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	<title>Canarízame. &#187; Tradiciones Portuenses</title>
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	<description>Curiosidades y tradiciones canarias.</description>
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		<title>UN EPISODIO DE 1810</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Dec 2011 21:29:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Tradiciones Portuenses]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones canarias]]></category>

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		<description><![CDATA[N Febrero de 1810 fondearon en el puerto de Santa Cruz de Tenerife cuatro poderosos navios de guerra: dos ingleses, el Leviathan y el Conquis, y dos españoles, San Lorenzo y el Montañés, uno de los pocos este último que escaparon del desastre naval de 1805. Conducían los cuatro buques mil cuatrocientos ochenta y cuatro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/12/Letra-E.jpg" rel="lightbox[662]"><img class="alignleft size-full wp-image-663" title="Letra e" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/12/Letra-E.jpg" alt="" width="88" height="110" /></a>N Febrero de 1810 fondearon en el puerto de Santa Cruz de Tenerife cuatro poderosos navios de guerra: dos ingleses, el Leviathan y el Conquis, y dos españoles, San Lorenzo y el Montañés, uno de los pocos este último que escaparon del desastre naval de 1805.</p>
<p style="text-align: justify;">Conducían los cuatro buques mil cuatrocientos ochenta y cuatro prisioneros franceses, soldados procedentes del ejército de Dupont, y marinos de los que, después de batirse en Trafalgar, hallábanse en los pontones de Cádiz.<span id="more-662"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Ingresaron los prisioneros en diferentes depósitos provisionales, de los que merece mención especial el establecido en el Puerto de la Cruz, por la circunstancia de haberse visto los infelices en él encerrados en inminente peligro de perder la vida. Porque algunos «patriotas» de La Orotavá, dueños de ricos viñedos, irritados por el impuesto con que gravara sus jiropiedades la Junta de La Laguna, azuzaron al populacho imbécil, no contra aquel cuerpo revolucionario, sino contra los desgraciádos franceses á quienes consideraban como la causa principal de que se les hubiera «subido la contribución».</p>
<p style="text-align: justify;">Al amanecer del 4 de Marzo los amotinados, que capitaneaba un carnicero cuyo nombre no conserva la Historia, cayeron sobre el Puerto de la Cruz, encaminándose acto continuo al depósito de los prisioneros, con ánimo de inmolarlos en aras de los sacratísimos fueros de la propiedad. Por fortuna, el Alcalde pudo á tiempo reforzar la guardia, en vista de lo cual los «invasores» se apoderaron de un Musiú Pierre, inofensivo francés de quien alguien dijo entonces que era nada menos que «agente secreto de Napoleón». El tal Musiú poseía por todo ajuar un mísero cofre viejo, casi vacío, que fué registrado minuciosamente, sin que se pudiera dar con las instrucciones y encargos que el tirano de Europa dictara desde los campos de batalla de Essling á su delegado en el Puerto de la Cruz.</p>
<p style="text-align: justify;">Por un verdadero milagro sustrájose el supuesto agente á las iras de los villeros que, un tanto calmados, se volvieron á sus casas; pero los respetables terratenientes del Valle necesitaban una víctima, y nuevamente azuzado por ellos, en nombre de la religión y del rey, el populacho de la Villa invadió otra vez el Puerto en la mañana del día 5. Y buscando un francés que sacrificar á sus furores, halló bien pronto, no uno, sino dos.</p>
<p style="text-align: justify;">Fué el primero un mísero empleado de la casa de Cólogan, llamado José Bremond, quien, en poder ya de sus verdugos, recibió un tremendo navajazo que partiéndole el corazón le dejó sin vida; el segundo, Luis Bertrand-Brouat, maestro de solfeo, que si bien pudo huir de su domicilio y refugiarse en la batería de Santa Bárbara, fué luego cobardemente entregado á las turbas por el propio comandante de la peciueña fortaleza, coronel de artillería cuyo nombre, más afortunado que el del carnicero, se conserva en el Nobiliario y Blasón de Canarias&#8230; El cuerpo del infeliz músico, casi deshecho, fué arrastrado por las calles de la población.</p>
<p style="text-align: justify;">Consumado el doble crimen, los realistas repitieron su ataque al depósito donde centenares de hombres indefensos, que habían salvado la vida en los campos de Bailen y en las aguas de Trafalgar, oían los siniestros aullidos de aquellas fieras sedientas de sangre, aunque no del vino con que espléndidamente les obsequiaran sus instigadores; pero, al fin, los vecinos del Puerto, avergonzados de su anterior pasividad, acometieron á tiros y á palos á los villeros, dispersándolos y entregando sus cabecillas al comandante Armiaga que al frente de un corto número de granaderos venía de Santa Cruz á toda prisa. Los cabecillas, carnicero inclusive, fueron condenados á galeras dos años más tarde; pero casi todos habían perecido en las cárceles víctimas de la fiebre amarilla y del abandono en que les dejara el egoísmo infame de los verdaderos autores del atentado.</p>
<p style="text-align: justify;">Éstos no habían tenido otro remedio que bajar la cabeza ante la autoridad de la Junta revolucionaria, pagando á toca-teja la nueva contribución.</p>
<p style="text-align: justify;">Los franceses del depósito, así como los demás que se hallaban en los de Santa Cruz, La Laguna y otras localidades, se distribuyeron por la autoridad militar entre las islas de Tenerife y Gran Canaria, donde permanecieron cuatro años arrastrando vida miserable y penosa casi todos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero varios de ellos, con mejor suerte que sus compañeros de cautividad por ser más cultos é instruidos, habían empleado sus actividades en diversas industrias, dando á conocer á los insulares mil cosas, en Europa muy corrientes, pero en Canarias totalmente ignoradas; alguno consagróse á la enseñanza, utilizando, y no sin fruto, los conocimientos adquiridos en las escuelas de marina de su nación; y, en fin, unos cuantos, no obstante haber obtenido todos la libertad por virtud de la paz de 1814, se quedaron entre los isleños que, hostiles en un principio á las víctimas de los azares de la guerra, acabaron por considerar como compatriotas á los que en el país habían creado familia é intereses, fundado escuelas y establecido nuevas industrias.</p>
<p style="text-align: justify;">De casi todos los que renunciaron á volver á su país hay descendientes en Canarias y en las Antillas, y sus apellidos se conservan en familias numerosas.<br />
Recordamos hasta diez y nueve:</p>
<ol>
<li> Avedank.</li>
<li>Barriennes.</li>
<li>Bayol.</li>
<li>Beautell.</li>
<li>Casanove (hoy Casanova).</li>
<li>Cayol.</li>
<li>Delcourt.</li>
<li>D&#8217;Escoubet.</li>
<li>Falangon.</li>
<li>Fernaud.</li>
<li>Gondran.</li>
<li>Granier (hoy Serís-Granier).</li>
<li>Gro.</li>
<li>Guerin.</li>
<li>Maffiotte.</li>
<li>Masso.</li>
<li>Matheos (de nacionalidad italiana).</li>
<li>Savoie.</li>
<li>Y Schwartz (de evidente origen alemán).</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">Tal vez existan otros que se hayan ocultado á nuestras investigaciones; y mucho celebraríamos que algún lector de ARTE Y LETRAS pudiera decirlo, ó dar más noticias acerca de los prisioneros franceses de 1810.</p>
<p>LUIS MAFFIOTE.<br />
Madrid, 1º de Febrero de 1903.</p>
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		<title>El Cristo ahogado (Acaecido en 1810)</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Dec 2011 15:17:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Imobach]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones Portuenses]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto de la Cruz]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones canarias]]></category>

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		<description><![CDATA[(Recuerdo de un Carnaval) ¡Oh plataforma desartillada de Santa Bárbara! ¡Oh Cruz de “Los Arcedianos” ¡Cuan sin resguardo, cuan sin tertulianos y solitarias os han dejado! Así se condolía y así exclamaba en cierta ocasión el tío Pererita, práctico viejo del puerto, sentado en un grueso cuadernel perteneciente el legendario «barco blanco», el que yacía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(Recuerdo de un Carnaval)</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_651" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/12/Santa-Barbara.png" rel="lightbox[648]"><img class="size-medium wp-image-651" title="Plataforma de Santa Barbara" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/12/Santa-Barbara-300x177.png" alt="Plataforma de Santa Barbara" width="300" height="177" /></a><p class="wp-caption-text">Plataforma de Santa Barbara</p></div>
<p>¡Oh plataforma desartillada de Santa Bárbara! ¡Oh Cruz de “Los Arcedianos” ¡Cuan sin resguardo, cuan sin tertulianos y solitarias os han dejado!</p>
<p>Así se condolía y así exclamaba en cierta ocasión el <em>tío Pererita, </em>práctico viejo del puerto, sentado en un grueso cuadernel perteneciente el legendario «barco blanco», el que yacía tendido a la sombra— casi media centuria—bajo el formidable balcón de la casa de Lercaro y que un día compró como de barato el último alcalde castellano del fuerte de San Felipe, señor González de Chaves, de honrosa memoria para esta población y uno de los hijos de más clara inteligencia que ha nacido en ella durante el siglo XIX.</p>
