Canto a la mortera gomera

Canto a la mortera gomera

Mortera Gomera
Mortera Gomera

Versión de Isidro Ortiz, de 70 años, de Chipude, Vallehermoso (La Gomera). Recogida  por Max. Trapero el 11 de noviembre de 1988. Dice Isidro Ortiz que estas décimas son  originales del poeta gomero Fernando Padilla Trujillo.

1
Recipiente patriarcal,
cuna de puras esencias
que con tu humilde inocencia
condimentas mi yantar.
Nunca te podré olvidar
plato arcaico de mi tierra
porque en tu fondo encierras
todo el sabor de familia
que a tu labranza sencilla
cotidianamente aferra.

2
Tu piedra majamortera
es un callao vulgar
que se trae de la mar
para la tiempla casera.
Y llenando majadera
toda la esencia hortelana
de orégano, mejorana,
clavo, cilantro, cominos,
perejil y el ajo fino,
cogidos en la besana.

3
Cebolla, laurel, tocino,
van contemplando el majado
con sal y aceite ligado
logra al momento el tufillo.
Y el caldero con su brillo
se engalana de contento
cuando todo el condimiento
hecho a tiempo del hechizo
puesto a reposar se hizo
el exquisito alimento.

4
Cuenco de arte campesino
que al pasar cualquier viajero
por donde hierve el puchero
le aromatiza el camino.
Que al cansado peregrino
el paladar se le encharca
y en su semblante se enmarca
el recuerdo, la añoranza
y bucólica alabanza
da el plato del patriarca.

5
Me lleva tu evocación
al hogar de mis mayores,
de apetitosos sabores
del potaje en su confianza.
Era la revelación
de aquel arte culinario
que entre majado y rosario
solía mi madre hacer
y mi padre agradecer
como algo extraordinario.

6
Y por eso al invocar
el singular recipiente
que está siempre omnipresente,
rudo y tosco en el hogar,
pongo mi lira a templar
para cantarte, mortera,
pues la comida casera
que vatiza tu majado
da a los guisos aromados
el sabor de mi Gomera.

Romance a La Gomera

Original de Lucas Mesa Cabello, de 81 años, de Alojera, Vallehermoso (La Gomera).  Recogido por Max. Trapero y Helena Hernández el 25 de julio de 1983. Publicada en Romancero de la isla de La Gomera (1987), nº 346.
Es mi orgullo ser gomero y con ese orgullo muero.

Le dedico este romance con cariño verdadero
2 a la isla pequeñita que dentro mi alma llevo,
se trata de La Gomera, la isla de mis desvelos.
4 Juro que en ella nací, yo mi patria no reniego,
porque el que niega su patria le falta conocimiento.
6 Sea pobre o sea rica es mi patria lo primero
que yo adoro en este mundo con cariño y con respeto,
8 porque en mi patria se guarda la cuna de mis abuelos.
Creo que los primitivos también sus cunas tuvieron
10 y es justo que los recuerde porque ellos aquí nacieron.
Ellos vivían en cuevas porque no tenían medios
12 para construir palacios ni grandiosos rascacielos.
Parte de nuestra cultura a ellos se la debemos:
14 es el lenguaje del silbo, único en el mundo entero,
como parte de la cultura de este pueblo gomero.
16 Dejo bien sentado aquí, procurando ser sincero,
doy valor a quien lo tiene, sea blanco o sea negro.
18 La Gomera tuvo historia pero no se la escribieron,
la historia de La Gomera se mantiene en el silencio:
20 el motivo no lo sé pero yo me paro y pienso:
pueblo que no tenga historia para mí es un pueblo muerto.
22 Voy a seguir mi romance sobre este tema escribiendo
asuntos de La Gomera conviene de esclarecerlos.
24 Los siglos catorce y quince para La Gomera fueron
siglos de mucha penuria, de dolor y sufrimiento
26 y también fueron de gloria porque en el Descubrimiento
de América tomó parte muchos hombres gomeros.
28 El día seis de septiembre de San Sebastián salieron
la nave Santa María la Niña y la Pinta, fueron
30 las célebres carabelas que aquel sabio marinero
Colón, Cristobal Colón, quien con denodado empeño
32 hizo rumbo hacia el oeste, entre La Palma y El Hierro.
Y el día doce de octubre del año mil cuatrocientos
34 noventa y dos fue la fecha del gran acontecimiento,
pues don Cristobal Colón junto con sus marineros
36 descubría para España un glorioso mundo nuevo.
Las islas de Las Antillas santo nombre recibieron,
38 con agua de La Gomera fue salpicado su suelo.
De regreso a La Gomera el mensaje le trajeron
40 a la tierra de Hupalupa que es el rey de los gomeros,
también a su hija Ibaya que fue la perla y espejo
42 donde se miró su padre y cuantos la conocieron.
En la defensa de Ibaya aquí la muerte le dieron
44 al señor Hernán Peraza, hombre orgulloso y severo.
Al autor de este romance sólo le guía un deseo:
46 que se cante en nuestra Villa, que se cante en nuestro pueblo,
que se cante en nuestros barrios porque siempre habrán gomeros
48 que deseen conservar el canto de sus abuelos.
Los que nacimos aquí a Hupalupa le debemos
50 la historia que nos legaron de La Baja del Secreto.
Como gomero que soy también soy de los que pienso
52 que don Cristobal Colón se merece un monumento,
junto con sus carabelas rodeados de gomeros.
54 Pongo fin a mi romance siempre la verdad diciendo:
yo no soy historiador, ya lo dije en otros tiempos,
56 sólo soy un campesino que en el campo estoy viviendo;
les diré que mis problemas todos los tengo resueltos,
58 cuento con mi buen amigo, buen zurrón con gofio y queso,
si acaso mi buen amigo deja de serme sincero
60 tranquilamente me agarro a unas tortas de helechos.

