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	<title>Canarízame. &#187; Tenerife</title>
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	<description>Curiosidades y tradiciones canarias.</description>
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		<title>Historia del padre Adán</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 10:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estando una vez en sus soledades Nuestro Padre Adán, vino a pedirle cuentas el Señor. —Adán, ¿qué has visto?, le preguntó. —Señor, una mujer, apañando fruta en la higuera negra. —¡Pos calla, que esa es la Muerte! Volvió al otro día y lo encontró cavilando. —Adán, ¿qué has visto? —¡Cuatro hombres, con cuatro sogas, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estando una vez en sus soledades Nuestro Padre Adán, vino a pedirle cuentas el Señor.<br />
—Adán, ¿qué has visto?, le preguntó.<br />
—Señor, una mujer, apañando fruta en la higuera negra.<br />
—¡Pos calla, que esa es la Muerte!</p>
<p><span id="more-643"></span><br />
Volvió al otro día y lo encontró cavilando.<br />
—Adán, ¿qué has visto?<br />
—¡Cuatro hombres, con cuatro sogas, que tiraban de un árbol y no lo arrancaban!<br />
—¡Pos calla, que esa es la rosa de los tiempos!</p>
<p>Volvió más tarde, y lo encontró triste.<br />
—Adán, ¿qué te aflige?<br />
—¡Señor, la soledad!<br />
—¡Pos calla, que yo te alegraré! ¡Y dióle una compañera&#8230;!</p>
<p>Después que el hombre tuvo su mujer, mandóle el Señor a sorrlbar la tierra; pero la tierra no le obedecía; la tierra se le engrifaba. Y vino a decírselo<br />
al Señor.<br />
—Señor, que la tierra no me obedece, que la tierra se me engrifa,<br />
—Pos ve y dile que se deje labrar, que lo que ella diere, a ella volverá&#8230;<br />
¡Así dijo el Señor a Nuestro Padre Adán!</p>
<p><strong>Estampas Tinerfeñas &#8211; Leoncio Rodríguez </strong></p>
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		<title>Fábula del Oso, la Mona y el Cerdo, de D. Tomás de Iriarte.</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 14:26:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cantos de trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Poetas Canarios]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto de la Cruz]]></category>
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		<category><![CDATA[Tenerife]]></category>

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		<description><![CDATA[Leer con mucha atención deberían nuestros políticos, la fábula de animalicos que pongo a continuación. Aquel que tanto le gusta que le regalen el oido los &#8220;regalos&#8221; del otro partido debería de valorar. Porque no es deshonra el pensar ¿Habré actuado mal, es normal que de los míos, tanto y tanto alabar? Si digo hoy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Leer con mucha atención</strong></em><br />
<em><strong>deberían nuestros políticos,</strong></em><br />
<em><strong>la fábula de animalicos</strong></em><br />
<em><strong>que pongo a continuación.</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><em><strong>Aquel que tanto le gusta</strong></em><br />
<em><strong>que le regalen el oido</strong></em><br />
<em><strong>los &#8220;regalos&#8221; del otro partido</strong></em><br />
<em><strong>debería de valorar.<br />
</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><em><strong>Porque no es deshonra el pensar</strong></em><br />
<em><strong>¿Habré actuado mal, es normal </strong></em><br />
<em><strong>que de los míos, tanto y tanto alabar?<br />
</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><em><strong>Si digo hoy blanco, y mañana digo negro</strong></em><br />
<em><strong>¿Por qué me aplauden todavía,</strong></em><br />
<em><strong>si ni yo mismo me entiendo?</strong></em></p>
<p><span id="more-569"></span><em>Un oso, con que la vida</em><br />
<em> se ganaba un piamontés,</em><br />
<em> la no muy bien aprendida</em><br />
<em> danza ensayaba en dos pies.</em></p>
<p><em> Queriendo hacer de persona,</em><br />
<em> dijo a una mona: «¿Qué tal?»</em><br />
<em> Era perita la mona,</em><br />
<em> y respondióle: «Muy mal».</em></p>
<p><em> «Yo creo», replicó el oso,</em><br />
<em> «que me haces poco favor.</em><br />
<em> Pues ¿qué?, ¿mi aire no es garboso?</em><br />
<em> ¿no hago el paso con primor?».</em></p>
<p><em> Estaba el cerdo presente,</em><br />
<em> y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va!</em><br />
<em> Bailarín más excelente</em><br />
<em> no se ha visto, ni verá!».</em></p>
<p><em> Echó el oso, al oír esto,</em><br />
<em> sus cuentas allá entre sí,</em><br />
<em> y con ademán modesto</em><br />
<em> hubo de exclamar así:</em></p>
<p><em> «Cuando me desaprobaba</em><br />
<em> la mona, llegué a dudar;</em><br />
<em> mas ya que el cerdo me alaba,</em><br />
<em> muy mal debo de bailar».</em></p>
<p><em> Guarde para su regalo</em><br />
<em> esta sentencia el autor:</em><br />
<em> si el sabio no aprueba, ¡malo!</em><br />
<em> si el necio aplaude, ¡peor!</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>La higuera de la Cruz</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Nov 2011 22:40:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[D. Tomás de Iriarte]]></category>
		<category><![CDATA[Imobach]]></category>
		<category><![CDATA[Poetas Canarios]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones Portuenses]]></category>
		<category><![CDATA[Defensas]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto de la Cruz]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[Tenerife]]></category>

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		<description><![CDATA[I Grandes calamidades pesaron sobre la isla de Tenerife, allá por Noviembre de 1826. Prisioneros de las aguas, por aquel formidable aluvión y durante los días 7, 8 y 9, estuvieron muchos de sus pueblos, y muy particularmente el Puerto de la Cruz, en el que El Limpio grande, donde fondeaban las naves de alto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">I</p>
<div id="attachment_522" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/11/San-Carlos.jpg" rel="lightbox[521]"><img class="size-medium wp-image-522" title="Capilla de San Carlos" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/11/San-Carlos-300x201.jpg" alt="Capilla de San Carlos" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Capilla de San Carlos Erigida en emplazamiento del antiguo fuerte de San Carlos.</p></div>