<p>Así se lamentaba quien, san niño y de padres marineros, <em>espigó </em>yendo y viniendo a los <em>placeres </em>es «la lancha catalana» patronada por <em>tío Cascarilla, </em>pescando pargos y samas de ley. los que eran vendidos en trozos y par poco precio en los escalones de la Aduana Real por el timonel <em>Caleta, </em>con la única condición de reservar las cabeza del más go<em>rdo peje &#8211; </em>según ordenanza o costumbre inveterada &#8211; para la cazuela de. los viernes cuaresmales que hacía el señor ayudante de Marina en riguroso cumplimiento de la Santa Cruzada.<span id="more-648"></span></p>
<p style="text-align: center;">I</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dieron las doce y se partió el día. El viejo práctico rezaba, me llamó y también me hizo rezar; me dio a besar un Crucifijo que sacó por entre la gruesa camiseta de bayeta roja atado con la correa de San Blas; me puso sobre sus rodillas mascó un troza de <em>piola </em>con el colmillo izquierdo y luego. acariciándome con sus manos temblorosas, hacía de mis rizos negros una trenza. ¡Parecía que mis cabellos le servían al lobo marino de acicate para su narración!</p>
<p>Mi niño &#8211; me dijo &#8211; voy a contarte algunas cosas tristes; no te asustes, no. Yo no soy el <em>coco, </em>yo soy un espíritu inofensivo, no temas; no tengas miedo, que si hoy es día de Carnaval, hoy hace setenta y tantos años de la matanza de los franceses&#8230;</p>
<p>Y prosiguió <em>Pererita </em>de esta forma:</p>
<p>- Mírale, aquel hombre que se apoya a la borda o banda de estribor de la lancha «La Vialta», aquel, no es otro que el nieto de uno de los tunantes que ahogaron al Cristo&#8230; Aquel, también con una cuchilla, cortó el cuadro de la Patrona que aun se conserva en el coro baja de la parroquia. Quién a los suyos se parece, en nada se desmerece.</p>
<p>Pagaron las<em> </em>parrandas, máscaras y mamarrachos dando gritos ensordecedores, y mí hombre volvió a sacar la tabla de piola para mondar un pisco de ella que consumió con agrado.</p>
<p>El 4 de Marzo de 1810 día de Carnaval, el populacho de la vecina villa de la Orotava formó una gran algarabía en contra de sus señores y señorías para que se aboliese cierto medio<em> </em>diezmo con que se quería grabar a la agricultura, y después de armada la gresca por puro vicio de su rudeza, bajó a este Puerto a buscar y examinar los papeles de un<em> </em>bailarín francés que había vestido a un perrito lanudo con adornos parecidos a los colores de la bandera española y cuyo animalito se exhibía en la<em> </em>«Plaza del Charco de los Camarones» (hoy Constitución.), y que su autor trataba embarcarse por aquellos días para los Estados Unidos del Norte de América, si mal no me informaron.</p>
<p>Y dieron las tres de la tarde y sonaron los bronces parroquiales&#8230;. El anciano práctico rezó fervoroso una oración para continuar y después da acariciar mi rostro y tomar mis cabellos con sutileza de atraer al pensamiento aquel recuerdo olvidado, hizo pausa, hizo puntos suspensivos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La gente del pueblo bajo de este Puerto, aleccionada por aquellos descamisados, no tardaron solo en imitarles, sino exceder la barbaria de ellos y juntos, en masa, se apoderaron, sin ton ni son, de la persona del maestro de escuela, del hombre más querida de ente pueblo, llamado Mr. Bronel, quien, para evitar ser atropellado, habíase refugiado en la plataforma de Santa Bárbara pidiendo protección al gobernador militar de la misma. Allí mira, allí en el muelle.</p>
<p>Y en ella le buscaron los matadores, y a la fortaleza entraron como por su casa, ofreciendo a Bronel no dañarle, pero &#8230; ¡oh, pérfidos!, los alborotadores, así que salió el maestro del portalón, le <em>metieron mano y </em>cuando de rodillo en tierra imploraba misericordia, fue vilmente asesinado, fue muerto a cuchilladas.</p>
<p>Nadie salió en su defensa ¡Que horror ¡ ¡Qué crimen tan horrendo<em>!</em></p>
<p>A <em>Pererita </em>se le saltaron dos grandes lágrimas por sus chiquitines ojos y a mí me hizo llorar como niño, como cristiano y como portuense enrojecido de&#8230;</p>
<p>-Por Bronel (repitió) nadie saltó en su defensa. <em>Los </em>artilleros, en su mayoría gente peluda, se encontraban de parranduela y la plataforma solo se hallaba vigilada por el caduco gobernador y un viejo chocho como yo, que apenas podía ya dar paso con el armazón de su esqueleto y menos disparar la carabina de <em>chispa </em>para defenderse. puesto que el sable lo<em> </em>tenía hacía muchos años sin filo y lleno de herrumbre.</p>
<p>Después, el cuerpo del pobre maestro fue arrastrado, mutilado y pasando la orda salvaje a la Casa Escuela, sacaron los bancos, mesas, libros y <em> </em>papeles, quemándolo toda en la plaza de !a Iglesia. Hasta el presidencial cuadro al óleo de un<em> </em>mérito extraordinario, que representaba al Cristo Crucificado, al Redentor del género humano, no pudo ser libertado [1]<a href="#_ftn1"></a>. Cristo fue llevado al mar y en él, se efectuó la fatídica ceremonia del ahogamiento, siendo uno de los sayones el abuelo de aquel, de aquel que se halla arrimado al costado del bote “La Visita”. Entiéndelo bien, fue el abuelo de aquel&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>También en dicho día loco, en día tan  funesto, asesinaron a otros franceses. Uno de ellos era persona muy instruida y ferviente católico. Llamábase Mr. Bressen, joven escribiente de la Casa comercial de los Cólogan, quien estuvo oculto bajo las sayas y por algunas horas, de una dama noble en el imperioso momento  que las turbas asaltaron su morada en busca de carne francesa, de carne de inocentes prisiones de la guerra napoleónica.</p>
<p>Y todos los liberales de aquí y de arriba en este día luctuoso fueron valientes. Y todos se consideraban superiores a los moderados monárquicos – a los del Rey – a los nobles y personas pacíficas  iQué horror, que horrendo espectáculo!</p>
<p>El carnicero del pueblo tomó una bandera de le batería de San Telmo y con ella paseó las calles, loco y borracho, vitoreando a S. M. don Fernando VII.</p>
<p>Otros canallas pedían dinero a los transeúntes y en las casas pobres <em>rebanadas </em>para con caña de la estila, brindar y hacer gritar a la chusma que le seguía: ¡viva el Rey!, ¡mueran los frailes y franceses!&#8230;</p>
<p>Y mientras tanto el Cristo ahogado era extraído de las aguas por e! Señor ayudante da Marina y puesto a disposición del Vble. párroco, señor Esquivel. Pero esto no paró aquí, no.</p>
<p>El improvisado abanderado continuaba su procesión triunfal y la chusma, apiñada tras de él, hacía alto en todas las <em>cuatro esquinas </em>de la población. De vez en cuando tomaba !a palabra, cierto hombrecillo que se las daba de orador y fracmasón empedernido , diciendo entre otras cosas:</p>
<p>“Ahora manda el Parlamento bajo, ya bastante han mandado los de arriba, los altos, los grandes. He dicho y siga la comparsa.”</p>
<p>Durante los <strong>tres </strong>días de esta brutal soberanía popular, <strong>todos </strong>los vecinos que tenían poco o mucho que perder, se concitaron para a cierta hora, armados secretamente y reunidos en la Pieza del Charco &#8211; después de leído con toda solemnidad el bando que mandaba publicar el señor alcalde por medio del escribano-secretarlo de la Muy Ilustre Corporación Municipal—, dando el <em>santo </em>y <em>seña, </em>prendieron a los revoltosos.</p>
<p>Todo salió a las mil maravillas. Los desalmados fueron prendidos, amarrados y <em>enfilados </em>codos con codos; disponiendo el señor alcalde mayor y juez de causa, pasasen a la prisión de Santa Cruz de Tenerife, donde algunos murieron y otros les siguieron en viaje pereciendo de la epidemia de la <em>fiebre amarilla.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p style="text-align: center;">IV</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las esposas y familias de los condenadas vistieron de luto. No se <em>corrió </em>el Carnaval en este Puerto por muchos años, no solo en evitación de alborotos, sino por disposición judicial de la Real Audiencia de Las Palmas, pero cuando tuvo lugar la celebración de estos días locos (permitidos ya), hubo cierto poeta que, en recuerdo del Cristo ahogado, compuso una canción que decia asi:</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>«El cuadro del Redentor<br />
A quien ahogó un tunante,<br />
Se le llevó el ayudante<br />
Casa el párroco rector.<br />
Como no estaba flamante<br />
El rector, con gran dolor<br />
Envióle al Instante<br />
Con su más fiel servidor<br />
Casa Don Luís el pintor,<br />
Haciendo en él lo apremiante<br />
Como buen restaurador<br />
Que de su Cristo fue amante.<br />
Ya que era su donante<br />
Y también su propio autor.»</p>
<p>Ve niño precocísimo a vuestra casa y sírvate este relato histórico, como remembranza del pasado (como recuerdo de un Carnaval) y a quienes contases el mismo en época no lejana presten de lección o ejemplo. Ello deben tenerlo presente, los que crean que esta forma de soberanía popular, puede dar al ciudadano un resultado racional. Nada juicioso ni cosa buena es, por que se equivocan quienes así pensaran tan a la ligera.</p>
<p><strong>F. P MONTES DE OCA GARCÍA.</strong><br />
Puerto de la Cruz, Octubre de 1924</p>
<div>
<hr size="1" />
<div>
<ol>
<li>Este cuadro que por más de medio siglo permaneció en poder del señor Esquivel, pasó a ser propiedad de mi venerado maestro don Benjamín J. Miranda, y hoy se conserva en casa de don Francisco Oramas y Morales, que habita en la calle de Valois núm 22 de esta población.</li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Enlaces relacionados:</strong></p>
<ul>
<li><a title="Motín de los franceses 1810- 2010" href="http://bernardocabo.blogspot.com/2010/12/mot%C3%ADn-los-franceses-1810-2010.html" target="_blank">Motín de los franceses 1810-2010</a></li>
<li><a href="http://www.canarizame.com/2011/12/22/un-episodio-de-1810/">Un episodio de 1810</a></li>
</ul>
</div>
</div>
