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	<title>Canarízame &#187; Tradiciones Portuenses</title>
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	<description>Dimes y diretes de nuestras islas</description>
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		<title>El Robado</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 23:04:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tradición Portuense Para el presbítero don Manuel Díaz Pacheco, conocedor del sitio del que trata este relato. Aún conservo en mi memoria esta frase: “En Cuaco hay brevas”, “brevas hay en Cuaco”,  la que, dicha de una a otra forma, fué oída siendo niño de labios que jamás mintieron (1) y la que, más tarde, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Tradición Portuense</strong></p>
<p style="text-align: right;">Para el presbítero don Manuel Díaz Pacheco,<br />
conocedor del sitio del que trata este relato.</p>
<div id="attachment_248" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2010/09/rs_el-robado.jpg"><img class="size-medium wp-image-248" title="Casa del Robado" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2010/09/rs_el-robado-300x112.jpg" alt="Casa del Robado" width="300" height="112" /></a><p class="wp-caption-text">Casa situada en el Robado.</p></div>
<p>Aún conservo en mi memoria esta frase:</p>
<p>“En Cuaco hay brevas”, “brevas hay en Cuaco”,  la que, dicha de una a otra forma, fué oída siendo niño de labios que jamás mintieron (1) y la que, más tarde, vino a satisfacer mi curiosidad, en explicación categórica hecha con pelos y señales por la vieja medianera de Malpeis Alto, una tal cha Cecilia Amador, persona que sabía el por qué de ella, y aplicarle, si era menester, cuando llegase el caso.<span id="more-247"></span></p>
<p>Y parece ser, que allá en los años que anduvo por el mundo, mejor dicho, que durante los soles que tuvo de vida “Tía María Castaña” cuidaba de todo el Malpeis de Cuaco o Monte Miseria hasta el Callejón del Risco de Oro, en que termina el “Vulcán de la  Corte”, un labriego, hombre recio al trabajo, muy madrugador y de un genio tan grande, que jamás se le vio con nadie chanciar ni menos por gusto arrearse. Este labriego se llamaba cho Patricio. Así le contaron a cha Cecilia sus abuelos, cuyo relato es como sigue:</p>
<p style="text-align: center;">I</p>
<p>“Como todo terreno de vulcán. Este lo fué de piedra riquemada e indino, tan pior, que poco se podía aprovechar de él para sembradura, por lo que cho Patricio habló con el amo que era un caballeo mayurajista muy felicoso (2) y consiguió el permiso necesario para soribarlo.</p>
<p>A los pocos meses, metió mano, arrancó infinidad de cardones y tabaibas, plantando en su lugar gran número de puyas de higueras, a las que diariamente atendía con esmerada solicitud. A su tiempo, de aquellas puyas se formaron árboles y estos dieron abundantes frutos, por lo que el cho Patricio no perdía momento en sitio ni lugar, que, públicamente, dejase de ponderarías brevas de Cuaco, que habían nacido tan grandes como/ jormas y de un saborcito a almibarado malacotón palmero.</p>
<p>Pero&#8230; el diantre, que siempre mete la pata en todo lo güeno, hizo que la fama de las brevas llegase a oídos de cierta clase de sarapicos (así llamaban a los estudiantes en aquella época) y estos, previo acuerdo, determinaron darle durante aquel verano la batida a las brevas celebradas por mismo cultivador.</p>
<p>El pobre cho Patricio, mientras quedaba un solo fruto en las higuera no dormía. Corre que baja, corre que sube, grita aquí y amenazaba allá, de esta positura se las pasaba de noche y día el cho Patricio; era un aperriado, era un desgraciado &#8211;  ¡así lo semos tuitos los que atendemos a las malditas medianeriyas! &#8211; hasta que, afatigado, se risolvió dar parte al justicia y su amo, con el fin de que currigiesen las malegnidades acometidas por aquella mala pandilla,  y ansina se pudiese atajar el no llevarse las pocas brevas que en las gajadas  aun quedaban.</p>
<p>El alcalde del pueblo, que hacía de justicia, parece que amonestó reciamente a los saltiadores y robones de brevas, y el amo de cho Patricio, de seguro, le aconsejaría que si aquellos volvían a su finca, les diese un buen susto, un gran escarmiento; lo cierto fué que el viejo, envalentonado con la ritremenda del justicia y consejo del dueño de las tierras, cargó hasta la boca un largo fosil de dos cañones, atacóle de papeles y granada resalga  y ¡armas al hombro! esperó que al cerrarse la noche llegaran a los posaderos la bandada de sarapicos, para poderlos ahuyentar.</p>
<p>Y así sucedió. El enjambre de muchachos allegaron y el susto que produjo el primer disparo de arma entre ellos, lo fué de «padre y muy señor mío». Estos «nos vieron tierra por adonde juir»; corrieron despavoridos y saltando de uno a otro matorral como bayfos se jicieron una camalidades.</p>
<p>Muchos de los sarapicos, casi pierden el Pico de vista; sus gorras, sus sombreros, sus cachorras volaron para no encontrarse jamás; otros dejaron entre los retoños de las gajadas de los árboles, sus pantalones, sus medias, sus «amarras y algunos si tomaron casa, lo fué de una manera milagrosa.</p>
<p>Los menos magullados, arrastraron a sus compañeros hasta el callejón próximo para evitarla no cayesen en la apresa del cho Patricio, y a duras penas consiguieron bajarles a la pela con las piernas y brazos desconchabados y jechos unos penitentes. Sus caras rasjusñadas y bañadas en sangre como un Ise Homo formaba reguero copioso por do quier.</p>
<p>Este suceso dió que decir en el pueblo, cuyos habitantest, en su mayoría, desde luego, se pronunciaron en favor del cho Patricio, pero algunas discusiones suscitadas  llegaron a tal altura, que hubo menester de la imprescindible intervención del señor cura párroco para poder aplacar un tanto los ánimos alterados de los elementos disconformes y partidarios de los sarapicos que yacían en sus hechaduras como si fuese en la época de la muda “</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>“Pasó todo el mes de Agosto y entró Septiembre, sin que los sarapicos sanasen de sus herida y se les viesen pulular por las calles y plazas. Sus reuniones en «El Montullo» &#8211; que era el lugar donde celebraban las sesiones secretas &#8211; , aún permanecía desierto, solitario&#8230;</p>
<p>Tal o cual estudiante salía a tomar aire marino o recorría los sitios más ocultos de la población, llevando en  su semblante el marcado sello de la culpabilidad y siempre con la mirada sospechosa, con la inquietud de aquel que, por haber hecha un daño no goza de tranquilidad absoluta y teme ser castigado, siente ser vigilado&#8230;”</p>
<p>La musa popular ya había patentizado el hecho. Con todo el sabor y color, fueron lanzadas al viento algunas coplas de las que hoy recordamos las siguientes:</p>
<pre>Como en Cuaco ya no hay brevas,
La gente de la Ranilla
Come uvas, como peras