Relaciones antiguas entre padres e hijos

Versión de Eulalio Marrero Ávila, de 90 años, de Tuineje (Fuerteventura). Recogida por Max. Trapero el 25 de marzo de 2000.

1
En ese tiempo anterior
grandes, viejos y chiquillos,
todos del mismo lebrillo
juntos comían escaldón.
Y de carne una ración,
de esa carne de cochino,
luego un trancazo de vino
de un barrilote que usaban
y a trabajar se marchaban
muy contentos y tranquilos.
2
Siempre después de cenar,
esto lo hacían a diario,
cogía el viejo el rosario:
todos juntos a rezar.
Y antes de irse a acostar
todos los más pequeñuelos,
con cariño y con esmero,
por su buena educación,
pedían la bendición
a padres, tíos y abuelos.
3
Luego el padre les decía:
-Todo dios a descansar,
mañana hay que madrugar,
hay que aprovechar el día.Los
hijos le obedecían
sin un punto de variar,
ni mala cara mostrar;
al contrario, era alegría,
el padre se agradecía
de ver su casa progresar.
4
Y antes de salir la estrella,
lucero de la mañana,

el viejo se levantaba
y andaba dando carrera.
Decía: -Yo voy pa la era,
Fulano, pa el campo a arar,
los otros dos, levantar.El
viejo era un cosechero
y decía: -El tiempo es dinero
y el hombre es pa trabajar.
5
Por otro lado, la madre
con las hijas hacía igual,
las hacía madrugar
y las traiba a la carrera:
-Allí el telar las espera,
hay lana que devanar,
y lana que ‘esorillar,
hay que escarmenar la lana;
la más chica al candelero
pa que la luz no faltar.
6
Los hijos antiguamente
al padre le obedecían,
lo que él mandaba se hacía
conforme y tranquilamente.
Eran hijos obedientes,
de mucha amabilidad,
si había un baile por allá
al padre pedían permiso,
ninguno se mostraba roñizo
si él decía “No se va”.
7
Cuando yo era pequeñito
no se hacían esos desaires,
sin permiso de sus padres
no se iba a lejanos sitios.
Ni grandes ni pequeñitos
no le hacían esa traición;
cuando había una reunión,
fuera fiesta, fuera un baile,
al salir decía: -Mi padre,
échenos la bendición.
8
El padre con alegría
les brindaba una peseta;
ni la gastaban completa,
y el sobrante devolvían.
Y antes de aclarar el día
ni los padres los llamaban;
iban donde el padre estaba,
con alegría y placer,
estos dos hijos humildes:

-Disponga lo que hay que hacer.
¡Cómo ha cambiado la vida!,
¡la vuelta que el mundo ha dado!,
¡el tiempo está trastornado!,
¡la vida es un sacrificio!
Hoy es raro que haya un hijo
que pida permiso a un padre
y si le prohíbe un baile,
entre sí queda diciendo:
-¡Viejo, deberías haber muerto,
desgraciado, miserable!

 

El sí y el no de viajar en avión

Versión de Antolín Pérez, de 61 años, de Barlovento (La Palma). Recogida por Max. Trapero, Sonia González y Juana Rosa Suárez, el 11 de octubre de 1992.

La mujer
-Chanito, me gustaría
realizar una excursión
y si es posible en avión
como el que vi el otro día.
Un trimotor que tenía
literas encantadoras,
sirvientas manejadoras,
manicura y peluquera
yendo a España a la carrera
en menos de treinta horas.
El hombre
-A mí no me hables de aviones
yo quiero un hermoso barco
que pueda cruzar el charco
libre de complicaciones.
Esos motores chillones
jamás debieran usarse
porque después de elevarse
cual águilas fugitivas
cuando se encuentran arriba
no hay sitio donde bajarse.