<div id="_mcePaste" class="mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 3664px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden;">http://bernardocabo.blogspot.com/2010/12/mot%C3%ADn-los-franceses-1810-2010.html</div>
<p><br/><br/><a class="geolocation-link" href="#" id="geolocation648" name="28.4181642161346,-16.549892127513885" onclick="return false;">Esto ocurrió en Puerto de la Cruz, Canarias, Spain.</a></p>
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		</item>
		<item>
		<title>Perico y Juana, poema erótico de D. Tomás de Iriarte.</title>
		<link>http://www.canarizame.com/2011/11/16/perico-y-juana-poema-erotico-de-tomas-de-iriarte/</link>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 13:43:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[D. Tomás de Iriarte]]></category>
		<category><![CDATA[Imobach]]></category>
		<category><![CDATA[Poetas Canarios]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones Portuenses]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto de la Cruz]]></category>

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		<description><![CDATA[Este poema, el más conocido de su vertiente erótica, fue prohibido por la inquisición en 1804, 13 años después de la muerte de Tomás de Iriarte. El poema no puede ser más cándido, comparado con cualquier ejemplo de literatura actual y el trabajo de algún que otro Premio Nobel. Pero estoy convencido, que aún hoy, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-caption alignright" style="width: 215px"><img title="D. Tomás de Iriarte y Oropesa" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/72/Tomas_de_Iriarte_Joaquin_Inza.jpg/441px-Tomas_de_Iriarte_Joaquin_Inza.jpg" alt="D. Tomás de Iriarte y Oropesa" width="205" height="280" /><p class="wp-caption-text">D. Tomás de Iriarte y Oropesa</p></div>
<p>Este poema, el más conocido de su vertiente erótica, fue prohibido por la inquisición en 1804, 13 años después de la muerte de Tomás de Iriarte. El poema no puede ser más cándido, comparado con cualquier ejemplo de literatura actual y el trabajo de algún que otro Premio Nobel. Pero estoy convencido, que aún hoy, alguno, lo tachará de indecente.</p>
<p><em>Un día con Perico riñó Juana</em><br />
<em> por no se que disgusto o fantasía</em><br />
<em> pero antes que pasase una semana</em><br />
<em> ya de tanta altivez se arrepentía</em><br />
<em> con el zagal querido más humana</em><br />
<em> volver quiso a entablar nueva armonía</em><br />
<em> y para hacer las paces mano a mano</em><br />
<em> diole una cita que el aceptó ufano.<span id="more-546"></span></em></p>
<p><em>Una fresca mañana del otoño</em><br />
<em> madrugo Juana y desde el pie pulido</em><br />
<em> asta el dorado pelo de su moño</em><br />
<em> de traje más airoso que lucido</em><br />
<em> adornada salió, y junto a un madroño</em><br />
<em> que en un sombrío valle está escondido</em><br />
<em> alegre el rostro y el oído atento</em><br />
<em> esperando a su amante tomó asiento.</em></p>
<p><em>Viendo pues lo mucho que tardaba</em><br />
<em> y que era solitario aquel paraje</em><br />
<em> segura de que nadie la miraba</em><br />
<em> abrió de las enaguas el encaje</em><br />
<em> descubrió pues la maravilla octava</em><br />
<em> que ocultaban las sombras del ropaje</em><br />
<em> y ató en la pierna una encarnada liga</em><br />
<em> ¡pero que pierna¡ Dios se la bendiga.</em></p>
<p><em>Llevaba tan delgada vestidura</em><br />
<em> que casi estar desnuda parecía,</em><br />
<em> la ágil cadera, el muslo, la cintura</em><br />
<em> todo el lienzo sutil lo descubría,</em><br />
<em> dos hemisferios de gentil hechura</em><br />
<em> en que un rollizo globo se partía</em><br />
<em> formaban tiernos y elevados bultos</em><br />
<em> que no pudo el brial tener ocultos.</em></p>
<p><em>Perico entre unas matas a Juanilla</em><br />
<em> atento observaba en tan graciosa planta</em><br />
<em> ya admira la robusta pantorrilla</em><br />
<em> ya del pie a la estrechísima garganta</em><br />
<em> ¡que redonda y nevada es la rodilla!</em><br />
<em> ¡como a los ojos y aún al alma encantan</em><br />
<em> el corto zagalejo, aquel calzado</em><br />
<em> la media blanca y el azul cuadrado!.</em></p>
<p><em>Arrebatado de un impulso ardiente</em><br />
<em> de la imaginación y los sentidos</em><br />
<em> salió el joven gallardo y de repente</em><br />
<em> con brazos amorosos y atrevidos</em><br />
<em> ciñó a la ninfa, y señaló en su frente</em><br />
<em> la estampa de los labios encendidos</em><br />
<em> y el dulce fuego que alteró sus venas</em><br />
<em> esto le permitió decir apenas.</em></p>
<p><em>Deja que bese el blanco y liso pecho</em><br />
<em> que a la nieve ha robado su blancura</em><br />
<em> ¡que alto y bien dividido! ¡que derecho!</em><br />
<em> sin sufrir de cotilla la clausura</em><br />
<em> ¡de que terso marfil estará hecho</em><br />
<em> el cordón de esa enana dentadura!</em><br />
<em> ¡que dicha! repetía el fino mozo</em><br />
<em> en un abrazo mil deleites gozo.</em></p>
<p><em>Ella que antojadiza y desdeñosa</em><br />
<em> mostrarse intentó tal vez por gala</em><br />
<em> negole aquélla boca que de rosa</em><br />
<em> el color tiene y el olor exala</em><br />
<em> y huyendo de sus brazos presurosa</em><br />
<em> poco menos le envió que en enhoramala</em><br />
<em> Perico que la entiende al verla descontenta</em><br />
<em> finge serenidad, calla, y se ausenta.</em></p>
<p><em>Sola queda la ninfa y ya reniega</em><br />
<em> de su capricho y melindre raro</em><br />
<em> no, dice, ¿no es verdad que el amor ciega?</em><br />
<em> ¿cuándo en tales escrúpulos repaso?</em><br />
<em> la que al dueño que adora no se entrega</em><br />
<em> la que su cuerpo le vende caro</em><br />
<em> no merece los gustos de cupido</em><br />
<em> sino que su beldad muera en olvido.</em></p>
<p><em>Parte tras su galán y lo divisa</em><br />
<em> vuelto de cara a un roble y despachando</em><br />
<em> diligencia, no limpia, aunque precisa</em><br />
<em> estaba el joven (si lo diré) meando</em><br />
<em> escondiose la moza a toda prisa</em><br />
<em> a observar de Perico el contrabando</em><br />
<em> y ardiendo en cosquillas de deseo</em><br />
<em> se chupaba los labios de recreo.</em></p>
<p><em>Salen a la luz pública por fin</em><br />
<em> las crecidas insignias de varón</em><br />
<em> con un botón más blanco que carmín</em><br />
<em> con un miembro más blanco que algodón</em><br />
<em> menudos como el césped de un jardín</em><br />
<em> negros rizos se asoman al calzón</em><br />
<em> y ocultos dos acólitos se ven</em><br />
<em> que no dejó el calzón distinguir bien.</em></p>
<p><em>Apenas el zagal regado había</em><br />
<em> el grueso tronco cuando descuidado</em><br />
<em> sintió que el cuerpo por detrás le asía</em><br />
<em> un bello brazo de su dueño amado</em><br />
<em> y forcejeando entonces a por fía</em><br />
<em> cayeron ambos en el verde prado,</em><br />
<em> él, sin botón alguno en la braguera</em><br />
<em> y con las faldas ella en la mollera.</em></p>
<p><em>No de otra suerte la sutil caterva</em><br />
<em> de inferiores poetas imaginan,</em><br />
<em> que en la edad de oro la mojada hierba</em><br />
<em> sirvió de lecho al hombre, y que la encina</em><br />
<em> que de aires y soles le preserva</em><br />
<em> del tálamo nupcial era cortina,</em><br />
<em> si este era siglo de oro a fe que Juana</em><br />
<em> lo gozó con Perico una mañana.</em></p>
<p><em>El dulce peso del mancebo siente</em><br />
<em> en el desnudo muslo y la rodilla</em><br />
<em> ya con deseo mueve impaciente</em><br />
<em> del empeine la suave almohadilla</em><br />
<em> ya incita al saleroso combatiente</em><br />
<em> con saltos de lasciva rabadilla</em><br />
<em> y juntando los labios a las mejillas tiernas</em><br />
<em>enlazados los brazos y las piernas.</em></p>
<p><em> ¡Con que desenvoltura, quan risueña</em><br />
<em>al nervio altivo echó la mano blanca</em><br />
<em> él era corpulento, ella pequeña</em><br />
<em>empuñarle intentó, pero fue en vano,</em><br />
<em> ya con el dedo practico le enseña</em><br />
<em>el paso del estrecho gaditano</em><br />
<em> y ofreciendo al bagel la senda clara</em><br />
<em>las dos columnas de Hércules separa.</em></p>
<p><em> Aquel angosto y deleitoso ojal</em><br />
<em>con los bordes teñidos de clavel</em><br />
<em> entre dos blancas rocas de cristal</em><br />
<em>más rubio el crespo pelo que oropel</em><br />
<em> aquel en que unos dicen que hallan sal</em><br />
<em> y otros son de dictamen de que hay miel</em><br />
<em> con mil cosquillas y respingos mil</em><br />
<em>hospedó el instrumento varonil.</em></p>
<p><em> Y mientras con caricias regaladas</em><br />
<em>palpa el joven los pechos de la moza</em><br />
<em> con las dos que le cuelgan arrancadas</em><br />
<em>el tacto de la picara retoza,</em><br />
<em> dale tiernos pellizcos y palmadas</em><br />
<em>se empina, se columpia, se alboroza</em><br />
<em> y al fin yo no se que la sucede</em><br />
<em>que en éxtasis suspensa hablar no puede.</em></p>
<p><em> La dulce boca inmóvil medio abierta</em><br />
<em>con la lengua cogida entre los dientes</em><br />
<em> a suspirar apenas casi casi acierta</em><br />
<em>en lugar de dar ósculos ardientes,</em><br />
<em> la vista con los párpados cubierta</em><br />
<em>solo indica repentinos accidentes</em><br />
<em> y sino ha muerto Juana por lo menos</em><br />
<em>le ha dado un parasismo de los buenos.</em></p>
<p><em> En gracias a Dios que resucita</em><br />
<em>pronto se ha serenado, no, no es cosa</em><br />
<em> como abre ya los ojos, pobrecita</em><br />
<em>que tal, estais mejor? duerme reposa</em><br />
<em> antes que la congoja se repita</em><br />
<em>¡ay ay, que enfermedad tan contagiosa!</em><br />
<em> pegosele a Perico, vaya vaya</em><br />
<em>también el angelito se desmaya.</em></p>
