Las fiestas del Cristo de La Laguna

La imagen del Santísimo Cristo de La Laguna recibe culto público desde el año 1520 en que fue traída al Convento Franciscano de San Miguel de las Victorias tras haber sido donada al primer Adelantado de Canarias, Alonso Fernández de Lugo, por el Duque de Medina Sidonia.

Es sin duda las más venerada imagen de Cristo de todo el archipiélago canario, teniendo gran devoción por ella desde los primeros momentos en que se expuso al culto, habida cuenta de que se trata “de un pueblo formado por españoles del siglo XV y una cristiandad nueva, noble y de generosos sentimientos cual fuera la de los Guanches”, a decir de Rodríguez Moure.

El origen de los festejos en honor del Cristo de La Laguna hay que buscarlo siglos atrás, prácticamente desde el comienzo de la veneración pública de la santa imagen.
Núñez de la Peña nos cuenta que los mismos eran anteriores a la fundación de la Venerada Esclavitud, que en el año de 1659 fue constituida y compuesta por treinta y tres caballeros en memoria de los años de Cristo.
Los festejos consistían entonces en comedias, saraos, toros, torneos, libreas y luminarias y el Proveedor de las fiestas, que casi siempre era un caballero de la nobleza invitado por los religiosos franciscanos, al final de las fiestas ofrecía un valioso obsequio para embellecimiento del templo. Por ejemplo, en el año 1630, el regalo consistió en la Cruz de Plata que sustituyó a la de madera y que fue realizada por el Regidor de ésta isla y Señor de la Gomera y el Hierro, Don Francisco Baptista Pereira de Lugo.
No obstante y según el Padre Quirós, estas fiestas ya se celebraban en 1524, porque en dicha fiesta, un tal Andrés Gallardín, regalaba toros para ser lidiados en los festejos.

Desde 1608 el Cabildo asignaba la cantidad de 50 ducados, además de lo concedido por el Proveedor, para sufragar los gastos que se derivaran.
Este mismo año y tras la visita del Padre Quirós como Visitador Provincial de la Orden al cenobio de ésta ciudad, vio que el 14 de septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Cruz, se juntó mucha gente a celebrar la misma, acudiendo un gran número de todas las islas.

En las Ordenanzas de Tenerife, recopiladas por Núñez de la Peña en 1670 en su Título I De las cosas del Servicio de Dios y de sus Santos nos dice de la Fiesta del Santísimo Cristo de La Laguna: “En diez y siete de setiembre del año mil seiscientos y siete se añadió a éste título la fiesta del Santísimo Christo, y los señores Justicia y Regimiento mandaron que se celebre por el magnífico aiuntamiento, por acuerdo ante Francisco Cabrera de Roxas escriuano del concejo que su tenor es que se sigue.
La Justicia y Regimiento dixeron que es cosa sauida la mucha y antigua deuoción, que en todas estas islas,i en toda España se tiene al Sanctísmo Christo, que está en el conuento de esta ciudad, y se celebra la fiesta en casa su año a catorze de setiembre, a la cual concurre mucho número de personas destas islas con gran deuoción, por las muchas mercedes que Dios es seruido hazernos, por lo bien que se celebra la dicha fiesta, y en las nesecidades que esta isla ha tenido de falta de salud, ide aguas, y otras muchas patentemente se a visto iendo a su casa en procesión, y haciendo otros sufragios; y para que estas mercedes merezcan a Dios con mas bentaja mandaron que de aquí en adelante para siempre jamás se celebre la dicha fiesta por su día, y haciéndose con el amor aparato, y desencia que se pueda y en cada vn año se nombren diputados deste aiuntamiento, que le hagan y en ello se gasten cinquenta ducados y estos sean doscientos que este concejo tiene facultad real de la fiesta de Candelaria.
Y en doze de agosto de mil seiscientos y veinte y cinco años se acordó por ante Saluador Fernández de Villareal escriuano del Concejo que se vaia en forma de ciudad a la fiesta del Santísimo Christo”

CAMBIAN LAS FIESTAS.-
Los primitivos festejos de toros, cañas, comedias y saraos, que antes se realizaban en la víspera, fueron sustituidos por las máscaras y tapadas que solas o en cuadrilla, reunía la extensa plaza a la que se llamaba “Patio del Cristo”.

Las mas honestas y comedidas con sus chácharas, excitaban por lo menos la curiosidad de galanes y viejos verdes, sacándoles con donaire, galas y adornos mujeriles que se vendían a subido precio en las tiendas que de éstos géneros se improvisaban, otras mas libres y descocadas, a más de limpiarles los bolsillos con los obsequios de que no se veían saciadas, eran el escándalo vivo que se paseaba por la plaza, situaciones que nos relata Rodríguez Moure.

Tras la fundación de la Esclavitud se hace cargo de la organización de los festejos un Esclavo Mayor y dos diputados, según establece la cláusula XII de sus estatutos, y aunque los mismos limitaban los gastos, no pudiéndose hacer mas de dos o tres comedias, unos fuegos de noche antes de las fiestas y algunas danzas, siempre fueron magníficas y de gran esplendor, durando las mismas ocho días como así lo atestiguan las crónicas.
Más adelante, en 1802, los festejos cambian a nuevas fórmulas y como gran acontecimiento, tienen lugar tres grandes corridas de toros en el coso que existía en La Laguna, lidiándose ganado de renombradas divisas peninsulares, actuando en los tres Fernando Gómez “El Gallo” con sus respectivas cuadrillas.
También en dicho año se organizó una Fiesta de Arte a cargo de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y se quemó, por primera vez, fuegos en “El Risco”, empleándose cohetes de silbato, las coronas y las tracas.