Y muele el gofio en la Villa.</pre>
<pre>Muchachos, tener cuidado
No subáis al Malpaís
Que Cho Patricio, «El Robado»,
Ha cargado su fucil.</pre>
<pre>Ni el cañón de Santa Bárbara
Con tanto daleve ejercicio,
Pudo hacer blanco en el agua
Como en Cuaco Cho Patricio.</pre>
<p>Y termina el relato Cha Cecilia, en forma pausada y de manera sotil, con sorma&#8230;</p>
<p>“Por fin ganaron de sus magullamientos los pájaros o saltiadores” y el labriego, que a diario bajaba a la población a hacer sus compras, frecuentemente era amenazado; otras, improperado y las más, atormentado con infernales griterías en las que le decían: ¡EI Robado&#8230;! ¡El Robado&#8230;! ¡Muera El Robado! a lo que con sarcástica sonrisa contestaba por defensa: «En Cuaco hay brevas», «brevas hay en Cuaco», y señalando con su vara reluciente y atachonada hacia el &#8220;Monte Miseria”, añadía: Subid alla&#8230;, id alli si las queréis aprobar (3). Ellas, ya deben estar más que pasaditas.</p>
<p><strong>Francisco P. Montes de Oca García.</strong></p>
<p>Cronista titular del Puerto de la Cruz.</p>
<p>Marzo de 1923.</p>
<address>(1) Don Wenceslao Luis Delgado, distinguido patricio y alcalde que fué de esta población.</address>
<address>(2) El primer Sr. marqués de la Candia.</address>
<address>(3) Esta finca, fué dividida en varios trozos; uno de ellos perteneció a don Juan Pedro  Dominguez; otro, a doña Micaela de Jesús, otro a don Carlos Emith y el mayor, lo vendieron los herederos del dicho marqués, al Sr. coronel inglés Owem Peel Wetherd,  por escritura celebrada en la Orotava ante el notario don Vicente Martínez de la Peña y Real, en 6 de Junio de 1892.</address>
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		<title>Un viejo castillo</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 10:01:20 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En la desembocadura del barranco de Taoro (1), sobre plúmbeas y potentes rocas que junto al mar se alzan con gesto triunfador, manchados sus arrugados paredones por zumos salitrosos, encontramos un recinto heroico, que ha cerrado para siempre su portalón de entrada a toda contienda belicosa. Artillado en su fundación, hoy ni siquiera una férrea [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_242" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2010/09/Castillo-San-Felipe2.jpg"><img class="size-medium wp-image-242" title="Castillo San Felipe" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2010/09/Castillo-San-Felipe2-300x187.jpg" alt="Castillo San Felipe" width="300" height="187" /></a><p class="wp-caption-text">Castillo San Felipe</p></div>
<p>En la desembocadura del barranco de Taoro (1), sobre plúmbeas y potentes rocas que junto al mar se alzan con gesto triunfador, manchados sus arrugados paredones por zumos salitrosos, encontramos un recinto heroico, que ha cerrado para siempre su portalón de entrada a toda contienda belicosa.</p>
<p>Artillado en su fundación, hoy ni siquiera una férrea bala guarda en su seno para muestra; la fuerza de que gozaba le truncó, en mal hora, cierto decreto antidinástico, y caído y sin giro los ejes del pesado puente que antaño, anocheciendo, era elevado por medio de broncíneas cadenas a la voz de mando de un sargento de Milicias provinciales, en tinieblas lleno, cual aterrorizado fantasma, se presenta a las gentes pescadoras y caminantes que frente a su cara y a diario parar pretenden.</p>
<p><span id="more-237"></span>Ya sobre la cumbre de su enana puerta no luce el escudo de armas rematado por corona mural, representando la voluntad del fundador del pueblo (2) y que tan guardado estaba dentro de una hornacina &#8211; para señalar a las generaciones portuenses que la población que se llamó &#8220;la llave de la isla&#8221; (3) jamás se apartaría del Signo de la Redención y que &#8220;con esta señal vencerás&#8221; &#8211; , ni por sus troneras ya se ven aquellos cañones temidos por los piratas. Los cañones han desaparecido, no vomitan fuego, balas, granadas&#8230;</p>
<p>¡El viejo castillo ha quedado desmantelado y sola presta albergue al enterrador de los muertos!&#8230;</p>
<p>Por sobrenatural esfuerzo en tenerse en pie, talmente nimbado con sus pasadas glorias, puede ofrecer ejemplarísimo modelo de hispana arquitectura del siglo XVII, quejándose de ser abandonado, pero ansioso de volver a tener dentro de su seno la pujanza perdida, tensa y renovada con toda fortaleza.</p>
<p>¡Quiere alzarse! ¡Quiere hacerse fuerte! (4) ¡Quiere hacerse joven, ¡muy mozo!&#8230;</p>
<p>Sus almenados parapetos, la acción de los tiempos, las aves nocturnas y reptiles los han derruido, y el polvo que cierne sobre la romboide plataforma que sostuvo las cureñas de sus piezas guerreras, parece exaltar sobre su visionario romanticismo. (5).</p>
<p>¡Parece querer pedir a grandes voces su perdida mocedad, pedir bríos, pedir&#8230;!</p>
<p>Triste y friolento, tiene por vecino a un Cementerio católico, y a sus plantas, los arrecifes del mar, al choque de las olas enfurecidas, le estremecen y, con coraje, hacen avivar algo en su tibio espíritu. (6).</p>
<p>¡Oh viejo centinela solitario y triste! ¡La nativa musa te ha consagrado un salmo  recordatorio, un canto vivificador a tu memoria perdurable!</p>
<pre>¡Castillo de San Felipe,
Centinela y Patriarca!
Tú no has muerto;
Eres consuelo de la estirpe,
Heredero y Monarca
De este Puerto.</pre>
<p>En tus garitas ya el soldado isleño no monta guardia; el farol de la retreta no llega a tus murallas consumiendo el aceite de pescado que los :marinos por obligación tenían que vender a sus alcaides y castellanos; todo ha pasado, todo ha desaparecido&#8230; (7).</p>
<p>¡Cuánta mudanza en tus centurias has contemplado! ¡Has vivido tanto!</p>
<p>Y si a pasadas glorias unimos los innumerables auxilios que has prestado bajo las bóvedas de tus cuadras y dormitorios, en épocas presentes &#8211; y por acoger centenares de damnificados, con motivo de las inundaciones y epidemias que han sufrido los moradores de este Puerto (8) &#8211; , muy obligados estamos para que, con caracteres de fino y bruñido oro, inscriban en la ejecutoria de tus nobles y heroicas acciones los títulos a que eres merecedor y con justicia se te puede llamar &#8220;Viejo Castillo, Benéfico y Hospitalario&#8221;. (9).</p>
<p><strong>F. P. Montes de Oca García</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Cronista Oficial de Canarias</p>
<p>13-05-1933</p>
<address>(1) Hoy es llamado de San Felipe, La Plataforma fundada por Lutzardo de Franchi, sirvió para edificar el Castillo por los años de 1650 a 51.</address>
<address>(2) Antonio Lutziardo de Franchi, regidor del Cabildo tinerfeño con orden expresa llevó a efecto el acto de 3a fundación de este pueblo, el día de los Santos Reyes del año 1604.</address>
<address>(3) Así se titula la Real Cédula de nombramiento de Villa de la Orotava y su Puerto.</address>
<address>(4) Notables son sus sótanos y calabozos, las arquerías de construcción.</address>