<p><em> Ella que ya por experiencia sabe</em><br />
<em>la causa de aquel mal su especie y cura</em><br />
<em> viendo que cada vez era más grave</em><br />
<em>del zagal la amorosa calentura</em><br />
<em> con un meneo de caderas suave</em><br />
<em>el remedio aplicó con tal blandura</em><br />
<em> que la inundó por dentro y fuera</em><br />
<em> de copioso sudor la delantera.</em></p>
<p><em> Aquí de los amantes abrazados</em><br />
<em>alegremente suspendió el oído</em><br />
<em> el canto que formaban acordados</em><br />
<em>los jilgueros del valle y el ruido</em><br />
<em> de un manso arroyo, a que ellos ocupados</em><br />
<em>no habían hasta entonces atendido</em><br />
<em> y allí soplando el céfiro halagüeño</em><br />
<em>embargó sus espíritus el sueño.</em></p>
<p><em> A este tiempo un pastor que la espesura</em><br />
<em>penetraba guardando su vacada</em><br />
<em> en divertida y cómoda postura</em><br />
<em>encontró a nuestra gente embelesada</em><br />
<em> de la dormida y lánguida hermosura</em><br />
<em>el pecho de Perico era almohada</em><br />
<em> enlazados los muslos de él y de ella</em><br />
<em>y sin pañuelo su garganta bella.</em></p>
<p><em> Lindo, dijo el pastor, por vida mía</em><br />
<em>¿son estos los que quieren que se crea</em><br />
<em> que hay entre ellos mortal antipatía?</em><br />
<em>condujo allí las mozas de la aldea</em><br />
<em> y señalando a Juana las decía</em><br />
<em>mirad como esta su beldad emplea</em><br />
<em> aprended a hacer paces bellas niñas</em><br />
<em>así habéis de dar fin a vuestras riñas.</em></p>
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		<title>Proceso inquisitorial contra D. Tomás de Iriarte.</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 12:13:54 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En el Santo Oficio de la Inquisición de Corte, á 11 días del mes de Agosto de 1779, estando en su audiencia de la mañana los señores Inquisidores Licenciado D. Joseph Escalzo y Dr. D. Bernardo Loygorri; habiendo visto la causa seguida contra D. Thomas de Iriarte, oficial traductor de la Secretaria del Despacho universal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el Santo Oficio de la Inquisición de Corte, á 11 días del mes de Agosto de 1779, estando en su audiencia de la mañana los señores Inquisidores Licenciado D. Joseph Escalzo y Dr. D. Bernardo Loygorri; habiendo visto la causa seguida contra D. Thomas de Iriarte, oficial traductor de la Secretaria del Despacho universal de Estado y Archivero del Consejo de Guerra, por delitos de proposiciones y leer libros prohibidos sin licencia, como tambien después de tenerla varios que con la general no pueden ser retenidos ni leídos, y asimismo otros que absolutamente no pueden leerse y por otros crimenes:</p>
<p>Dijeron: Que á este sujeto, en la posada del señor más antiguo, presente éste y un secretario del Secreto, se lea su sentencia sin méritos, abjure de levi, sea absuelto ad cautelam, gravemente reprehendido, advertido y conminado, haga unos ejercicios espirituales por el tiempo de 15 dias, pudiéndolo ejecutar sin nota, y á lo menos por el de 8 con la persona docta que se le señalare, la cual le instruya y fortifique en los misterios y dogmas de nuestra santa fe católica, y al fin de ellos una confesión general. Que por el tiempo de 2 años confieso y comulgue en las tres pascuas á lo menos y se le exorte á que execute lo mismo y frecuente los Sacramentos en el resto de su vida. Que por el mismo tiempo de 2 años ayune todos los viernes y rece en los sábados una parte de rosario á Nuestra Señora y un credo los domingos, haciendo los actos de fe, esperanza y caridad, y lea cada dia media hora en la Guia de pecadores, de Fray Luis de Granada, ú otro libro espiritual, y reteniéndosele las licencias de leer libros prohibidos, se le haga entender el grave delito que cometerla si se arroja á leerlos, no sólo por la contravención á los mandatos del Santo Oficio, sino es por el particular daño que causará á su alma, y que en caso de contravención será cnstigado con todo rigor de derecho, y antes de ejecutarse se remita á los señores del Consejo; y lo rubricaron, de que certifico. (Dos rúbricas).—Antonio Gómez de Lázaro, Secretario. (Rúbrica.)<br />
(Archivo General de Simancas, Libros de Inquisición, núm, 877, fol. 151,)</p>
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		<title>La higuera de la Cruz</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Nov 2011 22:40:02 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[D. Tomás de Iriarte]]></category>
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		<description><![CDATA[I Grandes calamidades pesaron sobre la isla de Tenerife, allá por Noviembre de 1826. Prisioneros de las aguas, por aquel formidable aluvión y durante los días 7, 8 y 9, estuvieron muchos de sus pueblos, y muy particularmente el Puerto de la Cruz, en el que El Limpio grande, donde fondeaban las naves de alto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">I</p>
<div id="attachment_522" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/11/San-Carlos.jpg" rel="lightbox[521]"><img class="size-medium wp-image-522" title="Capilla de San Carlos" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/11/San-Carlos-300x201.jpg" alt="Capilla de San Carlos" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Capilla de San Carlos Erigida en emplazamiento del antiguo fuerte de San Carlos.</p></div>
<p>Grandes calamidades pesaron sobre la isla de Tenerife, allá por Noviembre de 1826.</p>
<p>Prisioneros de las aguas, por aquel formidable aluvión y durante los días 7, 8 y 9, estuvieron muchos de sus pueblos, y muy particularmente el Puerto de la Cruz, en el que <em>El Limpio grande, </em>donde fondeaban las naves de alto bordo, quedó para siempre inutilizado.</p>
<p>Las impetuosas corrientes del barranco de <em>La Raya </em>a San Felipe, con los arrastres de escombros y peñascos deformes, robaron más de 200 metros al mar, y en <em>La Encenada de Taoro, </em>desde aquella luctuosa inundación hasta nuestros días, jamás se ha visto anclar buque alguno.[1]<span id="more-521"></span>Por el naciente de este sufrido pueblo <em>hizo de las suyas y a su antojo </em>la tremenda avenida. Martiánez, que así se denomina el barranco que antiguamente se llamó de <em>Cuaco, </em>fue desbordado; sus aguas torrenciales, penetrando por <em>La Moya y Los Lianas, </em>dieron al traste con el artillado castillo de San Carlos[2] en cuyo recinto montaba guardia, como centinela, el miliciano bisoño don José María Padrón Herrera, único superviviente del resto del pelotón fenecido, quien abrazado a la Cruz que junto a la garita del fuerte se alzaba, milagrosamente pudo salvarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>En los espaciosos terrenos contiguos al desaparecido castillo de San Carlos, y muy cerca de la garita en la que se hallaba enclavada la Cruz, nació una higuera[3]. Esta, a los pocos años fructificó con gran abundancia, debido al solícito cuidado que le puso Padrón Herrera; y con el dinero que se sacaba de la venta de sus ricos frutos, se le encendía una lámpara de aceite todas las noches al madero salvador.</p>
<p>Pero fue el caso, y esto lo referían todos los hijos del agradecido miliciano devoto ferviente de la Santa Cruz, que al ser concedidos en el año de 1847, por el Ayuntamiento portuense, <em>Los Llanos </em>y parte del callejón de San Carlos a don Francisco García Gutiérrez (a) <em>Millón y medio, </em>para roturarlos y murarlos haciendo a su vez el paseo, hoy llamado de <em>Los Tarajiales, </em>un tal don Juan Riverol y Mena, que hacía de capataz en la :cuadrilla de los que trabajaban en los desmontes del terreno—por negarse éstos a cortar la higuera—, dio indignado, el primer hachazo al hermoso árbol, el que, al caer a tierra, una de sus gruesas ramas, le partió la mano derecha y, como castigo del cielo, cuéntase tardó muchos años en sanar, sin que durante ese espacio de tiempo dejase el paciente talador de ser perseguido a diario por la sombra de la higuera, la que otros dicen que a todas horas se reproducía ante su vida,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">III</p>
<p>Y corrieron los días, los meses, los años&#8230; Por fin se terminaron los trabajos en <em>Los Llanos y </em>la finca de <em>Millón y medio </em>quedó totalmente cercada con un alto muro. Pronto ocupó en el puesto la Cruz del castillo de San Carlos, adosada al que mira al Este del paseo de <em>Los Tarajales </em>y ya allí pudo continuar Padrón Herrera encendiendo la votiva lámpara con las limosnas que depositaban en el cepillo los paseantes, a más con<em> </em>el dinero de su propio peculio hasta que, llegado el año de 1876, Riverol y Mena se dispuso a consultar su enfermedad moral con «un médico de almas», con un ejemplarísimo sacerdote que por entonces regía la parroquia de este Puerto (Don Domingo Brito) y éste parece le dio como receta a su cura la feliz  idea de que edificara la capilla que hoy se levanta en honor al madero Santo.</p>
<p>Pidió Riverol y Mena para tan piadoso fin, por medio de instancia dirigida al M. I. Concejo portuense, que en t<em>errenos del común </em>y frente al sitio en que se hallaba colocada la Cruz, el trozo necesario para la erección de la capilla[4] y vista y discutida en sesión ordinaria la aludida instancia[5] aquel Cuerpo municipal nombró la Comisión de ornato público (en sesión del 2 de Abril de dicho año de 1876) la que desde luego señaló el espacio necesario para levantar la expresada capilla, previo el plano de la obra que presentaría para su aprobación el interesado[6].</p>