Casi un siglo después, en las Constituciones de la Esclavitud de 1892, se establece una Comisión de Festejos compuesta por un presidente y cuatro vocales, siendo los encargados de los gastos del culto y las fiestas conque se acostumbraba solemnizar el día 14 de septiembre (los ingresos provenían de las cuotas de los esclavos, lo recaudado por Lo Divino y las aportaciones de casas comerciales y familias acomodadas).

Mas complicada fue la organización festera que se produjo en 1920 cuando, en unas nuevas Constituciones, se obliga al presidente de la comisión de festejos no solo a arbitrar recursos sino a confeccionar un programa variado que agradara a la junta, al público y a la prensa, lo que obliga a la renuncia del cargo.
Esto se prolonga hasta 1926 en que se repite la renuncia de todos os miembros de la comisión de festejos, opinando la Corporación de los Esclavos que las fiestas populares deberán organizarlas el Ayuntamiento.
El decreto que el Obispo de la Diócesis Fray Albino realizó, establece por fin la creación de un comisario de la fiesta religiosa y otro de la fiesta popular junto a tres vocales, para así dejar claro que la Esclavitud debería solo de organizar las fiestas religiosas, pero sin olvidar que, como desde antiguo viene organizando los festejos populares, ésta seguirá interviniendo en la organización de los mismos, relacionándolos con sus fiestas religiosas, pero absteniéndose siempre de organizar los puramente profanos.
No obstante tampoco ésta decisión dio resultado, pues en 1930, vuelven a suceder problemas en la celebración de las fiestas, lo que obliga a la Junta General proponer que la Esclavitud se desentienda de los festejos populares.

LAS PROCESIONES.-
Desde casi el comienzo de la presencia de la imagen del Cristo en la isla, esta realiza procesiones a través de la misma.
En tiempos de sequías, como por ejemplo en 1562, se acuerda por el Cabildo de Tenerife sacar a la imagen en procesión lo mismo que ocurre con la Virgen de Candelaria. Esto se repite en 1556, 1571 y 1577.
En 1585 fue llevado el Cristo a la iglesia de Los Remedios, Hoy Catedral, para interceder ante una plaga de langostas. De la misma manera, en diferentes epidemias fueron realizadas procesiones por las calles de la ciudad de La Laguna.

Pero no solo en estas circunstancias salía el Cristo lagunero en procesión. También para rendir culto al Santísimo, nos cuenta Quirós, el Cabildo eclesiástico de los Beneficiados y otros del clero, hicieron asiento con los franciscanos del convento, para que el día de la Exaltación de la Cruz (que es el 14 de septiembre y se celebra la fiesta del Santo Crucifijo), saliese por las calles mas principales de la ciudad en procesión, y que todos le acompañen juntamente con los religiosos.

Desde entonces deriva la costumbre de sacar en procesión al crucificado en el día de su fiesta, aunque la llamada “Procesión del Retorno”, que es la que tiene lugar al mediodía del día principal de las fiestas, es una aportación más moderna y novedosa, de pocos años, con la que el Cristo regresa a su Santuario tras haber permanecido durante varios días en la Iglesia Catedral recibiendo el culto popular de su ciudad.

Y finaliza la fiesta principal de nuevo con una procesión, ésta vez nocturna, visitando los conventos de Santa Clara y Santa Catalina y la iglesia de La Concepción, para volver a su plaza, el “Patio del Cristo”,donde se echa de menos por los más viejos el templete de madera , y donde a su llegada, se quemarán las ruedas, cascadas y cohetes, primero en “El Risco” y luego los que se denominan de “La Entrada”, que finaliza con la ensordecedora traca que tan bien describió Domingo J. Manrique:

Anochece. En la plaza los álamos austeros
muestran en su ramaje matices de alborada
y bajo la arquería, de luces constelada
sus risas y canciones suspenden los “romeros”.

La procesión retorna; cohetes mensajeros
tienden su deslumbrante cabellera dorada
ha llegado el momento sublime de la “Entrada”
el aire tiembla al brusco tronar de los morteros.

Y súbito millares de rojas serpentinas
estallan fragorosas en ígneos surtidores,
la plaza es un incendio, volcanes las colinas,

y entre nubes de púrpura, coronado de espinas,
surge Jesús, abriendo sus brazos redentores
a todas las angustias, a todos los dolores.

Es el día más importante de La Laguna, el día del Santísimo Cristo, donde la gente acude con devoción a visitarlo en su onomástica, para mantener vigente la copla anónima que dice:

Pasa un año y otro año
y este culto no se pierde
porque no hay un lagunero
que del Cristo no se acuerde.

 

LAS FIESTAS DE LA CRUZ: fiestas de Mayo

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Cruz de la Conquista
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Urna con la Cruz en la Iglesia de la Concepción

Dicen las Ordenanzas de la Isla de Tenerife, en su título XIII,  que se refieren a las fiestas y común alegría, lo siguiente: “Muy bien parece a los pueblos el regocijo y placer a temporadas y da mucha alegría a la ciudad, y lo contrario tristeza, y como en todo el reino se tenga esto por costumbre y la qual es muy buena y loable, no es razón hacer menos en esta isla, pues los derechos quisiera favorecer la pública alegría. Por ende ordenamos se hagan fiestas y alegrías….”.