<address>(5) Desde el corredor que sale fuera de sus dormitorios se puede contemplar una hermosísima vista panorámica que abarca toda la zona marítima del Distrito, comprendido de la &#8220;Punta del Viento&#8221; a la de Teno.</address>
<address>(6) En el Camposanto se empezó a enterrar los cadáveres pertenecientes a los muertos católicos en el año 1811.</address>
<address>(7) Los Gobernadores de las Armas eran elegidos por todos entre la nobleza del país canario.</address>
<address>(8) El Ramo de Guerra cedió en usufructo al Ayuntamiento de este Puerto esta fortaleza según R. O. De 29 de julio de 1891.</address>
<address>(9) El Pendón que antiguamente en las funciones de la Santa Cruz presidía al Consejo Municipal, era conducido por el teniente de alcalde Castellano del fuerte de San Felipe, escoltándolo un piquete de milicianos del arma de Artillería, desde la Plazuela Concejil la parroquia.</address>
<address> Suprimidas las guarniciones de las fortalezas del pueblo, pasó a ser guardado en la Casa-colegio de Jesuitas de la Orotava, y habiéndose incendiado ésta, fué pasto de las llamas juntamente con los documentos del Ayuntamiento que abarcaban un período de más de ciento cuatro años.</address>
<address> En memoria de este Pendón, desde mayo de JI924 conserva el Ayuntamiento otro, que contiene pintadas las mismas piezas heráldicas que figuraban en el escudo de armas desaparecido de dicho Castillo de San Felipe.</address>
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		<title>El pulpo-policía (Orígen del nombre del Charco de la Coronela).</title>
		<link>http://www.canarizame.com/2010/08/26/el-pulpo-policia/</link>
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		<pubDate>Thu, 26 Aug 2010 13:42:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[TRADICIÓN PORTUENSE A Don Amaro Riverol, anciano marino, capitán de puerto y comandante militar del trozo de Orotava, que, en un tiempo, llegó a ser alcalde del Puerto de la Cruz, conservó hasta la hora de su muerte la gran memoria que Dios le dio. Cierto día, hablando de cosas preteridas, con razón se lamentaba; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>TRADICIÓN PORTUENSE</p>
<p>A Don Amaro Riverol, anciano marino, capitán de puerto y comandante militar del trozo de Orotava, que, en un tiempo, llegó a ser alcalde del Puerto de la Cruz, conservó hasta la hora de su muerte la gran memoria que Dios le dio.</p>
<p>Cierto día, hablando de cosas preteridas, con razón se lamentaba; «Todo lo antiguo se va derruendo; todo lo antiguo, que es lo que evoca el recuerdo grato de lo pasado y nos proporciona las emociones más intimas en nuestras almas, toma el rumbo de desaparecer.»</p>
<p>Y entre el arsenal de curiosidades que poseía frescamente en su privilegiada maza encefálica, brotó una, la que desde niño le conservo, y como ya voy para viejo, tengo por debilidad de que, antes de achocharme, darle a la luz pública.</p>
<p>Allá vá. Habla el viejo Riverol:<span id="more-219"></span></p>
<p style="text-align: center;">I</p>
<p>«En el bajío de arriba, el de San Telmo, y a la terminación de la playa de este nombre, está, como todo porteño sabe, la Charca de los Linaderos.» (1)</p>
<p>«Por esta Charca, hace algunos años, unos ingenieros ingleses opinaban se debía de trazar el muelle del porvenir para todos los pueblos del distrito de Taoro y capaz de servir a toda importación y exportación de mercancías pues, siendo yo alcalde de esta población, ayudé muchísimo, como autoridad y como náutico, participándoles a aquellos técnicos mis opiniones sobre las formas en que debían de hacerse ios proyectos.»</p>
<p>«De estas observaciones, mi amigo don Benigno Carballo Wangüemert, en su obra «Las Afortunadas, viaja descriptivo a las Islas Canarias» (2) páginas 139 y 140, se ocupa, y no dudó de incluirlas como nota, en la forma siguiente:</p>
<p>«No no soy el más competente para, fabricar planos de obras de este género, pero debo a un entendido hijo del país una observación que no dudo someter al juicio del lector, Hay un punto, denominado Martianez, en donde la construcción de una muralla de 600 metros bastaría para resguardar el puerto de los vientos del O., N. O. y N. que son los de travesía, encontrándose al abrigo de los demás vientos por la configuración de la tierra. Esta obra tendría en su favor una gran abundancia de materiales para la escollera en sus mismos contornos, al paso que podría servirle de cimientos un bajío de cerca de 400 metros, con metro y medio de agua, poco más o menos. Este bajío es el de la playa denominada de San Telmo, el cual finaliza en donde deberla construirse dicha muralla, y tiene a su continuación hacia las laderas de Martianez un hermoso fondeadero de arenas, susceptible de ser ensanchado cuando se quiera. Repito que no me atrevo a juzgar acerca de la obra, y que me ha comunicado esta observación un hijo del Puerto de la Cruz.»</p>
<p>«Ya esto, que Carballo Wargüeírert se apresuró a poner en letras de molde, hoy por experiencia añado: Sobre el citado bajío, hasta los riscos de La Restinga, bien mazizado y con su muralla cernistente al frente de igual elevación que la ya referida, se debía de construir un terraplén propio para (instalar almacenes y puestos de cargas y descargas, pudiendo ser factible hacerse desviar, por medio de un túnel subterráneo, el barreneo de Martianez (3) hacia la Charca de los Linaderos, dejando franca la playa en que desemboca aquel, a fin de que sirva ésta de varadero a les embarcaciones menores.»</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>«Pero es el caso, que en el año a que nos vamos a referir, ¡1858! era primer teniente de alcalde de esta población el Sr. don Francisco Luis Calderón de la Barca, Caballero profeso de la Orden militar de Alcántara y da las nacionales de San Fernando y San Hermenegildo, condecorado con la de Lis de Francia y otras distinciones, coronel de Caballería retirado y cojo por añadidura, quién tenía por costumbre tomar baños de mar por esta charca durante los meses de Julio y Agosto, acompañado de su vieja sirvienta seña Maruca (a) la coronela (4), y en uno de esos meses, ambos se fueron a aquel paraje donde un chicuelo aprovechando que ellos se encontraban en el agua, le sustrajo a don Francisco su bastón de mando, mejor dicho, el sostén de la inutilidad, en extrema risa, del legitimo pariente del gran poeta de tan célebre apellido (5).</p>
<p>«Y tuvo que regresar a su casa el don Francisco apoyado del brazo de la coronela, y en vano encontró el menistro. —Antonico Martín—, (6) el bastón de su superior gerárquico, pues el pícaro chicuelo que lo había robado, en la retirada de ambos de la playa, le ocultó en un covacho que está a la margen del poniente de tal charca.</p>
<p style="text-align: center;">III</p>