<p>Emprendidas las excavaciones para buscar los cimientos de la obra, Riverol y Mena manifestó a los trabajadores, y ello inmediatamente <em>corrió de boca en boca, </em>que desde el instante que por consejos de un sacerdote se dispuso a erigir el santuario a la Cruz había desaparecido por completo de su vista, no solo la sombra fatal, persecutoria, de la higuera que maliciosamente había tronchado en <em>Los Llanos, </em>sino que la noche antes de dar comienzo a aquellos trabajos, la propia Santa Cruz, al parecer se le acercó a su lecho y posando su sombra redentora sobre la mano enferma, ésta quedó inmediatamente sana&#8230; «En una higuera se ahorcó Judas, en una Cruz murió Jesucristo por salvar a los hombres»&#8230;</p>
<p>«Venid, venid a ver mi mano, decía Riverol y Mena; esto que ha sucedido es uno de los tantos milagros obrados por el santo madero y a él, debemos todos en estos momentos adorarle&#8230;»</p>
<p>«En una cruz murió Jesucristo, en una higuera se ahorcó Judas&#8230;»[7]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">El Barón de Imobach<br />
03-05-1924</p>
<div>
<hr size="1" />
<ul>
<li>
<address><a id="#_ftn1">[1]</a> «La Bella Gabriela» desapareció entre las olas con 15 de sus tripulantes. </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn2">[2]</a> Sus tres cañones de hierro, que las aguas llevaron a la playa, han sido cortados y puesto en e1 desembarcadero de «El Penitente», para amarrar en ellos las coderas de los buques que fondean en «El Rey» </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn3">[3]</a> Se cultiva desde la antigüedad esta planta en todas las regiones mediterráneas de Asia, África y Europa, y en Canarias, desde los tiempos de los Getulos, es decir, mucho antes que arribasen, a estas islas los españoles y franceses. (La Higuera, por don Melitón Atienza y Sirvent, «Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento», Madrid 1881 pag.143.) </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn4">[4]</a> A ruego de don Juan Riverol y por no saber firmar, lo hizo don Sebastián Padrón, hijo del más que nombrado miliciano don José Mª. y a 28 de Marzo de 1876, Legajo 21, Policía Urbana y rural, Nº 16. Segundo inventario del Archivo Municipal. </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn5">[5]</a> Legajo 3 (1) Actas del Ayuntamiento, N.&#8221; 5, Segundo inventario del idem idem. </address>
</li>
<li>
<address><a id="#_ftn6">[6]</a> El 24 de Junio de 1876. día de la festividad de San Juan Bautista, fue inaugurada la capilla. Durante la noche de la víspera y en la de ese día, estuvo iluminado el paseo de Los Tarájales, todo el camino que conduce a la fuente de Martiánez y vereda alta que corre hasta Sancho, sirviéndose para ello de “gánigos” llenos de alquitrán. </address>
</li>
<li>
<address>[7]Sobre el testero de la capilla que mira al Norte, alguien escribió los versos siguientes – los que fueron borrados durante la noche del día de la inauguración.- Ellos decían: </address>
<address><strong><em>«Si en una higuera</em></strong></address>
<address><strong><em>Judas se ahorcó</em></strong></address>
<address><strong><em>Y Jesús-cristo</em></strong></address>
<address><strong><em>En la Cruz murió,</em></strong></address>
<address><strong><em>Esta Capilla</em></strong></address>
<address><strong><em>La edificó</em></strong></address>
<address><strong><em>Quien de otra higuera</em></strong></address>
<address><strong><em>La sombra vio.</em></strong></address>
<address><strong><em>Viva la Cruz</em></strong></address>
<address><strong><em>Bendita y buena,</em></strong></address>
<address><strong><em>Bálsamo y luz,</em></strong></address>
<address><strong><em>Que salvó a Mena.»</em></strong></address>
</li>
</ul>
<div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>
]]></content:encoded>
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		<title>Sobre el trono y la peana del Gran Poder de Dios</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Nov 2011 19:42:39 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Buceando en los viejos papeles he encontrado este artículo que sin duda será de interés para todos los devotos de nuestro &#8220;viejito&#8221;.  Espero que les guste. &#8220;Sr. Director: Con motivo de las Fiestas de Julio que el Puerto de la Cruz celebra anualmente en honor de las imágenes del Gran Poder de Dios y Stma. Virgen [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buceando en los viejos papeles he encontrado este artículo que sin duda será de interés para todos los devotos de nuestro &#8220;viejito&#8221;.  Espero que les guste.</p>
<p>&#8220;Sr. Director:</p>
<div id="attachment_445" class="wp-caption alignright" style="width: 226px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2009/10/GranPoderdeDios.jpg" rel="lightbox[512]"><img class="size-medium wp-image-445" title="&quot;El viejito&quot;" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2009/10/GranPoderdeDios-216x300.jpg" alt="Gran Poder de Dios" width="216" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">&quot;El viejito&quot;</p></div>
<p>Con motivo de las Fiestas de Julio que el Puerto de la Cruz celebra anualmente en honor de las imágenes del Gran Poder de Dios y Stma. Virgen del Carmen, publiqué en «El Día» de Santa Cruz de Tenerife, en el número correspondiente al 11 de julio, un articulo titulado En torno a la Imagen del Gran Poder de Dios. Los angelotes, el trono y la peana.</p>
<p>Como quiera que el periódico sólo tiene de vida veinticuatro horas, quiero publicar en esta REVISTA DE HISTORIA, acompañado de las reproduciones fotográficas de la peana o piedra en que va sentado el Cristo Maniatado y también la parte del trono que aún se conserva en el llamado Camarín del Gran Poder de Dios de la iglesia parroquial de Nra. Sra. de la Peña de Francia, un extracto del citado trabajo.<span id="more-512"></span></p>
<p>Resolviendo en la vieja biblioteca de mi buen amigo don Felipe Machado del Hoyo, di con el interesantísimo manuscrito —el único que existe hasta el momento— que lleva por título: Libro de cuentas de la Cofradía del Gran Poder de Dios y San Pedro, comenzado el año 1746, bajo la mayordomía de don Pablo Nicolás Pérez del Castillo, y terminado en 1827, siendo mayordomo don Domingo Nieves-Ravelo, primo hermano de los Iriarte.</p>
<p>Para añadir a lo ya encontrado sobre el pintor, estofador y decorador el moreno José Tomás Pablo está el citado trono, donde era colocado el Señor del Gran Poder los días de su fíesta. En la confección de este trono se gastaron 60 libros de oro, que fueron comprados a la casa de don Juan Cólogan, y se empleó madera de pinsapo; de ahí que se halle completamente destrozado, víctima de la polilla y del abandono. Cobró José Tomás por su trabajo de «pintarlo, dorarlo y dibujarlo» 545 1/2 pesos, de 645 en que lo  había tasado, pues «hizo gracia de 100 pesos». Lo que de él se conserva, puede verlo el curioso en la citada parroquia.</p>
<p>También era obra de José Tomás Pablo el dorado de los pilares de las andas del Señor que fueron vendidas a Caracas el año 1750 y la pintura de las manos y colores, «engrudado y estofado de los angelotes que con todo lo necesario para acompañar en las andas al santo» fueron hechos en Santa Cruz el año 1755 por el escultor Sebastián Fernández y costaron 180 reales. Pero la obra más importante por su belleza de ejecución, acaso sea la citada «peana o piedra en que Su Majestad va sentado cuando sale de procesión». Esta obra en plata, trabajada al martillo, débese al orfebre lagunero Alonso de Sosa, quien la ejecutó en 1753; costó 387 reales, por la labor de ocho libras y tres cuartas de plata, más 7 y 3/4 libras «que estaban aplicadas al Señor, de la plata contrahecha » y que había sido retirada el año 1734, y «la comprada para mezclar», que costó 200 reales a 10 de plata onza. Además se pagaron aparte al mismo artífice 40 reales, importe de unas carteras y tornillos «para sujetar dicha piedra y 25 al arriero que llevó la plata y la trajo de La Laguna, sin hablar de las cosas personales de dicho Mayordomo de haber pasado a la Ciudad».</p>
<p>En la misma cuenta se hace constar que para la fábrica de la «piedra» se abonaron a dicho oficial 41 pesos fuertes, «que en virtud de poder de este Mayordomo trajo de La Habana en dicho año don Antonio Nicolás Cabeza».</p>
<p>Esta peana o piedra corre el riesgo de perderse, pues se encuentra estropeadísima; debiera ser restaurada por mano experta, pero con cuidado de no mermar la plata ni destruir los dibujos.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>Antonio RUIZ ÁLVAREZ</em></strong> &#8220;</p>
<p>Revista de Historia de Canarias nº 113-114 de 1956.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Carta inédita y poesía de Iriarte</title>
		<link>http://www.canarizame.com/2011/10/22/carta-inedita-y-poesia-de-iriarte/</link>
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		<pubDate>Sat, 22 Oct 2011 21:29:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[D. Tomás de Iriarte]]></category>
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		<description><![CDATA[Ha tiempo que hemos venido prosiguiendo una labor de investigación sobre documentos inéditos, relacionados con el insigne fabulista don Tomás de Iriarte, que ya son bien conocidos de los centros docentes de España y Extranjero, y hoy, felizmente, en el Archivo municipal del Puerto de la Cruz, donde, como jefe del mismo prestamos nuestros modestos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-caption alignright" style="width: 186px"><a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/72/Tomas_de_Iriarte_Joaquin_Inza.jpg" rel="lightbox[503]"><img title="Tomás de Iriarte" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/72/Tomas_de_Iriarte_Joaquin_Inza.jpg/176px-Tomas_de_Iriarte_Joaquin_Inza.jpg" alt="Tomás de Iriarte" width="176" height="239" /></a><p class="wp-caption-text">Tomás de Iriarte</p></div>