 Este fragmento de las ordenanzas recopiladas por Juan Núñez de la Peña en 1670 y realizadas por el Cabildo de Tenerife en época inmediata a la conquista, nos da una idea de la importancia que las fiestas tuvieron desde los primeros asentamientos urbanos.

Cronológicamente tenemos que suponer que la primera fiesta celebrada fue sin duda la de la Santa Cruz de Mayo, coincidiendo con el ofrecimiento de la primera misa en las costas santacruceras al tiempo del desembarco de las tropas castellanas.

Se cree que, históricamente, el 3 de mayo de 1494 se celebró en el campamento que Alonso Fernández de Lugo levantó en Añaza la festividad de la Santa Cruz, que, al coincidir su llegada con ésta fecha, a decir de Núñez de la Peña, en memoria de este santo día, originó el nombre que lleva nuestra ciudad.

Otros datos no tan rigurosos cuentan que el mismo Adelantado llevó en sus brazos la Cruz que clavó en tierra tinerfeña en el mismo lugar de su desembarco, correspondiendo al lugar que conocemos como “el Cabo”, nombre de la restinga o cabo donde se produjo la llegada de los conquistadores, en la zona del Puerto de los Caballos.

Esta es la tesis mas aceptada, producto del hecho fundacional mismo. Pero no la única ya que Santa Cruz puede derivar también de la primera advocación religiosa que tuvo su primer templo.

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La cruz en procesión por las calles de la ciudad

La primera edificación religiosa que se levantó fue la ermita de la Consolación allá por 1496, aunque luego fuera la primera iglesia abierta al culto público la fundada en 1499 y conocida como iglesia de la Santa Cruz.

Fue por tanto la primera advocación que tuvo ésta parroquia ya que antes del año 1638 siempre se le denomina Parroquia de la Santa Cruz, no por referirse al lugar de población, puesto que los documentos que la nombran hacen distinción entre el lugar y la advocación..

En la visita pastoral que el obispo Francisco Martínez realiza el 15 de julio de 1601 se lee: “….comenzó a hacer la visita en el dicho mes y año dicho de la parroquia del dicho lugar de Santa Cruz, cuya advocación es la Santa Cruz”.

 Es en el año 1638 cuando comienza a ser denominada parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, estando recogido en el documento que hace constar la visita de Diego Vázquez y Romero Coello, tesorero de la Santa Iglesia Catedral de Canaria, en esa fecha. Y desde entonces así se le sigue conociendo.

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Bando del Alcalde de 1799 con motivo de las fiestas

Hay otro documento en el archivo del Cabildo de La Laguna de 8 de julio de 1652 que dice:”…de la iglesia parroquial de Santa Cruz y fue el primer templo donde se celebraron los oficios divinos en tiempos de la conquista, entrando por ella la santa fe católica, por cuya causa, el señor Adelantado y sus conquistadores, pusieron por nombre Santa Cruz”.

 El comienzo de las fiestas.- Las fiestas que celebran la onomástica de la capital tinerfeña existen desde hace varios siglos, si bien es verdad que no con el nombre, ni la denominación actual de Fiestas de Mayo, pero sí con la de Fiestas de la Cruz.

Fue fiesta con procesión y se celebraba por lo menos desde el año 1600 siendo la “fiesta del pueblo”, día de la Invención de la Cruz. Y tuvo que ver ésta fiesta con la denominada como Cruz de la Conquista, que no parece ser leyenda ni engaño sino una verdad histórica.

Esta cruz de madera, que ha permanecido depositada en el templo parroquial de la Concepción, ha pasado por muchos y diferentes avatares y circunstancias. Estuvo durante años al aire libre en los que sufrió daños y alteraciones en su estructura y en su pedestal.

Escribe Buenaventura Bonnet que permaneció en la entrada de la ermita de San Telmo, lugar donde se supone celebró el canónigo Alonso de Samarinas la primera misa antes referida. Allí estuvo olvidada por todos hasta que por los años 1849-1850, el fraile dominico Lorenzo Siverio, visto el abandono de aquella reliquia y conociendo su importancia histórica, la trasladó a la capilla del Hospital Nuestra Señora de los Desamparados  colocando en San Telmo otra de construcción moderna.

No tardó en ser devuelta y colocada nuevamente en la ermita desde donde tradicionalmente era sacada en procesión en la fiesta del 3 de mayo.

Temporalmente también estuvo en la iglesia de San Francisco hasta que definitivamente pasó a la iglesia de la Concepción, a partir de 1896, y donde permanece hoy en día.

Los  primitivos actos festeros de que se tienen constancia se remontan a 1798 y los mismos consistieron en una misa en la Concepción, existiendo un documento que prueba la antigüedad de las mismas, ya que un bando de la alcaldía de Santa Cruz, fechado en mayo de 1798, ordena a la vecindad engalanar las fachadas y arreglar las calles para el paso de la procesión de la Cruz de la conquista.

Otro bando municipal de José María de Villa, Alcalde Real de la Plaza, hace saber a todos los vecinos de ella, como “ el viernes tres del corriente, en que la iglesia celebra la Invención de la Cruz, le tribute este pueblo los debidos cultos como a su copatrona y tutelar, por lo que, y para mas solemnidad y celebración, se habrán de poner luminarias en todas las ventanas la víspera por la noche… y encarga a todos los vecinos, seguir la procesión el viernes por la mañana, y las calles las tengan aseadas, limpias de piedras, procurando adornarlas con ramos y flores”.  Santa Cruz, mayo primero de 1799.