<p>«A la mañana siguiente, parece ser que unos marinos mariscadores corrieron alarmados a dar parte al primer teniente alcalde, de que cierto chicuelo se encontraba preso de ambas manos y medio ahogado por un pulpo en el bajío de arriba y que viniesen pronto a ordenar se le sacase aquel sitio antes que la marea llenase».</p>
<p>«Allí acudió D. Francisco, la coronela y el menistro, como también los marinos, a quienes le facultó su señoría para que, adelantándose, salvaran al sujeto en peligro, y éstos, provistos de fijas y bicheros, cazaron al pulpo, librándose de perecer anegado».</p>
<p>«Dicho molusco octópodo, traía enrredado en sus rejos, el bastón desaparecido (7)».</p>
<p>«El tamaño de este pulpo, era casi igual a la altura del ladroncillo. Su cabeza lucía mayor que la del que gastaba gorra en Vez de sombrero; era una señora cabeza, con más casos que la vana del chicuelo&#8230;»</p>
<p>«Y que feroz estaba D. Francisco&#8230;»</p>
<p>«El menistro trató de conducir a la cárcel al ladronzuelo instado por D. Francisco, pero la coronela se opuso, diciéndole a su amo.»</p>
<p>-«Dejad, mi Sr., en paz a ese monigotillo, que bien caro ha pagado su travesura; dadle como propina el pulpo—policía, y de castigo, que coma carne de tan excelente opresor.»</p>
<p>«Don Francisco, movido de compasión, concede la gracia pedida por su humanitaria sirvienta y desde aquella fecha los pescadores y cogedores de mariscos, bautizaron a la famosa Charca de los Linaderos con el nombre de CHARCO DE LA CORONELA.</p>
<p>«Y el coronel retirado, se retiró con su bastón, con su coronela y diciéndole al monigotillo&#8230;.»</p>
<p>—En la mar el pulpo agarra, &#8211; a lo que contesta el rapaz.<br />
—Lo hace mejor que un menistro (como que sin ser chupadera del Monecipio se las gasta de primera); ¡tiene chupadera (8) y de las buenas! Mejor que las un gindilla. (9) ¡Este si que es un gran policía!</p>
<p><strong>Francisco P. Montes de Oca García.</strong></p>
<p>Cronista titular del Puerto de la Cruz.</p>
<p>Junio da 1922.</p>
<address style="text-align: left;">(1) Desde antiguamente se abría el tino por este sitio.<br />
(2) Madrid, 1862.<br />
(3) Antes Cuaco.<br />
(4) María Carmen Orta y Calzadilla.<br />
(5) Era de caña de indias, con puño y regatón de oro.</address>
<address style="text-align: left;">(6) Portero del M, I, Ayuntamiento.<br />
(7) Véase, Legajo núm 13 1er. inventario, Archivo Municipal, documento núm. 13, (Acta de entrega de bienes a D. Pedro de Ponte, que dejó a su óbito D. Francisco, en poder de D.ª Isabel Distón del Alamos) por el comandante militar de este Puerto, D. Genaro Valmaceda, en 23 de Junio de 1866.<br />
(8) Los tentáculos.<br />
(9) Policía, guardia o Celador.</address>
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		<title>Risco de Oro</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 14:07:04 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[TRADICIÓN PORTUENSE A Luis y Francisco Padrón García, con todo afecto. I En un florido vergel, por mirtos y azucenas perfumado, cual relíquia intangible de la edad pretérita y con diadema formada de indígenas matas, se levanta, se alza desde su peana augusta, el peñón que dió en tiempos mejores, en tiempos felices al recolector [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">TRADICIÓN PORTUENSE</p>
<p>A Luis y Francisco Padrón<br />
García, con todo afecto.</p>
<p>I</p>
<p>En un florido vergel, por mirtos y azucenas perfumado, cual relíquia intangible de la edad pretérita y con diadema formada de indígenas matas, se levanta, se alza desde su peana augusta, el peñón que dió en tiempos mejores, en tiempos felices al recolector de la riqueza que el Cielo sobre de él habla depositado, pingües e Incalculables resultados para mejorar sus cortos pasos en el azaroso camino de la vida.</p>
<p>Y en una vivienda humilde y uraño, allá por el año de 1635&#8230;<span id="more-199"></span></p>
<p>Solitario el &#8220;Orchillero&#8221; (1)<br />
Que sin ser rico ni pobre.<br />
Tenia por compañero<br />
Un perro llamado &#8220;Cobre&#8221;.<br />
Cierto dia, el animal<br />
Anunció con ahullido<br />
Que el tronco del oroval<br />
Sobre del Risco nacido,<br />
Algo había de anormal,<br />
De extrañable y confundido&#8230;<br />
Y el Orchíllero. medroso<br />
Guiado de su guardián.<br />
Sube aquel Risco famoso,<br />
Y apartando con afán<br />
Las matas, vé gozoso<br />
Una luz angelical.<br />
Era la imagen del santo<br />
Paduano de su devoción.<br />
Era, el Antoniano encanto<br />
Que allí se le apareció<br />
Presto a su choza llevó<br />
La Imagen aparecida;<br />
Ante ella oro, pidió<br />
A Dios le diese vida.<br />
Saiud y.,, luego, oyó<br />
Cierta voz que le decía:<br />
&#8220;0rchillero, buen cristiano<br />
No pierdas la fe, si esperas,<br />
En aquel Risco, temprano<br />
Tu felicidad le encuentras.&#8221;</p>
<p>II</p>
<p>Aunque el sol no habia mandado sus rayos fúlgidos a la tierra para diluir aquellas gotas de rocío, que sobre la floresta,<br />
dorante la pasada noche a la de la aparición de la imagen de San Antonio de Padua, mimosas descendieron desde las nubes el Orchillero, acompañado de su &#8220;Cobre&#8221;, de su perro fiel, marchó hacia el Risco, hacia el lugar de su felicidad brindada por la voz extraña, y cual no seria su asombro, al ver que la piedra Ingente se hallaba cubierta por un brillante color oro viejo, Cual si fuese bruñida con la ágata más famosa del «Artífice Creador del Universo».</p>
<p>Ante aquel fenómeno, realizado por promisión divina, el buen cristiano quedó enternecido, impulsado por los mandatos de su noble corazón, se acerca a la roca, y tocándole con el dedo, nota que aquel orificado color consistía en haber nacido durante la noche misteriosa, y con toda lozanía, grandes cantidades de yerba Orchilla (2), que en el país son llamados manchones o greñas tintoreras, y como pocas, hasta entonces, vistas dentro del Valle de Taoro.</p>
<p>De tan buena nueva, de tan extraordinario acontecimiento. pronto se hizo eco la gente comarcana.</p>
<p>Y llegaban, de los campos y pueblos en tropel, peregrinos, a visitar el sitio donde aparecer quiso la Imagen del paduano Santo y ante ella, contritos, oraban, ofreciendo sus votivas limeanas, las que, depositadas en manos del Orchillero, pudiesen algún día servir para erigir una ermita (&#8220;escogiendo lugar más llano y señalándole una Capellanía, dotando a los sacerdotes bien, los que decentemente aplicasen la Santa misa por sus almas&#8221;) (3).</p>
<p>III</p>
<p>Tomó estado el Orchillero (4), y como en Islas Canarias, el Comercio de las greñas tintoreras se hada en gran escala &#8211; por este puerto y el de Garachico, sin la menor Intercepción—, ello vino a proporcionarle mejores ventajas, puesto que, solo él,  recolectaba mayor cantidad que cuantos propietarios tenía el Valle en aquellos tiempos, pudiendo adquirir en poces años una regular fortuna.</p>
