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	<title>Canarízame. &#187; Maguas</title>
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	<description>Curiosidades y tradiciones canarias.</description>
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		<title>LO QUE DICEN LAS FLORES</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 14:24:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Maguas]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones Portuenses]]></category>
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		<description><![CDATA[TESOROS DEL TERRUNO Para mi vieja, para mi idolatrada madre, dechado de bondades y espejo ante quien me recreo. Soñaciones Yo he visto en Nivaria, yo he visto en la “peña tinerfeña”, en sus jardines arautapalenses, en sus vergeles taorinos,  cosas, muchas cosas prodigiosas y&#8230; En esa isla platónica, en esa roca ingente llamada “Columna [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>TESOROS DEL TERRUNO</strong></p>
<p style="text-align: right;">Para mi vieja, para mi<br />
idolatrada madre, dechado<br />
de bondades y espejo<br />
ante quien me recreo.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Soñaciones</span></strong></p>
<p>Yo he visto en Nivaria, yo he visto en la “peña tinerfeña”, en sus jardines arautapalenses, en sus vergeles taorinos,  cosas, muchas cosas prodigiosas y&#8230;</p>
<p>En esa isla platónica, en esa roca ingente llamada “Columna del Cielo”, en mis ensueños yo he visto las flores reír, las flores llorar durante las noches, durante los días sin cesar.</p>
<p>Las flores, con sus perfumes, con tas aromas, saturan las brisas del “Mayo florido” y llenas de luz esplendente,  en aquellas hermosas mañanas del “mes de las florestas”, enamoran a las gratas tardes crepusculares, rindiendo recuerdos misteriosos a un sol que dejó de brillar, o a una noche lunera que llega apacible y acariciadora.<span id="more-344"></span></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Pinceladas</span></strong></p>
<p>Flores, luces y brisas, todo se presta a matizar, a llenar, a saturar los rincones  más escondidos de las selvas y prados isleños, dándoles vida, tonos y colores. Ellas forman un idílico y plácido  encanto que encanta su existir y todo y todas pintan, alumbran y lavan al deleitoso nido de mis gratas añoranzas, a la cuna de mi solar natal.</p>
<p>De los barrancos y quebradas, de las montañas y cumbres las sendas tortuosas, pintan, alumbran y lavan a porfía. También ellas se inspiran en formar el agradable camino de su lozánico alcázar, para en él depositar los íricos colores que, más tarde, donan a  cuantos admiradores del paisaje con alma de artistas los pretenden reproducir.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Acuarelas</span></strong></p>
<p>Aquí están las flores. Luces y brisas, tonos y colores en radiante plenitud llenan el paisaje y se ven festejarles,</p>
<p>Las colinas y cuestas pobladas de verdor indescriptible, amigablemente descienden hasta tomar descanso, asiento, en la fresca y riente mansión del señorial “valle de les jardines” – formando por caprichosos e inclinados escarpes sobre el terreno ondulante que el Teide fundió &#8211; largas calzadas también se ven pavimentadas calles lucen, y en aristas y fajas tapizadas por aromáticas yerbas, el conjunto grandioso tiene brillor turquesino, brillar primavéral.  Es todo un grato pencil,</p>
<p>Blancas viviendas, casas blazonadas, calles estrechas y caminos largos, repartidos están a uno y otro lado del paradisíaco terruño. En todo ello, las aguas graciosas y mansas corren sin detener su marcha fructificadora; en todo y por todo, millares de aves y mariposas hacen el aleteo diurno y nocturno  sin parar, de un modo fantástico&#8230;</p>
<p>El rocío del alba púdica, la vaporosa escarcha qué precede a las heladas y perpetuas nieves, por doquier aroman y moran en santa paz. La tierra queda agradecida, y la lluvia a veces llega cariñosa, bajando en madejas de perlas  orientales desde el Etéreo, para darle mayor riqueza al paisaje gentil y de hermosura sin par que se ha descripto ya.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Armonías</span></strong></p>
<p>Tranquilos duermen sus sueños de amor las “Cuatro manzanas de Oro del legendario jardín”, los cuatro pueblos que, con gracia mitológica, les representan  desparramados en el edén taorino,  pero guardado y defendido por el alado dragón que en visiones o utopía» los bardos cantaran pulsando sus lira» armoniosas</p>
