¡Quiero morir…!

A Francisco L, Machado Herrera,

I

-¡Qué batalla!. ¡qué lucha aquella!, Sí, Estalló la guerra y Tanaúsu llama en su ayuda a los de Mirca; sus sobrinos citaron a los suyos, quienes habían oído hablar de las promesas de Lugo, y, entusiasmados por el aliciente del botín se repartirían,  prestos acudieron en tal número que el Rey pensó ya a no temer por la seguridad de su posición en la  Caldera.

Esto decía y lo hablaba, como cierto, un viejo leñador; el más viejo leñador de Garafia. Y prosiguió luego:
-El Irune, el diablo del Time lo deshizo todo, todita. El pobrecillo Rey, que creyó salir triunfante en la refriega, el demonio de Irune — con su Infernal poder — consigue cambiar los papeles, esto es: a Tanaúsu, le convirtió en esclavo, y a Lugo en amo, en especie de señor de aquél, poniendole humillante bajo sus plantas para ser llevado preso a la presencia del Trono español. Y esto lo hízo el Lugo Adelantado y cristiano que nació en Carmona  y vino a morir en La Laguna de Tenerife. El leñador garafeño se tira fuertemente por las aletas de la típica montera color negro azul, y, con la entonación del Serinoque, canta las graciosas coplas de:

El año pasado,
cuando yo era mozo,
me corté las barbas
con un calabozo.

Anoche en el baile
me rompí un tubillo,
y estando en la calle
me puse un turnillo.

Tres años anduve
con tio Valentín,
y jamás le vide
tocar el violín.

Tres años estuve
con Juanillo el cojo,
y nunca le vide
pimienta ni mojo.

II

Otro viejeclto de Tijarafe siguió contando lo que luego sucedió en aquellos tiempos heroicos, funestos para los palmenses:
—¡Güá! Terminó la guerra entre natales y extranjeros. Pronto Tanaúsu fué preso y embarcado en un buque; de noche y día, con lágrimas gritaba: ¡Vacaguaré!…,(¡quiero morir…!), Vacaguaré!…,(¡quiero morir…!),  Y no sabemos quién, ni con qué mejunje le dieren muerte. ¡Guá!, fué muerte misteriosa, extraña, que el muerto Rey, bajo las aguas del mar sepultado, lanzaría por sus labios cárdenos la voz de ultratumba, agonizante y repercutidora, que el propio Lugo, en sus sueños de insomnios llenos, y durante la vida que Dios le dio, debióla oír o sentir. Fué el eco lastimero y lánguidamente repercutidor de ¡Vacaguaré!… ¡Vacaguaré!..,

—Y esto no es chanza. Aún el trozo de romance, que aprendí siendo muchacho, lo recuerda. Sí.

Lugo fué culpable
en hacerme sufrir,
su genio Implacable
me truncó Inefable
mi grato vivir.
¡Adiós Benahoare!,
voy a partir;
Adiós, ¡Vacaguaré…!
—¡Quiero morir…!

El Barón de IMOBACH

Tacoronte (Tenerife), Noviembre 1924

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