<p>El Orchillero, con parte de su riqueza compró un largo predio en &#8220;Las Cabezadas&#8221;, esto es, la finca rústica que hoy nombramos de &#8220;San Antonio de los Portugueses&#8221; la cual, roturada, no tardó en plantarla de árboles frutales y demás simientes para el consumo de su casa y reparto a los necesitados, que acudían diariamente a implorar tu protección.</p>
<p>La humilde vivienda de aquel afortunado labrador se transformó en casa de alto y bajo; ya nadie se atrevía a pronunciar ante su cara, el apodo del oficio a que hasta entonces se habla dedicado; y cuando los ricos, los mangantes, casi a secasle mentaban &#8220;el tío Bartolillo&#8221; o &#8220;Siñor Bartolo el Orchillero&#8221;, los pobres, olos desheredados de la fortuna, se apresuraban a darle, como ejecutoría de nobleza,en prueba de tantos méritos contraídos durante la santa vida que llevó en esta tierra, el tratamiento de don Bartolomé del Risco de Oro (5).</p>
<p><strong>Francisco P. Montes de Oca García.</strong><br />
Cronista titular del Puerto de la Cruz.<br />
Junio. 12 de 1923.</p>
<address>(1) Bartolomé González.</address>
<address>(2) Mascus Canariensis.</address>
<address>(3) Aunque Bactomé no llegó a cumplir con este voto, su hijo el Alferez José Borges Facundo y María Perera Orborán, su consorte, erigieron la ermita, cuyo patronato vendieron.</address>
<address>(4) Casó en la Concepción de Orotava con Ana Borges, hija de Bartolomé y de Juana,el 20 de Junio de 1637.</address>
<address>(5) Andando el tiempo, esta propiedad pasó a ser de don Isidoro María de la Luz y sus hijos, le amillararon en virtud de expediente posesorio aprobado por el señor Juez municipal de esta localidad con fecha 28 de Mayo de 1896 para enagenarla a favor de Mr. E. Campbell Fhilpot por escritura otorgada ante el notarlo don Agustín Delgado y García a 30 de dicho mes y año.</address>
<address>Da este Mr. E. Campbell, pasó a manos de Ms. Beatrices Inglés Marricott, quien, en 3 de Mayo de 19X9 y a ante el notario don</address>
<address>Antonio Cabrera Rodriguez, el Sr. D. Tomás M. Reid, como mandatario de la Ms. Beatrice, la traspasó a don Felipe Machado y Pérez, quien es en la actualidad el dueño del &#8220;Risco de Oro&#8221;</address>
<p style="text-align: left;">
]]></content:encoded>
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		<title>El loco de Martiánez ha muerto</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 20:34:30 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Ha dos días, con sol abrasador, respiraba libremente, vivía la viva troglodita, Aquel, que sin ser marinero, que sin ser pescador de oficio, sabía pescar; aquel que, con su raspona, se afanaba en el campo haciendo las labores cotidianas primorosamente. Y salió el gigante muy de temprano, y salió abismada sus hercúleas fuerzas, inclinando la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ha dos días, con sol abrasador, respiraba libremente, vivía la viva troglodita,</p>
<p>Aquel, que sin ser marinero, que sin ser pescador de oficio, sabía pescar; aquel que, con su <em>raspona</em>, se afanaba en el campo haciendo las labores cotidianas primorosamente.<span id="more-182"></span></p>
<p>Y salió el gigante muy de temprano, y salió abismada sus hercúleas fuerzas, inclinando la cabeza, antes, tan altiva, tan altanera, para no volver. No&#8230;</p>
<p>Llevaba sobre sus hombros un taleguillo y dentro, contenía el sustento coidiano, el gofio imprescindible del día. ¡Cuánto luchar para un mal vivir!</p>
<p>La Cueva de Martianez quedó solitaria, quedó sin su guanche, ¿Donde ha marchado?</p>
<p align="center">***</p>
<p>¡Oh! ¡no me oyen! ¡ no me escuchan!</p>
<p>- Laureano, Laureano&#8230;, ¿Estará aún de partida?</p>
<p>¡Oh! ¡no me responden! ¡no me han oido..!</p>
<p>- ¿Laureano está enfermo? ¿Qué le pasa al guardián de Martianez?</p>
<p>- ¿Dónde esta el loco? ¿Nadie contesta?&#8230;</p>
<p>Pregunté a una <em>medianera</em> que  trabaja el predio bajo, si en lo alto, en la Cueva-habitación del hombre guanchinesco, ocurría algo, y me dice:</p>
<p>&#8211; Tienda Vd. su vista a la playa y verá. Ocurre mucho, muchísimo&#8230;</p>
<p>- ¿Y qué acontecimiento puede desarrollarse en la playa de Martianez? ¿Qué han motivado esos lloros que siento? ¿Cual es la causa?¿Por ventura o desgracia, le ocurre algo al Loco de la Fuente?</p>
<p>- Mire Vd. Abajo, junto a la playa, yace su amigo. ¡Pobrecillo, pobrecillo!</p>
<p>Una sombra desconocida y pálida, corrió ante mis ojos y tendí la mirada a aquel punto.</p>
<p>Todo fué realidad, todo fué la seguranza de mi pensar en cosas fatídicas.</p>
<p>Laureano, yacia muerto y tendido en la arena. Junto a él, el taleguillo heredado de sus mayores, ¡Pobrecillo! ¡Pobrecillo!&#8230;</p>
<p>Hoy, es lunes 6 de Marzo de 1922. Pobre Laureano, pobre guanche de miscuentos.</p>
<p>¡”Este es”! exclamé. ¡Cuidado, no le toquen; cuidado, no le muevan!</p>
<p>Rodeado de acompañantes, su cuerpo frió estaba salpicado de gotas de rocío, de lágrimas, cual perlas brotadas por la mar bravia, que ronca, lloraba tanto infortunio; que, ronca, gemía tristemente.</p>
<p>El es; él es el guanche que muerto vive aun dentro de mi caldeante cerebro.</p>
<p>Su recuerdo, vivirá la vida de mi existir, la vida de mis pesares inauditos&#8230;</p>
<p>iLaureano ha muerto! ¡Pobrecillo, pobrecillo!&#8230;</p>
<p>Su rostro venerable, conservaba el poco rubicundo color de su pasada existencia, y los rayos solares caldeaban su tez, matizada de pleno por les sales marinera o por el polvo de la tierra ingrata.</p>
<p>Parecía estar con ánima, parecía vivir, durmiente, sobre el lecho plúmbeo de las arenillas movedizas, de los terroncillos marineros de Arautapala.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Ya falleció el gran protagonista de mis cuentos, El Loco de Martianez.</p>
<p>Él no me oye, él no me escucha. ¡Oh! Ha dejado su caverna solitaria, ha dejado para siempre la fuente de las aguas sguss cristalinas; se marchó al Empíreo&#8230; Adiós amigo, descansa en paz, que yo seré el guardián de tu tumba, por la que ignoradas gentes pasarán, sin detenerse a contemplarla. Yo te llore y te lloraré mientras viva.</p>
<p>Descanta en paz, y álzese sobre las arenas humilde túmulo que perpetué el recuerdo imperecedero de este hombre cuerdo, a quien los muchos enagenados le tenían por loco,</p>
<p>Eleven al cielo las almas justas, una plegaria santa y fervorosa en sufragio de este alma inofensiva.</p>
<p align="center">***</p>
<p>¡Señor de las alturas, acoge en tu seno al ser que partió del mundo maleante para  gozar de dichas mil en el tuyo, si lo crees de tu agrado!</p>
<p><strong>Francisco P. Montes de Oca García.</strong></p>
<p>Puerto de la Cruz. 6 de Marzo de 1922.</p>
