La higuera de la Cruz

I

Capilla de San Carlos
Capilla de San Carlos Erigida en emplazamiento del antiguo fuerte de San Carlos.

Grandes calamidades pesaron sobre la isla de Tenerife, allá por Noviembre de 1826.

Prisioneros de las aguas, por aquel formidable aluvión y durante los días 7, 8 y 9, estuvieron muchos de sus pueblos, y muy particularmente el Puerto de la Cruz, en el que El Limpio grande, donde fondeaban las naves de alto bordo, quedó para siempre inutilizado.

Las impetuosas corrientes del barranco de La Raya a San Felipe, con los arrastres de escombros y peñascos deformes, robaron más de 200 metros al mar, y en La Encenada de Taoro, desde aquella luctuosa inundación hasta nuestros días, jamás se ha visto anclar buque alguno.[1]Por el naciente de este sufrido pueblo hizo de las suyas y a su antojo la tremenda avenida. Martiánez, que así se denomina el barranco que antiguamente se llamó de Cuaco, fue desbordado; sus aguas torrenciales, penetrando por La Moya y Los Lianas, dieron al traste con el artillado castillo de San Carlos[2] en cuyo recinto montaba guardia, como centinela, el miliciano bisoño don José María Padrón Herrera, único superviviente del resto del pelotón fenecido, quien abrazado a la Cruz que junto a la garita del fuerte se alzaba, milagrosamente pudo salvarse.

 

II

En los espaciosos terrenos contiguos al desaparecido castillo de San Carlos, y muy cerca de la garita en la que se hallaba enclavada la Cruz, nació una higuera[3]. Esta, a los pocos años fructificó con gran abundancia, debido al solícito cuidado que le puso Padrón Herrera; y con el dinero que se sacaba de la venta de sus ricos frutos, se le encendía una lámpara de aceite todas las noches al madero salvador.

Pero fue el caso, y esto lo referían todos los hijos del agradecido miliciano devoto ferviente de la Santa Cruz, que al ser concedidos en el año de 1847, por el Ayuntamiento portuense, Los Llanos y parte del callejón de San Carlos a don Francisco García Gutiérrez (a) Millón y medio, para roturarlos y murarlos haciendo a su vez el paseo, hoy llamado de Los Tarajiales, un tal don Juan Riverol y Mena, que hacía de capataz en la cuadrilla de los que trabajaban en los desmontes del terreno—por negarse éstos a cortar la higuera—, dio indignado, el primer hachazo al hermoso árbol, el que, al caer a tierra, una de sus gruesas ramas, le partió la mano derecha y, como castigo del cielo, cuéntase tardó muchos años en sanar, sin que durante ese espacio de tiempo dejase el paciente talador de ser perseguido a diario por la sombra de la higuera, la que otros dicen que a todas horas se reproducía ante su vida,

 

III

Y corrieron los días, los meses, los años… Por fin se terminaron los trabajos en Los Llanos y la finca de Millón y medio quedó totalmente cercada con un alto muro. Pronto ocupó en el puesto la Cruz del castillo de San Carlos, adosada al que mira al Este del paseo de Los Tarajales y ya allí pudo continuar Padrón Herrera encendiendo la votiva lámpara con las limosnas que depositaban en el cepillo los paseantes, a más con el dinero de su propio peculio hasta que, llegado el año de 1876, Riverol y Mena se dispuso a consultar su enfermedad moral con «un médico de almas», con un ejemplarísimo sacerdote que por entonces regía la parroquia de este Puerto (Don Domingo Brito) y éste parece le dio como receta a su cura la feliz  idea de que edificara la capilla que hoy se levanta en honor al madero Santo.

Pidió Riverol y Mena para tan piadoso fin, por medio de instancia dirigida al M. I. Concejo portuense, que en terrenos del común y frente al sitio en que se hallaba colocada la Cruz, el trozo necesario para la erección de la capilla[4] y vista y discutida en sesión ordinaria la aludida instancia[5] aquel Cuerpo municipal nombró la Comisión de ornato público (en sesión del 2 de Abril de dicho año de 1876) la que desde luego señaló el espacio necesario para levantar la expresada capilla, previo el plano de la obra que presentaría para su aprobación el interesado[6].

Emprendidas las excavaciones para buscar los cimientos de la obra, Riverol y Mena manifestó a los trabajadores, y ello inmediatamente corrió de boca en boca, que desde el instante que por consejos de un sacerdote se dispuso a erigir el santuario a la Cruz había desaparecido por completo de su vista, no solo la sombra fatal, persecutoria, de la higuera que maliciosamente había tronchado en Los Llanos, sino que la noche antes de dar comienzo a aquellos trabajos, la propia Santa Cruz, al parecer se le acercó a su lecho y posando su sombra redentora sobre la mano enferma, ésta quedó inmediatamente sana… «En una higuera se ahorcó Judas, en una Cruz murió Jesucristo por salvar a los hombres»…

«Venid, venid a ver mi mano, decía Riverol y Mena; esto que ha sucedido es uno de los tantos milagros obrados por el santo madero y a él, debemos todos en estos momentos adorarle…»

«En una cruz murió Jesucristo, en una higuera se ahorcó Judas…»[7]

 

El Barón de Imobach
03-05-1924

Trasera de la capilla.
Trasera de la capilla.

  • [1] «La Bella Gabriela» desapareció entre las olas con 15 de sus tripulantes.
  • [2] Sus tres cañones de hierro, que las aguas llevaron a la playa, han sido cortados y puesto en el desembarcadero de «El Penitente», para amarrar en ellos las coderas de los buques que fondean en «El Rey»
  • [3] Se cultiva desde la antigüedad esta planta en todas las regiones mediterráneas de Asia, África y Europa, y en Canarias, desde los tiempos de los Getulos, es decir, mucho antes que arribasen, a estas islas los españoles y franceses. (La Higuera, por don Melitón Atienza y Sirvent, «Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento», Madrid 1881 pag.143.)
  • [4] A ruego de don Juan Riverol y por no saber firmar, lo hizo don Sebastián Padrón, hijo del más que nombrado miliciano don José Mª. y a 28 de Marzo de 1876, Legajo 21, Policía Urbana y rural, Nº 16. Segundo inventario del Archivo Municipal.
  • [5] Legajo 3 (1) Actas del Ayuntamiento, N.” 5, Segundo inventario del idem idem.
  • [6] El 24 de Junio de 1876. día de la festividad de San Juan Bautista, fue inaugurada la capilla. Durante la noche de la víspera y en la de ese día, estuvo iluminado el paseo de Los Tarájales, todo el camino que conduce a la fuente de Martiánez y vereda alta que corre hasta Sancho, sirviéndose para ello de “gánigos” llenos de alquitrán.
  • [7] Sobre el testero de la capilla que mira al Norte, alguien escribió los versos siguientes – los que fueron borrados durante la noche del día de la inauguración.- Ellos decían:
    «Si en una higuera
    Judas se ahorcó
    Y Jesús-cristo
    En la Cruz murió,
    Esta Capilla
    La edificó
    Quien de otra higuera
    La sombra vio.
    Viva la Cruz
    Bendita y buena,
    Bálsamo y luz,
    Que salvó a Mena.»

 

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