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Misa de campaña en San Telmo. 1890

En su vertiente popular las fiestas fueron desde el principio promovidas por iniciativa particular. Así, en 1853, se conocen fiestas con luchadas, regatas de botes, riñas de gallos, además de una feria instalada en la plaza de la Constitución.

Se recuerdan como a iniciadores de las mismas a Ramón Trujillo Ferraz, su hermano Domingo y a Félix López, y mas tarde a Elicio Padilla.

Este grupo de vecinos lograron, allá por 1870, que la Cruz de la Conquista fuera integrada de nuevo a San Telmo, y desde allí comenzaron a celebrarse unos sencillos festejos que consistían en música, paseo, iluminación y fuegos de artificios en la noche de la víspera, amen de la misa cantada el día tres. Los fondos para esos gastos se obtenían por suscripción popular y la música de los festejos la realizaba la charanga del batallón de Infantería o la banda de “La Bienhechora”.

Muy pronto el ayuntamiento cayó en la  cuenta de que, conociendo la importancia y significación de la Cruz de la Conquista, éste no gestionaba su derecho a poseerla y comenzó un litigio, en 1872, con el propósito de ejercer su derecho a mantenerla y así sacarla del olvido secular que llevaba padeciendo, ya que había permanecido tres siglos en aquel lugar de El Cabo y que, gracias a la vecindad, la cruz seguía existiendo y se habían mantenido vivas las tradiciones y festejos en su honor.

En 1887 se creó la cofradía de San Telmo y la Cruz de la que saldría una comisión organizadora de la fiesta de la Santa Cruz, titulada de la Conquista.

Como “Fiestas de Mayo” ya propiamente dichas, aunque no del todo oficiales, se celebran en 1890 durando tres días y en las que figuró una misa de campaña en la plaza de San Telmo, asistiendo las tropas de la guarnición, la guardia provincial y la marinería del crucero “Isla de Cuba”.

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Participantes en 1928

Del Cuartel de San Carlos partió una “retreta militar”; hubo baile en el casino, velada literaria en el “Gabinete Instructivo” y la procesión, con su itinerario de siempre, no pasando de la Concepción y regresando de nuevo a San Telmo.

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El cambio del pendón, en 1867.Tambor y corneta utilizados por el pregonero para difusión de las fiestas

 

Por fin, el 6 de febrero de 1892, las fiestas adquieren el rango de “oficiales” y así, el ayuntamiento acuerda “…que inspirándose en los deseos manifestados por el público y la prensa, ha acordado celebrar una fiesta anual en el mes de mayo. Para la debida organización se ha convenido en nombrar una comisión en que estarán representados el clero, el comercio, la prensa y las sociedades que aquí existan.”  El alcalde era Anselmo de Miranda y Vázquez.

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Participantes en la cabalgata de 1892

Fue este el año en que se mandó construir un estuche de madera y níquel para la conservación de la cruz, obra que realizó Rafael Fernández Trujillo y Toste y en cuya parte posterior figura el escudo de Santa Cruz y una inscripción que dice: “Aquí se encierra la cruz colocada por el conquistador de Tenerife don Alonso Fernández de Lugo, en el altar ante el cual se celebró la primera misa en las playas de Añaza, el día 3 de mayo de 1494. Fue costeada por el Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en 1892. In Hoc Signo Vinces”.

Era la primera vez que el ayuntamiento patrocinaba las fiestas y aquellas tuvieron como principal atracción la presentación, por parte de Felipe Verdugo, de un foco de luz eléctrica en la plaza de la Constitución, utilizando la dinamo y la máquina de vapor que poseía Nicolás Díaz.

Se dispuso por parte del Capitán General José López Pinto que los días 1, 2 y 3 se izara el pabellón nacional en los puestos y dependencias militares, autorizando la “retreta militar”, disponiendo que a la procesión cívica concurrieran un cabo y ocho guardias provinciales de la sección montada y una compañía del batallón de cazadores de Tenerife nº 21, con banda y música, para custodiar el Pendón de la Ciudad, y que, a la procesión de la Cruz de la Conquista, le diera escolta un piquete del mismo batallón con banda de cornetas, y que acudiesen todos los jefes y oficiales francos de servicios.

Calles de Santa Cruz engalanadas para las fiestas de 1892
Calles de Santa Cruz engalanadas para las fiestas de 1892

Entre los festejos populares estaban aquellas divertidas y pintorescas “cucañas” del muelle y de San Telmo, embadurnadas de cebo que hacían de la chiquillería casi imposible el subirse por ellas y disputarse el premio: unas buenas treinta pesetas. El festival musical, fue celebrado en la plaza del Príncipe, siendo Juan Padrón su principal organizador y en donde intervino la orquesta Santa Cecilia y el Orfeón Tinerfeño, a la vez que las dos bandas de música de La Laguna. Además participó una agrupación de guitarras y bandurrias que interpretaron aires de la tierra. Por la noche en el Teatro Principal se realizó, a cargo de palmeros residentes en Tenerife, el Baile de los Enanos,  junto con un desfile bailando por las calles y plazas de la ciudad, con una copla popular : “ De Mayo en el festival- con esta “Danza de Enanos” – dan prueba los palmesanos – de su afecto fraternal” y una cabalgata con el desfile de figuras alegóricas en carros engalanados y un baile popular en la plaza de la Constitución, cerraban el denso programa de las fiestas de mayo de Santa Cruz.