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		<title>El loco de Martiánez</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 20:31:15 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Bajo mis plantas y en declive se bifurca serpenteando estrecha vereda, la que finaliza junto a la charca de la fuente&#8230; Estamos rodeados de palmeras. Por entre unas y otras, medios cubiertos de ramajes, lucen los claros que apartan sus obscuros troncos;  y entrelazadas sus espinosas cortezas, y a plena luz solar, se deja ver [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Bajo mis plantas y en declive se bifurca serpenteando estrecha vereda, la que finaliza junto a la charca de la fuente&#8230;</p>
<p>Estamos rodeados de palmeras. Por entre unas y otras, medios cubiertos de ramajes, lucen los claros que apartan sus obscuros troncos;  y entrelazadas sus espinosas cortezas, y a plena luz solar, se deja ver él horizonte lontano.</p>
<p>Estamos en la Plazoleta de la Paz. La silueta de la tierra de Tanausú se destaca majestuosa, señalando multítud de penachos, de verdinegros pinos que la coronan; y abajo el bravo mar rizado de espumas, que, indómito, viene a luchar con los guijarros del bajío tapizado de amarillentos musgos. Sus olas moribundas besan las playas taorinas, las playas de Martiánez, las playas de Arautápala.<span id="more-175"></span></p>
<p>Sobre el gran arenal plúmbeo, indolentes lucen recostadas las bañistas de trajes vistosos y riveteados de múltiples colorines, con cinturones, y sin ellos; ellas esperan sumergirse en las aguas y esperan que el rudo mar las transforme en encantadoras sirenas.</p>
<p>Los insaciables paseantes, aguardan hasta tanto que por sus ojos corran las desnudas líneas de los cuerpos contorneados, dentro del bañador ya humedecido; y sierran y abren sus dedos con ademanes nerviosos, imitando dar zarpasos. Insaciables se retiran, casi gimiendo, estos paseantes sátiros.</p>
<p>Ellas son aves de paso, ellos pasos de aves&#8230;</p>
<p>Nada han conseguido. Nada les viene a saciar. Con ver, la belleza no les satisface, y la hermosura produce apetito deleitoso. Son fantasías o locuras de curiosos&#8230;</p>
<p>Las bañistas gozan de sol. Los curiosos, comentan tanta grandeza, y aquellas, con estridentes carcajadas, deleitanse jugando con las arenas que brillan cual diamantes.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Desde mis plantas y en declive, parte otra vereda mas estrecha de menos distancia, pero.., que conduce segura a la Cueva de los Guanches, a la cueva a los recuerdos legendarios.</p>
<p>Ya en esta lúgubre caverna sólo existen algunos restos de los de nuestra raza, de aquellos naturales &#8211; bravos guerreros &#8211; , que designaron aquellos lugares para cementerio de sus osamentas.</p>
<p>En siglos pasados a esta mansión de los muertos (¡Oh muertos!) nuestros más viejos abuelos, le llamaron Trifés, la Cueva de Trifés.</p>
<p>Luenga sepultura,.., secreto de las edades,.., yo te respeto, yo te evoco con ideal sempiterno.</p>
<p>Y en el sótano, formado por la base de las peñas ingentes, soportes de aquella lúgubre caverna, vive un demente, que no es pescador de oficio, y pesca; y que no es labriego y sabe hacer la labor como un buen hortelano.</p>
<p>Su nombre es Laureano. Es un guanche sin serlo, y cuenta cosas guachinescas, que antes de dar su adiós el sol a tan grandioso paisaje descrito, sube hasta la Plazoleta, y en traje casi de Adán junto a mi derecha se presenta; lanzando de mal tabaco bocandas de humo, saludándome muy amable me dice:</p>
<p><em>&#8220;¡Un cuentito, un cuentecito le voy a hechar</em><em>, le voy a proporcionar! Es un romance, que mi abuelo me contaba y yo de él le aprendí.&#8221;</em></p>
<p><em>&#8220;Mire, mire, son estos versitos, son estos&#8230;: &#8220;</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>A la fuente. que entre peñas</em></p>
<p><em>guarida de miles aves,</em></p>
<p><em>un día a bebér las aguas</em></p>
<p><em>sedienta subió Téibales,</em></p>
<p><em>sin más</em><em> traje que sus sayas</em></p>
<p><em>de pieles, muy estimables,</em></p>
<p><em>sin más tesoro, que un alma</em></p>
<p><em>nacida en sus patrios lares</em></p>
<p><em>pura y casta cual el alba</em></p>
<p><em>que asoma limpia de azares.</em></p>
<p><em>Y bebió con gran zozobra</em></p>
<p><em>de aquellas heladas aguas,</em></p>
<p><em>y en las mismas quiso verse</em></p>
<p><em>su imagen y sed saciada,</em></p>
<p><em>más, sin pensarlo, poco a poco</em></p>
<p><em>fué sintiéndose turbada</em></p>
<p><em>cayendo al fin en la Charca</em></p>
<p><em>su cuerpo frío, y sin habla</em></p>
<p><em>perdido el conocimiento</em></p>
<p><em>cual si fuese envenenada.</em></p>
<p><em>¡Pobre Téibales! • ¿Tú sueñas?-</em></p>
<p><em>Soy el guardián de éstas peñas.</em></p>
<p><em>La pobre Téibales muerta</em></p>
<p><em>dé las aves pasto fué,</em></p>
<p><em>y un zágal desde La Grieta</em></p>
<p><em>que por sus granados es</em></p>
<p><em>el pastor dé raza inquieta,</em></p>
<p><em>cruza, y recoge con fe</em></p>
<p><em>los despojos que respeta,</em></p>
<p><em>transportándoles después&#8230;</em></p>
<p><em>después, allá en la quieta</em></p>
<p><em>cueva guanchinesca de Trifés.</em></p>
<p><em>¡ Pobre Téibales! • ¿Tú sueñas?-</em></p>
<p><em>Soy el guardián de éstas peñas. &#8220;</em></p>
<p align="center">***</p>
<p>La noche, en su cortejo de sombras, empieza a cubrir el panorama.</p>
<p>Ya los tejados de color rojizo se confundía bajo un encapotado cielo.</p>
<p>Continuó Laureano sus endechas con un tono de tristeza, marcado y patético. Continuó las llamadas cosas guanchinescas muy interesantes:</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>&#8221; No vayas moza a la fuente </em></p>
<p><em>a beber agu de aquellas</em></p>
<p><em>que las aves diariamente</em></p>
<p><em>envenenan, ¡Ay, sus querellas</em></p>
<p><em>en la Charca de la muerte</em></p>
<p><em>se aprcionan todas ellas!</em></p>
<p><em>¡Pobre Téibales! • ¿Tú sueñas?-</em></p>
<p><em>Soy el guardián de éstas peñas </em></p>
<p><em>desplegadas cual enseñas</em></p>
<p><em>que de tus huesos son dueñas.&#8221;</em><em> </em></p>
<p><em>No vayas nunca a la fuente,</em></p>
<p><em>moza, a la fuente no vayas</em></p>
<p><em>que allí, encontrarás la Muerte</em></p>
<p><em>vestida con otras sayas,</em></p>
<p><em>no las de Tribales, por suerte</em></p>
<p><em>esas ya se hicieron aguas!»</em></p>
<p>La noche tendió su negro manto, y al marchar de allí, con fuerte apretón de manos me despido del demente. Las tinieblas cerraron el paisaje.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Él solitario Laureano – pensé – está tan cuerdo como los muchos que le llaman “EL LOCO DE MARTIANEZ”.</p>
<p>Y en la soledad desgarradora de aquellos sitios abruptos, llenos de rumores atlánticos, aquel hombre me pareció la rememoración de la gran raza heroica fenecida.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Francisco P. Montes de Oca García</strong></p>
<p>Puerto de la Cruz.</p>
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		<title>La Imagen del Gran Poder de Dios</title>
		<link>http://www.canarizame.com/2009/10/02/la-imagen-del-gran-poder-de-dios/</link>
