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feb

El loco de Martiánez

   Publicado por: admin en Imobach, Tradiciones Portuenses

Bajo mis plantas y en declive se bifurca serpenteando estrecha vereda, la que finaliza junto a la charca de la fuente…

Estamos rodeados de palmeras. Por entre unas y otras, medios cubiertos de ramajes, lucen los claros que apartan sus obscuros troncos;  y entrelazadas sus espinosas cortezas, y a plena luz solar, se deja ver él horizonte lontano.

Estamos en la Plazoleta de la Paz. La silueta de la tierra de Tanausú se destaca majestuosa, señalando multítud de penachos, de verdinegros pinos que la coronan; y abajo el bravo mar rizado de espumas, que, indómito, viene a luchar con los guijarros del bajío tapizado de amarillentos musgos. Sus olas moribundas besan las playas taorinas, las playas de Martiánez, las playas de Arautápala.

Sobre el gran arenal plúmbeo, indolentes lucen recostadas las bañistas de trajes vistosos y riveteados de múltiples colorines, con cinturones, y sin ellos; ellas esperan sumergirse en las aguas y esperan que el rudo mar las transforme en encantadoras sirenas.

Los insaciables paseantes, aguardan hasta tanto que por sus ojos corran las desnudas líneas de los cuerpos contorneados, dentro del bañador ya humedecido; y sierran y abren sus dedos con ademanes nerviosos, imitando dar zarpasos. Insaciables se retiran, casi gimiendo, estos paseantes sátiros.

Ellas son aves de paso, ellos pasos de aves…

Nada han conseguido. Nada les viene a saciar. Con ver, la belleza no les satisface, y la hermosura produce apetito deleitoso. Son fantasías o locuras de curiosos…

Las bañistas gozan de sol. Los curiosos, comentan tanta grandeza, y aquellas, con estridentes carcajadas, deleitanse jugando con las arenas que brillan cual diamantes.

***

Desde mis plantas y en declive, parte otra vereda mas estrecha de menos distancia, pero.., que conduce segura a la Cueva de los Guanches, a la cueva a los recuerdos legendarios.

Ya en esta lúgubre caverna sólo existen algunos restos de los de nuestra raza, de aquellos naturales – bravos guerreros – , que designaron aquellos lugares para cementerio de sus osamentas.

En siglos pasados a esta mansión de los muertos (¡Oh muertos!) nuestros más viejos abuelos, le llamaron Trifés, la Cueva de Trifés.

Luenga sepultura,.., secreto de las edades,.., yo te respeto, yo te evoco con ideal sempiterno.

Y en el sótano, formado por la base de las peñas ingentes, soportes de aquella lúgubre caverna, vive un demente, que no es pescador de oficio, y pesca; y que no es labriego y sabe hacer la labor como un buen hortelano.

Su nombre es Laureano. Es un guanche sin serlo, y cuenta cosas guachinescas, que antes de dar su adiós el sol a tan grandioso paisaje descrito, sube hasta la Plazoleta, y en traje casi de Adán junto a mi derecha se presenta; lanzando de mal tabaco bocandas de humo, saludándome muy amable me dice:

“¡Un cuentito, un cuentecito le voy a hechar, le voy a proporcionar! Es un romance, que mi abuelo me contaba y yo de él le aprendí.”

“Mire, mire, son estos versitos, son estos…: “

A la fuente. que entre peñas

guarida de miles aves,

un día a bebér las aguas

sedienta subió Téibales,

sin más traje que sus sayas

de pieles, muy estimables,

sin más tesoro, que un alma

nacida en sus patrios lares

pura y casta cual el alba

que asoma limpia de azares.

Y bebió con gran zozobra

de aquellas heladas aguas,

y en las mismas quiso verse

su imagen y sed saciada,

más, sin pensarlo, poco a poco

fué sintiéndose turbada

cayendo al fin en la Charca

su cuerpo frío, y sin habla

perdido el conocimiento

cual si fuese envenenada.

¡Pobre Téibales! • ¿Tú sueñas?-

Soy el guardián de éstas peñas.

La pobre Téibales muerta

dé las aves pasto fué,

y un zágal desde La Grieta

que por sus granados es

el pastor dé raza inquieta,

cruza, y recoge con fe

los despojos que respeta,

transportándoles después…

después, allá en la quieta

cueva guanchinesca de Trifés.

¡ Pobre Téibales! • ¿Tú sueñas?-

Soy el guardián de éstas peñas. “

***

La noche, en su cortejo de sombras, empieza a cubrir el panorama.

Ya los tejados de color rojizo se confundía bajo un encapotado cielo.

Continuó Laureano sus endechas con un tono de tristeza, marcado y patético. Continuó las llamadas cosas guanchinescas muy interesantes:

” No vayas moza a la fuente

a beber agu de aquellas

que las aves diariamente

envenenan, ¡Ay, sus querellas

en la Charca de la muerte

se aprcionan todas ellas!

¡Pobre Téibales! • ¿Tú sueñas?-

Soy el guardián de éstas peñas

desplegadas cual enseñas

que de tus huesos son dueñas.”

No vayas nunca a la fuente,

moza, a la fuente no vayas

que allí, encontrarás la Muerte

vestida con otras sayas,

no las de Tribales, por suerte

esas ya se hicieron aguas!»

La noche tendió su negro manto, y al marchar de allí, con fuerte apretón de manos me despido del demente. Las tinieblas cerraron el paisaje.

***

Él solitario Laureano – pensé – está tan cuerdo como los muchos que le llaman “EL LOCO DE MARTIANEZ”.

Y en la soledad desgarradora de aquellos sitios abruptos, llenos de rumores atlánticos, aquel hombre me pareció la rememoración de la gran raza heroica fenecida.

Francisco P. Montes de Oca García

Puerto de la Cruz.

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Esta entrada fue creada el Martes, febrero 23rd, 2010 a las 10:31 pm y está archivada bajo la Categoría Imobach, Tradiciones Portuenses. Puedes seguir las respuestas con el feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio site.


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