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Carroza engalanada
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Carroza desfilando por Santa Cruz

Desde entonces las fiestas siguen vigentes. La Cruz de Mayo, que recorre junto con el Pendón de la ciudad las calles de la capital en solemne procesión, con tradición de más de  cinco siglos de historia,  nos debe hacer pensar en mantener la tradición de las que fueron fiestas mayores de Santa Cruz.

Datos tomados de Las Fiestas de Mayo de Manuel Perdomo Alonso
 

Exposición en la sociedad Santa Cecilia en las fiestas de 1892

 

LAS FUENTES PÚBLICAS: primer abastecimiento de agua de Santa Cruz

Fuente de Isabel II. (foto Miguel Bravo)
Fuente de Isabel II. (foto Miguel Bravo)

La necesidad de agua en torno a la creación de los primeros asentamientos de población es un hecho primordial que condiciona a los mismos.

Por tal motivo, tras la conquista de las islas, su colonización y poblamiento, se efectúan cerca de los manantiales o en las orillas de los barrancos, como sucedió, por ejemplo, con la ubicación de las tropas del Adelantado en el primitivo Añazo, a la vera y en las inmediaciones del Barranco de Santos.

No olvidemos que uno de los factores que mas influenciaron en la elección de la ciudad de Aguere como sede principal de los primeros pobladores, fue el hecho de la existencia de una laguna que ocupaba gran parte del territorio en la vega, lo que condicionaba la presencia de buenos pastos para los ganados, tan vitales y esenciales en los primeros momentos, y el abastecimiento de agua de manera fácil y sin complicaciones, por lo menos, en el comienzo de la fundación del primer núcleo vecinal.

En lo que respecta a Santa Cruz, la primera población fundada en Tenerife por los conquistadores, ésta fue localizada, como he dicho, en el margen izquierdo del Barranco de Santos, escogiendo éste lugar, que coincidía con los asentamientos de los primitivos aborígenes, por la cercanía de la presencia de agua.

Pero además de los riachuelos de agua natural que discurrían por el cauce del barranco mencionado, pues mantenía presencia de agua permanente todo el año, para el crecimiento de la población se pensó, y así se realizó, en la perforación de pozos que permitieran disponer de agua suficiente y con mayor seguridad. Estos pozos fueron realizados muy próximos al cauce del barranco por los primeros colonizadores y evidentemente surtían de una mejor calidad acuífera que la obtenida de los corrientes naturales.

El agua era sacada por el sistema de “norias”, lo que dio origen a la denominación de tal lugar terminando más tarde por llamarse con el nombre de “Calle de la Noria”, a pesar de que más correctamente hubiera sido “de las Norias”. (hoy Domínguez Afonso).

Fueron utilizados estos pozos primordialmente para el abastecimiento de agua a la población de Santa Cruz y luego para el aprovisionamiento de los barcos, existiendo al menos uno de estos pozos hasta el siglo XVII que se llamó “Pocito del Adelantado”.

No obstante, en los primeros momentos, el agua en Santa Cruz era abundante, ya que no solo existía el Barranco de Santos sino otros como el del Aceite (conocido como “el barranquillo”), el de Tahodio, o el de El Bufadero, todos ellos ya conocidos y utilizados por los aborígenes como fuentes naturales de donde proveerse de agua.

En el reparto de tierras tras la conquista, se tiene muy en cuenta el hecho de que las mismas dispongan de agua suficiente como se puede contemplar en algunas Datas: “…. el agua que viene del río (Barranco de Santos) que podedes hazer un estanco…. y que si algún agua sobrare e la quisiérades dar al pueblo, que yo os pague e faga pagar lo que sea de razón…”.

Todo demuestra que al principio no había escasez de agua: “…cualquier agua que hallárades en ésta isla de Tenerife que esté hundida que no paresca encima de tierra, para que la saqueis vos e para quien vos quisiérades…”

Pero no obstante, y a pesar de ésta riqueza de agua, desde la presencia de los primeros pobladores se empezaron a realizar obras hidráulicas tales como las perforaciones ya nombradas y las canalizaciones por donde debía discurrir el agua alumbrada.

Detalle de un plano de Santa Cruz de Le Chevalier, en el que se puede ver la canalización de madera que conducía agua hasta la fuente del Chorro en la actual calle del Pilar.

Las obras de canalización.

A pesar de existir desde el primer momento la idea de conducir las aguas que mas caudal tenía, la del Barranco de Tahodio y la de los altos de los montes de Aguirre, no se puso manos a la obra por diferentes litigios de carácter económico, pues el Cabildo de entonces no podía sufragar los gastos.

La idea de traer el agua por medio de canales de madera desde su nacimiento en Aguirre hasta la ciudad, fue dilatada hasta 1707 que, por orden del Capitán General Agustín de Robles y Lorenzana, comenzaron a realizarse.

Fueron estas primeras conducciones construidas en madera, formando canales que estaban colocados sobre palos o soportes, a cierta distancia del suelo con el fin de impedir que el ganado abrevara de él, y situados por lugares poco frecuentados para que los vecinos no sustrajeran el líquido elemento.

Fueron estos canales de agua costeados por la Real Hacienda, pósitos de Cabildo y varios vecinos de la plaza a quienes se concedieron, en remuneración de estos estipendios, dados de agua de medio real.

