El primer pirata

(MARTIN YANES)

Se componía la heredad de unos fuertecillos plantados de viñas y alguno que otro árbol frutal, con riego de una fuente, la que mandaba sus aguas puras al estanque, único fabricado con mezcla de arena y almagre que aún existe en este predio taorino.

Como la rústica finca carecía de vivienda y aquel pareja le serviría al González para desarrollar sus planes – forjados de antemano – hizo construir una, y luego, en lo empinado del coronamiento de la “Huerta de la Pedrera” (1) otra, más pequeña, a manera de garita para desde ahí poder vigilar las naves que a las playas contiguas pudiesen arribar en su día.

Juan González, parece no tenía aun completos todos los objetivos necesario para dar comienzo a su soñada empresa, cuando silenciosamente, dentro de la heredad, construyó con su suegro Martín Yanes una embarcación y terminada que fué, ambos, casi a diario se hacían a la mar para aprender cuento en ella encantaban, valiéndose de sus hercúleas fuerzas y del parque de armas de buen temple de que disponían.

Y cuentan reviejos lobos marineros que en pocos años, el González quedó repleto de dinero y compraba una de las escribanías públicas de la Orotava y que su suegro Yanes siguió pirateando como y mejor le era oportuno hacer de las suyas, en cuya pingüe faena llegó a ser un consumado maestro, ocultándose para ello en su guarida – cuando en malos tiempos corrían – allá en la bahía “Cueva del Almagre” (2).

II

Martín Yanes al separarse de su compañía Juan González y tener a sus servicios dos prisioneros negros – madres e hijos -, perdió casi por completo sus deberes familiares. Su esposa, con los malos tratos que recibía, llegó a trastornarse el juicio – quedó casi loca – pero una loca con locura de amor hacia su marido, hacia aquel hombre que , al bien le infundía respeto, miedo, terror, le enamoraban sus valentías, su ferocidad, sus guapuras sobrenaturales.

La esposa de Martín Yanes era una errante peregrina de las playas de Arautapala…

Mas, la negra vieja, cuando el pirata salía a rapiñar, ya subía al garito(3) o estática en la mole de “La Rajera” (4). Ella vigilaba a su amo, ella lloraba amargamente al cerrarse la noche y no avistar si retornaba al hogar el cortejo de su hija Paula…

En uno de los días variables del mes de Septiembre; en que el mar de la rada daba ronquidos como el propio demonio – según expresión marinera – y castañeteaban las olas en el “Bajío negro” cual si fuese el infierno (5) la loca mujer del pirata rezaba el santo rosario, puesta de rodillas sobre las más alta peña de aquellos diabólicos arrecifes (6) pero…¡oh, desgracia!

Allá, con la quilla al sol, dentro de la ensenada de la “Caleta del Oro”, se divisa el barquichuelo de Martín Yanes, quien lucha cual titán por salvarse de las olas furiosas de la mar taorina que baten en la rivera. El trata de tomar la playa (7), pero un torbellino del viento estridente le alza y luego le hace hundir en las profundidades del insondable abismo…

El pirata despareció y su nave era juguete de las olas. ¡Oh inaudita fatalidad! Ya Martín Yanes había perecido ahogado.

III

Pasó la noche triste , recorriendo los bajíos y arenales la loca mujer del pirata. Nadie pudo consolar sus desventuras, ella lloraba mucho… Muchas lágrimas derramaba…

De la cuaquina costa, la vieja negra prisionera y su hija, ya había recogido el cadáver de su amo y desde temprano lo tenían amortajado sobre el lecho marcial tantas veces manchado imprudentemente por el finado.

De pronto se presenta en su casa la inconsolable esposa del muerto y acercándose al frío cadáver le estampa un ósculo de perdón, el propio tiempo que sacando de su seno un afilado puñal, corre tras la vieja africana, le quita la vida para siempre y arrastrando el cuerpo aún caliente por aquellos andenes y senderos decide así mismo darle sepultura en la “Huerta de Pedreva”, que era sitio bastante oculto y de colmada tierra.

Espantada por el crimen cometido, la loca esposa del difunto pirata huyó hacia la casa de su yerno Juan González, en el momento preciso que la hija de la asesinada negra, temerosa de aquella soledad y pérdida de su amado, se ahuyentaba del sitio y corriendo por el barranco arriba de Cuaco, dobla la “Hoya del Guanche” (8) y bajando a la “Caleta del Rey” va a hundirse en el “Charco de la boca del puerto” (9), pereciendo ahogada casi instantáneamente.

Juan González con otro hombres de su misma calaña, transportaron a la iglesia de Ntra. Sra. de la Concepción de la Orotava el cadáver de Martín Yanes, y en ella se le dio sepultura; y al de la negra concubina, no fue posible encontrarle. El mar se encargó de guardarlo para siempre… La tía Paula pagó caro sus desvarios…

La tradición no aclara si el escribano Juan González, yerno de Martín Yanes, hizo arrepentimiento a la hora de su muerte, que fue en edad avanzada, en bien de su alma y de si procuró, durante su vida, por las ya perdidas; lo que cuenta, y creen como cosa cierta chochos ranilleros portuenses que, a media noche y por el mes de Septiembre, cuando se dedican a las faenas de pesca, ven bajar por el cauce del barrando una gran luminaria, la que, pasando sobre las aguas de la Caleta, se hunden frente por frente a la “Laja de la sal”, y que, al instante se oye la voz del hombre, recia, trémula y grave que grita y vuelve a gritar…

¡Marineros que pescais!…
Malditos fueron mis planes,
Os pido que por mi resais
Que aquí se ahogó Martianes.(10)

Barón de Imobach
Puerto de la Cruz, Septiembre de 1926

  1. Hoy se conoce por “La Madre de la Negra”
  2. Es digna de visitar esta caverna, de la que el fotógrafo don Ruperto Armas ha hecho una foto bastante interesante. (La que ilustra esta entrada)
  3. Aún subsisten las paredes en pie de este edificio.
  4. Hecho el desembarcadero, la mole de “La Rajera” quedó formando base del mismo, y si bien en aquellos tiempo, se llamaba así, después tomo el de “El Penitente”.
  5. “El Infierno” es una especie de caletín que existe bajo el ex convento dominico de San Pedro González Telmo.
  6. Este peñón quedaba contiguo al de “El Penitente” y desapareció con la construcción del desembarcadero ya citado.
  7. Hoy es conocido por Martianez todo el litoral marítimo y terrestre.
  8. Hemos podido saber que no es otra que la calle de la Hoya.
  9. A la izquierda entrando del muelle viejo existe aún este lugar que los marinos conocen por “El Charco de la tía Paula” (concubina de Martín Yanes).
  10. De Martín Yanes unióse y formóse el nombre que pronunciamos Martianes.

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