¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!

Tenía la tarde aquella
una cupula de incendios
con claros de amaneceres
y verdes de mar abiertos.

-¡Madre, que tarde más guapas
estas tardes de mi puerto:
cielo de tules rosados
sobre un mar de plomo inquieto.

I

¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!
Espolón lleno de casas,
que te fuiste, mar adentro,
buscando no sé que rumbos
por no sé qué derroteros.
Ya perdiste tus castillos
y no tienes tus conventos.
Tus calles, ahora desiertas,
echan llorando de menos
pasos torpes y canciones
de marinos extranjeros
que te llenaban de plata
a cambio de vino añejo
sangre de venas inquietas
que regaba el mundo entero.

II

¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!

En mis delirios te busco
y en mis delirios te encuentro.
A mi conjuro, se pueblan
tu caserones, ya viejos,
y sus salas resplandecen
con festines versallescos.

Oro y plata en las pelucas;
plata y oro en los cubiertos.
“Tisus” y “muares” finisimos
en los escotes abiertos.
Ritmo alegre de pavanas,
reverencias y minuetos…
Pulidos maestros de baile
que de la Francia vinieron.
Deslumbradores estrados,
tertulias y mentideros
que se podían comparar
con cualesquier de su género.
(Lejos, en la mar inquieta,
lejos, en el mar incierto,
al rumor de los cordajes
arrancado por el viento,
evoca al marino rubio,
capitán de algún velero
horas felices, pasadas
cierta noche allá en el Puerto.)

III

¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!
embalsamado en ausencias,
en olvido y en el silencio.
Recostado en los encajes
que la mar te ha ido tejiendo
parece como que añoras
otra vida y otros tiempos.
Yo, mi Puerto, te llorara,
te lloraría como muerto
si no supiera que sufres
un letargo pasajero.
Tienes colores de joven
lozano, jugoso, fresco,
paisajes de maravilla,
alrededores de ensueño…
A los pies del viejo Teide,
coloso, ceñudo, serio,
pareces como una perla
que el Valle guarda en su seno.

¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!

Luis Gálvez Monreal

Un pensamiento en “¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!

  • 13/05/2014 en 1:48 am
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    Hola estabamos almorzando cuando repentinamente salio y regreso con el poema ya escrito al igual en otro momento de almuerzo A LAS MANOS DEL CRISTO DE DALID Y ASI SUCESIVAMENTE

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