La abundancia de los frondosos bosques en aquel entonces suministró con facilidad la madera precisa, lo que condicionó la facilidad y poco coste de su construcción.

Dada la fragilidad que mostraban los canales, condicionaba un gasto continuado y muy elevado en su mantenimiento y reparaciones constantes.

Una buena descripción de estos conductos por donde discurría el agua la tenemos por boca de un viajero francés, André-Pierre Ledrú que, en 1796, decía en su “Viaje a la isla de Tenerife”: “Las fuentes públicas son abastecidas por acueductos de madera de una construcción grosera y poco sólida. Su construcción es muy sencilla. Imagínense una larga sucesión de vigas de pino, ahuecadas en forma de canalones, apoyadas unas sobre otras en sus extremos. A su vez, están apoyadas sobre otras perpendiculares… La reparación de estos canales ha costado sumas inmensas, que hubieran sido suficientes para construirlos de piedra.”.

Los canales entraban por la calle que, por ellas, se llamaba de Canales Bajas o calle que va a las canales, a la altura de la hoy calle de Santa Rosalía en su extremo alto, y pasaba luego por la de El Pilar, cruzando previamente por parte de la actual Méndez Núñez, dirigiéndose hacia San Roque donde entraba en una caja de agua o arca. Seguía después por la calle de Canales de Santo Domingo (Angel Guimerá) hasta llegar a la Casa del Agua, en una calle que salía al Barranco del Aceite (Barranquillo) tras seguir la pared del convento de Santo Domingo (Teatro Guimerá).

De aquí salían los canales a la fuente de la Plaza de Santo Domingo, a la Pila en la Plaza de la Constitución y al resto de las fuentes públicas.

Las primeras fuentes públicas.

Las aguas de Aguirre bajaron a Santa Cruz trayendo el agua corriente a la población desde comienzos del siglo XVIII, primero por canales de madera y luego cambiada por tarjeas de barro en 1776. La primera fuente pública conocida fue la:

Fuente de la Pila : a ella debió uno de los primitivos nombres la que luego sería Plaza Real, de la Constitución y actualmente de Candelaria, y su agua era libre y gratuita para toda la vecindad.
Era ésta de modesta arquitectura y de basalto ampolloso y permaneció en ésta ubicación hasta el año de 1813 en que fue trasladada a la huerta situada al oeste del Castillo Principal de San Cristóbal.
Se trasladó la misma, en 1844 a la plaza que quedaba enfrente del castillo de San Pedro, siendo además cambiada su imagen por una de nueva confección encomendada su plano a Pedro Maffiotte.

-Fuente de Isabel II: se compone ésta de un receptáculo, un primer cuerpo de seis columnas de orden toscano que sostienen el piso, y un segundo cuerpo o remate coronado por las armas de la ciudad. En los intercolumnios hay cinco cabezas de león de bronce que arrojan agua. Está fabricada de granito basáltico azulado y su costo ascendió a treinta y diez mil seiscientos veinte reales de vellón y veinticinco maravedíes. Se colocó un 25 de agosto de 1.845 celebrando el cumpleaños de la Serenísima Señora Infanta Doña María Luisa Fernanda.

Fuente de Santo Domingo: fue otra de las pilas antiguas y primeras de la ciudad y estuvo en la actual calle de El Pilar, antes conocida como calle de El Chorro, en la esquina de la huerta de Roberto de la Hanty, donde, desde el principio de la conducción de las aguas de Aguirre, existió un pilar o fuente construido en 1.709 y adosado a la pared de la huerta mencionada, esquina a San Roque (hoy esquina a Suárez Guerra). Pero desde que se construyó la iglesia de Nuestra Señora de El Pilar, que cambió el primitivo nombre a la calle, la fuente fue preciso trasladarla. No obstante permaneció allí hasta 1.816 en que, por orden del Ayuntamiento, se cambió a la plazuela que hoy conocemos como de Santo Domingo, resultante de la confluencia de las antiguas calles de la Luz y Canales (Angel Guimerá).
Esta fuente se compone de un receptáculo en el centro del cual se levanta un pilar cuadrado coronado por una gran esfera, todo de basalto pero tosco y de feo aspecto con cuatro surtidores, dos al este y dos al oeste. Su última transformación fue en 1.894 en cuya fecha aun seguía prestando servicio y utilidad.

Fuente de los Caballos : localizada en una plazuela que forma la confluencia de las calles de Santa Rosalía y Ferrer y el arranque de las antiguas calles de Canales Bajas y Los Campos (esquina Dr. Guigou con Méndez Núñez), se situó la fuente adosada a la pared de una huerta dando al norte. Su construcción data de 1805 y se hizo bajo la protección del Marqués de Casa Cajigal, Capitán General de Canarias. Es de basalto y con cuatro surtidores y fue conocida por ese nombre, de los Caballos, por tener un receptáculo que constantemente permanecía con agua y que servía de abrevadero público de las bestias.

Fuente de Puerto Escondido: fue creada por la necesidad de contar con agua para la población que vivía en el barrio de Los Toscales. Así, en 1820, se acordó crearla con el nombre de Chorro de Arriba en la esquina de la calle de San Roque con la del Norte, y allí continuó hasta 1845 en que se trasladó situándose próxima a la Plaza del Patriotismo. Por fin, en 1912, fue de nuevo cambiada de lugar a la entrada del Parque Recreativo, un poco mas arriba y en la calle de Puerto Escondido desapareciendo en 1932. Era de basalto y disponía de cuatro surtidores.