<p>Grandes calamidades pesaron sobre la isla de Tenerife, allá por Noviembre de 1826.</p>
<p>Prisioneros de las aguas, por aquel formidable aluvión y durante los días 7, 8 y 9, estuvieron muchos de sus pueblos, y muy particularmente el Puerto de la Cruz, en el que <em>El Limpio grande, </em>donde fondeaban las naves de alto bordo, quedó para siempre inutilizado.</p>
<p>Las impetuosas corrientes del barranco de <em>La Raya </em>a San Felipe, con los arrastres de escombros y peñascos deformes, robaron más de 200 metros al mar, y en <em>La Encenada de Taoro, </em>desde aquella luctuosa inundación hasta nuestros días, jamás se ha visto anclar buque alguno.[1]<span id="more-521"></span>Por el naciente de este sufrido pueblo <em>hizo de las suyas y a su antojo </em>la tremenda avenida. Martiánez, que así se denomina el barranco que antiguamente se llamó de <em>Cuaco, </em>fue desbordado; sus aguas torrenciales, penetrando por <em>La Moya y Los Lianas, </em>dieron al traste con el artillado castillo de San Carlos[2] en cuyo recinto montaba guardia, como centinela, el miliciano bisoño don José María Padrón Herrera, único superviviente del resto del pelotón fenecido, quien abrazado a la Cruz que junto a la garita del fuerte se alzaba, milagrosamente pudo salvarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>En los espaciosos terrenos contiguos al desaparecido castillo de San Carlos, y muy cerca de la garita en la que se hallaba enclavada la Cruz, nació una higuera[3]. Esta, a los pocos años fructificó con gran abundancia, debido al solícito cuidado que le puso Padrón Herrera; y con el dinero que se sacaba de la venta de sus ricos frutos, se le encendía una lámpara de aceite todas las noches al madero salvador.</p>
<p>Pero fue el caso, y esto lo referían todos los hijos del agradecido miliciano devoto ferviente de la Santa Cruz, que al ser concedidos en el año de 1847, por el Ayuntamiento portuense, <em>Los Llanos </em>y parte del callejón de San Carlos a don Francisco García Gutiérrez (a) <em>Millón y medio, </em>para roturarlos y murarlos haciendo a su vez el paseo, hoy llamado de <em>Los Tarajiales, </em>un tal don Juan Riverol y Mena, que hacía de capataz en la :cuadrilla de los que trabajaban en los desmontes del terreno—por negarse éstos a cortar la higuera—, dio indignado, el primer hachazo al hermoso árbol, el que, al caer a tierra, una de sus gruesas ramas, le partió la mano derecha y, como castigo del cielo, cuéntase tardó muchos años en sanar, sin que durante ese espacio de tiempo dejase el paciente talador de ser perseguido a diario por la sombra de la higuera, la que otros dicen que a todas horas se reproducía ante su vida,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">III</p>
<p>Y corrieron los días, los meses, los años&#8230; Por fin se terminaron los trabajos en <em>Los Llanos y </em>la finca de <em>Millón y medio </em>quedó totalmente cercada con un alto muro. Pronto ocupó en el puesto la Cruz del castillo de San Carlos, adosada al que mira al Este del paseo de <em>Los Tarajales </em>y ya allí pudo continuar Padrón Herrera encendiendo la votiva lámpara con las limosnas que depositaban en el cepillo los paseantes, a más con<em> </em>el dinero de su propio peculio hasta que, llegado el año de 1876, Riverol y Mena se dispuso a consultar su enfermedad moral con «un médico de almas», con un ejemplarísimo sacerdote que por entonces regía la parroquia de este Puerto (Don Domingo Brito) y éste parece le dio como receta a su cura la feliz  idea de que edificara la capilla que hoy se levanta en honor al madero Santo.</p>
<p>Pidió Riverol y Mena para tan piadoso fin, por medio de instancia dirigida al M. I. Concejo portuense, que en t<em>errenos del común </em>y frente al sitio en que se hallaba colocada la Cruz, el trozo necesario para la erección de la capilla[4] y vista y discutida en sesión ordinaria la aludida instancia[5] aquel Cuerpo municipal nombró la Comisión de ornato público (en sesión del 2 de Abril de dicho año de 1876) la que desde luego señaló el espacio necesario para levantar la expresada capilla, previo el plano de la obra que presentaría para su aprobación el interesado[6].</p>
<p>Emprendidas las excavaciones para buscar los cimientos de la obra, Riverol y Mena manifestó a los trabajadores, y ello inmediatamente <em>corrió de boca en boca, </em>que desde el instante que por consejos de un sacerdote se dispuso a erigir el santuario a la Cruz había desaparecido por completo de su vista, no solo la sombra fatal, persecutoria, de la higuera que maliciosamente había tronchado en <em>Los Llanos, </em>sino que la noche antes de dar comienzo a aquellos trabajos, la propia Santa Cruz, al parecer se le acercó a su lecho y posando su sombra redentora sobre la mano enferma, ésta quedó inmediatamente sana&#8230; «En una higuera se ahorcó Judas, en una Cruz murió Jesucristo por salvar a los hombres»&#8230;</p>
<p>«Venid, venid a ver mi mano, decía Riverol y Mena; esto que ha sucedido es uno de los tantos milagros obrados por el santo madero y a él, debemos todos en estos momentos adorarle&#8230;»</p>
<p>«En una cruz murió Jesucristo, en una higuera se ahorcó Judas&#8230;»[7]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">El Barón de Imobach<br />
03-05-1924</p>
<div>
<hr size="1" />
<ul>
<li>
<address><a id="#_ftn1">[1]</a> «La Bella Gabriela» desapareció entre las olas con 15 de sus tripulantes. </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn2">[2]</a> Sus tres cañones de hierro, que las aguas llevaron a la playa, han sido cortados y puesto en e1 desembarcadero de «El Penitente», para amarrar en ellos las coderas de los buques que fondean en «El Rey» </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn3">[3]</a> Se cultiva desde la antigüedad esta planta en todas las regiones mediterráneas de Asia, África y Europa, y en Canarias, desde los tiempos de los Getulos, es decir, mucho antes que arribasen, a estas islas los españoles y franceses. (La Higuera, por don Melitón Atienza y Sirvent, «Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento», Madrid 1881 pag.143.) </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn4">[4]</a> A ruego de don Juan Riverol y por no saber firmar, lo hizo don Sebastián Padrón, hijo del más que nombrado miliciano don José Mª. y a 28 de Marzo de 1876, Legajo 21, Policía Urbana y rural, Nº 16. Segundo inventario del Archivo Municipal. </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn5">[5]</a> Legajo 3 (1) Actas del Ayuntamiento, N.&#8221; 5, Segundo inventario del idem idem. </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn6">[6]</a> El 24 de Junio de 1876. día de la festividad de San Juan Bautista, fue inaugurada la capilla. Durante la noche de la víspera y en la de ese día, estuvo iluminado el paseo de Los Tarájales, todo el camino que conduce a la fuente de Martiánez y vereda alta que corre hasta Sancho, sirviéndose para ello de “gánigos” llenos de alquitrán. </address>