<p>Ha tiempo que hemos venido prosiguiendo una labor de investigación sobre documentos inéditos, relacionados con el insigne fabulista don Tomás de Iriarte, que ya son bien conocidos de los centros docentes de España y Extranjero, y hoy, felizmente, en el Archivo municipal del Puerto de la Cruz, donde, como jefe del mismo prestamos nuestros modestos servicios y en su Apartado histórico, legajo F,—&#8221;Asuntos generales,&#8221;— 1.772—1.813,—Número 4, &#8211; 1.790—1.808. &#8220;Instrucción pública&#8221;, descubrimos la sentida carta, acompañada de una laudatoria poesía que dedica a su querido pueblo natal, (ambas joyas literarias inéditas), por las que se viene patentemente a resolver las dudas que existían sobre la prolongada enfermedad que padeció el poeta y fecha más aproximada a la que nos dieron—refiriéndonos a su muerte—<em>, </em>los biógrafos de su tiempo y otros más modernos.<span id="more-503"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No han, dejado de señalar algunos de sus detractores y con motivo de escribir aquellas famosas poesías &#8220;non santas&#8221;<a href="#_ftn1">[1]</a> , que nuestro Iriarte era un hombre sin fe religiosa <a href="#_ftn2">[2]</a> , desposeído de todo sentimiento patrio, más, si así lo juzgaron, lamentamos tan ingrato proceder, y sirva a través de largos años transcurridos y como borrador de esa mancha lanzada, estos documentos justificativos. Ellos limpiarán la calumnia vertida sobre tan preclaro varón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Madrid, 20 de Agosto de 1791.</p>
<p><em>Muy señor mío: Considero un deber patriótico dirigirme Vm. para que se sirva hacerlo presente a mis paisanos, el reconocimiento más profundo que he experimentado al saber por cartas de Vm. que ellos se interesan por mi salud y quiero, demostrárseles, acompañándole 20 ejemplares de mis obras publicadas para que se moleste en distribuirlas entre la juventud estudiosa de ese mi querido pueblo natal al que le profeso igual amor que el que rinde un buen hijo a su madre a pesar de tan larga ausencia que llevo apartado de él.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Si consigo sanarme, les prometo visitarles, Dios mediante, en no muy lejana época y entonces cumpliré con estrechar una ves más en mis brazos a todos y postrarme ante el Señor del Gran Poder, a quien ofrecí solemne promesa y rendida gratitud desde mi infancia.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Soy de Vms. su mejor amigo y paisano no dudando conserve la poesía que !o adjunto, que leerá cuando tenga oportunidad a esos benéficos habitantes, disimulando tan solo no haber podido suscribirla con mi propia mano, cual era mi deseo y satisfacción.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>B. L. M. de Vm. su más atento servidor Tomás de Iriarte.—Rubricado.</em></p>
<p><em>—Señor don Pedro Franchi, alcalde Real del Puerto de la Cruz.</em></p>
<p><strong>CANTO A MI PUEBLO</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Junto al mar siempre agitado<br />
Y en el Valle de Taoro<br />
Se alza un pueblo, que de oro<br />
La Vid hizóle agraciado.<br />
El, recuerdo, fué mi encanto<br />
Al ver mis ojos la luz&#8230;<br />
Y a él le osfresco este canto<br />
Por ser Puerto de la Cruz<br />
Solar a quien quiero tanto.</p>
<p><strong>F.P Montes de Oca 22 de Junio de 1928</strong></p>
<div>
<hr size="1" />
<ul>
<li><a href="#_ftnref1">[1]</a> &#8220;La barca de Simón&#8221; o sea el Pontificado y otras composiciones un tanto volterianas.</li>
<li><a href="#_ftnref2">[2]</a> <a href="http://www.canarizame.com/2011/11/16/proceso-inquis…mas-de-iriarte/">&#8220;Proceso inquisitorial contra don T. de Iriarte&#8221;, &#8216;Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Madrid 1.900&#8242;.</a></li>
</ul>
</div>
<div id="attachment_507" class="wp-caption aligncenter" style="width: 590px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/10/Converted_Poema-Iriarte.jpg" rel="lightbox[503]"><img class="size-full wp-image-507" title="Poema Iriarte" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/10/Converted_Poema-Iriarte.jpg" alt="Poema Iriarte" width="580" height="775" /></a><p class="wp-caption-text">Cedida por el Archivo del Ayto. del Puerto de la Cruz</p></div>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>El agua de la cueva de San Telmo</title>
		<link>http://www.canarizame.com/2011/08/22/el-agua-de-la-cueva-de-san-telmo/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 22:17:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[El zurrón]]></category>
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		<category><![CDATA[Puerto de la Cruz]]></category>
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		<category><![CDATA[Tenerife]]></category>

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		<description><![CDATA[La Cueva del secreto San Telmo, playa de mi niñez, en sus charcos di mis primeras brazadas, me clavé mis primeras púas de erizo que salían con la subida de la marea, o eso decían. Recuerdo un salto de macho por detrás del charco de los Espadartes, y el aterrizaje sobre una inmensa comunidad de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3><strong>La Cueva del secreto</strong></h3>
<p>San Telmo, playa de mi niñez, en sus charcos di mis primeras brazadas, me clavé mis primeras púas de erizo que salían con la subida de la marea, o eso decían. Recuerdo un salto de macho por detrás del charco de los Espadartes, y el aterrizaje sobre una inmensa comunidad de erizos. No sé si me hicieron más daño las púas, o mi madre y mi tía con las agujas sacándolas sin esperar la marea.<span id="more-485"></span></p>
<p>Allí conocí las primeras especies marinas, pinga leches, aguavivas, lapas, burgados, erizos, cabosos, pejeverdes, lisas, y musgo, mucho musgo.</p>
<div id="attachment_490" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/08/10005.jpg" rel="lightbox[485]"><img class="size-medium wp-image-490" title="Cueva de San Telmo" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/08/10005-300x190.jpg" alt="Cueva de San Telmo" width="300" height="190" /></a><p class="wp-caption-text">Cueva de San Telmo</p></div>
<p>Desde el final del espigón, dando la espalda al reboso, medio enfilado hacia el charco de la Coronela, en el pequeño acantilado que hay debajo de la piscina de San Telmo existe una cueva, la Cueva de San Telmo. Lugar de aventuras para los críos con la marea baja, esconde un secreto en sus arenas, hoy olvidado o escasamente recordado.</p>
<p>Si excavamos en el fondo de la Cueva, en su arena, mana agua, pero no agua salada como sería lo esperado, sino agua dulce, un agua dulce que antaño tuvo importancia y renombre.</p>
<p>Esa agua se servía en los jardines del Hotel Humboldt-Kurhaus [1] situado en el monte miserias <em>“en el punto de mejores condiciones climatológicas del todo el valle orotavense<strong>&#8220;</strong><a href="#_edn2"><strong> </strong></a></em> [2] en el periodo que fue dirigido por el Dr. Panniwits. En esa época una señorita distribuía el agua en los jardines del Hotel a todos los extranjeros que allí se hospedaban, &#8220;alabando estos sobremanera las prodigiosas condiciones de salubridad de la misma&#8221;.</p>
<h3><strong>El agua de la Cueva de San Telmo</strong></h3>
<div id="attachment_491" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/08/fiesta-en-los-jardines.jpg" rel="lightbox[485]"><img class="size-medium wp-image-491" title="Sirviendo bebidas en los jardines del Hotel" src="http://www.canarizame.com/wp-content/uploads/2011/08/fiesta-en-los-jardines-300x208.jpg" alt="Sirviendo bebidas en los jardines del Hotel" width="300" height="208" /></a><p class="wp-caption-text">Sirviendo bebidas en los jardines del Hotel</p></div>
<p>En 1894, y corriendo con todos los gastos, el Dr. Jorge C. Pérez, hijo del ilustre Dr. Victor Pérez, envió a analizar el agua al laboratorio del químico John Atfield en Londres. Estos análisis determinaron que la calidad del agua era idéntica <em>“a las famosas aguas de Baden-Buden, Kissingen, Hamburgo, Ischl y Keuznarch, estando indicadas con gran éxito en afecciones del estómago, reumatismos crónicos, afecciones articulares, cutáneas, elefantiasis, hidropesía, linfatismo, catarros laríngeos y faríngeos, vexical, anemia é hipocondría; estando en cambio contraindicadas y dan un resultado mortal en toda clase de afecciones de las vías areras y pulmonares.”<strong>. </strong></em>[3]<em><a href="#_edn3"><strong><br />
</strong></a></em></p>
<p>Este agua se recetaba: <em>“en ayunas, tomando con intervalos de 15 minutos de uno hasta 3 vasos pequeños y paseando luego; por la tarde puede tomarse otro vaso si el estómago está vacio y lo soporta bien; durante la curación no deben tomarse frutas. Al exterior se usan en baños generales ó locales, contra afecciones cutáneas en todas sus fases”.</em> [4]<em><a href="#_edn4"><strong><br />
</strong></a></em></p>
<p>Cuando Spa, la ciudad Belga, no se había convertido aún en sinónimo de Balneario, ya  Canarias y en particular el Valle de la Orotava era destino turístico obligatorio por la bondad de su clima y sus efectos positivos en la salud. En una época en la que se viajaba por prescripción facultativa, el Puerto se adelantó a su enterno creando sus primeros hoteles/sanatorios en los que los huéspedes no sólo buscaban servicios,  buscaban una cura a su mal en nuestro benéfico clima.</p>
<p>Cuando esto ocurría, el agua “medicinal” de la Cueva de San Telmo, era un reclamo más para los turistas de otras tierras, un signo de calidad y distinción de nuestra ciudad. Otro de nuestros secretos olvidados.</p>
<h3><strong>Resultados del análisis realizado en 1894 comparado con el análisis actual de un agua embotellada del Valle (granos por galón imperiales).<strong> [5]</strong><a href="#_edn5"><strong><br />
</strong></a></strong></h3>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="0" width="489">
<tbody>
<tr>
<td width="135" valign="bottom"></td>
<td width="116" valign="bottom">granos por   galón</td>