Fuente de Morales: situada junto al Barranco de Santos, mirando al sur, y allí localizada para suministrar agua a los habitantes del barrio de El Cabo. Fue fabricada en 1837 bajo la dirección de Lorenzo Pastor de Castro y fue dedicada al General Tomás Morales en testimonio de gratitud por su participación, años antes, en la canalización de las aguas.
Se inauguró el 2 de febrero de 1833 a las cinco de la tarde y con numerosa concurrencia de público. Se dispararon multitud de cohetes y se interpretaron piezas musicales.
Es de piedra basáltica y tiene cuatro surtidores. Presentaba un bastidor en lo alto en donde se lee
Dedica Santa Cruz con celo ardiente
a tu nombre, Morales, esta fuente
Hoy da nombre a la pequeña calle que pasa frente al antiguo Hospital Civil.

Existió otro chorro o fuente pública en el camino de La Laguna (Rambla de Pulido) cerca del cruce de la calle de Benavides que, en 1837, había fabricado la Sociedad Constructora pero que, apenas terminada, fue cedida al Ayuntamiento para que fuese integrada dentro del servicio de aguas municipales.

En definitiva, en 1880, existían en la ciudad seis fuentes públicas para suministro de agua a la vecindad. Sus chorros continuados de agua, ya que no existían grifos, suponían grandes pérdidas al Ayuntamiento, pero se siguieron utilizando hasta que la vecindad comenzó a demandar agua corriente a presión. Así, en 1.92, fue presentado un proyecto de agua a presión, por Raul Turr, conducida por tuberías metálicas aunque este no fue aceptado.

No obstante desde ese mismo momento, y comenzando el siglo XX, las antiguas fuentes o chorros de agua, habían quedado heridas de muerte.

CHAM-BOM-BIÁ: el médico chino

 

Dentro del capítulo folklórico de los refranes, dichos, consejas o decires de Canarias, encontramos un buen número de ellos referentes a muy diversas cuestiones que podemos encuadrar dentro de las costumbres populares de nuestro pueblo.

Los canarios somos muy dados a tener refranes para todo o para casi todo, utilizados más especialmente en el ámbito campesino o rural donde vulgarmente se utilizan con frecuencia ya sean relacionados con el tiempo, con las cosechas o faenas agrícolas, con la religión, con el matrimonio, con el amor, y, sin duda alguna, con las enfermedades o con la salud.

Es raro que en este medio rural no encontremos a numerosas personas conocedoras de un sinfín de refranes con sus indicaciones precisas, que aplican para un sinnúmero de ocasiones y circunstancias diversas y que, afortunadamente, mantienen en vigencia un verdadero archivo, un arsenal de datos folklóricos.

En numerosas ocasiones estos decires son producto de la superstición o de la leyenda que de forma empírica se han ido formando en el substrato cultural que identifica a lo popular, al pueblo. Otras veces los refranes son consecuencias de hechos verdaderos, históricos, y que con el transcurso del tiempo han ido anidando entre nosotros, pasando a formar parte de lo cotidiano.

En ciertos casos son frases nacidas en nuestro propio territorio pero en otros han llegado de fuera, fruto casi siempre del hecho de la colonización o de la emigración, tanto de ida como de regreso.

En el caso que ahora nos ocupa se trata específicamente de un refrán, que al igual que palabras, vocablos o modismos lingüísticos incluidos en nuestra común forma de hablar, hemos asimilado o recibido de América y más concretamente de la isla de Cuba. Podemos recordar a manera de ejemplo, que una de las palabras más utilizada por los canarios todos los días es el vocablo “guagua” para identificar a un autobús y que sin duda se trata de un cubanismo.

Y para entrar de lleno en el refrán al que quiero referirme, y que  se trata de un cubanismo importado por nosotros en el proceso de la emigración, habiendo tomado carta de naturaleza propia en Canarias, se trata de aquel que dice…”Esto no lo arregla, o no lo  cura, ni el médico chino”.

 

                El médico chino.- La referencia a éste famoso personaje se debe a José Pérez Vidal quien realizó una breve reseña sobre su figura en El Museo Canario de 1936, y que intentaré resumir o condensar, ya que me parece muy interesante dar a conocer el hecho histórico que engendra el popular dicho o refrán canario antes mencionado.

Como bien dice Pérez Vidal, en la península existe la variante de expresar, y también aquí, cuando un enfermo no parece tener salvación por un mal que le afecta, a manera de diagnóstico fatalista y sin esperanza alguna diciendo…”A éste no lo salva ni Dios”. Incluso se escucha con alguna frecuencia decir en referencia al cualquier otra mala circunstancia…”Esto no lo arregla ni Dios”. Pues bien; en Canarias la figura de Dios es cambiada casi siempre por la del médico chino en las expresiones citadas.

¿Y quien fue entonces el médico chino?  Comenta Pérez Vidal que a él le llegó el dato de un folklorista cubano llamado Herminio Portell Vilá, quién publicó en Archivos del folklore cubano, volumen III, un artículo donde daba a conocer la figura de nuestro famoso personaje, que tenía por nombre Cham-Bom-Biá.

Siguiendo al propio Portell Vilá sabemos quien fue y de donde derivó la tremenda popularidad que le hizo famoso, hasta el punto de ser conocido no solo en tierras cubanas sino incluso entre los canarios.