</li>
<li>
<address>[7]Sobre el testero de la capilla que mira al Norte, alguien escribió los versos siguientes – los que fueron borrados durante la noche del día de la inauguración.- Ellos decían: </address>
<address><strong><em>«Si en una higuera</em></strong></address>
<address><strong><em>Judas se ahorcó</em></strong></address>
<address><strong><em>Y Jesús-cristo</em></strong></address>
<address><strong><em>En la Cruz murió,</em></strong></address>
<address><strong><em>Esta Capilla</em></strong></address>
<address><strong><em>La edificó</em></strong></address>
<address><strong><em>Quien de otra higuera</em></strong></address>
<address><strong><em>La sombra vio.</em></strong></address>
<address><strong><em>Viva la Cruz</em></strong></address>
<address><strong><em>Bendita y buena,</em></strong></address>
<address><strong><em>Bálsamo y luz,</em></strong></address>
<address><strong><em>Que salvó a Mena.»</em></strong></address>
</li>
</ul>
<div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>
]]></content:encoded>
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		<title>El agua de la cueva de San Telmo</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 22:17:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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		<category><![CDATA[Tenerife]]></category>

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		<description><![CDATA[La Cueva del secreto San Telmo, playa de mi niñez, en sus charcos di mis primeras brazadas, me clavé mis primeras púas de erizo que salían con la subida de la marea, o eso decían. Recuerdo un salto de macho por detrás del charco de los Espadartes, y el aterrizaje sobre una inmensa comunidad de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3><strong>La Cueva del secreto</strong></h3>
<p>San Telmo, playa de mi niñez, en sus charcos di mis primeras brazadas, me clavé mis primeras púas de erizo que salían con la subida de la marea, o eso decían. Recuerdo un salto de macho por detrás del charco de los Espadartes, y el aterrizaje sobre una inmensa comunidad de erizos. No sé si me hicieron más daño las púas, o mi madre y mi tía con las agujas sacándolas sin esperar la marea.<span id="more-485"></span></p>
<p>Allí conocí las primeras especies marinas, pinga leches, aguavivas, lapas, burgados, erizos, cabosos, pejeverdes, lisas, y musgo, mucho musgo.</p>
<div id="attachment_490" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/08/10005.jpg" rel="lightbox[485]"><img class="size-medium wp-image-490" title="Cueva de San Telmo" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/08/10005-300x190.jpg" alt="Cueva de San Telmo" width="300" height="190" /></a><p class="wp-caption-text">Cueva de San Telmo</p></div>
<p>Desde el final del espigón, dando la espalda al reboso, medio enfilado hacia el charco de la Coronela, en el pequeño acantilado que hay debajo de la piscina de San Telmo existe una cueva, la Cueva de San Telmo. Lugar de aventuras para los críos con la marea baja, esconde un secreto en sus arenas, hoy olvidado o escasamente recordado.</p>
<p>Si excavamos en el fondo de la Cueva, en su arena, mana agua, pero no agua salada como sería lo esperado, sino agua dulce, un agua dulce que antaño tuvo importancia y renombre.</p>
<p>Esa agua se servía en los jardines del Hotel Humboldt-Kurhaus [1] situado en el monte miserias <em>“en el punto de mejores condiciones climatológicas del todo el valle orotavense<strong>&#8220;</strong><a href="#_edn2"><strong> </strong></a></em> [2] en el periodo que fue dirigido por el Dr. Panniwits. En esa época una señorita distribuía el agua en los jardines del Hotel a todos los extranjeros que allí se hospedaban, &#8220;alabando estos sobremanera las prodigiosas condiciones de salubridad de la misma&#8221;.</p>
<h3><strong>El agua de la Cueva de San Telmo</strong></h3>
<div id="attachment_491" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/08/fiesta-en-los-jardines.jpg" rel="lightbox[485]"><img class="size-medium wp-image-491" title="Sirviendo bebidas en los jardines del Hotel" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/08/fiesta-en-los-jardines-300x208.jpg" alt="Sirviendo bebidas en los jardines del Hotel" width="300" height="208" /></a><p class="wp-caption-text">Sirviendo bebidas en los jardines del Hotel</p></div>
<p>En 1894, y corriendo con todos los gastos, el Dr. Jorge C. Pérez, hijo del ilustre Dr. Victor Pérez, envió a analizar el agua al laboratorio del químico John Atfield en Londres. Estos análisis determinaron que la calidad del agua era idéntica <em>“a las famosas aguas de Baden-Buden, Kissingen, Hamburgo, Ischl y Keuznarch, estando indicadas con gran éxito en afecciones del estómago, reumatismos crónicos, afecciones articulares, cutáneas, elefantiasis, hidropesía, linfatismo, catarros laríngeos y faríngeos, vexical, anemia é hipocondría; estando en cambio contraindicadas y dan un resultado mortal en toda clase de afecciones de las vías areras y pulmonares.”<strong>. </strong></em>[3]<em><a href="#_edn3"><strong><br />
</strong></a></em></p>
<p>Este agua se recetaba: <em>“en ayunas, tomando con intervalos de 15 minutos de uno hasta 3 vasos pequeños y paseando luego; por la tarde puede tomarse otro vaso si el estómago está vacio y lo soporta bien; durante la curación no deben tomarse frutas. Al exterior se usan en baños generales ó locales, contra afecciones cutáneas en todas sus fases”.</em> [4]<em><a href="#_edn4"><strong><br />
</strong></a></em></p>