<p>Aquellas chozas, aquellas viviendas, aquellos palacios, se ven llenos de portones y ventanales; y lucen en artísticos laberintos, preñados, enrramados, adornados de plantas o de matas variadas; todo, floreciendo y derramando sus savias, sus néctares, se convierte en ricas tintes que suben rientes hasta lo alto de las torres y campanarios, para luego, unidos a los ecos vibrantes de sus esquilas, repercutir cadenciosos allá en los bosques o entre las onda» del mar, siempre tejido en encajes de azul y plata, siempre entonando canciones y trobas a un adiós que no fina jamás.</p>
<p>“Y esto son tesoros del terruño y esto es lo que dicen las flores.”</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Realidad</span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p>En matutinas y vesperales luces, yo he visto en Taoro, yo he visto en mi patria, las flores reír, cantar, llorar&#8230; y abriendo sus corolas de púrpura y oro, adormecen a otras flores, a otras, que doblan sus pétalos con turna gracia y gentileza.</p>
<p>Ellas son hermanas, ellas son legítimas hijas de “la madre tierra tinerfeña”, quien las engendró, quien las cría y protege de noche y día.</p>
<p>De la isla nivarina y nacidas por “Mayo florido”, crecen en los vergeles taorínos y en los jardines de Arautápala las flores. En ella, también muéren y al morir, dejan a otras flores sus vidas, sus gracias, sus fragancias&#8230;</p>
<p>Y mis sueños floridos no son ensueños, porque mis soñaciones se han convertido en la más grande realidad&#8230; Ella en un todo confirma que de Tenerife, en su incomparable valle de Arautápala, está el lugar  de descanso de los bienavénturados y así lo han cantado antiguos poetas, y así lo han escrito veraces historiados y viejas crónicas nos lo enseñan.</p>
<p>También mi vieja, por quien soy lo que soy, me lo ha contada, y sus palabras serán la creencia fiel que llevaré en el alma como artículo de fe, imborrable e imperecedero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El Barón de Imobach</strong><br />
Mayo de 1923.</p>
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		<title>Canción de cuna</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Sep 2009 21:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[El zurrón]]></category>
		<category><![CDATA[Imobach]]></category>
		<category><![CDATA[Maguas]]></category>
		<category><![CDATA[Canarias]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones]]></category>
		<category><![CDATA[Tradiciones canarias]]></category>

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		<description><![CDATA[Permítame admirada amiga, la señora doña María Zerolo de González Gamargo, en aceptar estas pomas literarias y genuinamente históricas, que le dedica su autor, como signo de homenaje a las santas virtudes de que está dotada. Hay para mi, y le conservo en el alma, un supremo encanto, un recuerdo de dulce envelezo, de clara [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Permítame admirada amiga, la señora doña María Zerolo de González Gamargo,<br />
en aceptar estas pomas literarias y genuinamente históricas, que le dedica su<br />
autor, como signo de homenaje a las santas virtudes de que está dotada.</p>
<p>Hay para mi, y le conservo en el alma, un supremo encanto, un recuerdo de dulce envelezo, de clara pureza, que me hace volver a la nueva vida, a pesar de que, de niño, forjara una primavera de color de rosa, la que, poco a poco y como ensueño infantil, se fuése deshojando ilusoriamente.</p>
<p>Ese recuerdo perdura, subsiste, no ha muerto.</p>
<p>He llegado a mi otoño y el candor de aquella sonrisa me conmueve grandemente, elocuentemente&#8230;<span id="more-45"></span></p>
<p>Inmensa alegría, floreciente primavera, renaciente otoñal, en el que la lírica armonía de una boca perlada, de una boca maternal, blanca, fresca y de áureos perfumes embalzamada, parece acercarse a la mía.</p>
<p>Ni los poetas tejiendo sonetos y madrigales, con sus rimas cadenciosas la igualan a aquella, sí, a aquella &#8220;Canción de Cuna&#8221; que, henchido de emoción, el númen de la que me dio el ser, mi vieja, mi madre, nimbara con su argentina garganta.</p>
<p>La edad del beso y de las caricias, hoy viene a mí, y viene pura y fresca de inocencia, cuajada de infinitas melodías.</p>
<p>Ella es consuelo, ella es dicha&#8230;, ella es todo un amor maternal&#8230;</p>
<p>A veces, le preguntaba enternecido a mi vieja: -¿Madre, y quién te enseñó a cantar esa hermosa canción? Y ella suspirando me contestaba: —Qué, te agrada, hijo mío; pues,&#8230; ella, ella, es la misma que me cantaba tu abuelita&#8230;(1)</p>
<p>-Es el indígeno &#8220;arrorró&#8221; (2), el campestre canto con que las madres hacen adormecer a los inocentes, a los niños, a los pequeñuelos llorones, a sus chiquillos de pecho&#8230;(3)</p>
