombre mundial.

No obstante, las circunstancias históricas de la época –el estallido de la Primera Guerra Mundial y la posterior derrota de Alemania- hicieron que el centro primatológico fuera primero trasladado y luego cerrado. Köhler se marchó a su país, de donde partiría en 1935, huyendo del nazismo, a los Estados Unidos para impartir clases en distintas universidades. En 1956 fue elegido presidente de la Asociación Americana de Psicología.

En fotografías de los años sesenta y setenta podemos apreciar cómo fue la casa cuando aún no estaba arruinada y conservaba la cubierta. Aparecía todavía rodeada de plataneras, pero a partir de los noventa se abandonó la agricultura, pues en toda la zona de La Paz comenzó un proceso de urbanización que no ha parado hasta nuestros días. El abandono hizo que la casa entrara en declive.

En los años 90, la Fundación Wolfgang Köhler inició una intensa campaña para tratar de conseguir que el edificio fuera declarado Bien de Interés Cultural, lo que se logró en 1999 otorgándosele la categoría de Monumento. En el decreto de declaración se describen los estragos que el tiempo había ocasionado en la Casa Amarilla: Se ha producido el derribo de la cubierta y primer forjado, realizándose trabajos de demolición en el interior del inmueble, el cual se ha convertido en una mezcla de enseres abandonados”.

Sin embargo, esta declaración sufrió un duro revés, ya que los propietarios de la finca, la entidad mercantil Canary Property Promotions, presentaron un recurso, que ganaron, basándose en que la categoría de Monumento no era la procedente, estimándose como más apropiada la de Sitio Histórico. La declaración se retrasó hasta que, por fin, en 2005 se volvió a adjudicar considerándola de esta última forma.

Estamos, pues, ante otro ejemplo de enfrentamiento entre el interés general y la propiedad privada que las autoridades no son capaces de resolver. El incumplimiento manifiesto de la Ley 4/1999, de 15 de marzo de Patrimonio Histórico de Canarias es evidente, pues no se respetan ni el artículo 52 que establece el deber de conservación, restauración y custodia por parte de los propietarios, ni el acceso público a los bienes de interés cultural que señala el artículo 28. En el primer caso, esto se pone de manifiesto en el deterioro del inmueble y, en el segundo, los dos accesos a la propiedad exhiben sendos letreros de prohibición de paso y la casa se halla permanentemente vigilada por dos fieros perros.

Ha habido un movimiento de la comunidad científica internacional en pro de la restauración de la casa y su conversión en un museo que choca con el casi absoluto desconocimiento que tenemos en la isla sobre la importancia de este sitio: cuando ardió en el verano de 2008 la Casa de San Fernando o El Robado, algún medio local publicó la noticia atribuyéndole erróneamente la presencia de Köhler y sus trabajos con los simios.

Al escribir este artículo somos conscientes de que no hemos descubierto nada nuevo a muchas personas interesadas en los temas que se refieren a nuestro patrimonio histórico, artístico y cultural, pero queremos unir nuestra voz a las de muchas personas e instituciones que llevan años desarrollando una larga lucha para lograr que los ciudadanos de la isla y de fuera puedan conocer la importancia de este edificio y lo que representa en la historia mundial de la ciencia.

NOTA: Este es un vídeo de La Calima donde pueden apreciar algunas vistas del edificio y del estado en el que se encuentra.

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