<p>Cuando Spa, la ciudad Belga, no se había convertido aún en sinónimo de Balneario, ya  Canarias y en particular el Valle de la Orotava era destino turístico obligatorio por la bondad de su clima y sus efectos positivos en la salud. En una época en la que se viajaba por prescripción facultativa, el Puerto se adelantó a su enterno creando sus primeros hoteles/sanatorios en los que los huéspedes no sólo buscaban servicios,  buscaban una cura a su mal en nuestro benéfico clima.</p>
<p>Cuando esto ocurría, el agua “medicinal” de la Cueva de San Telmo, era un reclamo más para los turistas de otras tierras, un signo de calidad y distinción de nuestra ciudad. Otro de nuestros secretos olvidados.</p>
<h3><strong>Resultados del análisis realizado en 1894 comparado con el análisis actual de un agua embotellada del Valle (granos por galón imperiales).<strong> [5]</strong><a href="#_edn5"><strong><br />
</strong></a></strong></h3>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="0" width="489">
<tbody>
<tr>
<td width="135" valign="bottom"></td>
<td width="116" valign="bottom">granos por   galón</td>
<td width="81" valign="bottom">mg/l</td>
<td width="157" valign="bottom">Agua   embotellada mg/l</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Potasio</td>
<td width="116" valign="bottom">10,504</td>
<td width="81" valign="bottom">0,73</td>
<td width="157" valign="bottom">8,3</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Sodio</td>
<td width="116" valign="bottom">114,430</td>
<td width="81" valign="bottom">8,00</td>
<td width="157" valign="bottom">19,5</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Magnesio</td>
<td width="116" valign="bottom">13,968</td>
<td width="81" valign="bottom">0,98</td>
<td width="157" valign="bottom">3,7</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Calcio</td>
<td width="116" valign="bottom">4,648</td>
<td width="81" valign="bottom">0,33</td>
<td width="157" valign="bottom">6,2</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Carbonato ferroso</td>
<td width="116" valign="bottom">0,140</td>
<td width="81" valign="bottom">0,01</td>
<td width="157" valign="bottom">Dato no   disponible</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Silica</td>
<td width="116" valign="bottom">1,694</td>
<td width="81" valign="bottom">0,12</td>
<td width="157" valign="bottom">31,2</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Radical sulfúrico</td>
<td width="116" valign="bottom">28,833</td>
<td width="81" valign="bottom">2,02</td>
<td width="157" valign="bottom">3,8</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Radical carbónico</td>
<td width="116" valign="bottom">4,320</td>
<td width="81" valign="bottom">0,30</td>
<td width="157" valign="bottom">56,1</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Radical nítrico</td>
<td width="116" valign="bottom">0,656</td>
<td width="81" valign="bottom">0,05</td>
<td width="157" valign="bottom">12,2</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Cloro</td>
<td width="116" valign="bottom">208,355</td>
<td width="81" valign="bottom">14,57</td>
<td width="157" valign="bottom">15,6</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Materia orgánica</td>
<td width="116" valign="bottom">ninguna</td>
<td width="81" valign="bottom">ninguna</td>
<td width="157" valign="bottom">ninguna</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<p><strong> </strong></p>
<div>
<hr size="1" />
<ul>
<li>[1] Lo que era el Hotel Taoro.</li>
<li>[2] A través de Tenerife Por Cipriano de Arribas y Sánchez, página 100.</li>
<li>[3] Ídem, pié de página 99-100</li>
<li>[4] Ídem, pié de página 100</li>
<li>[5] La conversión es estimativa solamente.</li>
</ul>
</div>
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		<title>¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jun 2011 21:40:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tenía la tarde aquella una cupula de incendios con claros de amaneceres y verdes de mar abiertos. -¡Madre, que tarde más guapas estas tardes de mi puerto: cielo de tules rosados sobre un mar de plomo inquieto. I ¡Ay, Puerto, mi Puerto mio! ¡Ay, Puerto mio, mi Puerto! Espolón lleno de casas, que te fuiste, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Tenía la tarde aquella<br />
una cupula de incendios<br />
con claros de amaneceres<br />
y verdes de mar abiertos.</p>
<p style="text-align: left;">-¡Madre, que tarde más guapas<br />
estas tardes de mi puerto:<br />
cielo de tules rosados<br />
sobre un mar de plomo inquieto.<span id="more-439"></span></p>
<p style="text-align: left;">I</p>
<p style="text-align: left;">¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!<br />
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!<br />
Espolón lleno de casas,<br />
que te fuiste, mar adentro,<br />
buscando no sé que rumbos<br />
por no sé qué derroteros.<br />
Ya perdiste tus castillos<br />
y no tienes tus conventos.<br />
Tus calles, ahora desiertas,<br />
echan llorando de menos<br />
pasos torpes y canciones<br />
de marinos extranjeros<br />
que te llenaban de plata<br />
a cambio de vino añejo<br />
sangre de venas inquietas<br />
que regaba el mundo entero.</p>
<p style="text-align: left;">II</p>
<p style="text-align: left;">¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!<br />
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!</p>
<p style="text-align: left;">En mis delirios te busco<br />
y en mis delirios te encuentro.<br />
A mi conjuro, se pueblan<br />
tu caserones, ya viejos,<br />
y sus salas resplandecen<br />
con festines versallescos.</p>
<p style="text-align: left;">Oro y plata en las pelucas;<br />
plata y oro en los cubiertos.<br />
&#8220;Tisus&#8221; y &#8220;muares&#8221; finisimos<br />
en los escotes abiertos.<br />
Ritmo alegre de pavanas,<br />
reverencias y minuetos&#8230;<br />
Pulidos maestros de baile<br />
que de la Francia vinieron.<br />
Deslumbradores estrados,<br />
tertulias y mentideros<br />
que se podían comparar<br />
con cualesquier de su género.<br />
(Lejos, en la mar inquieta,<br />
lejos, en el mar incierto,<br />
al rumor de los cordajes<br />
arrancado por el viento,<br />
evoca al marino rubio,<br />
capitán de algún velero<br />
horas felices, pasadas<br />
cierta noche allá en el Puerto.)</p>
<p style="text-align: left;">III</p>
