El naufragio del ‘Niger’

por Melchor Padilla

El día 15 de agosto de 1857, el periodíco británico ‘The Illustrated London News’ publicó un grabado en el que aparece la imagen de un barco varado en la costa acostado sobre su lado de estribor y, pegadas a su banda de babor, algunas embarcaciones más pequeñas. A la izquierda de la imagen podemos contemplar unas fortificaciones costeras y más atrás una rada llena de barcos. Las montañas que forman el fondo paisajístico del grabado nos permiten reconocer el puerto de Santa Cruz. En ese grabado se dice expresamente que el buque es el SS Niger y que encalló en el puerto de Tenerife.

El SS Niger era un carguero de 708 toneladas de registro bruto, de vela y vapor movido por hélice, que fue construido en Glasgow por Robert Napier & Sons en 1856. Propiedad de Elder Dempster Lines Ltd. – African Steamship Co de Liverpool, hacía habitualmente la ruta entre Plymouth, Liverpool, Madeira, Tenerife y la costa de África hasta el golfo de Guinea. Su agente en Santa Cruz era la compañía Bruce y Hamilton, establecida desde 1837 en Tenerife y dedicada principalmente al comercio con Europa y a la atención a los buques que recalaban en el puerto de la capital de la isla. Desde 1839 actuaba, además, como agente del Lloyd’s Inglés.

¿Qué ocurrió para que este vapor mixto de pasajeros y carga encallara en una de las antiguas playas de Santa Cruz? Para conocer las causas del naufragio vamos a seguir la crónica que sobre el suceso publicó el bisemanario local ‘El Eco del Comercio’ (Periódico de progresos morales y materiales) el domingo 14 de junio de 1857 :

“El 12 del corriente a cosa de las 9 de la noche, con un tiempo hermoso y mar tranquila, se sintieron varios cañonazos disparados a cortas intermitencias por un buque que a fuerza de ceñir la tierra se había encallado sobre el marisco de las carnicerías, a cosa de un kilómetro al Sur del puerto de Santa Cruz de Tenerife. Aquella señal de socorro fué dada por el Vapor de hélice Niger, capitán Rolt, perteneciente al la Compañía inglesa que esplota la línea de la Costa Occidental de África. Inmediatamente salieron en su auxilio varias lanchas de socorro, pero careciendo el buque de combustible para hacer fuerza de vapor, todos los esfuerzos fueron inútiles, y la corriente contraria contribuyó á dejar que el buque permaneciese en su puesto.”

Gracias al buen tiempo reinante, las autoridades del puerto pudieron rescatar sin dificultad a los 46 pasajeros que se hallaban a bordo y sus equipajes.  El Niger paso la noche inmovilizado a muy poca distancia de tierra. Sólo algunos golpes sordos sobre las piedras de la orilla daban testimonio de su presencia

El mismo día 12 por la mañana los agentes de la compañía naviera habían recibido noticias de que el Niger se hallaba fondeado en el puerto de Los Cristianos en el sur de la isla pero que, por falta de carbón, no podía continuar su viaje hasta Santa Cruz. Bruce y Hamilton fletaron un barco de cabotaje que llevara al vapor el carbón necesario para remontar hasta el puerto de la capital, pero el capitán se proveyó allí mismo de algunas cargas de leña creyendo que podría llegar a Santa Cruz utilizando ese combustible.

Sigue contando ‘El Eco del Comercio’: “Zarpó pues de Los Cristianos con la intención de ceñir mucho la tierra esperando encontrar en su camino el buque que debia llevarle el combustible; pero la corriente, la calma que reinaba, la falta de carbón para dar vigor a su hélice, y el poco socorro que le suministraba su vela, así como su empeño en ceñir demasiado la tierra, todo contribuyó a que sucediese tan infausto suceso.”

No sabemos por qué motivo, pero seguramente debido al retraso que traía, el capitán Rolt decidió salir antes de que llegara el carbón y lo hizo bordeando la costa utilizando madera como combustible y con la poca ayuda de sus velas. La proximidad a la costa con la que navegaba hizo que al llegar a la capital el Niger encallara.

¿Dónde varó exactamente el buque? El periódico que seguimos nos da los datos precisos para ubicar el lugar del suceso pues ya hemos dicho que había “encallado sobre el marisco de las carnicerías, a cosa de un kilómetro al Sur del puerto de Santa Cruz de Tenerife.” Esto quiere decir que embarrancó en una zona de bajíos comprendida entre la hoy desaparecida playa de las Carnicerías, al norte de la desembocadura del barranco de Santos -frente al actual edificio del Cabildo Insular de Tenerife- y, midiendo un kilometro desde el puerto, donde se encuentra el cuartel de San Carlos.

De aquellos días es la imagen del barco varado que publicó The Illustrated London News y cuyo autor fue el pintor local Lucio Aguilar. Sabemos muy poco de este artista, sólo que fue ayudante de Obras Públicas y que su nombre aparece como participante en el catálogo de la primera exposición de la Sociedad de Bellas Artes, celebrada en 1847 en el Salón de la Junta de Comercio de Santa Cruz de Tenerife, en la que presentó un cuadro.

Aunque ni el pasaje ni la tripulación sufrieron daños, el barco quedó a merced de la marea, por lo que el 5 de julio la prensa local informaba que el barco había desaparecido tras romperse en tres pedazos. Los restos y los objetos valiosos de la nave, -jarcias, velamen, perchería, anclas, madera, ropa y demás útiles- fueron subastados en noviembre del mismo año en la sede del consulado británico de Santa Cruz. Seis años más tarde, en su obra Wanderings in West Africa (Vagabundeos por el Oeste de África. I. Madera y Tenerife), Richard F. Burton comenta que “Pasando hacia el Sur vimos la resaca de las olas en el lugar donde el 12 de junio de 1857 naufragó el barco Niger de la African Steam Ship.”
El 9 de septiembre de ese año, The Glasgow Herald comentaba una noticia del Times de Londres que contaba que en Greenwich se había abierto una investigación para depurar responsabilidades acerca de la posible actuación errónea del capitán del buque, pero este, que como hemos dicho más arriba adujo como causa del accidente la mala señalización luminosa del puerto, fue exonerado, atribuyéndose el naufragio al mal funcionamiento de los faros de la costa tinerfeña.

Sólo queda preguntarnos si bajo las aguas próximas a la actual dársena de Los Llanos descansan todavía los restos sumergidos del que fue el vapor Niger.

NOTA:
Quiero agradecer a Sebastián Julián Hernández Acosta su asesoramiento en materia de términos náuticos.

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