Llegó a Cuba Cham-Bom-Biá no sabemos si procedente del Imperio Chino en el año 1858 y residió en la misma capital, en La Habana, donde tuvo su consultorio y desde donde realizó sus maravillosas curas a todas las numerosas personas que a él acudían procedentes de todas las esferas sociales de la isla, llenas de fe en los resultados que entre su clientela había obrado y a las que trataba con su pócimas secretas, que obraban verdaderos prodigios, no solo en los pacientes leves sino en aquellos que habían sido desahuciados por causa de sus males y padeceres.

Pero no solo se estableció en La Habana, sino que incluso tuvo su consulta en la localidad de Matanzas, donde vivió y realizó numerosas y sorprendentes curaciones.

Existe una confirmación de éste dato ya que un autor llamado Antonio Chuffat Latour, que escribió un libro titulado “Apunte histórico de los chinos en Cuba” ,conoció personalmente a nuestro personaje, afirmando que residió en la antigua ciudad que fundaron precisamente los canarios, Matanzas, hasta el año de 1871 y habitando en la calle Mercaderes y en el número 11, esquina a San Diego, donde con anterioridad había existido un teatro chino, próxima a la residencia de la familia Escoto, datos ofrecidos al propio Portell.

 

                Su figura y personalidad.- Tenemos además una descripción física de Cham-Bom-Biá, ofrecida por nuestro comunicante, de la que destaca ser de elevada estatura, de ojillos vivos y penetrantes, algo oblicuos; usaba largos bigotes a la usanza tártara, con larga perilla rala pendiente del mentón, y solía utilizar amplios y solemnes ademanes, subrayando su lenguaje figurado y ampuloso, vistiendo a la manera occidental, que en aquella época, y por imperativos de la moda en Cuba, no se concebía a un médico sin chistera y chaquet, por lo que él también llevaba una holgada levita de dril, aunque eso sí, con cómica seriedad. Para los que deseen conocer de forma exacta al Dr.Cham, informa Pérez Vidal en su artículo, que se puede ver un retrato de aquel en el volumen V de los Archivos del Folklore Cubano.

Era nuestro galeno un gran y profundo conocedor de la flora cubana además de la de su patria, lo que le permitía disponer de un nutrido herbolario que no tenía secreto alguno para él, y del que se servía para el tratamiento medicinal usando sus propiedades terapéuticas. Por tanto utilizaba todo tipo de cocciones, infusiones, emplastos, aplicaciones directas, polvos, lavajes, sahumerios, que obtenía de raíces,  cortezas, hojas, hierbas, frutos, cáscaras etc.

Es de suponer que si además de todos estos conocimientos de medicina popular, aplicaba los referidos a la medicina china tradicional u ortodoxa, los resultados obtenidos debieron ser fabulosos, hecho que entonces confirmarían su fama y popularidad entre los habitantes de Cuba.

Era además una persona ilustrada en el mundo de la cultura y de la ciencia, mezcla de mandarín y científico, claro exponente de la mentalidad de la raza oriental, con notables conocimientos de diferentes lenguas occidentales y que se mantenía al día en los adelantos científicos de su época, tanto europeo como americano.

Pero no solo ejerció su profesión en los lugares antes mencionados de La Habana y Matanzas, sino que alrededor del año 1872, llegó a la ciudad de Cárdenas, y de igual forma que antes, se popularizó su fama de gran sanador, lo que le valió se llenase de una extraordinaria clientela tanto entre los de su raza como entre los blancos.

Es totalmente cierto que toda clase de personas, fueran de la condición que fuese, acudían a su consulta logrando curaciones maravillosas de enfermos abandonados a su suerte y sin remedio alguno para sus dolencias.

Devolvía la salud perdida e incluso se cuenta que hasta la visión en algún caso de ceguera, lo mismo que la cura de miembros inválidos o paralizados, que como último recurso acudían a Cham-Bom-Biá para obtener sus remedios y medicamentos.

Pero  a pesar de todo lo descrito, lo más interesante tal vez de su existencia, fue el total desprendimiento con que ejercía su noble profesión, su absoluto desinterés por lo económico, hasta el punto de que en el momento de cobrar sus honorarios, decía en su lenguaje y pronunciación peculiar….“si tiene dinelo, paga a mí; si no tiene, no paga; yo siemple da la medicina pa gente poble”.

Fue muy popular en Cárdenas y murió misteriosamente no se sabe si asesinado o tras tomar una sustancia tóxica, siendo enterrado en aquella ciudad en el cementerio chino. Fue glosado popularmente en una serie de coplas que cantaba el pueblo y la chiquillería le cantaba a su paso por las calles: “Chino manila, Cham-Bom-Biá, cinco tomates, por un reá”.

De esta forma se fue conformando la historia y las hazañas del médico chino, con sus grandes curas y mejor trato humanitario, lo que condicionó a que la gente lo nombrara con el refrán ya conocido, otorgándole con el mismo, la condición de irreparable o de imposibilidad de mejoría alguna.

medicochinoEste dicho o conseja se ha ido manteniendo a través de los años dentro de nuestras expresiones populares canarias y forma parte ya de nuestro folklore, lo mismo que se sigue manteniendo en la isla de Cuba, y la mejor forma de verificarlo es preguntarle a algún amigo o familiar cubano, que de seguro todo canario tiene, por si conoce o recuerda haber oído alguna vez en aquellas tierras caribeñas el refrán tan famoso de….”A éste no lo cura, o no salva, ni el médico chino “.