<p style="text-align: left;">¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!<br />
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!<br />
embalsamado en ausencias,<br />
en olvido y en el silencio.<br />
Recostado en los encajes<br />
que la mar te ha ido tejiendo<br />
parece como que añoras<br />
otra vida y otros tiempos.<br />
Yo, mi Puerto, te llorara,<br />
te lloraría como muerto<br />
si no supiera que sufres<br />
un letargo pasajero.<br />
Tienes colores de joven<br />
lozano, jugoso, fresco,<br />
paisajes de maravilla,<br />
alrededores de ensueño&#8230;<br />
A los pies del viejo Teide,<br />
coloso, ceñudo, serio,<br />
pareces como una perla<br />
que el Valle guarda en su seno.</p>
<p style="text-align: left;">¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!<br />
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!</p>
<p style="text-align: left;"><em>Luis Gálvez Monreal</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Terrible coincidencia en la montaña de Ofra (1914)</title>
		<link>http://www.canarizame.com/2010/08/27/terrible-coincidencia-en-la-montana-de-ofra-1914/</link>
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		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 12:37:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ayer, por la mañana falleció en el Hospital civil el infeliz obrero Manuel Cabrera de la Rosa, que el día anterior tuvo la desgracia de despeñarse en la montaña de Ofra, donde trabajaba, y de cuyo desgraciado suceso dimos cuenta. Como rarísima y triste coincidencia, se nos dice que también en la madrugada de ayer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer, por la mañana falleció en el Hospital civil el infeliz obrero Manuel Cabrera de la Rosa, que el día anterior tuvo la desgracia de despeñarse en la montaña de Ofra, donde trabajaba, y de cuyo desgraciado suceso dimos cuenta.</p>
<p>Como rarísima y triste coincidencia, se nos dice que también en la madrugada de ayer y víctima de una rapidísima enfermedad, falleció en sitio próximo á la misma montaña de Ofra, donde vivía, la joven novia de aquel.</p>
<p>Descansen en paz y reciban las familias doloridas nuestro pésame.</p>
<address>Diario de Tenerife 27-05-1914</address>
<address> </address>
<pre><strong><strong>Extraña curiosidad, añado.</strong></strong></pre>
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		<title>El pulpo-policía (Orígen del nombre del Charco de la Coronela).</title>
		<link>http://www.canarizame.com/2010/08/26/el-pulpo-policia/</link>
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		<pubDate>Thu, 26 Aug 2010 13:42:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[TRADICIÓN PORTUENSE A Don Amaro Riverol, anciano marino, capitán de puerto y comandante militar del trozo de Orotava, que, en un tiempo, llegó a ser alcalde del Puerto de la Cruz, conservó hasta la hora de su muerte la gran memoria que Dios le dio. Cierto día, hablando de cosas preteridas, con razón se lamentaba; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>TRADICIÓN PORTUENSE</p>
<p>A Don Amaro Riverol, anciano marino, capitán de puerto y comandante militar del trozo de Orotava, que, en un tiempo, llegó a ser alcalde del Puerto de la Cruz, conservó hasta la hora de su muerte la gran memoria que Dios le dio.</p>
<p>Cierto día, hablando de cosas preteridas, con razón se lamentaba; «Todo lo antiguo se va derruendo; todo lo antiguo, que es lo que evoca el recuerdo grato de lo pasado y nos proporciona las emociones más intimas en nuestras almas, toma el rumbo de desaparecer.»</p>
<p>Y entre el arsenal de curiosidades que poseía frescamente en su privilegiada maza encefálica, brotó una, la que desde niño le conservo, y como ya voy para viejo, tengo por debilidad de que, antes de achocharme, darle a la luz pública.</p>
<p>Allá vá. Habla el viejo Riverol:<span id="more-219"></span></p>
<p style="text-align: center;">I</p>
<p>«En el bajío de arriba, el de San Telmo, y a la terminación de la playa de este nombre, está, como todo porteño sabe, la Charca de los Linaderos.» (1)</p>
<p>«Por esta Charca, hace algunos años, unos ingenieros ingleses opinaban se debía de trazar el muelle del porvenir para todos los pueblos del distrito de Taoro y capaz de servir a toda importación y exportación de mercancías pues, siendo yo alcalde de esta población, ayudé muchísimo, como autoridad y como náutico, participándoles a aquellos técnicos mis opiniones sobre las formas en que debían de hacerse ios proyectos.»</p>
<p>«De estas observaciones, mi amigo don Benigno Carballo Wangüemert, en su obra «Las Afortunadas, viaja descriptivo a las Islas Canarias» (2) páginas 139 y 140, se ocupa, y no dudó de incluirlas como nota, en la forma siguiente:</p>
<p>«No no soy el más competente para, fabricar planos de obras de este género, pero debo a un entendido hijo del país una observación que no dudo someter al juicio del lector, Hay un punto, denominado Martianez, en donde la construcción de una muralla de 600 metros bastaría para resguardar el puerto de los vientos del O., N. O. y N. que son los de travesía, encontrándose al abrigo de los demás vientos por la configuración de la tierra. Esta obra tendría en su favor una gran abundancia de materiales para la escollera en sus mismos contornos, al paso que podría servirle de cimientos un bajío de cerca de 400 metros, con metro y medio de agua, poco más o menos. Este bajío es el de la playa denominada de San Telmo, el cual finaliza en donde deberla construirse dicha muralla, y tiene a su continuación hacia las laderas de Martianez un hermoso fondeadero de arenas, susceptible de ser ensanchado cuando se quiera. Repito que no me atrevo a juzgar acerca de la obra, y que me ha comunicado esta observación un hijo del Puerto de la Cruz.»</p>