<td width="81" valign="bottom">mg/l</td>
<td width="157" valign="bottom">Agua   embotellada mg/l</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Potasio</td>
<td width="116" valign="bottom">10,504</td>
<td width="81" valign="bottom">0,73</td>
<td width="157" valign="bottom">8,3</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Sodio</td>
<td width="116" valign="bottom">114,430</td>
<td width="81" valign="bottom">8,00</td>
<td width="157" valign="bottom">19,5</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Magnesio</td>
<td width="116" valign="bottom">13,968</td>
<td width="81" valign="bottom">0,98</td>
<td width="157" valign="bottom">3,7</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Calcio</td>
<td width="116" valign="bottom">4,648</td>
<td width="81" valign="bottom">0,33</td>
<td width="157" valign="bottom">6,2</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Carbonato ferroso</td>
<td width="116" valign="bottom">0,140</td>
<td width="81" valign="bottom">0,01</td>
<td width="157" valign="bottom">Dato no   disponible</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Silica</td>
<td width="116" valign="bottom">1,694</td>
<td width="81" valign="bottom">0,12</td>
<td width="157" valign="bottom">31,2</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Radical sulfúrico</td>
<td width="116" valign="bottom">28,833</td>
<td width="81" valign="bottom">2,02</td>
<td width="157" valign="bottom">3,8</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Radical carbónico</td>
<td width="116" valign="bottom">4,320</td>
<td width="81" valign="bottom">0,30</td>
<td width="157" valign="bottom">56,1</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Radical nítrico</td>
<td width="116" valign="bottom">0,656</td>
<td width="81" valign="bottom">0,05</td>
<td width="157" valign="bottom">12,2</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Cloro</td>
<td width="116" valign="bottom">208,355</td>
<td width="81" valign="bottom">14,57</td>
<td width="157" valign="bottom">15,6</td>
</tr>
<tr>
<td width="135" valign="bottom">Materia orgánica</td>
<td width="116" valign="bottom">ninguna</td>
<td width="81" valign="bottom">ninguna</td>
<td width="157" valign="bottom">ninguna</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<p><strong> </strong></p>
<div>
<hr size="1" />
<ul>
<li>[1] Lo que era el Hotel Taoro.</li>
<li>[2] A través de Tenerife Por Cipriano de Arribas y Sánchez, página 100.</li>
<li>[3] Ídem, pié de página 99-100</li>
<li>[4] Ídem, pié de página 100</li>
<li>[5] La conversión es estimativa solamente.</li>
</ul>
</div>
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		</item>
		<item>
		<title>El Coroto de los Méndez.</title>
		<link>http://www.canarizame.com/2011/07/05/el-coroto-de-los-mendez/</link>
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		<pubDate>Tue, 05 Jul 2011 20:02:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al Excmo. señor don Angel Benítez de Lugo, Gentil hombre de S. M. y marqués de Celada. Preámbulo A un orotavense de nacimiento, pero porteño en alma y patrióticos hechos probadísimos, don Bonifacio García y Rodríguez (1), gustaba mucho recordar las viejas memorias aprendidas durante su niñez en las aulas del convento dominico, que dirigían [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al Excmo. señor don Angel Benítez de Lugo, Gentil hombre de S. M. y marqués de Celada.</p>
<h2>Preámbulo</h2>
<p><strong> </strong></p>
<p>A un orotavense de nacimiento, pero porteño en alma y patrióticos hechos probadísimos, don Bonifacio García y Rodríguez (1), gustaba mucho recordar las viejas memorias aprendidas durante su niñez en las aulas del convento dominico, que dirigían una buena pléyade de monjes sapientes, establecidos en la villa de la Orotava (2), aristocrática población, alzada sobre su asiento arrogante, al naciente de aquel célebre «Jardín hespérico», que llego ser memorablemente cantado por los poetas helénicos y le llamaron nuestros mayores Valle de Taoro.</p>
<p>Don Bonifacio, era dueño de una rememoración prodigiosa; él sabia cosas de las que hoy casi nadie se acuerda.<span id="more-449"></span></p>
<p>Años ha, tuve el honor de conocer y tratar íntimamente al señor García, mejor dicho, en cierto día, oí de los labios del anciano cuentista, con toda atención, la tradición narrada que me dio tema y titulo pura escribir la que de elija recuerdo y de la<em> </em>cual, refrescando mi memoria hoy, más o menos es como sigue:</p>
<p style="text-align: center;">I</p>
<h2>Narración</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Venezuela, a los canarios se les quieren, se les distinguen. Particularmente a los nacidos en este Puerto de la Cruz, mucho, muchísimo. El hospitalario pueblo caraqueño, ya ha glorificado a gran número de ellos.</p>
<p>¿Qué hijo de aquella ciudad fundada por Losada, no venera como patricio suyo al capitán de blancos isleños, don Sebastián de Miranda y Ravelo? ¿Quién no sabe en Caracas que de don Sebastián y de su mujer doña Francisca Antonia Rodríguez y Espinosa (3), naciera aquel hombre ilustre que titularon un día de <em>Marqués de Miranda, </em>propios y extraños?</p>
<p>Todos saben muy bien que el precursor de la República, el generalísimo don Francisco de Miranda Rodríguez, «El mártir de la Carraca», llevó en sus venas la san re generosa de nuestros portuenses. Todos lo saben, nadie lo ignora. ¡Y con qué acierto presidio el Gobierno federal en el memorable día 26 de Marzo de 1812 don Francisco! ¡Como dictaba órdenes en tan aciago día, en ten luctuoso Jueves Santo el hijo de don Sebastián!&#8230;</p>
<p>El Jueves Santo de 1812, fué y será por siempre para los venezolanos, «El aparente día bíblico de un juicio final conmemorativo»; es la fecha aterradora en que un tremendo terremoto arruinase a varias provincias de un floreciente territorio caribe y gran número de aquellos pobladores fenecieran, no gozasen de la implantada independencia que el hijo del portuense conquistara para hacerles felices, parra hacerles dichosos&#8230;</p>
<p>¡Día horripilante debió ser aquel! En ese día 26 de Marzo, junto al atrio del  oratorio de San Felipe Nery, un presbítero apellidado de García Ortigoza, sermoneaba y más sermoneaba a tantos acoquinados fieles que a implorar perdón <em>allí se habían ido; </em>al templo corrieron a congregarse, al templo a recibir la muerte se fueron, a servir de víctimas propiciatorias&#8230;, y en la misma forma y en el mismo tono excitadísimo, ya atardeciendo peroraba en la Plaza de los Dominicos el R. P. Prior de aquella Comunidad, haciendo creer a millares de personas, que el motivo de tan fatal cataclismo era <em>un castigo del cielo al crimen de la rebelión </em>(4); cosas y hechos que motivaron a Simonsito Bolívar, joven valiente y ágil. Emparentado con <em>los Pontes de aquí, </em>a desvirtuar las imprudentes afirmaciones y <em>dio ánimo al Gobierno, para dictar medidas adecuadas a calmar la excitación producida por el celo imprudente y pernicioso del Clero. </em>(5).</p>
<p>Por el Jueves Santo hecatoméico de Venezuela, en Caracas eran muchos los canarios establecidos. Ellos ese día, salieron en masas y despavoridos de sus casas, corriendo a extramuros de la ciudad capital, para refugiarse en la histórica ayuda de parroquia llamada de Nuestra Señora de la Candelaria (6), y llenos de terror poniéndose bajo la protección de «La Excelsa patrona de los isleños» pedían les librase de perecer en aquel formidable cataclismo, ofreciéndole costear una función y procesión, pasado el fatal terremoto.</p>
<p>En igual forma, católicos venezolanos, en la apartada parroquia de la ciudad de Basinas invocaban el sacrosanto nombre de la imagen milagrosa del «Gran Poder de Dios, que es la que se venera en esta Iglesia de Ntra. Sra. de la Peña de Francia, y de la que existió en aquel tiempo una fiel reproducción al óleo, acordando depositar sus limosnas en manos de cierto significado sacerdote hijo de aquella población, de apellido Méndez—a quién el libertado Bolívar hizo más tarde ocupar la dignidad de Arzobispo de Caracas y falleció fuera de su país natal—por lo que este Prelado le encomendó al Dr. D. José Cecilio Avila, su secretario de Cámara (7), años antes de morir, que recurriere a los familiares de S. L y obtenida de ellos la cantidad total igual a la recolectada, dispusiese con ella lo que creyese más conveniente hacer.</p>
<p>El secretarlo del Arzobispo, cumplió el encargo de su señoría y reuniendo cierta cantidad, remitió desde Caracas a los mayordomos de la Cofradía de la imagen Sres. de las Nieves Ravelo, unos grillos de plata con cadena del mismo metal sobredorada y bruñida, trabajo hecho a la filigrana y artísticamente adornado con algunas fines esmeraldas, hermosísima joya a la que los parientes del inmortal precursor de la República D. Francisco de Miranda en este Puerto(los González), señalaron como una representación de aquellos llevados durante «su cautiverio en la Carraca y que el vulgo ha dado en llamar «El Coroto de los Méndez» (8).</p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<h2>Como Apéndice</h2>
<p><em>(Investigaciones)</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Cuan grande es el renombre que rodea a la Parroquia de Ntra. Señora de la Peña de Francia, del pueblo ribereño mí, solar de insignes literatos y guerreros heroicos, de monásticos santos y artistas inspiradísimos, do se venera la sagrada efigie del Gran Poder de Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Experimentaba yo un sentimiento, una emoción Interior que me impulsaba a acercarme hacia la estatua milagrosa y tocar con mis propias manos «el Coroto de los Méndez», observarle bien, y dar crédito a la forma como lo describió el señor García, y en efecto; no cabe duda alguna que existe y es idéntico a como lo describe D. Bonifacio; más, la casualidad de haber obtenido de un señor alemán, en el año 1912, una copia del amplio árbol genealógico, para esclarecer si el apellido segundo de Méndez de su esposa, procedía de aquel célebre Diego Méndez de Segura, compañero de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a las Indias (9), nos vino a dar a saber el origen de tal Arzobispo de sus hermanos y con quienes tomaron estado, lo -mísmo que por señaladas las distintas ramificaciones, muy bien podrá el lector inclinarse probablemente en los descendientes de éstos, cuyos sujetos serían Isa donantes del costo de los grillos<em> </em>y cadena, objeto de estas investigaciones.</p>