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		<pubDate>Fri, 02 Oct 2009 00:20:53 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[(Su origen, milagros y un recuerdo) I ¡Torne la noche en claro dia! Sobre &#8220;el potro de la paciencia&#8221;, joya artística que, en hora gloriosa y con fervor cristiano donarían los mayordomos de la &#8220;noble Cofradía de la sangre&#8221;, repujado en plata, descansa la efigie del &#8220;Señor del Gran Poder&#8221; que se venera en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(Su origen, milagros y un recuerdo)</p>
<p style="text-align: center;">I</p>
<p>¡Torne la noche en claro dia!<br />
Sobre &#8220;el potro de la paciencia&#8221;, joya artística que, en hora gloriosa y con fervor cristiano donarían los mayordomos de la &#8220;noble Cofradía de la sangre&#8221;, repujado en plata, descansa la efigie del &#8220;Señor del Gran Poder&#8221; que se venera en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Peña de Francia del Puerto de la Cruz (1), humildísima y aherrojada con la famosa cadena y grillos que el vulgo ha dado en llamar &#8220;el Coroto de los Méndez&#8221; (2), apoyando su mancillada mejilla en la mano omnipotente, sostenedora del Cielo y tierra, en la sacrosanta mejilla profanada por aquel maldecido Judas,  al imprimir en ella el beso traicionero y engañado pagado por unas cuantas monedas diabólicas.<span id="more-98"></span></p>
<p>Cuenta la tradición portuense que, el Capitán de Artillería, don Pedro Martín Francisco (3) fué quien encargó a Sevilla esta milagrosa escultura, allá por los primeros años del siglo XVIII en  unión de otra que representaba a Jesús Nazareno, perdida en el incendio de la Capilla del Convento Dominico de las monjas claras en 1925 y se dice que, cuando llegó aquella a este pueblo, el deseo del comprador era enviarle a la parroquia donde había tomado las aguas bautismales y dejar éste en poder de las religiosas enclaustradas, pero, ¡oh milagro!, las repetidas veces que se intimó para embarcarle, el mar, que, durante los veranos dormía tranquilo y sin oleaje y permanecían sus aguas diáfanas en la rada de Arautápala, parece desencadebana sus furias, haciéndose imposible trasladar a la nave portadora el tesoro que hoy tanto veneran los hijos del Puerto de la Cruz.</p>
<p>¡Y&#8230; torne la noche en claro día! Por no querer reinar entre los moradores de la villa de Breña Alta en la isla de La Palma&#8221;, &#8220;el Señor del Gran Poder&#8221;, sentó sus reales en esta tierra, para desde aquí proteger y guiar a todos sus buenos hijos — a aquéllos que portan con resignación el lábaro de la redención del género humano—, el signo de su inocente martirio, que fué la Cruz.</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>Portentosos milagros ha realizado, desde que tuvo lugar su entronamiento entre los habitantes portuenses hasta la actualidad el &#8220;Señor del Gran Poder&#8221;, &#8220;el viejito&#8221; como le llaman los marineros y pescadores con entera familiaridad. Entre las crónicas y anales pueblerinos leemos y se señala a aquel de haber librado al lugar de &#8220;La Esperanza&#8221; perecer de cierta pestilencia sus vecinos. Por ello y como promesa a cumplir, les vemos llegar en alegres &#8220;ranchos&#8221; a estos &#8220;esperanceros&#8221;, en cada año por el mes de julio para pedirle les siga tendiendo consuelo y protección a sus  descendientes (4).</p>
<p>¿Y quién no ha oído contar lo sucedido a aquel descreído patrón de lancha que por no esperar al paso de la sagrada efigie por frente a la &#8220;Marina&#8221; y hallándose el mar en calma, hizo remar a los suyos apostrofándoles y llamándole al Señor &#8220;diablo&#8221;, para perecer tragado por una ola monstruosa que se levantara al instante de balbucir tamaña blafesmia salvándose el resto de los tripulantes en una peña y sin ser ni siquiera mojadas sus ropas por las aguas? (5)</p>
<p style="text-align: center;">III</p>
<p>Y ya va para viejo. Aun resuena en mis oídos, y la recuerdo, una de aquellas estrofas que de niño aprendí entonada por los colegiales de mi época, al paso de la proseción de la milagrosa imagen por las calles de mi pueblo natal día Miércoles Santo.<br />
Parece que ahora revive y que canta aquí las glorias del Señor&#8230;<br />
¡Torne la noche en claro día!<br />
La luz divina, nieblas rasgó.<br />
¡Oh buen JESÚS, fué tu agonía<br />
Poder de un Dios que nos salvó!<br />
¡Católicos creyentes, que asi sea<br />
por siempre!.</p>
<p>F. P. MONTES DE OCA GARCIA</p>
<p>Cronista titular del Pto. de la Cruz. 14 de Abril de 1938.</p>
<p style="text-align: center;">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<ul>
<li>(1) Este potro se halla ornamentado con algunos signos de la Pasión de N. S. y con dibujos originalísimos.</li>
<li>(2) Véase &#8220;Gaceta de Tenerife&#8221;, número correspondiente al 24 de noviembre de 1922.</li>
<li>(3) Su fé, de bautismo figura al folio 71 vuelto del Libro n.° de la Parroquia del Apóstol San Pedro de la Villa de Breña Alta en la isla de la Palma y era ascendiente del señor Marqués de la Fuente de Las Palmas.</li>
<li>(4) ¡Quien sabe si la Providencía y como premio a la religiosidad de estos habitantes, reservaría sitio conocido por &#8220;Las Raíces&#8221;para en él, definir la salvación nuestra España!</li>
<li>(5) Por apellido llevaba el impío, el de Calzadilla, o pertenecía a esta familia en el barrio de San Felipe (en la Ranilla).</li>
</ul>
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		<title>El primer pirata</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Sep 2009 19:39:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Tradiciones Portuenses]]></category>
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		<description><![CDATA[(MARTIN YANES) Martín Yanes, había tomado a censo enfrentico al Regidor del Cabildo tinerfeño Franchi Alfaro, en la &#8220;Caleta del Pozo&#8221; todo lo que fué propiedad del Conquistador Lope Gallego, en unión de su yerno y protector Juan González. Se componía la heredad de unos fuertecillos plantados de viñas y alguno que otro árbol frutal, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;"><span style="font-size: x-small;"><span lang="ES-MODERN">(MARTIN YANES)</span></span></div>
<div><span style="font-size: x-small;"><span lang="ES-MODERN"> </span></span></div>
<div class="mceTemp"><img class="alignright" title="Cueva del Almagre" src="http://photos-g.ak.fbcdn.net/hphotos-ak-snc1/hs226.snc1/7321_1254864094473_1315695034_705206_7773615_s.jpg" alt="" width="106" height="130" />Martín Yanes, había tomado a censo enfrentico al Regidor del Cabildo tinerfeño Franchi Alfaro, en la &#8220;Caleta del Pozo&#8221; todo lo que fué propiedad del Conquistador Lope Gallego, en unión de su yerno y protector Juan González.</div>
<p>Se componía la heredad de unos fuertecillos plantados de viñas y alguno que otro árbol frutal, con riego de una fuente, la que mandaba sus aguas puras al estanque, único fabricado con mezcla de arena y almagre que aún existe en este predio taorino.</p>