<p>«Ya esto, que Carballo Wargüeírert se apresuró a poner en letras de molde, hoy por experiencia añado: Sobre el citado bajío, hasta los riscos de La Restinga, bien mazizado y con su muralla cernistente al frente de igual elevación que la ya referida, se debía de construir un terraplén propio para (instalar almacenes y puestos de cargas y descargas, pudiendo ser factible hacerse desviar, por medio de un túnel subterráneo, el barreneo de Martianez (3) hacia la Charca de los Linaderos, dejando franca la playa en que desemboca aquel, a fin de que sirva ésta de varadero a les embarcaciones menores.»</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>«Pero es el caso, que en el año a que nos vamos a referir, ¡1858! era primer teniente de alcalde de esta población el Sr. don Francisco Luis Calderón de la Barca, Caballero profeso de la Orden militar de Alcántara y da las nacionales de San Fernando y San Hermenegildo, condecorado con la de Lis de Francia y otras distinciones, coronel de Caballería retirado y cojo por añadidura, quién tenía por costumbre tomar baños de mar por esta charca durante los meses de Julio y Agosto, acompañado de su vieja sirvienta seña Maruca (a) la coronela (4), y en uno de esos meses, ambos se fueron a aquel paraje donde un chicuelo aprovechando que ellos se encontraban en el agua, le sustrajo a don Francisco su bastón de mando, mejor dicho, el sostén de la inutilidad, en extrema risa, del legitimo pariente del gran poeta de tan célebre apellido (5).</p>
<p>«Y tuvo que regresar a su casa el don Francisco apoyado del brazo de la coronela, y en vano encontró el menistro. —Antonico Martín—, (6) el bastón de su superior gerárquico, pues el pícaro chicuelo que lo había robado, en la retirada de ambos de la playa, le ocultó en un covacho que está a la margen del poniente de tal charca.</p>
<p style="text-align: center;">III</p>
<p>«A la mañana siguiente, parece ser que unos marinos mariscadores corrieron alarmados a dar parte al primer teniente alcalde, de que cierto chicuelo se encontraba preso de ambas manos y medio ahogado por un pulpo en el bajío de arriba y que viniesen pronto a ordenar se le sacase aquel sitio antes que la marea llenase».</p>
<p>«Allí acudió D. Francisco, la coronela y el menistro, como también los marinos, a quienes le facultó su señoría para que, adelantándose, salvaran al sujeto en peligro, y éstos, provistos de fijas y bicheros, cazaron al pulpo, librándose de perecer anegado».</p>
<p>«Dicho molusco octópodo, traía enrredado en sus rejos, el bastón desaparecido (7)».</p>
<p>«El tamaño de este pulpo, era casi igual a la altura del ladroncillo. Su cabeza lucía mayor que la del que gastaba gorra en Vez de sombrero; era una señora cabeza, con más casos que la vana del chicuelo&#8230;»</p>
<p>«Y que feroz estaba D. Francisco&#8230;»</p>
<p>«El menistro trató de conducir a la cárcel al ladronzuelo instado por D. Francisco, pero la coronela se opuso, diciéndole a su amo.»</p>
<p>-«Dejad, mi Sr., en paz a ese monigotillo, que bien caro ha pagado su travesura; dadle como propina el pulpo—policía, y de castigo, que coma carne de tan excelente opresor.»</p>
<p>«Don Francisco, movido de compasión, concede la gracia pedida por su humanitaria sirvienta y desde aquella fecha los pescadores y cogedores de mariscos, bautizaron a la famosa Charca de los Linaderos con el nombre de CHARCO DE LA CORONELA.</p>
<p>«Y el coronel retirado, se retiró con su bastón, con su coronela y diciéndole al monigotillo&#8230;.»</p>
<p>—En la mar el pulpo agarra, &#8211; a lo que contesta el rapaz.<br />
—Lo hace mejor que un menistro (como que sin ser chupadera del Monecipio se las gasta de primera); ¡tiene chupadera (8) y de las buenas! Mejor que las un gindilla. (9) ¡Este si que es un gran policía!</p>
<p><strong>Francisco P. Montes de Oca García.</strong></p>
<p>Cronista titular del Puerto de la Cruz.</p>
<p>Junio da 1922.</p>
<address style="text-align: left;">(1) Desde antiguamente se abría el tino por este sitio.<br />
(2) Madrid, 1862.<br />
(3) Antes Cuaco.<br />
(4) María Carmen Orta y Calzadilla.<br />
(5) Era de caña de indias, con puño y regatón de oro.</address>
<address style="text-align: left;">(6) Portero del M, I, Ayuntamiento.<br />
(7) Véase, Legajo núm 13 1er. inventario, Archivo Municipal, documento núm. 13, (Acta de entrega de bienes a D. Pedro de Ponte, que dejó a su óbito D. Francisco, en poder de D.ª Isabel Distón del Alamos) por el comandante militar de este Puerto, D. Genaro Valmaceda, en 23 de Junio de 1866.<br />
(8) Los tentáculos.<br />
(9) Policía, guardia o Celador.</address>
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		<title>El loco de Martiánez ha muerto</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 20:34:30 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Ha dos días, con sol abrasador, respiraba libremente, vivía la viva troglodita, Aquel, que sin ser marinero, que sin ser pescador de oficio, sabía pescar; aquel que, con su raspona, se afanaba en el campo haciendo las labores cotidianas primorosamente. Y salió el gigante muy de temprano, y salió abismada sus hercúleas fuerzas, inclinando la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ha dos días, con sol abrasador, respiraba libremente, vivía la viva troglodita,</p>
<p>Aquel, que sin ser marinero, que sin ser pescador de oficio, sabía pescar; aquel que, con su <em>raspona</em>, se afanaba en el campo haciendo las labores cotidianas primorosamente.<span id="more-182"></span></p>
<p>Y salió el gigante muy de temprano, y salió abismada sus hercúleas fuerzas, inclinando la cabeza, antes, tan altiva, tan altanera, para no volver. No&#8230;</p>
<p>Llevaba sobre sus hombros un taleguillo y dentro, contenía el sustento coidiano, el gofio imprescindible del día. ¡Cuánto luchar para un mal vivir!</p>
<p>La Cueva de Martianez quedó solitaria, quedó sin su guanche, ¿Donde ha marchado?</p>
<p align="center">***</p>
<p>¡Oh! ¡no me oyen! ¡ no me escuchan!</p>
<p>- Laureano, Laureano&#8230;, ¿Estará aún de partida?</p>
<p>¡Oh! ¡no me responden! ¡no me han oido..!</p>
<p>- ¿Laureano está enfermo? ¿Qué le pasa al guardián de Martianez?</p>
<p>- ¿Dónde esta el loco? ¿Nadie contesta?&#8230;</p>
<p>Pregunté a una <em>medianera</em> que  trabaja el predio bajo, si en lo alto, en la Cueva-habitación del hombre guanchinesco, ocurría algo, y me dice:</p>
<p>&#8211; Tienda Vd. su vista a la playa y verá. Ocurre mucho, muchísimo&#8230;</p>
<p>- ¿Y qué acontecimiento puede desarrollarse en la playa de Martianez? ¿Qué han motivado esos lloros que siento? ¿Cual es la causa?¿Por ventura o desgracia, le ocurre algo al Loco de la Fuente?</p>
<p>- Mire Vd. Abajo, junto a la playa, yace su amigo. ¡Pobrecillo, pobrecillo!</p>
<p>Una sombra desconocida y pálida, corrió ante mis ojos y tendí la mirada a aquel punto.</p>