<p>-¿No oyes?- me dice -, como no hay quien acalle a tu hermanito? ¡Qué impertinente está!; pues ahora, ahora verás.</p>
<p>Y comienza a dar columpios acompasados a la cuna del &#8220;nene&#8221;, y a boca cenada, en suave adagio, pero lángido, con honor de introducción y murmulleando, hacer salir de su garganta el lamento adormecedor de&#8230;</p>
<p>&#8220;¡Ah&#8230;, ah&#8230;, ah&#8230;, ahaahá&#8230;!&#8221;</p>
<p>para luego, seguidamente, cantar:</p>
<p>&#8220;Arrorró&#8221; mi amor chiquito<br />
No llores que viene el &#8220;Coco&#8221;<br />
Que se llevará prontito<br />
Los &#8220;nenes&#8221; que duermen poco.&#8221;<br />
&#8220;¡Ah&#8230;, ah&#8230;, ah&#8230;, ahaahá&#8230;!&#8221;</p>
<p>***</p>
<p>La negra parca entró en hora memorable por las puertas del hogar de mi natalicio y, el autor de mis días, dejando la materia en este mísero suelo, su espíritu, le dio al Creador; su alma justa subió a &#8220;lo Alto&#8221;.</p>
<p>Pobre y viuda mi madre, ella nos cobijó bajo su santo regazo &#8220;a todos&#8221;,- como la bíblica paloma a sus hijuelos &#8211; , dándonos calor, vida; mi vieja, adolecida por su constante sufrir, instóme en hora venturosa, a tomar compañera &#8211; dechado de mansedumbre y cristiana a toda prueba &#8211; y de la Casona, con este nuevo ángel y en nombre de Dios, poco a poco fué despejándose la congoja que le envolvía, que le agobiaba</p>
<p>Entró en buen hora la dicha, cesó el llanto, terminó el infortunio&#8230; Luego, vino un hijo, otro, más y muchos; nadie había nacido enfermo, nadie se aquejaba, nadie fungía el rostro en el espejo de las tristezas. Todo radiaba en alegría; &#8211; dadibosa gracia del Cielo nos había caído como maná sobre nuestro hogar.</p>
<p>Pero&#8230; una noche,&#8230; ¡Qué noche aquélla! ¡No lo quiero recordar!; una noche, mi vieja, oyó llorar a mi idolatrada &#8220;Lala&#8221;; parece que un algo en su cuerpecito alabastrino le dolía; en aquella noche, no quedó remedio que aplicarle de medicina casera (cocimientos de hierbajos), &#8211; de esos de que se valian las madres de antaño para conseguir el saneamiento de sus hijos &#8211; , y todo fue inútil; mi &#8220;Lala&#8221;, la enfermita Candelaria, la princesita más bella que en tierra; nivarienses, que en tierras de &#8220;guanches&#8221; ha nacido, seguía llorando y más llorando. ¡La niña lloraba mucho!</p>
<p>¿Qué hacer? ¿Con qué acallarle?; nada, nada, &#8211; dijo mi madre con espíritu de visionaria &#8211; ; aplicarle la mágica tonada, y comenzó a tararear&#8230;</p>
<p>&#8220;¡Ah.,., ah&#8230;, ah,.., ahaahá&#8230;!&#8221;</p>
<p>Movió suavemente con sus pies la cuna y continuó:</p>
<p>&#8220;Cállate princesa amada<br />
Que tu madre no está aquí<br />
Ella fué a Misa rezada<br />
Y muy pronto ha de venir&#8221;</p>
<p>- Ves, me dice; la &#8220;Lala&#8221; ya se ha dormido; &#8211; &#8220;Ah&#8230;. ah,,,, ah&#8230;, ahaahá,,,!&#8221;</p>
<p>- Ves qué pronto cesó su dolor, pues así, así mismo, yo te dormía, yo te cantaba, yo te besaba&#8230;</p>
<p>* * *</p>
<p>Y la edad del beso y de las caricias, hoy viene a mi, pura y fresca de inocencia, cuajada de una melodía infinita&#8230;</p>
<p>La edad del &#8220;arroró&#8221;, revive en mi ser, a pesar de estar en el otoñal de la vida, deshojado de toda ilusión.</p>
<p>Y vivirá por siempre, por siempre jamás,.. ,sempiternos&#8230;</p>
<p>Ese recuerdo supremo, ese&#8230;, es la &#8220;Canción de Cuna&#8221;, ese&#8230;, es el &#8220;Canto maternal&#8221;, el &#8220;¡A-rro-rró!&#8221;&#8230;</p>
<p><strong><em>El barón de IMOBACH</em></strong></p>
<p>Toscas de Barroso, Santa Úrsula, Marzo de 1933</p>
<address>(1) Falleció de edad bastante avanzada, y durante los años que convivió en nuestra compañía, nos refería añoranzas del pasado, &#8220;secretos de la raza&#8221;, los que, como oro de ley, guardamos en el mejor joyero de apuntes estimables.<br />
(2) A la tórtola, (turtus ácrltus), le denominan indistintamente los campesinos de Tenerife— &#8220;Arrullona&#8221; o del &#8216;Arrorró&#8221;—, tal vez, atendiendo a la modalidad do su canto.<br />
(3) Sentimos en extremo no poder publicar aquí, y en nominada solfa, la melodía de esta música indígena, la que, en clave de &#8220;sol&#8221;, tono de &#8220;mi&#8221; bemol mayor y el compás de 3/8, le conservamos. Ella es del sabor popular, negándole originalidad, por decirlo asi, al moderno &#8220;Arrorró&#8221;.</address>
<address> </address>
<address> </address>
<address> </address>
<address> </address>
<address> </address>
<address> </address>
<address></address>
<address> </address>
<p>¿Sería parecido a este arrorró?</p>
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