<p>Como la rústica finca carecía de vivienda y aquel pareja le serviría al González para desarrollar sus planes &#8211; forjados de antemano &#8211; hizo construir una, y luego, en lo empinado del coronamiento de la &#8220;Huerta de la Pedrera&#8221; (1) otra, más pequeña, a manera de garita para desde ahí poder vigilar las naves que a las playas contiguas pudiesen arribar en su día.<span id="more-31"></span></p>
<p>Juan González, parece no tenía aun completos todos los objetivos necesario para dar comienzo a su soñada empresa, cuando silenciosamente, dentro de la heredad, construyó con su suegro Martín Yanes una embarcación y terminada que fué, ambos, casi a diario se hacían a la mar para aprender cuento en ella encantaban, valiéndose de sus hercúleas fuerzas y del parque de armas de buen temple de que disponían.</p>
<p>Y cuentan reviejos lobos marineros que en pocos años, el González quedó repleto de dinero y compraba una de las escribanías públicas de la Orotava y que su suegro Yanes siguió pirateando como y mejor le era oportuno hacer de las suyas, en cuya pingüe faena llegó a ser un consumado maestro, ocultándose para ello en su guarida – cuando en malos tiempos corrían &#8211; allá en la bahía &#8220;Cueva del Almagre&#8221; (2).</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>Martín Yanes al separarse de su compañía Juan González y tener a sus servicios dos prisioneros negros – madres e hijos -, perdió casi por completo sus deberes familiares. Su esposa, con los malos tratos que recibía, llegó a trastornarse el juicio &#8211; quedó casi loca – pero una loca con locura de amor hacia su marido, hacia aquel hombre que , al bien le infundía respeto, miedo, terror, le enamoraban sus valentías, su ferocidad, sus guapuras sobrenaturales.</p>
<p>La esposa de Martín Yanes era una errante peregrina de las playas de Arautapala&#8230;</p>
<p>Mas, la negra vieja, cuando el pirata salía a rapiñar, ya subía al garito(3) o estática en la mole de &#8220;La Rajera&#8221; (4). Ella vigilaba a su amo, ella lloraba amargamente al cerrarse la noche y no avistar si retornaba al hogar el cortejo de su hija Paula&#8230;</p>
<p>En uno de los días variables del mes de Septiembre; en que el mar de la rada daba ronquidos como el propio demonio – según expresión marinera – y castañeteaban las olas en el &#8220;Bajío negro&#8221; cual si fuese el infierno (5) la loca mujer del pirata rezaba el santo rosario, puesta de rodillas sobre las más alta peña de aquellos diabólicos arrecifes (6) pero&#8230;¡oh, desgracia!</p>
<p>Allá, con la quilla al sol, dentro de la ensenada de la &#8220;Caleta del Oro&#8221;, se divisa el barquichuelo de Martín Yanes, quien lucha cual titán por salvarse de las olas furiosas de la mar taorina que baten en la rivera. El trata de tomar la playa (7), pero un torbellino del viento estridente le alza y luego le hace hundir en las profundidades del insondable abismo&#8230;</p>
<p>El pirata despareció y su nave era juguete de las olas. ¡Oh inaudita fatalidad! Ya Martín Yanes había perecido ahogado.</p>
<p style="text-align: center;">III</p>
<p>Pasó la noche triste , recorriendo los bajíos y arenales la loca mujer del pirata. Nadie pudo consolar sus desventuras, ella lloraba mucho&#8230; Muchas lágrimas derramaba&#8230;</p>
<p>De la cuaquina costa, la vieja negra prisionera y su hija, ya había recogido el cadáver de su amo y desde temprano lo tenían amortajado sobre el lecho marcial tantas veces manchado imprudentemente por el finado.</p>
<p>De pronto se presenta en su casa la inconsolable esposa del muerto y acercándose al frío cadáver le estampa un ósculo de perdón, el propio tiempo que sacando de su seno un afilado puñal, corre tras la vieja africana, le quita la vida para siempre y arrastrando el cuerpo aún caliente por aquellos andenes y senderos decide así mismo darle sepultura en la &#8220;Huerta de Pedreva&#8221;, que era sitio bastante oculto y de colmada tierra.</p>
<p>Espantada por el crimen cometido, la loca esposa del difunto pirara huyó hacia la casa de su yerno Juan González, en el momento preciso que la hija de la asesinada negra, temerosa de aquella soledad y pérdida de su amado, se ahuyentaba del sitio y corriendo por el barranco arriba de Cuaco, dobla la &#8220;Hoya del Guanche&#8221; (8) y bajando a la &#8220;Caleta del Rey&#8221; va a hundirse en el &#8220;Charco de la boca del puerto&#8221; (9), pereciendo ahogada casi instantáneamente.</p>
<p>Juan González con otro hombres de su misma calaña, transportaron a la iglesia de Ntra. Sra. de la Concepción de la Orotava el cadáver de Martín Yanes, y en ella se le dio sepultura; y al de la negra concubina, no fue posible encontrarle. El mar se encargó de guardarlo para siempre&#8230; La tía Paula pagó caro sus desvarios&#8230;</p>
<p>La tradición no aclara si el escribano Juan González, yerno de Martín Yanes, hizo arrepentimiento a la hora de su muerte, que fue en edad avanzada, en bien de su alma y de si procuró, durante su vida, por las ya perdidas; lo que cuenta, y creen como cosa cierta chochos ranilleros portuenses que, a media noche y por el mes de Septiembre, cuando se dedican a las faenas de pesca, ven bajar por el cauce del barrando una gran luminaria, la que, pasando sobre las aguas de la Caleta, se hunden frente por frente a la &#8220;Laja de la sal&#8221;, y que, al instante se oye la voz del hombre, recia, trémula y grave que grita y vuelve a gritar&#8230;</p>
<p>¡Marineros que pescais!&#8230;<br />
Malditos fueron mis planes,<br />
Os pido que por mi resais<br />
Que aquí se ahogó Martianes.(10)</p>
<p><em><strong>Barón de Imobach<br />
</strong></em>Puerto de la Cruz, Septiembre de 1926</p>
<ol>
<li>Hoy se conoce por &#8220;La Madre de la Negra&#8221;</li>
<li>Es digna de visitar esta caverna, de la que el fotógrafo don Ruperto Armas ha hecho una foto bastante interesante. (La que ilustra esta entrada)</li>
<li>Aún subsisten las paredes en pie de este edificio.</li>
<li>Hecho el desembarcadero, la mole de &#8220;La Rajera&#8221; quedó formando base del mismo, y si bien en aquellos tiempo, se llamaba así, después tomo el de &#8220;El Penitente&#8221;.</li>
<li>&#8220;El Infierno&#8221; es una especie de caletín que existe bajo el ex convento dominico de San Pedro González Telmo.</li>
<li>Este peñón quedaba contiguo al de &#8220;El Penitente&#8221; y desapareció con la construcción del desembarcadero ya citado.</li>
<li>Hoy es conocido por Martianez todo el litoral marítimo y terrestre.</li>
<li>Hemos podido saber que no es otra que la calle de la Hoya.</li>
<li>A la izquierda entrando del muelle viejo existe aún este lugar que los marinos conocen por &#8220;El Charco de la tía Paula&#8221; (concubina de Martín Yanes).</li>
<li>De Martín Yanes unióse y formóse el nombre que pronunciamos Martianes.</li>
</ol>
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