<p>Todo fué realidad, todo fué la seguranza de mi pensar en cosas fatídicas.</p>
<p>Laureano, yacia muerto y tendido en la arena. Junto a él, el taleguillo heredado de sus mayores, ¡Pobrecillo! ¡Pobrecillo!&#8230;</p>
<p>Hoy, es lunes 6 de Marzo de 1922. Pobre Laureano, pobre guanche de miscuentos.</p>
<p>¡”Este es”! exclamé. ¡Cuidado, no le toquen; cuidado, no le muevan!</p>
<p>Rodeado de acompañantes, su cuerpo frió estaba salpicado de gotas de rocío, de lágrimas, cual perlas brotadas por la mar bravia, que ronca, lloraba tanto infortunio; que, ronca, gemía tristemente.</p>
<p>El es; él es el guanche que muerto vive aun dentro de mi caldeante cerebro.</p>
<p>Su recuerdo, vivirá la vida de mi existir, la vida de mis pesares inauditos&#8230;</p>
<p>iLaureano ha muerto! ¡Pobrecillo, pobrecillo!&#8230;</p>
<p>Su rostro venerable, conservaba el poco rubicundo color de su pasada existencia, y los rayos solares caldeaban su tez, matizada de pleno por les sales marinera o por el polvo de la tierra ingrata.</p>
<p>Parecía estar con ánima, parecía vivir, durmiente, sobre el lecho plúmbeo de las arenillas movedizas, de los terroncillos marineros de Arautapala.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Ya falleció el gran protagonista de mis cuentos, El Loco de Martianez.</p>
<p>Él no me oye, él no me escucha. ¡Oh! Ha dejado su caverna solitaria, ha dejado para siempre la fuente de las aguas sguss cristalinas; se marchó al Empíreo&#8230; Adiós amigo, descansa en paz, que yo seré el guardián de tu tumba, por la que ignoradas gentes pasarán, sin detenerse a contemplarla. Yo te llore y te lloraré mientras viva.</p>
<p>Descanta en paz, y álzese sobre las arenas humilde túmulo que perpetué el recuerdo imperecedero de este hombre cuerdo, a quien los muchos enagenados le tenían por loco,</p>
<p>Eleven al cielo las almas justas, una plegaria santa y fervorosa en sufragio de este alma inofensiva.</p>
<p align="center">***</p>
<p>¡Señor de las alturas, acoge en tu seno al ser que partió del mundo maleante para  gozar de dichas mil en el tuyo, si lo crees de tu agrado!</p>
<p><strong>Francisco P. Montes de Oca García.</strong></p>
<p>Puerto de la Cruz. 6 de Marzo de 1922.</p>
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		<title>El loco de Martiánez</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 20:31:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Bajo mis plantas y en declive se bifurca serpenteando estrecha vereda, la que finaliza junto a la charca de la fuente&#8230; Estamos rodeados de palmeras. Por entre unas y otras, medios cubiertos de ramajes, lucen los claros que apartan sus obscuros troncos;  y entrelazadas sus espinosas cortezas, y a plena luz solar, se deja ver [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Bajo mis plantas y en declive se bifurca serpenteando estrecha vereda, la que finaliza junto a la charca de la fuente&#8230;</p>
<p>Estamos rodeados de palmeras. Por entre unas y otras, medios cubiertos de ramajes, lucen los claros que apartan sus obscuros troncos;  y entrelazadas sus espinosas cortezas, y a plena luz solar, se deja ver él horizonte lontano.</p>
<p>Estamos en la Plazoleta de la Paz. La silueta de la tierra de Tanausú se destaca majestuosa, señalando multítud de penachos, de verdinegros pinos que la coronan; y abajo el bravo mar rizado de espumas, que, indómito, viene a luchar con los guijarros del bajío tapizado de amarillentos musgos. Sus olas moribundas besan las playas taorinas, las playas de Martiánez, las playas de Arautápala.<span id="more-175"></span></p>
<p>Sobre el gran arenal plúmbeo, indolentes lucen recostadas las bañistas de trajes vistosos y riveteados de múltiples colorines, con cinturones, y sin ellos; ellas esperan sumergirse en las aguas y esperan que el rudo mar las transforme en encantadoras sirenas.</p>
<p>Los insaciables paseantes, aguardan hasta tanto que por sus ojos corran las desnudas líneas de los cuerpos contorneados, dentro del bañador ya humedecido; y sierran y abren sus dedos con ademanes nerviosos, imitando dar zarpasos. Insaciables se retiran, casi gimiendo, estos paseantes sátiros.</p>
<p>Ellas son aves de paso, ellos pasos de aves&#8230;</p>
<p>Nada han conseguido. Nada les viene a saciar. Con ver, la belleza no les satisface, y la hermosura produce apetito deleitoso. Son fantasías o locuras de curiosos&#8230;</p>
<p>Las bañistas gozan de sol. Los curiosos, comentan tanta grandeza, y aquellas, con estridentes carcajadas, deleitanse jugando con las arenas que brillan cual diamantes.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Desde mis plantas y en declive, parte otra vereda mas estrecha de menos distancia, pero.., que conduce segura a la Cueva de los Guanches, a la cueva a los recuerdos legendarios.</p>
<p>Ya en esta lúgubre caverna sólo existen algunos restos de los de nuestra raza, de aquellos naturales &#8211; bravos guerreros &#8211; , que designaron aquellos lugares para cementerio de sus osamentas.</p>
<p>En siglos pasados a esta mansión de los muertos (¡Oh muertos!) nuestros más viejos abuelos, le llamaron Trifés, la Cueva de Trifés.</p>
<p>Luenga sepultura,.., secreto de las edades,.., yo te respeto, yo te evoco con ideal sempiterno.</p>
<p>Y en el sótano, formado por la base de las peñas ingentes, soportes de aquella lúgubre caverna, vive un demente, que no es pescador de oficio, y pesca; y que no es labriego y sabe hacer la labor como un buen hortelano.</p>
<p>Su nombre es Laureano. Es un guanche sin serlo, y cuenta cosas guachinescas, que antes de dar su adiós el sol a tan grandioso paisaje descrito, sube hasta la Plazoleta, y en traje casi de Adán junto a mi derecha se presenta; lanzando de mal tabaco bocandas de humo, saludándome muy amable me dice:</p>
<p><em>&#8220;¡Un cuentito, un cuentecito le voy a hechar</em><em>, le voy a proporcionar! Es un romance, que mi abuelo me contaba y yo de él le aprendí.&#8221;</em></p>
<p><em>&#8220;Mire, mire, son estos versitos, son estos&#8230;: &#8220;</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>A la fuente. que entre peñas</em></p>
<p><em>guarida de miles aves,</em></p>
<p><em>un día a bebér las aguas</em></p>
<p><em>sedienta subió Téibales,</em></p>
<p><em>sin más</em><em> traje que sus sayas</em></p>
<p><em>de pieles, muy estimables,</em></p>
