Otros tiempos, otras miradas

por Melchor Padilla

Desde que comienzan a aparecer, a mediados del siglo XIX, las primeras fotografías de nuestra isla, se desarrolla una forma de mirar Tenerife y de plasmar esa mirada a través del objetivo fotográfico. Fotógrafos extranjeros o locales, profesionales o aficionados, nos han legado un sinnúmero de imágenes que nos devuelven, a través de los años, el aspecto de nuestra tierra en el pasado.
Aunque se trata, casi siempre, de una mirada acrítica y más preocupada por plasmar las bellezas naturales de las islas que por dar a conocer los problemas reales de sus habitantes, gracias a estos fotógrafos nos podemos hacer una idea cabal de lo que era Tenerife antes de la furia constructora que ha transformado de forma tan radical la fisonomía de la isla a partir de los años sesenta.

Afortunadamente, internet nos permite ver estas imágenes del pasado gracias a la labor de instituciones y particulares. Entre las primeras, tenemos que hacer mención del Fondo de Fotografía Histórica de la Fedac del Cabildo de Gran Canaria, que cuenta con una buena recopilación de imágenes digitalizadas de todo el archipiélago. En lo que se refiere a los segundos tienen buenas colecciones de fotos de Tenerife tanto la página de Fotografías históricas de ]V[orlock como Tenerife del ayer compilada por Francisco Luis Yanes Aulestia. Estas webs nos permiten, entre otras, contar con una memoria visual que nos lleva a tomar conciencia de lo que hemos hecho de nuestra isla en los últimos cincuenta años.

Veamos algunos ejemplos:


Candelaria: Vemos una vieja imagen de principios del siglo XX de la plaza de la Patrona de Canarias. Sobre el terreno arenoso un grupo de personas de todas las edades posa en primer plano. Tras ellos se abre la plaza rodeada por algunas casas terreras. Más arriba la iglesia de Santa Ana aparece rodeada de viviendas tradicionales canarias. En la actualidad la plaza se nos presenta urbanizada, rodeada de edificios de varias plantas y en el barrio de Santa Ana han sobrevivido algunas de las antiguas viviendas.


Santiago del Teide: Casi cincuenta años separan estas dos imágenes de la Playa de la Arena. En la más antigua vemos la playa de arena negra casi sin edificaciones, apenas el antiguo bar de Pancho, hoy reconocido restaurante, y alguna más. Más arriba, detrás de la carretera que va a Puerto Santiago, algunas casas dispersas. Hoy la masiva construcción de hoteles y apartamentos ha hecho desaparecer el seco paisaje característico del sur de la isla.


Puerto de la Cruz: En una imagen de 1900 del fotógrafo Baeza, uno de los más importantes de aquel momento, vemos el paseo de San Telmo con la ermita al fondo y su característica empalizada. Tras ella el paisaje de la isla aparece en todo su esplendor. No hay todavía ninguna de las instalaciones que se construyeron durante el boom turístico de los sesenta, por lo que podemos apreciar toda la línea de la costa que en nuestros días ha desaparecido bajo el complejo que forman las piscinas de San Telmo y el Lago Martiánez. Los hoteles tapan la vista de las montañas de la dorsal de la isla.


Punta del Hidalgo: En una fotografía que firma el fotógrafo Melián de Valle Guerra podemos contemplar una vista de la Punta en los años sesenta. Está tomada desde el templete que se encuentra en la calle Sebastián Ramos y se ve el barrio de la Hoya Baja, el lugar que ocupa en la actualidad el muellito de pescadores y más allá una línea de costa despejada sin ninguna edificación hacia Las Furnias y Sanjuanito. No existen los apartamentos Altagay ni el faro.


Guamasa: Para terminar vemos una imagen de un lugar de la isla que ha permanecido casi inalterable a lo largo de los años y que sigo siendo un remanso de quietud en medio del ajetreado mundo en el que vivimos: el Paseo de las Acacias. En una imagen de los años veinte del siglo pasado posa para la cámara un grupo de personas de diversa condición social, sexo y edad. Llaman la atención las mujeres portando toneles para agua sobre la cabeza, tal como se hacía de manera tradicional en la isla. Hoy en día parece como si el tiempo se hubiese detenido. Sólo el esporádico paso de algún vehículo rompe la paz del lugar.

Hay muchísimas muestras más pero con estas imágenes hemos querido poner de manifiesto los profundos e irreversibles cambios que hemos introducido en nuestro paisaje, como consecuencia de un progreso mal entendido, desde los tiempos del desarrollismo, a partir del último tercio del siglo XX, y que algunos pretenden continuar en nuestros días.

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