<h2>He aquí el árbol</h2>
<p><strong> </strong></p>
<p>Diego Méndez con doña Gertrudis de la Barta y procrearon:</p>
<p style="padding-left: 30px;">1º Don Ramón Ignacio Méndez y de La Barta prócer de la Independencia y Arzobispo de Venezuela, nacido en Barinas, el año 1794 y falleció en Vilieta (en destierro) el 16 de Agosto de 1839. Este Prelado, aparece autor de las «Relaciones que el Arzobispo de Caracas y Venezuela, dirige a sus Diocesanos, sobre varios errores que se propagan en la Diócesis (Caracas M DCCCXXXIV (10) y de «El doctor don Ramón Ignacio Méndez, manifiesta a sus compatriotas la injusticia con que el Senado de la República le ha expulsado de su seno, 1826)» (11)</p>
<p style="padding-left: 30px;">2º Rafael que murió soltero.</p>
<p style="padding-left: 30px;">3º  Doña Manuela Méndez y de La Barta, casada con el coronel don Pedro Briceño y Pumar, prócer de la independencia y jefa de la Caballería republicana, quienes procrearon los hijos siguientes:</p>
<p style="padding-left: 90px;">A.- El general y prócer de la independencia don Pedro Briceño y Méndez, consorte de doña Benigna Palacios y Bolívar, sobrina del Libertador Simón Bolívar y cuyo militar desempeñó el cargo de su fiel secretario, siendo agraciado por el rey Jorge IV, de Inglaterra, con un hermoso presente, que consistía en artística caja de oro, como señal de la gran estimación que este Monarca le profesaba.</p>
<p style="padding-left: 90px;">B.- El presbítero Ignacio Briceño y Méndez.</p>
<p style="padding-left: 90px;">C.- El  coronel y prócer dé la Independencia! don Nicolás Briceño y Méndez, que murió defendiendo a Urdanela, 1813, en Barquisimeto o en San Juan de la Guayana.</p>
<p style="padding-left: 90px;">D.- El general y prócer da la Independencia don Juan Briceño y Méndez, marido de doña Josefa Camejo y Garcés.</p>
<p style="padding-left: 90px;">E.- Doña Juana Briceño y Méndez, esposa del prócer de la Independencia don Cristóbal de Mendoza y Montilla.</p>
<p style="padding-left: 90px;">F.- Doña Mercedes Briceño y Méndez, unida en lazo matrimonial al coronel y prócer de la Independencia don Manuel Antonio Pulido,</p>
<p style="padding-left: 90px;">G.- El coronel don José María Briceño y Méndez, prócer de la Independencia, casado con doña Josefa Santander, hermana del general don Francisco de P. Santander (12).</p>
<p style="padding-left: 90px;">H.- Doña Nicolasa Breceño y Méndez, mujer legítima de don Francisco Villafaña (13).</p>
<p style="padding-left: 30px;">4º Don Felipe Méndez y de La Barta, que contrajo nupcias doña Josefa Goitia, padres de:</p>
<p style="padding-left: 60px;">I &#8211; Doña Gertrudis Méndez y Goitia, consorte de don Juan lgnacio Briceño.</p>
<p style="padding-left: 60px;">II &#8211; Doña María Ignacia Méndez y Goitia, esposa da don Juan José Briceño, quienes fueron padres del general José Briceño Mendaz, casado con doña Gertrudis N., sin sucesión, y de doña Natividad Briceño Méndez, mujer del prócer de la Independencia y Secretarlo del general Páez; don Nicolás Pumar.</p>
<p style="padding-left: 60px;">III &#8211; Doña María Méndez y Goitia, casada con el prócer de la Independencia don Pablo María Pulido.</p>
<p style="padding-left: 60px;">IV &#8211; El prócel de la Independencia don Juan de Dios Méndez y Goitia, esposo de doña Magdalena Díaz y Bustamante, quienes procrearon entre otros hijos a don José María Méndez y Díaz, consorte de doña Ana María Brito y Cisneros. Hija de Rafael Brito y de María Josefa Cisneros, y Oliveros (14).</p>
<p>Pondremos puntó final a esta tradición haciendo constar que, como hija legítima de don José y de doña Ana María, vino al mundo doña Ana María Méndez Brito, y ésta, unida a su esposo don Alejandro Boné, procrearon a doña Alice del Carmen Boné y Méndez, señora que contrajo nupcias con el súbdito alemán, a quien ya nos referimos, llamado Enrique Rodé.</p>
<p>La copia del amplio árbol genealógico del Sr. Rodé, que guardamos en nuestro archivo como oro en paño, y va esbozado en este humilde trabajo, lo creemos contener relacionado las familias donantes del «Coroto de los Méndez». El nos ha dado la luz<em> </em>suficiente para <em> </em>así afirmarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Francisco P. Montes de Oca García.</strong></p>
<p>Cronista titular del Puerto de la Cruz</p>
<p>Noviembre de 1922.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>(1)     Organista cantor, notario eclesiástico de la parroquia de Ntra. Sra. de la Peña de Francia, del Puerto de la Cruz, y alcalde y juez municipal del mismo.</li>
<li>(2)     Arautapala, en lengua guanche.</li>
<li>(3)     Casados en Caracas el 25 de Noviembre de 1750.</li>
<li>(4)      «Rebelión de Caracas», por José Domingo Díaz.</li>
<li>(5)     O&#8217; Leary, «Narraciones»,</li>
<li>(6)     Edificada en 1708, por los naturales de este archipiélago, ayudados del Vble. sacerdote el Ldo. don Pedro de Vicuña, («Caracas Colonial», por José de Oviedo y Baños, Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Año III, Tomo III, núm. 3, pag. 105, 1914, Viceparroquia en n 1716 y en 1750 Parroquia «Canarios en America» recopilación histórica, por Manuel H. Marrero, pagina 59).</li>
<li>(7)     Desempeñó este cargo hasta pocos años antes de fallecer.</li>
<li>(8)     «Coroto», parece ser impropiamente llamada a esta joya, puesto que ello, según el Diccionario de  Espasa, quiere decir cosa inservible.</li>
<li>(9)     Henrique Rode, hoy vecino del Comercio de Caracas,</li>
<li>(10)  Catálogos de la Biblioteca de Ultramar, (Madrid 1900 pág. 131).</li>
<li>(11) Hacen autor da este manifiesto a Pumar (véase las cartas autógrafas del general Santander, Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Año II, Tom. II, Núm. -1 pág. 3, 1913)</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jun 2011 21:40:19 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Tenía la tarde aquella una cupula de incendios con claros de amaneceres y verdes de mar abiertos. -¡Madre, que tarde más guapas estas tardes de mi puerto: cielo de tules rosados sobre un mar de plomo inquieto. I ¡Ay, Puerto, mi Puerto mio! ¡Ay, Puerto mio, mi Puerto! Espolón lleno de casas, que te fuiste, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Tenía la tarde aquella<br />
una cupula de incendios<br />
con claros de amaneceres<br />
y verdes de mar abiertos.</p>
<p style="text-align: left;">-¡Madre, que tarde más guapas<br />
estas tardes de mi puerto:<br />
cielo de tules rosados<br />
sobre un mar de plomo inquieto.<span id="more-439"></span></p>
<p style="text-align: left;">I</p>
<p style="text-align: left;">¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!<br />
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!<br />
Espolón lleno de casas,<br />
que te fuiste, mar adentro,<br />
buscando no sé que rumbos<br />
por no sé qué derroteros.<br />
Ya perdiste tus castillos<br />
y no tienes tus conventos.<br />
Tus calles, ahora desiertas,<br />
echan llorando de menos<br />
pasos torpes y canciones<br />
de marinos extranjeros<br />
que te llenaban de plata<br />
a cambio de vino añejo<br />
sangre de venas inquietas<br />
que regaba el mundo entero.</p>
<p style="text-align: left;">II</p>
<p style="text-align: left;">¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!<br />
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!</p>
<p style="text-align: left;">En mis delirios te busco<br />
y en mis delirios te encuentro.<br />
A mi conjuro, se pueblan<br />
tu caserones, ya viejos,<br />
y sus salas resplandecen<br />
con festines versallescos.</p>
<p style="text-align: left;">Oro y plata en las pelucas;<br />
plata y oro en los cubiertos.<br />
&#8220;Tisus&#8221; y &#8220;muares&#8221; finisimos<br />
en los escotes abiertos.<br />
Ritmo alegre de pavanas,<br />
reverencias y minuetos&#8230;<br />
Pulidos maestros de baile<br />
que de la Francia vinieron.<br />
Deslumbradores estrados,<br />
tertulias y mentideros<br />
que se podían comparar<br />
con cualesquier de su género.<br />
(Lejos, en la mar inquieta,<br />
lejos, en el mar incierto,<br />
al rumor de los cordajes<br />
arrancado por el viento,<br />
evoca al marino rubio,<br />
capitán de algún velero<br />
horas felices, pasadas<br />
cierta noche allá en el Puerto.)</p>
<p style="text-align: left;">III</p>
<p style="text-align: left;">¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!<br />
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!<br />
embalsamado en ausencias,<br />
en olvido y en el silencio.<br />
Recostado en los encajes<br />
que la mar te ha ido tejiendo<br />
parece como que añoras<br />
otra vida y otros tiempos.<br />
Yo, mi Puerto, te llorara,<br />
te lloraría como muerto<br />
si no supiera que sufres<br />
un letargo pasajero.<br />
Tienes colores de joven<br />
lozano, jugoso, fresco,<br />
paisajes de maravilla,<br />
alrededores de ensueño&#8230;<br />
A los pies del viejo Teide,<br />
coloso, ceñudo, serio,<br />
pareces como una perla<br />
que el Valle guarda en su seno.</p>
<p style="text-align: left;">¡Ay, Puerto, mi Puerto mio!<br />
¡Ay, Puerto mio, mi Puerto!</p>
<p style="text-align: left;"><em>Luis Gálvez Monreal</em></p>
]]></content:encoded>
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