<p><em>sin más tesoro, que un alma</em></p>
<p><em>nacida en sus patrios lares</em></p>
<p><em>pura y casta cual el alba</em></p>
<p><em>que asoma limpia de azares.</em></p>
<p><em>Y bebió con gran zozobra</em></p>
<p><em>de aquellas heladas aguas,</em></p>
<p><em>y en las mismas quiso verse</em></p>
<p><em>su imagen y sed saciada,</em></p>
<p><em>más, sin pensarlo, poco a poco</em></p>
<p><em>fué sintiéndose turbada</em></p>
<p><em>cayendo al fin en la Charca</em></p>
<p><em>su cuerpo frío, y sin habla</em></p>
<p><em>perdido el conocimiento</em></p>
<p><em>cual si fuese envenenada.</em></p>
<p><em>¡Pobre Téibales! • ¿Tú sueñas?-</em></p>
<p><em>Soy el guardián de éstas peñas.</em></p>
<p><em>La pobre Téibales muerta</em></p>
<p><em>dé las aves pasto fué,</em></p>
<p><em>y un zágal desde La Grieta</em></p>
<p><em>que por sus granados es</em></p>
<p><em>el pastor dé raza inquieta,</em></p>
<p><em>cruza, y recoge con fe</em></p>
<p><em>los despojos que respeta,</em></p>
<p><em>transportándoles después&#8230;</em></p>
<p><em>después, allá en la quieta</em></p>
<p><em>cueva guanchinesca de Trifés.</em></p>
<p><em>¡ Pobre Téibales! • ¿Tú sueñas?-</em></p>
<p><em>Soy el guardián de éstas peñas. &#8220;</em></p>
<p align="center">***</p>
<p>La noche, en su cortejo de sombras, empieza a cubrir el panorama.</p>
<p>Ya los tejados de color rojizo se confundía bajo un encapotado cielo.</p>
<p>Continuó Laureano sus endechas con un tono de tristeza, marcado y patético. Continuó las llamadas cosas guanchinescas muy interesantes:</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>&#8221; No vayas moza a la fuente </em></p>
<p><em>a beber agu de aquellas</em></p>
<p><em>que las aves diariamente</em></p>
<p><em>envenenan, ¡Ay, sus querellas</em></p>
<p><em>en la Charca de la muerte</em></p>
<p><em>se aprcionan todas ellas!</em></p>
<p><em>¡Pobre Téibales! • ¿Tú sueñas?-</em></p>
<p><em>Soy el guardián de éstas peñas </em></p>
<p><em>desplegadas cual enseñas</em></p>
<p><em>que de tus huesos son dueñas.&#8221;</em><em> </em></p>
<p><em>No vayas nunca a la fuente,</em></p>
<p><em>moza, a la fuente no vayas</em></p>
<p><em>que allí, encontrarás la Muerte</em></p>
<p><em>vestida con otras sayas,</em></p>
<p><em>no las de Tribales, por suerte</em></p>
<p><em>esas ya se hicieron aguas!»</em></p>
<p>La noche tendió su negro manto, y al marchar de allí, con fuerte apretón de manos me despido del demente. Las tinieblas cerraron el paisaje.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Él solitario Laureano – pensé – está tan cuerdo como los muchos que le llaman “EL LOCO DE MARTIANEZ”.</p>
<p>Y en la soledad desgarradora de aquellos sitios abruptos, llenos de rumores atlánticos, aquel hombre me pareció la rememoración de la gran raza heroica fenecida.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Francisco P. Montes de Oca García</strong></p>
<p>Puerto de la Cruz.</p>
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		<title>Mal tiempo sobre Tenerife</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2009 20:35:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>beita</dc:creator>
				<category><![CDATA[El zurrón]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[Tenerife]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-caption alignleft" style="width: 190px"><img class=" " style="margin-top: 4px; margin-bottom: 4px; margin-left: 6px; margin-right: 6px;" title="Aluvión 1826" src="http://photos-h.ak.fbcdn.net/hphotos-ak-snc1/hs206.snc1/7321_1265102870436_1315695034_733295_6497265_a.jpg" alt="Aluvión 1826" width="180" height="126" /><p class="wp-caption-text">Aluvión 1826</p></div>
<p><strong>8 de Noviembre de 1826.</strong></p>
<p>Anoche siguió la tempestad más fuerte que ayer. Se vino a la playa un bergantín  goleta americano, se ahogaron de dicho barco tres marineros&#8230; Los estragos que hubo en este Pueblo son incalculables, con la fuerza del agua que venía por las calles las han desempedrado y el Barranco de Santos se llevó el puente sin dejar más que un pie y eso mudado de su puesto,  fue tan fuerte el viento que tumbó casas, dejó ventanas con nada más que las molduras, en fin no hay memoria de que en las Islas Canarias haya habido semejante diluvio y huracán de viento.<span id="more-137"></span></p>
<p>Todavía no se sabe nada del interior de la isla, pero se cree haya perecido mucha gente. Hoy ha seguido lo mismo que anoche y se ha sabido que el Castillo de San Miguel el agua del Barranco le llevó el costado izquierdo y dos cañones de a 24 montados, todo el monte está en la playa, que lo arrancó el viento y lo trajo el agua.</p>
<p><strong>Día 9</strong>. Ha habido noticias de lo acaecido en La Laguna en la gran tempestad de los días 7 y 8 de este mes. No quedó una canal derecha, las cañerías tupidas, el viento tumbó siete molinos de viento. En la Catedral se vino a bajo la media naranja del techo, entró por allí el viento y no dejó Santo en Nicho, La Virgen de Los Ramedios la hizo pedazos. En Las Mercedes el barranco se llevó un pajar con cinco personas y animales, ha destrozado todo el Llano de los Viejos y se ha venido mucho monte a La Laguna que lo trajo el agua.</p>
<p><strong>Día 10.</strong> Hoy se ha sabido que en Candelaria se cayó la casa del Cabildo, la mitad del Convento y el Castillo que se fue a la mar con once personas en su interior que se habían refugiado en él, y la Virgen de Candelaria no aparece ( así desaparecio la primitiva imagen de la patrona de Canarias). En El Puerto pasó el mar por detrás de su puerto 120 pasos, un castillo que estaba allí  llamado San Telmo se lo llevó el mar con tres soldados&#8230; Las casas de recreo y buena hacienda que hay por los contornos del Puerto quedaron las casa en el suelo y las haciendas en la laja, se cayeron muchas casas en el Puerto.</p>
<address style="text-align: right;"><em>(Fuente:  &#8221;La Laguna de anteayer y otras historias&#8221; de Enrique Ruméu Palazuelos.)</em></address>
<p><span style="font-style: normal;">Según a F. Martínez de Fuentes en este aluvión</span><em> &#8220;perecieron 261 personas, 1.080 cabezas de ganado mayor y menor, 344 casas, 16 puentes, 8 acueductos, 10 molinos, 3 castillos, 3 templos y 3 buques de alto bordo, y las pérdidas en más de 7.000.000 de pesetas&#8221;.</em></p>
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